Sequía

Queridos lectores, hace poco más de dos meses que no publico pero espero reivindicarme con estos dos textos cortos.

A veces pasa el tiempo y se guardan muchos pensamientos. Escribí algunos borradores, pero luego supe que no necesariamente quería publicarlos, al menos no por el momento.

Lo que leerán a continuación sin embargo, es un relato, un recuento de una situación viva, en evolución y ebullición.

Tres maletas. Tres.

La cuerda se rompió por el lado más fino y por el que nos unió en familia, entre amigos, en los viajes y en los momentos más felices de la vida común.

Se dicen cosas sobre como la comida sirve para conquistar el corazón, pero sobretodo el estómago del otro.

Qué poco se dice sobre las disputas alrededor de la comida, o sobre como una de esas disputas termina por ponerle fin a una relación, por más tiempo que ella tenga.

Llegué con tres maletas, aunque no trajera en ellas recetas familiares, ni aprendidas en academia, ni mucho menos en master chef. Llegué con las maletas llenas de sueños y de ilusiones. Llegué con las maletas repletas de objetos que seleccioné por horas y por días, porque fue muy difícil meter 28 años de vida en ellas.

Pero cupo todo, en todo caso lo que se podía transportar y con esto el imaginario de un futuro distinto, radiante, feliz y amoroso.

Esas maletas perdieron forma, no aguantaron los viajes, y con el tiempo hubo que remplazarlas. Sin embargo, me limité a una sola, pues las otras dos no son mías y la que resta solo me pertenece en parte.

Hasta comprar una maleta se vuelve un affaire de pareja y las partes negocian y acuerdan que comprar, cómo pagarla y como volverla a llenar.

La maleta que me pertenece a medias sin embargo no se podrá dividir, ni fraccionar, cuando llegue la hora de partir.

Tendré que comprar dos nuevas maletas para cargar el peso de más de una década que se cierra con un adiós lleno de ingratitud, de rabia y de injusticia.

Porque al final, los sueños se quedaron cortos y el más grande de ellos se convirtió en una pesadilla de la que no me despierto desde hace más de cinco días o 130 horas.

Este adiós inesperado me obliga nuevamente a tener que pesar las maletas, pero aunque estén listas aún no tienen rumbo. En ellas hay mucho más que un número el 3. Con 3 llegué, con 3 me voy, lamentando haber perdido 3 años de mi vida pensando en que ésta vez algo sería diferente.

El inconsciente en marcha

Como si fuera algo predestinado, cada separación le hizo refugiarse en una pareja ajena.

En parejas de “amigos” de muchos años que le permitieron quedarse por un momento, transitar.

Parejas que lo acogieron como se abriga a un hijo, al que se escucha, pero también como cómplices que buscan de alguna manera animar una situación complicada, brutal, solitaria.

Como si ir a esas casas y llenarse de la energía y de la fuerza propias de las familias, le permitiera conectarse con el origen, con ese núcleo familiar que nunca conoció y que tampoco quiso nunca formar.

Como si el inconsciente buscara protección en ese útero, en esa fuente de vida y de tanta unión que resultan ser las familias.

De alguna manera los amigos resultan siendo la familia que elegimos, pero aun así no parece intrascendente que incluso decida refugiarse durante días en la casa de otro que no es de su carne. Aun cuando la mayor parte de las personas decide buscar a los padres, a los hermanos, a los primos para poder volcar en ellos lo que sentimos.

Buscamos estar en familia para reconfortarnos, volvernos a sentir queridos y comprendidos, y también para soltar sin prejuicios lo que no va: la rabia, la frustración, el desasosiego, la inquietud por lo que vendrá y las lágrimas que representan un poco el peso de lo que implica decir adiós.

Abrir y cerrar el telón

Cae el telón manchado de sangre y de dolor, opacando los gritos ahogados de pánico y de gases lacrimógenos.

Se abre el telón que deja ver el horror en su máxima expresión. Ese telón que ocultaba que no tenemos ninguna democracia, ni ningunos derechos humanos que se supone deberían ser respetados.

Cae el telón y aparecen algunos manifestantes desaparecidos, flotando de manera inerte en ríos lejanos o apilados en fosas; como si fuesen menos que los cuerpos enfermos de animales que no merecían una sepultura digna.

Se abre el telón para mostrar que hay personas incapaces de pensar que un cambio de mentalidad es necesario y tal vez posible. Cae el telón aunque muchos deseen recuperar la “normalidad” para producir, gastar y “gozar de libertad”; mientras otros tantos saben que esa normalidad es sinónimo de precariedad, de hambre, de encierro, de ausencia de posibilidades y de poder ser.

Se abre el telón y a las marionetas les resulta imposible esconder por más tiempo los hilos que las manipulan, los intereses que representan y el cinismo con el que avanzan sus mentiras, ante el pueblo que reclama en las calles de Colombia, y ante los medios del mundo.

Cae el telón porque la pantomima a la que han jugado por décadas ya no tiene razón de ser, pues ya sólo la creen unos pocos. El discurso securitario ya no genera calma, sino miedo, zozobra y mucho rechazo ante las muertes impunes de cientos de personas a manos de la fuerza pública.

Se abre el telón cuando muestran su verdadero rostro al impedir que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) entre al terreno para constatar lo que sucede. Aunque se nieguen a aceptar la realidad, el mundo ya lo ha visto a través de las redes y de los noticieros, y de las fotos y de los testimonios, y de todos los textos que describen el horror de los crímenes, la estigmatización de la protesta, la infiltración de las marchas, el silencio de los gobiernos nacional y locales frente la brutalidad policial, y ante las convocatorias de los poderosos para conformar nuevos ejércitos paramilitares.

Cae el telón porque en tus redes y en el discurso de los otros ya aprendiste a identificar las afinidades, los argumentos, las noticias falsas, la desidia, la falta de empatía, el odio y el privilegio. Cae el telón cuando ya entendiste que hay que tomar distancia de ciertas personas y de ciertos discursos que defienden la eliminación del otro, se alegran con su muerte o la alientan descaradamente.

Se abre el telón cuando el racismo primigenio de esa sociedad te lleva a recordar que tú también eres el negro, el indio, el pobre, la puta, de otros y otras que se piensan superiores.

Se abre el telón para revelar que los y las que están afuera desde hace 28 días mantienen su fortaleza, amplían sus demandas y evitan ser instrumentalizados para fines ajenos, que pretenden encasillarlos y graduarlos de vagos, vándalos y de terroristas.  Cae el telón porque ellos no se quedaron esperando, no se conformaron, no se callaron ante la desigualdad, la falta de oportunidades, la corrupción, la injustica y el hambre que muchos normalizaron.

Cae el telón cuando no hay nada más que ver, cuando piensas que ya te lo han contado todo, aunque atrás, se esté montando algo nuevo, otro espectáculo que no sabemos aún si valdrá la pena ver, ni tampoco si será digno de ser contado.

En retard…

Après 26 homicides commis par les forces d’ordre,

Après 216 interventions violentes des forces de l’ordre,

Après 56 disparitions dans le cadre de manifestations,

Après 1118 cas de violences policiers reportées,

Après 761 détentions arbitraires de manifestants,

Après 9 victimes de violences sexuelles commis par les forces de l’ordre,

Après 17 victimes d’agressions oculaires [1]; le gouvernement d’Ivan Duque a décidé de retirer la réforme tributaire, présenté par le Ministère de Finances le 16 avril dernier.

Cette horreur a eu lieu dans une période de cinq jours, compris entre le 28 avril et le 2 mai 2021. Loin de calmer des centaines de milliers de colombien(ne), la mobilisation sociale continue et on craint que ces chiffres ne fassent qu’augmenter.

Le gouvernement est en retard dans la prise en charge de populations plus fragilisées par la pandémie. Les mêmes populations qui depuis deux décennies constatent une augmentation du travail informel – non déclaré, d’une sécurité social en péril, d’une dégradation de l’accès à l’éducation, d’une division du travail défavorable pour les femmes. Ces dernières sont majoritairement en charge des soins et du foyer, mais la pandémie a montré le poids que cela implique sur la vie des femmes.

Cette répartition genrée du travail au foyer implique, depuis de début de la crise sanitaire, la mise en danger de leurs sources de revenus et de leur autonomie. Le taux de chômage pour les femmes colombiennes s’élève à 20,4%, face au 12,7% pour les hommes.[2]

Rien n’est fait non plus pour protéger les femmes face à l’augmentation de violences envers elles.  L’Observatoire Colombien de Féminicides a confirmé 630 cas des homicides commis par les conjoints ou ex conjoints des femmes au cours de l’année 2020, face aux 571 cas en 2019. Un rapport de la Ligne de Sécurité Urbaine et du Crime Organisée a reçu 113.567 plaintes concernant des violences intrafamiliales en 2020. [3]

La Commission Economique pour Amérique Latine et les Caraïbes (CEPAL), institution onusienne en charge d’analyser l’information d’ordre économique et social dans la région, a déjà confirmé que 118 millions des femmes latino-américaines se retrouveront en situation de pauvreté, 28 millions de plus qu’en 2019.[4]

Le gouvernement colombien est en retard dans la présentation d’une réforme au fonctionnement de forces de l’ordre, pour éviter que toutes les violences commis par ceux doivent « nous défendre et nous protéger » ne restent pas dans l’impunité.

D’après l‘Index Global d’Impunité[5], la Colombie occupe le poste 50 sur 69 pays. La capacité structurelle de la Colombie en matière de garantir la justice est précaire. L’index note le Système de sécurité à place 60, le Système de justice à la place 54 et le respect aux Droits Humains à la place 50.[6]  La Colombie est donc un état dont le système de sécurité ne protège pas ses citoyens, l’application de la justice est déficiente et le respect aux Droits Humains un discours.

Entre 2017 et 2019 la Police Nationale a assassinée 289 personnes. Le procureur général a ouvert 103 enquêtes pour homicide involontaire, 3 pour féminicide, 20 pour homicide volontaire. Cela veut dire que le procureur a ouvert des enquêtes formelles seulement dans le 44% des cas, il y a eu 2 condamnations et 4 enquêtes archivées. Seulement le 0,69% des homicides commis par la Police Nationale a fini par une condamnation. Le 99% restent dans l’impunité.[7]

Grosso modo, le gouvernement est en retard dans la compréhension des problèmes sociaux structurels, dans le deuxième pays le plus inégal de la région. Tous les jours les inégalités se creusent et la pandémie nous aura volés vingt ans de maigre progrès social.

Aussi, les partis politiques colombiens sont en retard dans leur travail législatif au Congrès. Le pouvoir législatif, l’un des contrepoids prévus par la Constitution de 1991, « travail » virtuellement depuis le 20 juillet 2020. Depuis, les discussions des projets de loi, les droits de l’opposition, le déroulement de votations sont entravés. La majorité, fidèle au gouvernement d’Ivan Duque, s’oppose au retour à la normalité, alors que depuis le mois de février tous les salariés et les étudiants ont été conviés à reprendre leurs activités de manière présentielle.   

Le gouvernement est en retard dans l’application de l’accord de paix signé par l’Etat colombien en 2016 avec les FARC. Ces retards ont été comblés par les groupes dissidents et d’autres groupes armés qui règnent dans les anciennes zones d’influence des FARC. Ce retard se paye par l’assassinat de plus de 200 anciens combattants, signataires de l’accord, depuis 2016. Ce retard se paye par l’assassinat de 310 leaders sociaux en 2020, et les massacres presque quotidiens, à la hauteur de 60 en 2020.

En retard sont tous les médias traditionnels, qui font écho des stigmatisations du gouvernement face aux manifestants. Non, la plupart des gens qui sont dehors ne sont pas des terroristes et manifester n’est pas synonyme de vandalisme.

Le peuple colombien ne supporte plus ce retard systématique, l’aveuglement de leurs dirigeants, ni la défense acharnée du gouvernement des intérêts des plus puissants : des grands groupes, des industrielles et propriétaires terriens, des banques et des entreprises multinationales. Le peuple colombien ne supporte plus de l’autoritarisme déguisée en démocratie, ni aux criminels que depuis les réseaux sociaux invitent aux forces de l’ordre à tuer les gens dans les rues, sous excuse de la défense légitime.

Les jeunes colombien(ne).s qui remplissent les rues au cours des manifestations, et qui auront le pouvoir de voter aux élections de 2022 n’ont plus peur. Car il y n’a pas de future, car ils n’ont pas des rêves ni d’espoir dans un pays qui se nie à avancer, qui se nie à réclamer justice, qui se nie à arrêter la corruption, qui se nie à défendre ses communautés natives et afro, qui se nie à protéger sa biodiversité, qui se nie à faire respecter la vie, la différence et la dignité d’êtres humains.   


[1] Chiffres répertoriés par la ONG Temblores à travers de leur plateforme GRITA. https://www.infobae.com/america/colombia/2021/05/04/temblores-ong-asegura-que-hay-al-menos-1181-denuncias-por-abuso-policial-en-el-marco-del-paro-nacional/

[2] Paola Medellín Aranguren : http://ieu.unal.edu.co/medios/noticias-del-ieu/item/violencia-y-desempleo-la-otra-pandemia-que-impacta-a-las-mujeres

[3] Laura Cano : https://pares.com.co/2021/02/23/desigualdad-y-violencia-una-realidad-de-las-mujeres-en-la-pandemia/

[4] Paola Medellín Aranguren : http://ieu.unal.edu.co/medios/noticias-del-ieu/item/violencia-y-desempleo-la-otra-pandemia-que-impacta-a-las-mujeres

[5] Modèle statistique mesure et compare l’impunité entre pays « chaîne de l’impunité ». L’index cherche à suivre le processus entamé suite à la commission d’un délit, au dépôt de plainte, à l’enquête sur les faits dénoncés, puis à la sentence par un juge ou à la réparation de la victime.

Dont 1 implique impunité nulle et 100 impunité total, mais où l’index plus défavorable est de 69 (Thaïlande) selon les informations obtenues pour l’élaboration de cet étude.

[6] Page 54 : Index Global d’impunité 2020. https://www.casede.org/index.php/biblioteca-casede-2-0/autores-casede/gerardo-rodriguez-sanchez-lara/574-indice-global-de-impunidad-2020/file

[7] Temblores ONG. Informe : Bolillo, Dios y Patria. Pag: 62 et 63. https://4ed5c6d6-a3c0-4a68-8191-92ab5d1ca365.filesusr.com/ugd/7bbd97_f40a2b21f9074a208575720960581284.pdf  

The unborn child

Unthinkable. Unconceived. Unborn.

I used to be worried about being pregnant. How I was going to explain you that the pill didn’t work or maybe that I forgot to take it, because I was at your place that day.

I used to think how painful will be to announce the news to my parents, who never knew you, even if they suspected that I was sharing part of me with someone else. I wasn’t ready, and I still do not feel my body changing, demanding, and opening to give birth.

Incapable, afraid of the pain and of taking responsibility for someone else’s life. I thought about you, disappearing, letting me in an uncomfortable situation. I imagined your words an also in my loneliness being pushed to get rid of the undesired baby. I felt apart just wondering how to explain that the abortion was my idea, because it was my body who didn’t want to carry your child.

I’m not an unfilled woman who had an idea in her mind, i just can’t stand others being unable to get that their ideas didn’t change my judgement.

Probably, I melt my brain asking me every day if I could be a mother, a real one. Someone able to share, to learn and to explain. Someone capable to give without the burden of sacrifice.

Am I someone mature to raise a person? To put aside all my fears, angry, anxiety and avoid blaming him/her for the changes that it will bring to my life? I’m not and I’ll never be.

Mentiras y retención de información: de cómo el Estado sacrifica y abandona a sus ciudadanos

Encender la televisión, escuchar la radio o un podcast, leer noticias a través de cualquier plataforma, son actos recurrentes en la vida de cada uno de nosotros. A veces, aunque quisiéramos desligarnos de ciertas realidades, por su complejidad o por simple saturación, resultamos teniendo acceso a la información.

Vivir desinformado es imposible, vivir mal informado por el contrario, es frecuente. Sin embargo, hay momentos en que tengo la impresión de escuchar una y otra vez las mismas noticias, como si me hubiese quedado detenida en el tiempo. Como si las historias no tuvieran razón de ser, simple y llanamente porque la primera vez que las escuchamos parecieron tan atroces que no pensamos volverlas a escuchar.

Ha pasado ya con muchos temas: con los asesinatos de líderes sociales y ambientales, con las personas acusadas injustamente por terrorismo que se pudren en cárceles fantasmas, con las sanciones económicas que en ninguna parte del globo han servido para sacar del poder a los tiranos, con los abusos de la fuerza pública a los ciudadanos en todas las latitudes.

Pero esta vez, el tema que pretendo abordar es otro. Se trata la posición que toman los estados para mentir, retener información, desinformar, y en últimas sacrificar la vida de sus propios ciudadanos. Todo ello frente a un escenario perverso: el uso de sustancias tóxicas, aun a sabiendas de los efectos nocivos que dichos productos pueden acarrear en contra de la salud y la vida de las personas expuestas.

El texto presentará tres casos: el primero sobre las aspersiones de glifosato en Colombia como la supuesta única herramienta en la lucha contra las drogas. El segundo caso, abordará el uso de la clordecona (en francés Chlordécone) un pesticida utilizado sin control en las explotaciones bananeras de las Antillas francesas. El último caso tratará sobre la exposición a la radiación en ciudadanos japoneses y estadounidenses después de los años cincuenta y en tiempos más recientes, vinculados al accidente nuclear de la central de Fukushima.

Colombia el soldado obediente en la lucha contra las drogas y el verdugo de su propio pueblo

En 1971 Richard Nixon presidente de los Estados Unidos declaraba la “guerra contra las drogas”, pero para ese entonces Colombia, siquiera era conocida por cualquier cosa y mucho menos por la producción de algún tipo de sustancia ilícita, al menos no a nivel internacional.

Sin embargo, es esa política la que marcaría la agenda y el futuro el tratamiento del problema mundial de las drogas, asimilando los consumidores como simples delincuentes, interviniendo en países productores a través de acciones armadas mediante mecanismos de “cooperación técnica y militar”, e imponiendo figuras como la extradición de algunos barones de la droga a territorio estadounidense.

La política de la zanahoria y el garrote tan evidente en materia de política exterior estadounidense, se aplica abiertamente a los países productores de sustancias ilícitas. Así la agenda política exterior colombiana ha sido narcotizada y para Estados Unidos, el narcotráfico es el eje central o la punta de lanza que determina también las relaciones comerciales, la inversión y la política migratoria.

En poco más de cincuenta años de lucha contra las drogas, la ecuación no se ha replanteado una sola vez, evitando reinterpretar la problemática como un tema de salud pública, o de corresponsabilidad en tanto que Estados Unidos es el mayor consumidor de cocaína del mundo.

Mucho menos, los gobiernos de ese país se han planteado perseguir, incautar y redistribuir el capital derivado del lavado de activos producto del tráfico, que sin explicación se integra a la economía del país del norte.

Las victimas del narcotráfico en Colombia no han visto al día del hoy un solo centavo de dólar en indemnizaciones, porque cabe decirlo, los muertos que produce el negocio de tráfico de sustancias son mayoritariamente colombianos.    

Dentro de la voluntad de combatir el narcotráfico, el gobierno de Estados Unidos ha impuesto a los sucesivos gobiernos colombianos la utilización del glifosato, un pesticida comercializado por la empresa Bayern, para erradicar los cultivos de uso ilícito.

Dentro del marco del Plan Colombia[1] entre 1999 – 2006 se decidió asperjar toda zona identificada para uso de cultivos ilícitos, dejando de lado la estrategia de sustitución. Solo la demanda interpuesta por Ecuador en 2008 ante la Corte Internacional de Justica, como protesta ante los efectos de las fumigaciones sobre los ciudadanos ecuatorianos en zona de frontera, prendieron las alarmas en el vecindario, y dentro del ámbito jurídico colombiano.

Por años, los campesinos colombianos venían quejándose a propósito de los problemas de salud experimentados por ellos mismos, por los animales y otros cultivos que recibían las aspersiones de glifosato.

 “Además de perjudicar los bosques circundantes al área de coca que se pretendía eliminar, se dañaban estanques piscícolas, fuentes de agua, cultivos de alimentos, pastos para ganado y animales de corral, entre otros bienes ». Esto genera “impactos en los derechos humanos de las familias cultivadoras de coca, amapola y marihuana. El problema radica en que la Policía fumiga pero el resto del Estado no llega y por ello los cultivos se trasladan de lugar, duplicándose el fenómeno de la deforestación ».[2]

El traslado de cultivos ilícitos a parques naturales y a zonas protegidas afecta además a pueblos indígenas y afro que sufren la presión y la violencia sistemática que se produce en los nuevos corredores de droga, establecidos por los dueños del negocio.

En 2012 Colombia tuvo que reconocer su responsabilidad frente a los daños causados por las aspersiones a las poblaciones fronterizas con Ecuador, para evitar una condena de la Corte Interamericana de Justicia. Esto llevó al Estado colombiano a comprometerse a no fumigar con herbicidas tóxicos como el glifosato a por lo menos 10 kilómetros de la zona de frontera, a consultar con Ecuador sobre la fórmula de cualquier herbicida que se pretendiera usar y pedir el consentimiento de dicho país para asperjarlo, a establecer un protocolo de quejas y a realizar una compensación económica de 15 millones USD antes del 13 de diciembre de 2013.[3]

Sin embargo, no fue sino hasta 2015 que el gobierno colombiano de la época decidió detener las fumigaciones con glifosato, después de acoger la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que alertó sobre los daños potenciales que genera el herbicida contra la salud y el medio ambiente. (Ver lista de países que han decidido limitar el uso de glifosato)[4].

Los procesos de responsabilidad civil que tuvieron lugar en California, Estados Unidos, contra los fabricantes del glifosato comercializado como Roundup – Monsanto, ahora Bayern, dejaron en el aire la posibilidad de desarrollar el tipo de cáncer conocido como linfoma no Hodgkin en personas que hubiesen estado en contacto con el pesticida. Monsanto fue condenado a pagar 2055 millones de USD a una pareja de denunciantes. La sobreexposición generó debates y nuevas denuncias en otros países.

Luego, una decisión de la Corte Suprema de Justicia colombiana en 2017, se ordenó la suspensión del programa de erradicación con glifosato y dispuso que su reanudación estuviese sujeta al cumplimiento de una serie de condiciones, científico – técnicas y jurídicas.

En el marco del acuerdo de paz firmado entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC, se dispuso que el programa de erradicación manual seria prioritario frente a la retoma de la aspersión con glifosato. Estas disposiciones incluían también las demandas de las comunidades y de los campesinos cultivadores, quienes históricamente se han visto afectados por el glifosato. Dos estudios científicos recientes afirman que la exposición al herbicida seria la causa de abortos involuntarios, efectos sobre la fertilidad de las mujeres expuestas, riesgos a nacimientos prematuros etc. [5]

Además, existen dos demandas sobre los efectos de las aspersiones con glifosato en los departamentos de Tolima y Caquetá, que fueron recibidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y han sido conocidas por la Comisión de la Verdad en Colombia.

Ante toda la evidencia recopilada en el curso de los últimos 20 años, el gobierno de Iván Duque, actual presidente de Colombia pretende mediante el decreto firmado el 12 de abril de 2021,  retomar la fumigación con glifosato, sin siquiera haber cumplido con los requisitos legales que pidió la Corte Suprema de Justicia.

¿Las vidas de los habitantes de las áreas de cultivos ilícitos valen menos que las del presidente y sus ministros? ¿Qué impulsa a un gobierno a querer reanudar una práctica que ya ha generado litigios e indemnizaciones a los afectados por el uso de este herbicida?

¿Por qué los tomadores de decisiones se preocupan tan poco por el erario público, a sabiendas que ese dinero podría más bien ser utilizado en una política efectiva de sustitución de cultivos y acceso a bienes y servicios para los cultivadores de la hoja de coca?

¿Por qué el gobierno colombiano actual se niega a llevar ante instituciones internacionales la discusión sobre la corresponsabilidad y el cambio en la estrategia global de la lucha contra las drogas? ¿Acaso los intereses de las grandes industrias están detrás del mantenimiento de esta política inútil para acabar con el narcotráfico?

Antillas francesas: el rezago colonial representado en cultivos de banano

Sobre las Antillas francesas se conoce poco. Martinica y Guadalupe siendo los territorios de mayor  extensión suscitan tal vez más atención que los demás.

Pese a su proximidad con América Latina, es poco lo que se sabe de estos territorios ultra marinos franceses y mucho menos sobre el escándalo que ha provocado el uso de la clordecona. Un pesticida que se utilizó desde 1972 y por algo más de veinte años sobre los cultivos de banano, para asegurar su rendimiento. O dicho de otro modo, para asegurar que las cuotas de banano, 70%  sobre el total de la producción de las islas, fuese enviado a Francia continental, en cantidad y tiempo estimados.

Detrás de esa agenda comercial quedaría en el limbo la salud de más de 800.000 antilleses, en quienes que se ha identificado la presencia de la molécula de la clordecona. El peligro sanitario,  la contaminación de la tierra y de las fuentes hídricas, no han sido sujeto de ninguna política pública, aun hoy, cuando sigue siendo una problemática de gran envergadura, pues estudios científicos ha  confirmado que los desechos del pesticida solo desaparecen al cabo de siete siglos.

Desde 1979 la Organización Mundial de la Salud había dado la alerta sobre la peligrosidad de la clordecona pues fue identificado como un perturbador endocrino “reconocido como un neurotóxico peligroso para el sistema nervioso, capaz de afectar la fertilidad y posiblemente cancerígeno”[6].

Las acciones emprendidas por los movimientos sociales antilleses que pretendían obtener reparación por parte del Estado francés, fueron reprimidas sistemáticamente. Aunque el gobierno de Emmanuel Macron, actual presidente de Francia, admitió que el Estado debería reconocer su responsabilidad frente al impacto del uso de la clordecona; y en esa medida avanzar en la reparación hacia las poblaciones afectadas, la verdad es que reina la impunidad.

Las denuncias presentadas por los colectivos antillesses, y cuyo dossier fue presentado ante la justica en 2006, no ha llegado a la etapa de juicio y se teme una prescripción del caso.

Con la prohibición total del uso de la clordecona en las Antillas, se implementó la utilización de otro pesticida, el glifosato. Estudios realizados en Guadalupe y Martinica por geólogo Pierre Sabatier, publicados en enero de 2021 en la revista científica Environmental Science &Technology, prueban que las tierras utilizadas para el cultivo de banano y de caña de azúcar que recibieron la clordecona entre 1971 y 1993, están sufriendo la erosión, causada por el uso posterior del glifosato. La erosión que produce este último libera el stock de clordecona presente en el suelo y se extiende a los ríos costeros, lo que produce una contaminación generalizada. [7]

La ausencia de una codena a los responsables políticos y sanitarios, así como de los empresarios que se lucraron por más de dos décadas con la producción de banano, no parece causar estupor sino en las islas. Algunos reportajes en medios franceses continentales han hecho eco de las manifestaciones y las reivindicaciones de los colectivos que reclaman justicia y reparaciones.

Con tasas elevadas de cáncer en la población y del 90% de las tierras cultivables contaminadas ¿qué esperan los jueces para actuar? ¿Por qué el irrisorio presupuesto de 92 millones de euros sobre un  periodo de seis años es la única solución prevista por el gobierno Macron para acompañar a las poblaciones víctimas de éste abuso sistemático?

¿Cuáles serias las repercusiones políticas y económicas para el Estado francés y para los empresarios, si los afectados no fueran antiguas colonias, cuyas poblaciones son mayoritariamente racializadas?

Los abusos frente a la vida e integridad de las personas en Francia no es nuevo, los escándalos que acompañaron a otros individuos racializados y otrora sujetos del Estado francés, han quedado impunes. Ese fue el caso de los 2250 niños nacidos en la isla de la Reunión que fueron trasladados a Francia continental para trabajar como esclavos. Este caso conocido como el de los niños de La Creuse no ha provocado compensaciones a las víctimas ni a sus familias, y mucho menos disculpas por parte del Estado.

La radioactividad, el problema común de las potencias: mentiras y omisiones repetidas en Estados Unidos y Japón

Para muchas personas el único referente que se tiene de Japón fueron los ataques nucleares lanzados por Estados Unidos, en agosto de 1945, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, aun cuando el mando militar japonés ya se había rendido.

Para otros, el referente es más reciente y está ligado con la catástrofe ocurrida en la central nuclear de Fukushima Daiichi el 11 de marzo de 2011, justo después de que la costa noreste del país fuese impactada por un Tsunami. A los 22.500 muertos y desaparecidos que se contabilizaron en los días posteriores, seguramente habrá que sumar otros más a ambos lados del Océano Pacífico.

La noticia que se extendió por toda la costa japonesa, alertó a la población local sobre la nube radioactiva que desplazaba por el territorio, los anuncios invitaban a los habitantes a confinarse. No así para los tripulantes del portaaviones Ronald Reagan de la marina estadounidense, quienes se encontraban en la zona prestando apoyo a las víctimas del Tsunami, en el marco de la operación Tomodachi.

Los marinos expuestos a la nube radioactiva, sabían que el riesgo de contaminación existía. Sin embargo y pese a que los sistemas de alarma radioactiva se activaron dentro del barco, los oficiales responsables no previnieron al resto de la tripulación, ni se iniciaron los protocolos adecuados para proteger la vida de los marinos.

Las autoridades de un país como Estados Unidos que ha realizado experimentos nucleares en su propio territorio y fuera de él, conocen los efectos de la radiación externa e interna. Ante la evidencia ¿por qué no se pusieron en marcha dichos protocolos dentro del portaviones? ¿Acaso 5.000 hombres expuestos a una nube radiactiva por espacio de dos días, resultaba ser poca cosa para tomar medidas?

En principio se ha afirmado que los oficiales al no estar presentes en el puente superior del barco, no estuvieron expuestos a la radiación, en tanto que a los otros marinos se les pidió que continuaran con sus labores habituales y se les pidió que contribuyeran con la limpieza del puente y de los aviones contaminados.

Pero poco sabían la mayoría de los marinos a bordo sobre la exposición interna y externa a la radioactividad. La primera se fija a la piel debido a la radiación presente en el aire, la segunda más peligrosa, se transfiere por la ingesta de agua o de alimentos contaminados por radiación. Si esta última se prolonga por varios días, la condición de las personas expuestas no puede sino agravarse. [8]

Algunos de los marinos recuerdan haber sido constreñidos a firmar formularios en donde admitían haber recibido dosis de yodo, cuando esto no era cierto. [9] ¿Por qué si los oficiales si habían tomado yodo, no lo proporcionaron al resto de la tripulación? ¿Por qué los soldados a bordo no fueron informados de los riesgos que corrían y así evitar que se expusieran a la radiación por el consumo y la utilización de agua contaminada? ¿Hasta qué punto el principio de obediencia en la institución militar se superpone al sentido común y a la necesidad de proteger la propia vida?

Once años después del accidente, algunos de los marinos del Ronald Reagan han desarrollado enfermedades cardiacas, distintas formas de cáncer, 25 miembros de la tripulación han muerto, otros en razón a su estado de salud han sido retirados de la fuerza y 415 soldados han emprendido  acciones judiciales para obtener reparación, aunque el mando militar estadounidense se niegue a reconocer la causalidad entre enfermedades, muertes y la exposición a la radiación.

En el mismo sentido, el rol del Estado japonés ha sido negligente. Aunque las autoridades japonesas conocedoras de los efectos de la radiación, luego de que el país fuera impactado por dos bombas nucleares en 1945 y expuesto a los ensayos nucleares posteriores realizados por Estados Unidos en el Pacifico; hoy, sigue sin proporcionar información suficiente a los habitantes de las ciudades por donde se extienden las nubes radioactivas.

En 1954 por ejemplo, cientos de pescadores que trabajaban en aproximadamente 700 embarcaciones fueron expuestos a los ensayos nucleares que realizaban los Estados Unidos en la zona del Atoll de Bikini (Islas Marshall). Estos ensayos tendrían repercusiones para las poblaciones en Indonesia, Filipinas, Taiwan y Japón.

Las trabas administrativas y de las omisiones de los mandatarios locales para reconocer los problemas relacionados con la radiación, ponen en riesgo a cientos de miles de personas. “La catástrofe prueba que las autoridades minimizaron los riesgos y pusieron en evidencia el funcionamiento del sistema nuclear, el cual restringe la información o la disimula, muestra la pasividad o el servilismo de los agentes, y la ignorancia e incompetencia de los tomadores de decisión”. [10]

Japón ha conservado por años el seguimiento médico que fue realizado a personas expuestas a la radiación después del bombardeo y de los ensayos nucleares estadounidenses. Toda esa información clasificada bajo la etiqueta de seguridad nacional, impide que pueda ser consultada y utilizada para estudiar, prevenir e imaginar nuevos protocolos, tal vez más eficaces.

¿Por qué las vidas de los japoneses importan tan poco, incluso para las autoridades de su propio país, y se pretende correr una cortina para evitar que la información escale?

¿Cómo garantizar un seguimiento eficaz en materia de salud cuando se restringe la información? ¿Cómo realizar prevención a los posibles afectados por las malformaciones genéticas y enfermedades resultantes de los ensayos nucleares? ¿Cómo anticipar los presupuestos y la preparación de los sistemas de salud ante un alza de casos de enfermedades derivadas de la radiación que podrían ser cada vez más recurrentes?

¿Teme el estado japonés que sus ciudadanos pidan compensaciones económicas y que el buen nombre del país sea automáticamente relacionado con la catástrofe nuclear? ¿Qué rol le cabe a las los países poseedores de armas e instalaciones nucleares, cuyo material a veces en mal estado y el tratamiento de los desechos, resulta problemático para el medio ambiente y la salud de sus administrados?

Reflexiones

Los tres casos presentados revelan decisiones institucionales que permanecen ocultas, secretas, aun cuando los efectos producidos por pesticidas altamente comercializados y de orden nuclear, llevan siendo denunciados durante varias décadas por las poblaciones que los padecen.

Por ahora, las nuevas ciudadanías que demandan un mejor manejo del ambiente, alimentan una presión constante que no puede reprimirse sistemáticamente como ocurría en el pasado. Los hechos son filtrados y difundidos por medios alternativos y buscan crean una conciencia común y la demanda de acción y reparación, más aun cuando los líderes de dichas iniciativas son encarcelados, desaparecidos, asesinados.  

La mano negra detrás de un sistema mundial que se niega a explicar la gravedad de sus decisiones, que se opone a prevenir, proteger y restituir, beneficia de la protección de grandes compañías y se escuda en el interés nacional. Avivados por la codicia y el mantenimiento de un statu quo, los tomadores de decisiones, conceden licencias y buscan evitar a toda costa cualquier juicio contra la nación.

Paradójicamente, los costos monetarios de estas prácticas, representadas bajo la figura de indemnizaciones, son finalmente solventados por los propios ciudadanos a quienes se les ha negado sistemáticamente todo tipo de atención, de información y tratamiento médico.

Que nuestra seguridad alimentaria se encuentre en riesgo por la utilización de pesticidas y de desechos nucleares que afectan fuentes de agua y actividades como la agricultura y la pesca no son temas menores. Tampoco lo es la desaparición de especies y de la biodiversidad de los océanos altamene contaminados por agentes externos producidos y/o explotados por el hombre.

Lo único que parece perennizarse es la propaganda y los chantajes utilizados para callar a quienes han puesto en evidencia estos crímenes, para perpetuar sus campañas de desinformación. Hoy, los mismos estados en cabeza de sus gobernantes continúan mintiendo, ocultando y borrando de la memoria a las víctimas de tales hechos, como una reacción en cadena, desde la comodidad que les reserva la impunidad.


[1] Un plan concebido dentro de una política bilateral entre Estados Unidos y Colombia , el cual preveía la ayuda financiera, técnica y militar a las fuerzas armadas colombianas para reducir el número de hectáreas de cultivos ilícitos en Colombia a través de aspersiones con glifosato sobre todas las áreas identificadas. Igualmente, preveía la interdicción aérea y marítima para reducir el tráfico y algunas acciones destinadas después de 2002 a combatir a los grupos terroristas, dentro de los cuales se incluyó a las FARC, por iniciativa del primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

[2] Pedro Arenas, cofundador de Corporación Viso Mutop. DW : “El retorno de las aspersiones con glifosato planea de nuevo sobre Colombia”. https://www.dw.com/es/el-retorno-de-las-aspersiones-con-glifosato-planea-de-nuevo-sobre-colombia/a-57055984

[3] Andrés Molano. Razon Publica : “El acuerdo entre Colombia y Ecuador: glifosato, secretos y contradicciones”. https://razonpublica.com/el-acuerdo-entre-colombia-y-ecuador-glifosato-secretos-y-contradicciones/

[4] La ONG Sustainable Pulse, monitorea el uso de herbicidas en todo el mundo, cuenta más de una veintena de países que limitan su uso. Italia lo prohibió en áreas públicas y en rociados de precosecha; Francia lo retiró de los espacios verdes. Bélgica, República Checa, Dinamarca, Portugal y los Países Bajos también pusieron barreras. Hay restricciones adicionales en Asia (Tailandia, Vietnam, Sri Lanka, Omán, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes, Bahrein y Qatar), África (Malawi, Togo) y Latinoamérica (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Bermudas, San Vicente y las Granadinas). A nivel interno, el glifosato está cercado en distintas zonas de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Escocia, España, Australia, Nueva Zelanda, Malta, Eslovenia y Suiza) En: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/glifosato-por-que-algunos-paises-prohiben-su-uso-y-otros-no-nid2431078/

[5] https://elpais.com/internacional/2020-09-29/la-tragedia-de-los-abortos-involuntarios-por-el-glifosato-llega-a-la-comision-de-la-verdad-de-colombia.html

[6] Le chlordécone et l’impunité empoisonnent les Antilles. En : https://reporterre.net/Le-chlordecone-et-l-impunite-empoisonnent-les-Antilles

[7]Résurrection du chlordécone aux Antilles françaises avec l’usage du glyphosate https://www.cnrs.fr/fr/resurrection-du-chlordecone-aux-antilles-francaises-avec-lusage-du-glyphosate

[8] Documental Cadena Arte : « Notre ami l’atome. Un siècle de radioactivié”.Kenichi WATANABE. 2000.

[9] Idem. Minuto 13.

[10] Idem. Minuto 11.

Closing time

Recently, I’ve decided to close the door. To take care of myself and leave behind all the unkindness you’ve shown me.

I wasn’t strong enough to fight, to tell you how some of your words hurt me making me feel unwelcomed. I guess that I’ve always known how you really see me, but I prefer to keep the relationship instead to cutting it off. Maybe, as an immigrant building safe places was one of my goals.

But now I’m ready to release all that stressful moments when you openly express your racism and your sexism against me and other women. I’m done with you, interrupting every conversation that I used to have with someone else. I really can’t stand anymore that you are incapable to respect others. It is not my job to explain you the basis, neither to schedule some learning about: colonisation process all around de world, classism, violence against women and discrimination.

Probably some people find you funny or even reckless. Nevertheless, I just think that you aren’t able to put yourself in others place. You’re incapable of compassion or even to take any responsibility for the ideas you shout every time.

I thought vaguely that the reader you are could open your mind and eventually, start to respect differences between people. I assumed that knowledge will be the way to reset the old fashion ideas that pollute this society. Being next to you confirm me that the space we shared is severely unequal.

Now, I’m aware after all of this years, you don’t still know my last name and you don’t care. Every word you pronounced about the way I look, about my heritage, my background, wealth, health condition, are topics that even my closest friends never set as criticism, or as conversation subject. What makes you think that you were legitimate to talk about it? When did you thought that it could be a matter of discussion?  It wasn’t reciprocate, which means that you were in a powerful position.

Behind all that hate disguised in “hilarity” I just got prove that you’re incapable to understand, appreciate and think about others feelings, probably because you never were my friend. However, it doesn’t authorized you to mistreat me, instead of been honest and stop pretending.

Because of people like you, I’m afraid that I can’t trust to French people even if they seem to like you, to help you, to understand you. Hypocrisy its maybe well learned and applied firmly, probably to comfort yourself about the person you are. My only regret is that you will be always there, near, since we still have some people in common, because of the circumstances.

Había una vez …

Había una vez, una niña que vivía en una casa con ocho hermanos, unos padres y un abuelo ciego. Vivían en paz y armonía rodeados de naturaleza: de árboles frutales y de muchas flores; y de animales: de los domésticos para el disfrute de los niños y de los que eran aptos para el trabajo, y de los otros, que aparecían de cuando en vez para con su canto alegrar la mañana, o hambrientos venían a buscar sobras o presas.

Era una casa rodeada de cultivos: de café, de maíz, de arroz, de plátanos, de frijol y de jornaleros que trabajaban desde hacía años en esa tierra. Hasta que un día, la niña, los hermanos, los padres, el abuelo y los jornaleros tuvieron que huir. Huir de la violencia entre dos partidos políticos que después de un 9 de abril se declararon la guerra y entonces se mataban en los campos y en las ciudades, para hacer primar un color político, “unas ideas”, ocupar la tierra, tener el poder.

Había una vez, una pequeña que no se sentía cómoda en su ropa, ni en su casa, ni en su país, y decidió volar lejos pensando que el sol seria más brillante en otra parte. A veces calentaba más, otras veces no, pues se demoraba en volver a aparecer. Con el tiempo pensó que iba a ver el sol entre las tinieblas, pero era difícil. El entorno era hostil: las críticas incesantes y el sol no volvió a salir. Entendió que en cualquier parte del mundo, tendría que acostumbrarse a que el sol no saliera siempre y que los nubarrones y la lluvia  también eran necesarios y positivos. Entendió que había arcoíris preciosos en algunas personas de las que quiso rodearse y que otras menos brillantes, siempre estarían dispuestas a lazarle bolitas de fuego, como las de los video-juegos.

Había una vez, una masa geográfica a la que llamaré país en donde vivía gente que tenía miedo a los otros, y entonces los convirtió en enemigos para combatirlos y aplastarlos, así ya no habría más miedo y todos estarían tranquilos. Esos otros se llamaban: musulmanes (chiitas y sunitas a turno de rol), judíos (sefardíes y asquenazis), drusos y católicos – cristianos y también protestantes. Se llamaban kurdos, armenios, tutsis, gitanos (manuches – roms) y a los otros se les conocía como ouïghures, yazidies y rohingyas.

Pero también había otra razón para tener miedo y eran los tonos de la piel: de los más “amarillos”, “a los pieles rojas”, a los nativos. A esos habitantes originales que con esfuerzo y sangre habían resistido durante cientos años a todo tipo de invasiones y “conquistas y colonias” y que aún seguían ahí, diezmados y condenados a la miseria.

Además los habitantes tenían miedo a otros seres que eran tan brillantes como el ébano: les decían negros, blacks y marrones. Y desde el siglo XIII el gran comercio triangular hizo de ellos mercancías. Ocho siglos después, seguían siendo considerados como cosas y no como personas. Entonces, cuando ese enemigo de colores, que por cuenta del comercio y de la colonización en masa, y de la esclavitud, vivía en todas partes del mundo y reclamaba derechos e igualdad, los que tenían miedo parecían tener mil excusas para guardar el orden y evitar que eso sucediera nunca.

Había una vez, un lugar en donde los pobladores también tenían miedo, pero era de algo menos visible, se les llamaba ideas. Ese mundo creado a partir de teorías y de pensamientos llevó a que las personas tuviesen miedo de lo que llamaron comunismo y los otros el capitalismo, y en esa guerra de ideas se forjaron conflictos reales que no era por esas ideas, sino por el control de los medios de producción, y el dominio extensiones de tierra y los pueblos contenidos en ellas, que no eran otra cosa que una fuerza de trabajo.

Y después, se inventaron otras guerras contra: el terrorismo y contra las drogas, porque era más fácil asesinar sin pensar, invadir, imponer mercados y modelos económicos, lucrarse con los recursos de los demás. Era más fácil dividir y destruir, que dejar que cada cual decidiera su propio destino y lo moldeara a su manera, según sus experiencias y sus propias características.

Había una vez, un conflicto contra unos grupos de gente que se querían mover por el mundo y se les conocía como migrantes. Eran tan peligrosos que buscaban un futuro distinto, soñar, huir de guerras y de atrocidades, tener un trabajo y estudiar. Eran tan espantosos que traían a cuestas sus costumbres, y sus recuerdos y su dolor de haberlo dejado todo para volver a empezar.

Eran tan aterradores porque la mayor parte de ellos eran pobres y la pobreza es sinónimo de desorden y de estupidez y de incomprensión. Por eso había que combatirlos como fuese: instalando muros vigilados por patrullas y video cámaras, y dejando que se murieran en el mar, en los desiertos, y en los containers de mercancías que viajaban en los barcos, y que se descargaban como si nada en los puertos del mundo.

A veces era necesario prenderles fuego a los campamentos en los que vivían, separarlos de los demás en guetos, pogromos, o robarles el territorio con la ayuda con asentamientos ilegales y dispararles sin razón, por miedo a que cruzasen fronteras imaginarias. Y también había que evitar su acceso a trabajos bien remunerados y declarados, para que no pudieran justificar su presencia y se les pudiese perseguir y luego expulsar. A quienes adquirieran una nacionalidad se les impediría gozar de ella plenamente, siempre serían ciudadanos de segunda clase.

Generalmente era útil ponerles etiquetas: “racaille”, bandas, ampones, ladrones, expendedores de drogas, prostitutas, porque claro ellos eran los “únicos” que cometían crímenes, los responsables de la inseguridad y de la perdición de la armonía, por eso había que identificarlos.

Había una vez, unas personas que querían amar a otras personas, sentirse cómodas en sus cuerpos y que su identidad fuese reconocida y no impuesta. Pero eso iba en contradicción de unos libros, de unos poderes y hasta en algún momento encontraron razones científicas para no dejarlos amar y ser.

Entonces se les perseguía y se les echaba de casa, y se les colgaba en las plazas públicas y se les encerraba en hospitales psiquiátricos, y se les practican extraños tratamientos “médicos” para traerlos a una norma, que nadie sabe quién la había inventado. A esa comunidad de personas tan diversas se les conocía como LGTBIQ+ pero siempre se les atribuían apodos horrendos para que no olvidaran que no cumplían las reglas y que eran abominables. Además había que prohibirles otros derechos: al trabajo digno, a  la salud, a tener una familia de pleno derecho, a vivir.

Había una vez, un planeta que repetía la misma historia una y otra vez. Pero nadie quería saber de historias, ni de cuestionamientos, ni de reclamos, ni de aprendizajes, porque era mejor dejarlo atrás, vivir el presente y preocuparse por el futuro.

Había una vez, una deriva ideológica que crecía como espuma, con nostalgia de las dictaduras y de las represiones y del control total sobre la vida de las personas. Una ola de poder extremo que crecía en cada continente para reivindicar una supremacía de unos pocos sobre los demás, mientras estos últimos seguían por televisión una pandemia que mataba a miles de seres humanos todos los días.

Había una vez, pueblos enteros que no se cansaban de ver todas esas violencias cíclicas, ni tampoco pensaban que todas ellas acabarían por destruir a su propia gente. Que los miedos que se inventaron los mismos que habían gobernado al mundo desde siempre, iban a ser repotenciados para ganar el poder, para estigmatizar, someter y unificar. Aquellos que tenían tanto miedo y que añoraban el totalitarismo, no sabían también se verían afectados.

L’histoire derrière un épisode Podcast

L’année dernière en pleine pandémie, j’ai découvert les Podcast : des contenus digitaux audio qu’on peut écouter sur nos appareils connectés, à l’heure et  jour décidée par celui qui écoute. Ils peuvent être écoutés dans presque toute la planète, et ils sont souvent gratuits, montés parfois sur plateformes internationales, ou par d’autres plus indépendantes.

J’ai suis devenue accro à ces contenus. Bien entendu, j’ai choisi des sujets qui suscitent mon intérêt : féminisme, culture, actualité du monde, politique, histoire. Je les écoute en français, en espagnol et en anglais.

Il y a une semaine, un épisode de mes podcast préférés est le noyau de la réflexion que je partage aujourd’hui avec vous. Les interactions des intervenantes de l’épisode « Féminisme pour toutes », résonnent toujours dans ma tête.

Un peu de contexte…

L’épisode fait référence au regard porté sur le féminisme à partir de groupes dites minoritaires, souvent exclus ou victimes de discriminations. Il ouvre dont la question à un féminisme décolonial, plus en vogue dans le contexte français par certaines militantes : noires, arabes, asiatiques, roms, musulmanes et juives. Toutes des femmes racisées et discriminées en fonction de caractéristiques réels ou supposées.   

Cela dit, je dois préciser que depuis quelques années, je retrouve de plus en plus des femmes latino-américaines en couple avec des hommes français blancs ou racisés.

L’histoire coloniale me touche profondément en tant que femme latino-américaine. Dans mon pays d’origine, la Colombie, nous avons été sujets de l’empire colonial espagnol pendant presque quatre siècles. Puis dès la du XIX siècle nous sommes sous l’influence exercée par les Etats Unis, une sorte de néocolonialisme

Certes, plusieurs d’entre nous avons compris depuis un bon moment que nous étions oppressées par « nos hommes », par « nos frères ». En Colombie, au cours de l’année 2020, il y a eu 630 féminicides. Puis au 18 mars de cette année il y a eu déjà au moins 40 cas. Cela sans tenir compte des autres types de violences faites aux femmes.

Nous les colombien.nes vivons dans une société victime du colonialisme, mais aussi atteinte par un conflit armé qui dure depuis 60 ans. Cela, malgré un accord de paix signé en 2016 entre le gouvernement colombien et la guerrillla la plus ancienne du continent américain. Ces deux faits, ont contribué à dégrader, en permanence, les corps des femmes, et à renforcer un modèle patriarcal assez bien installé.

L’ancienneté de faits historiques, dont la colonisation, rend difficile les revendications vis-à-vis des responsables de ce période qui a introduit les modèles complexes dans lesquels nous vivons. La nature du métissage forcé qui a eu lieu pendant la période coloniale a été diluée tout au long des siècles suivantes, jusqu’à normaliser ces faits, arrivant parfois à montrer une certaine « fierté » pour se retrouver dans l’axe de différents mouvements complexes de cette époque.

A savoir, plusieurs colons espagnols étaient des converses : anciens juifs et musulmanes qui se sont convertis au catholicisme des rois espagnols, durant la période de la reconquête espagnole. L’Espagne comme l’un des protagonistes du commerce triangulaire a introduit en Amérique des millions de personnes, rendues en esclavage en provenance de l’Afrique. Le port de Carthagène en Colombie était l’un des principaux ports de traite d’esclaves sur le continent.

Ce modèle d’organisation économique a encore aujourd’hui des répercutions graves pour les hommes et femmes afro-colombiens en termes de discrimination, déplacement forcé, sous-représentation politique, sous-développement économique des territoires et des conditions de vie plus proches de la misère dans les secteurs où géographiquement ils et elles sont majoritaires. Dans des conditions similaires sont les peuples originaires ou natifs, provenant de tribus diverses.   

Dans ce sens, le métissage est une sorte de fumée qui empêche de voir le tableau complet, où les droits des dites minorités sont remis en question en permanence, et cela en raison d’un racisme très répandu dans la société colombienne.

Des nombreux colombien.nes ne sont pas familiarisé.es avec les outils de revendication de nos droits. Cela s’étend aux femmes et des hommes des peuples natifs, et des afro-colombiens, même s’il y a des plus en plus des leaders sociaux qui luttent pour la reconnaissance et le respect de leurs droits (et autant d’assassinats pour les leur empêcher).

Le métissage, dont ma famille est l’un des portraits, nous empêche de prendre une autre position face au colonialisme, au patriarcat, et au capitalisme. Nous devons ajouter à cela le classicisme assez profond dans la plupart des sociétés latino-américaines. Le classicisme est aussi un produit des hiérarchies établies par les colons, une pratique qui est toujours d’usage en fonction de la couleur de la peau, de la proximité avec des ancêtres européens, en relation avec les ressources économiques réels ou apparents, et au niveau éducatif de la personne en question.

On ne se croise pas, on ne se mélange pas, on doit prétendre occuper une place selon sa « classe ». Dans ce mouvement invisible, changer de classe résulte difficile, car si vous allez vers une classe sociale supérieure, vous êtes en général mal aperçu. Vous êtes comme un « intrus » qui ne partage pas les codes, ni les groupes d’amis et de connaissances, ni le même parcours de vie. Cela amène à plusieurs personnes à mentir ouvertement sur leurs origines, à un déni permanent de soi, de sa famille, tout pour finalement  être « accepté ».

Quelle capacité en tant que individus racisés avons-nous de transformer ces sociétés, si inégales à tous les niveaux, ayant des économies instables et fortement endettées ?

Quelle capacité avons-nous de sortir des registres racistes, classicistes, patriarcales et capitalistes?

Les effets sur les femmes migrantes

Je me pose des questions sur nous, en tant que femmes migrantes, construites sur la base des oppressions de l’empire colonial, du néocolonialisme et du poids d’un conflit armée. Sommes-nous familiarisées avec nos droits dans le pays d’accueil ?

Pensons-nous qu’arriver aux pays du nord, nous permettra d’accéder automatiquement à toute une sorte des droits y compris des femmes sur place ?

Avons-nous conscience que toutes les femmes habitantes dans les pays du nord n’ont pas, dans la pratique, accès aux mêmes droits ?

Vis à vis du féminisme latino-américain, certaines femmes ont pensé (ou nous pensons?) que nous pouvions utiliser les luttes du féminisme mainstream comme une voie à parcourir pour accéder ainsi aux mêmes droits que les hommes.

Les droits économiques : à un travail rémunéré, à ouvrir un compte en banque, à  disposer de notre propre argent. Le droit à l’éducation basique et supérieure, les droits politiques, les droits reproductifs et sexuels. Pour rappel, certains de ces droits dont celui à l’avortement, et même au respect à la vie des femmes sont toujours des combats dans plusieurs pays du sud.

En effet, comme Florence Vergès, l’affirme au cours du podcast, nous avons « blanchi » nos causes et nos idéaux. La conséquence directe de cette décision a été  que certains groupes de femmes, ainsi que leurs problématiques sont toujours sous représentées et de ce fait, il existe une manque d’inclusion sur les récits des femmes migrantes et racisées.

Certes, il y a des causes partagées avec les féministes européennes blanches, mais nous oublions parfois nos besoins plus immédiats, nos problématiques d’accès, nos différences face à des personnes qui ont bien bénéficié d’un Etat providence et d’un système qui privilège une certain type de personnes. 

En Colombie depuis mes vingt ans, j’étais déjà sensibilisée aux questions de genre, en raison des violences sexistes et sexuelles propres, et aussi à celles vécues par mes proches et mes amies. Arrivée en France, j’ai appris davantage, je me suis formée à l’égalité entre les femmes et les hommes, j’essaie de mener un combat individuel et parfois d’en parler aux autres femmes latino-américaines. 

Lorsqu’on traverse l’Atlantique on se rend compte qu’on est des femmes racisées car maintenant notre métissage est visible, il n’est pas normalisé dans nos sociétés d’accueil. On se rend compte que nos récits n’ont pas forcément de la valeur, que nos accents et nos façons de nous exprimer posent problème. On est aussi quelque part exotiques ou suscitons de l’exotisme. Je ne pense pas qu’il soit anodin le nombre croissante d’unions entre hommes français et femmes latino-américaines. Malheureusement, je constate aussi une forme de soumission, et presque un devoir de remerciement dans certains cas. Cela me révolte. 

Est-ce que dans le cas des violences sexistes ou sexuelles, les femmes latino-américaines ont la connaissance de ce qu’elles peuvent faire, de leurs droits ? Est-ce que les menaces d’expulsion et d’enlever la garde des enfants empêche de mettre fin aux violences conjugales ?

Est-ce qu’en raison d’un manque d’indépendance économique, parfois liée à des périodes de chômage de long terme, force les femmes à rester ? Est-ce que les congés maternités élargis, volontairement ou pas, et le coût de la garde des enfants assez élevés, vis-à-vis du revenu du couple, deviennent des freins à l’autonomie de femmes migrantes ? 

Dans la vie privée de certaines femmes latino-américaines la relation femme – mère est un fait indiscutable. Décider de ne pas enfanter provoque encore des incompréhensions, au sein de la nouvelle famille, mais aussi de propre. Il ne faut pas oublier la pression que la religion exerce aussi sur les corps des femmes en Amérique Latine, mais aussi nos constructions familiales si fusionnelles, dépendantes, et souvent aussi étouffantes.

D’autre part, certaines d’entre nous, des femmes ayant obtenues des diplômes d’éducation supérieure, retrouvons des difficultés pour accéder au marché de l’emploi français, même malgré une reprise obligée des études. Or, je ne peux pas parler comme si la majorité d’entre nous se retrouvaient face à cette situation, mais je connais plusieurs cas où on doit se contenter des emplois en dessous de nos niveaux d’études, compétences et expériences.

Sur les groupes d’entraide des femmes latino-américaines, je constate que la plupart des participantes se proposent pour occuper des emplois non déclarés, mal rémunérés et souvent en relation avec le « care ». Des rôles assez genrés et normalisées dans nos sociétés y compris dans la sphère éducative. Pour les femmes qui n’ont pas pu acheminer une éducation formelle c’est donc la double peine.

Pour le 8 Mars 2021, j’ai écrit un article pour une revue latino-américaine, mais il n’a pas été choisi pour être publié. Or, ce qui m’a profondément choquée ce sont les motives de ce refus.

On m’a fait comprendre que je me positionnais comme une femme migrante mais à partir d’un féminisme mainstream, colonial et donc privilégié. Or, j’ai vécu ici en France le racisme, le sexisme, la discrimination à l’emploi. 

Je connais les combats de mes grand-mères, de ma mère, de mes tantes qui se sont battues pour le droit à travailler, à accéder à un emploi durable ou à créer leur propre commerce et ainsi pouvoir, parfois, élever seules les enfants.

Mon corps et mon estime ont subi des violences et si j’ai eu quelques privilèges, je ne pense pas être détachée des combats de femmes racisées, car tous les jours, je me vois comme une femme, mais surtout on me fait comprendre que je suis une femme racisée. J’ai eu des emplois mal rémunérés, peu reconnus, certains avec infimes possibilités d’évolution, cela malgré mes études et mon permis de séjour ou les droits apportés par la nationalité française. 

Ce qui m’inquiète est notre place en tant que femmes migrantes, loin d’appartenir à la société dominante. Je m’inquiété de ma place dans la société française, mais aussi sur comment je suis perçue par les autres femmes latino-américaines. Par celles qui ont décidé ou qui doivent rester sur place, tout cela au vu critiques récurrentes lesquelles n’ont un autre objectif que celui de me faire comprendre que je n’ai pas ma place là-bas non plus.

Paleta de colores

Si tuviera una paleta de colores, un lienzo y tuviera que escoger algunos tonos para describirte sin duda pintaría casi todo en azul ártico. Ese tipo de azul sería útil para recordar tu frialdad, tal vez construida desde siempre, como si fueras un muro de hielo, tan claro que no le avergüenza dejar ver su crueldad. Le añadiría algunos puntos de amarillo limón para recordar tu brillantez intelectual y a la vez un poco de la acidez que caracteriza tu humor. Sin duda me preocuparía por dibujar un charco rojo en la base, para recordar todas las veces que pasaste por encima de los demás sin siquiera preocuparte por lo que eso pudiera implicar. Efectivamente, esos colores primarios representan perfectamente tu estado primario.

Si tuviera una paleta de colores, un lienzo y tuviera que escoger algunos colores para describirme, me decidiría por plasmar un bloque gris pizarra, triste como la mayor parte de mi vida y bastante monótona para mi gusto. Gris como todos esos momentos de eterna soledad y de particular culpabilidad. Tendría toques de rojo para reflejar la pasión que puedo sentir en momentos muy puntuales. Otros anaranjados para hacer ver un poco de la alegría que a veces me resulta ajena, pero que parece divertir incluso a quienes me conocen.  Tal vez tendría que incluir un poco de verde por el interés y los aprendizajes militantes en la lucha por los derechos de las mujeres.

Si tuviera una paleta de colores, un lienzo y tuviera que escoger algunos colores para describir a la persona que más amo en el mundo, doblaría el tamaño del lienzo. En el centro pondría un rojo escarlata para representar ese corazón lleno de amor y de nobleza. Alrededor le agregaría naranja en forma de torbellino para marcar la alegría que le caracteriza y que transmite con cada carcajada. Luego marcaría unos tonos marrones en las esquinas como para tratar de hacer visibles esos muros que ha ido construyendo para mostrarse fuerte, pero sin lograrlo realmente. Porque al final esos muros se derriban con el buen trato, con una palabra dulce, con un acto de benevolencia, con un acto de amor. Dibujaría unas nubes azules, su color favorito y también símbolo de la melancolía que a veces le gana, le embarga y le borra la sonrisa. Agregaría un poco de verde esmeralda porque a pesar de todas las adversidades, ha logrado superar la mayor parte de ellas, le ha hecho brillar y ser tan particular como esa piedra preciosa. Ese verde cargado de esperanza que le impulsa a creer que todo es posible.

Si tuviera una paleta de colores y un lienzo trataría de pintar y ofrecer ese trabajo a todas las personas significativas de mi vida, solo para que puedan ver uno de sus múltiples reflejos. Porque estoy segura que todas y todos tenemos diferentes rostros y maneras de ser percibidos, amados, odiados y admirados.

VIVENCIAS DEL FIN DE SEMANA: Sobre cómo transcurren las vidas de las mujeres migrantes en sociedades « desarrolladas »

En Francia en pleno siglo XXI, las mujeres migrantes siguen teniendo dificultades para posicionarse profesionalmente dentro de ámbitos que les permitan obtener mayor movilidad laboral, aumentar su capacidad de decisión y de impacto en los sectores en los que se desempañan.

Esta realidad se aprecia con mayor claridad en un grupo de mujeres racizadas, cisgénero, con quienes pude compartir durante un fin de semana. Del grupo, ninguna ha logrado tener una posición de poder, o incluso la responsabilidad de dirigir un equipo de más de cinco personas. Estas mujeres con características y capacidades distintas, son sin saberlo el objeto de mi análisis.

Cae la tarde y el grupo de mujeres que se ha reunido, diverso en edad, nacionalidad, profesión, historia familiar, situación económica, y educativa, me permite visualizar una realidad que cada vez se hace más evidente, y que he podido observar en otras mujeres migrantes, naturalizadas y racizadas. Solo la mitad tiene un empleo conveniente en términos del tipo de tareas a realizar y seguramente en el monto de la remuneración. Pero esto no necesariamente se refleja en términos de satisfacción, evolución profesional e incluso formación. Concluí que estos trabajos estables solo les permitían mantener su independencia económica y en ese sentido, tomar decisiones sobre lo que ocurre en su espacio privado.

La otra mitad del grupo tiene acceso al paro o seguro de desempleo al cual lograron acceder por medio de rupturas convencionales. En algunos casos los problemas médicos empeoraron la relación con sus empleadores y en otros, las mujeres no encontraron la posibilidad de negociar sus salarios, misiones, o posibilidades de evolución profesional. Aguantaron para obtener un beneficio que se constituía como la única posibilidad de dejar atrás un cuadro laboral abusivo, sin perder el poder adquisitivo que resulta fundamental para la economía familiar.

Para las mujeres, todas naturalizadas, que llegaron a Francia durante la adolescencia o la temprana adultez, la juventud pudo ser un factor clave en la fase de asimilación de la cultura, de los valores y códigos de la sociedad francesa. Ellas han sido capaces de construir redes de apoyo, útiles en varios momentos de la vida, pues prácticamente ninguna ha utilizado la figura de reagrupación para facilitar la migración de otros miembros de su familia.

Cabe anotar que la mitad de las mujeres del grupo han sido o son madres cabeza de familia y también ha encontrado sendas dificultades en obligar a los padres a responder económica y moralmente por los hijos que tienen en común. Encontrarse ante la disyuntiva de demandas, abogados y jueces, resulta agotador, pero además injusto, en el sentido que ellas pueden caer fácilmente en situaciones de vulnerabilidad física, emocional y por supuesto económica. Cualquier pandemia o imprevisto, puede llevarlas a la precariedad.

De este grupo quienes no son madres por elección o por otro tipo de circunstancias, han experimentado exclusión por parte de otros círculos femeninos más tradicionales, pues al no haber dado vida, pareciera que no están en capacidad de compartir los desafíos que la maternidad presenta. Se aisla entonces a las no madres de sus antiguos entornos seguros porque se les presume incapaces o menos mujeres. Esta práctica de exclusión surge claramente de roles que durante siglos el patriarcado les ha otorgado a las mujeres, en donde el rol central es el de la maternidad.

La migración de por lo menos la mitad del grupo se explica por una relación sentimental establecida con una pareja heterosexual francesa. Aunque las demás mujeres establecieron uniones con hombres franceses blancos y/o racizados, es importante resaltar que la promesa del amor romántico – de rescate-  se transmite a partir de los valores de las sociedades dominantes, de las potencias del mundo globalizado y sus productos culturales. En ese sentido el amor como medio para alcanzar sueños propios se queda corto, pues la idea del príncipe europeo – occidental puede traer consigo una estructura de dominación colonial, que promueve imaginarios sobre las mujeres latinoamericanas como sumisas y/o moldeables.

Igualmente se cree que estarán listas a dar vida y para ocuparse de las labores del hogar sin cuestionarse, pues al provenir de países en donde el machismo es tan visible, se opondrán menos a cumplir con los roles definidos: maternidad/hogar versus proveedor/espacio público. Ese patriarcado espera que la mayor parte de estas mujeres, independientemente de su formación educativa y profesional, sean quienes se ocupen de los hijos la mayor parte del tiempo. El mito se rompe cuando las mujeres descubren que el amor romántico vehicula el machismo, el racismo y la dominación. Al objetivarlas, pues “pertenecen” a alguien, las mujeres encuentran dificultades en terminar relaciones dañinas para su estima, propia valía e incluso para la propia seguridad y/o la de los hijos.

Sin embargo, el discurso ligado al agradecimiento es recurrente por parte de las mujeres como argumento para no terminar la relación. Esto resulta paradójico pero no incomprensible cuando la relación de dominación es tan evidente. En ese sentido, el dominante por medio de acciones puntuales de bienestar económico y moral hacia las mujeres y sus familias, hacen pensar al dominado que el dominante será la única persona en capacidad de suministrar o asegurar ese tipo de bienestar o de servicio específico.

Provenir de países en donde el machismo esta tan instalado y que hablar de feminismo aun cause risas, burlas, estigmatizaciones o simple indiferencia, resulta ser un punto a favor de los príncipes europeos en busca de mujeres racizadas de países en desarrollo. En sociedades en donde el feminismo ha progresado, las mujeres tendrán tendencia a exigir mayor igualdad en la esfera privada y tendrán mayores posibilidades de reclamarla en la esfera pública.

Las mujeres tienen derecho a construirse, o a reconstruirse sin la interferencia permanente de un hombre que les recrimine su peso, su raza, su apariencia, su pasado, sus decisiones, su falta “de”, todo ellos como excusas que les permiten mantener el statu-quo. Las mujeres migrantes, naturalizadas aún  independientes financieramente, tienen dificultades en hacerse audibles en sus propios entornos, reafirmar sus derechos y reivindicar la equidad.

Lejos de ser un aliado, el patriarcado promueve conductas que pesan sobre las mujeres migrantes y racizadas aun en entornos que deberían ser seguros para ellas. La dificultad de imaginar y en otros casos de concretizar un proyecto profesional propio tiene sin duda inflexiones que no han sido calculadas por las mujeres, ligadas a la interseccionalidad que según Kimberlé Crenshaw designa la situación de personas que simultáneamente afrontan diferentes formas de estratificación, dominación o discriminación en una sociedad.

En conclusión, resulta paradójico integrar una sociedad como la francesa que moviliza a través del feminismo y de las transformaciones sociales, una evolución hacia ciertos sectores de la población y en algunas disciplinas, abriendo puertas a que las mujeres integren plena o parcialmente dichos espacios. Sin embargo, la sociedad se queda muy corta en la transmisión de esos beneficios a las mujeres migrantes y racizadas que llegan al espacio común. Estas últimas que no están conectadas necesariamente con las lógicas de independencia, libertad e igualdad, tienen que lidiar además con una carga estructural de dominación que se vive tanto en el espacio público, como en el privado.