« Revolcar muertos »: la mejor manera de traer de vuelta la tusa, el rechazo y las relaciones tóxicas

Todos hemos pasado por una tusa: el dolor que acompaña el fin de una relación sentimental del tipo que sea clásica o más bien de carácter sexual.

La tusa es un conjunto de sentimientos como el dolor, la impotencia, la rabia y la necesidad absoluta de retomar contacto con el otro. Todo esto se presenta durante un periodo de tiempo que puede ser realmente largo y que en últimas lo que tiene de fondo es negarse a creer que la historia llegó a su fin.

A veces, fieles a la expresión « un clavo saca otro clavo », emprendemos nuevas relaciones o aventuras para “olvidar”, “remplazar”, “sentirnos menos solos”, “vengarnos de” (como si a nuestra antigua pareja le importaran en algo nuestras nuevas decisiones), o simplemente “dejar de pensar en él o en ella”. Para salir del dolor profundo, también recurrimos a los excesos de sustancias licitas o no, de sexo, o decidimos formatear nuestro estilo de vida, incluso abandonar la vida misma.

La tusa es un lastre que tarde o temprano se hace más fino y se pierde en el tiempo, aunque el dolor y las frustraciones sigan almacenadas y sin tratar en alguna parte del cerebro o del corazón. En Colombia tenemos una expresión a partir de la cual todo lo que alguna vez quisimos y sentimos vuelve a la superficie, a ese fenómeno se le llama “revolcar muertos” y eso es algo en lo que algunas personas son expertas.  

« Revolcar muertos » trae consecuencias que en primer momento no se calculan. Revolver las heridas a medio cerrar e infectadas, para frotarlas con un poco de limón, no trae siempre los resultados esperados. Pueda que después de la tusa hayamos hecho una introspección sobre lo que hicimos mal, lo que aprendimos de la relación que tuvimos, que ése tránsito nos haya permitido corregir algunos comportamientos sistemáticos y nocivos para nosotros mismos y consecuentemente para nuestras nuevas parejas.

Pero traer todo de vuelta nos conecta con ese yo de hace meses o años, con ese yo que sufría por otras razones, con ese yo que sí era más frágil y que de nuevo tiene miedo al rechazo.

La mayor parte del tiempo quien desentierra al muerto es quien sufrió, quien estuvo la mayor parte del tiempo en el rol del dominado, quien algunas veces suplicó por volver, quien estuvo esperando por meses y tal vez por años a que la persona que amaba y deseaba regresara por su propia cuenta.

Claro que hay muchos muertos que retoman contacto por si solos, como fantasmas que rondan por ahí, pero a veces es porque solo les interesa tener buena consciencia y ver si a pesar de la “tara” que nos dejaron, ahora volvimos a ser normales. Otros muertos, tienen la intención de saber si estás listo(a) para volver al pasado, pero si sucumbes, solo les alimentas el ego, y vuelves a estar en una posición de desventaja.

Pensar con el deseo es lo que hemos hecho muchos de nosotros, esperando que el tiempo, la distancia y los años hagan lo suyo y que le hayan dado a ese otro la sabiduría de lastimar menos y de ser mejor persona. Mientras pruebas nuevamente si tu formulación es correcta, te puedes ir preparando de paso para el nuevo rechazo y para vivir la tusa versión 2.0.

Las relaciones toxicas traen eso, un continuo empezar-terminar; uno que cada vez es peor que el anterior. El nivel de agresividad aumenta, el de dolor, la rabia y el resentimiento también. En general la relación toxica “nace” muerta, ni siquiera tiene fecha de caducidad porque es el resultado de un juego peligroso, pero excitante.

Cuando ésta comienza uno de los dos participantes suele anunciar reglas que el otro tácitamente termina por aceptar y voluntariamente participa en un coqueteo inicial que los lleva mucho más lejos.

Lo peor ocurre cuando una de las partes se enamora de una persona ambigua, de una persona con la que siendo racional jamás se hubiese metido. El azar, la vida o simplemente estar en el lugar equivocado o sin rumbo hacen que nos lancemos al vacío sin medir riesgos, sin analizar situaciones, ni calcular las consecuencias de lo que hacemos.

Las relaciones son toxicas porque son destructivas. Después de los momentos de euforia, vienen los actos de automutilación y/o las estratagemas para destruir al otro. Los comentarios mezquinos y humillantes, las mentiras, la frialdad, el control del otro, toda una violencia que a veces llega a un punto difícil de soportar.

El vacío se hace cada vez mayor, cada vez que la relación se quiebra y la espiral en la que estamos inmersos parece no tener final. El sexo solo viene a reunir a dos personas que jamás debieron estar juntas.

Pero como siempre, esos rencuentros son los mejores y nos quedamos esperando que el resto se componga por arte de magia y nos instalamos en una nueva situación de desvalorización y de dependencia emocional.

Las relaciones toxicas nos marcan y mucho, pero se puede salir de ellas cuando estamos listos para dejar de castigarnos, cuando entendemos que no le pertenecemos a nadie o que nadie nos pertenece; cuando estamos listos para hacer concesiones consigo mismos para avanzar hacia otra cosa, cuando los años nos permiten perdonar al otro y a sí mismos por los excesos y por todo el daño ocasionado.

Es posible salir de relaciones toxicas, eso claro, si evitamos estar « revolcando muertos » para deshacernos del aburrimiento o de la soledad pasajera.

La peur : entre fictions et réalités sombres

Dans tous les films d’horreur et quelques fois dans les thrillers, nous constatons qu’une partie de l’histoire se développe dans la mansarde d’une maison hantée.

D’autres scénarios prévoient que dans la maison où se déroule l’histoire, sont discrètement conservés des objets maudits, des photos, des dossiers ou des vidéos qui dévoilent une histoire familiale à dissimuler. Parfois, sous le toit des veilles maisons sont cachées des personnes malades, ou c’est l’assassin du film qui l’a choisi comme foyer.

J’ai l’impression que c’est souvent le gendre, le fils maltraité, l’ex-militaire accablé par le PTSD[1] ou en tout cas un personnage masculin qui garde des secrets dans ces espaces tellement sombres.

Les greniers sont l’endroit préféré pour entasser des objets dans les maisons qui ne s’ont pas configurées pour laisser place à une cave. Peut-être il s’agit d’un style de construction plus pratique pour éviter de creuser dans le terrain, mais dans tous les cas, un aménagement pratique et plus typique des maisons de l’union américaine.

Probablement mon attirance vers les films qui véhiculent la peur et l’incertitude, gardent aussi relation avec les histoires qui nourrissaient la Mythologie grecque, dont celle du Minotaure et l’une de mes préférées. Le château labyrinthique, la détresse d’une créature mi- humaine, mi- taureau, les sacrifices humains offerts au monstre, la tyrannie qui régnait en Crête, l’imagination de Dédale, font partie d’un décor que je cherche à retrouver d’une façon ou d’une autre dans les films d’horreur.

Présentés de façon différente, avec les labyrinthes modernes, les caves et les mansardes, endroits que je crains vraiment, sont devenues parfaites pour alimenter la peur de toutes les personnes qui comme moi, cherchent à l’expérimenter mais sans prise de risques.

Le confinement, le manque d’air et de lumière, l’étroitesse de l’espace, le fait que souvent ces espaces soient habités par des rats, des cafards et des araignées, me fait souvent frissonner.

En dehors des vieilles maisons, assez souvent délaissées, on assiste rarement à des scènes de jardinage, ou adressées à reboiser l’endroit, ce ne plus la saison ou c’est trop tôt pour planter les nouvelles graines. Souvent les arbres sont très anciens, l’herbe est très haute, et mis à part des personnages sinistres qui taillent les haies, l’activité extérieure paraît assez limitée.

Autrefois, le décor de l’extérieur des maisons où se déroulent les histoires sont magiques, habituellement entourées par des bois épais en cours de transformation vers l’automne, ma saison préférée.

Les jeux de couleurs entre le vert, jaune, marron et orange; la fin de vie « systématique » des vieux arbres et de toute la nature qui les habite, les fruits secs qui tombent par terre, abandonnés par les animaux qui sont déjà en cours de migration ou d’hibernation. Ces fruits restent comme des pièces de décor d’un tableau, prêts à être écrasés par les chaussures des humains qui se baladent encore dans les forêts.

L’expérience d’observer les arbres mi- dégarnis et leurs quelques branches dénudées, au tomber du soleil me laissent imaginer des formes étranges. Le plaisir de regarder ces tableaux sombres s’accompagne parfaitement du jeu de lumières au tombé du soleil. A l’aide de l’éclairage public, des bougies ou d’une simple lanterne l’imagination crée des fantômes, qui accompagnés par le silence ou par les bruits extérieurs du vent, nous troublent au point de ne pas pouvoir définir si nos pensées sont réelles ou imaginaires.

Les chats noirs, les histoires de sorcières et des esprits assoiffés de vengeance, de lacs qui au lieu de poissons cachent des corps ; gardent un charme qui alimente les fantaisies des enfants et adultes qui aiment expérimenter la peur en sécurité, devant la télévision, au chaud dans leurs lits et sur leurs canapés.  

Les autres peurs, les plus sinistres, celles liées à la vie réelle tels que les effractions, les attaques dans la rue, les assassinats qui restent dans l’ombre et sans être résolus au fil des années, sont moins intéressants, moins divertissants, car ils sont possibles.

Il suffit de laisser une fenêtre mal fermée, marché seul(e) dans la rue après minuit, boire quelques bières de plus, pour que les histoires de ces films deviennent un titulaire des faits divers.

Je me souviens encore d’une chanson qui passait en boucle au cours des années 90 sur la chaîne MTV. Une chaîne étasunienne qui présentait de clips de musique non-stop. La chanson s’appelle « Runaway train »[2] et malgré le fait de ne pas comprendre totalement les paroles, la vidéo montrait un tas de photos d’enfants disparus tout au long des Etats-Unis.

Je n’habitais pas ce pays mais ma mère et ma tante me prévenaient souvent sur le fait que les enfants disparaissaient aussi chez moi. Elles appelaient ça le vol d’enfants et donc les adultes qui m’entouraient gardaient un œil vigilant sur moi. Certains enfants comme moi, n’avions pas l’autorisation de sortir seuls, de jouer dans la rue avec d’autres enfants ou de marcher librement. Il fallait toujours tenir la main de papa ou de maman dans l’espace public.

Aujourd’hui la disparition d’enfants et adolescents dans certains pays est toujours courant, des enfants qui alimentent les rêves de pervers, des consommateurs de pornographie infantile, des réseaux de traite humaine, des groupes armés ; et devient le cauchemar pour des milliers de familles qui ne trouveront jamais la piste de leurs enfants disparus.


[1] PTSD : Posttraumatic Stress Disorder. En français Syndrome de Stress Post-Traumatique

[2] La chanson est de la bande Soul Asylum. Album : Grave dancers union. 1992. Voici la vidéo : https://www.youtube.com/watch?v=NRtvqT_wMeY

Recordándote … Mi ciclo de viajes en el tiempo

Anoche después de varios meses volví a verte, volví a soñar contigo. En este sueño, también estaban otras personas que como tú se han ido.

Ahora que otra de mis amigas padece la misma enfermedad que tú, tengo miedo de perderla también. Aunque ella y yo ya no compartimos el mismo país, mi relación con ella continua, tratamos de vernos cada dos años. Mi relación con ella me hacía recordar la que teníamos las dos porque soy diez años mayor que ella, como tú lo eras cuando nos conocimos.

Muchas veces, me sentí en el mismo lugar que tú, orientándola sobre ciertas cosas de la vida, a través de mis ejemplos, escuchando sus historias y sus dolores, aunque ella es mucho más fuerte que yo, más madura de lo que yo. Incluso cuando nos conocimos, ella ya era mucho más independiente y por supuesto mucho más valiente para luchar por sus sueños.

Para el momento en que tú y yo nos conocimos, no recuerdo haber tenido sueños, no sé si es porque nunca los he tenido o si es que alguna vez al decirlos en voz alta alguien hizo un comentario que me hiciera sentir vergüenza de llevarlos a cabo. Tal vez nunca me he permitido soñar.

Sé que en algún momento solo quería vivir el amor, sentirlo y tú estuviste ahí para ayudarme con tus consejos a perseverar en ese amor que siempre fue imposible. Estuviste ahí para prevenirme de tantas cosas que yo ignoraba y que me tomó años reconocer, entender y dejar ir.

Recuerdo una de las últimas veces en que nos vimos, cuando te anuncié que había conocido a alguien que creía era el elegido. Me pareció verte sonreír con los ojos llenos de esperanza y la sonrisa dulce, la de alguien que en realidad se alegra de la felicidad ajena. Pero también recuerdo los charcos que se hicieron en tus ojos, la enfermedad te había vuelto a golpear, después de casi cinco años de batallar contra ella.

Yo no sabría sino hasta tiempo después de tu partida que estabas saliendo con alguien, nunca supe quién era, ni por cuanto tiempo estuvieron juntos. Es cierto que después de tu recuperación y de tu regreso al trabajo no tuvimos muchas oportunidades para compartir. Sé que en esas últimas semanas te acercaste más de aquella persona sobre la que siempre tuviste un manto de duda, y de la cual me previniste tantas veces. No quise juzgar tu elección, creo que al final, las circunstancias solo hicieron que cada una de nosotras fuera más o menos coherente con lo que pensaba y con lo que hacía.

Sé que durante tu último año de vida, estuve inmersa en una relación que incomodaba a muchos de mis amigos y que perdí contacto con varios que se rehusaron a callar sobre mi comportamiento, o que simplemente lo consideraron reprobable y simplemente se alejaron. No los culpo, era una situación desagradable para cualquier amigo que se interesase en mi futuro.

Sé que pocas veces me confiaste lo que sentías, nunca te vi realmente derrotada por tantas cosas que te pasaron en la vida, excepto por todo el proceso de tu enfermedad. Me permitiste acompañarte en buena parte de esa lucha y te agradezco por habérmelo permitido. Fue una oportunidad de crecer, de ver el dolor de cerca, de entender que la vida es frágil a cualquier edad y que incluso una guerrera como tú lo fuiste, puede sucumbir en cualquier momento y pedir que la muerte venga a terminar con un sufrimiento que se ha prolongado ya por mucho tiempo.

La última vez que te vi, sentí el cansancio en tu cuerpo, era más que evidente en tus palabras, en tus deseos. Ese día me dijiste que te querías ir, no dije nada. No tenía derecho a decirte que no pensaras en ello, ni de animarte a luchar, viéndote en una situación tan difícil y en una agonía tan larga.

Creo que tu tenías claro que el fin había llegado y quisiste decirlo fuerte y claro, fiel a tu manera de hacer las cosas.

Siempre voy a recordar el momento en que me llamaron a anunciarme tu partida. No había querido ir a verte porque sabía que estabas harta y me había propuesto llamarte al día siguiente para saber si querías recibirme.

Cuando la noticia llegó, no reaccioné, di las gracias y colgué.  

No lloré. En ese momento con la cabeza ardiendo y el corazón a mil, sentí que se me abría un hoyo en el estómago. Hoy sin embargo, al recordar ese penoso anuncio siento el dolor de nuevo,  regresa el llanto y saboreo la rabia de no haber estado más presente, de no haber compartido más, de no haberte preguntado más, de no tenerte más. Aquel día pasaron dos horas antes de mostrar una reacción externa, lloré por horas hasta que mis ojos se secaron.

Recuerdo tu voz, nuestras eternas conversaciones telefónicas casi hasta media noche cuando se acababa la serie que nos conectaba y luego ponernos a recordar los detalles de historias y de salidas pasadas. Recuerdo las reuniones de estudio y de rumba en tu apartamento, tu paciencia y tu franqueza para con los demás.  Te recuerdo inteligente y dedicada, también lo celosa con todo lo que tocara a tu entorno familiar.

Pero a eso también me dejaste acceder. Llegar al hogar de tus padres crear una relación con ellos.

Fue difícil verlos después de tu partida, conservé a tu madre en mis contactos, incluso la llamé cuando un año después me informaron sobre la muerte de tu hermano. Sé que mi voz y mis preguntas pudieron ser incomodas ellos, a lo mejor porque hablar conmigo evocaba muchos recuerdos dolorosos para ellos.

Cada vez que nos volvemos a encontrar en el mundo de los sueños, estas viva, siempre activa, estamos haciendo lo que solíamos hacer juntas o con nuestro grupo de amigos. Paradójicamente, durante ese viaje siempre tengo consciencia de que estas enferma y de que pronto ya no podremos hacer todas esas cosas; porque no tendrás la energía para hacerlas y luego porque te habrás ido. En el mundo de los sueños sé que sigues viva, sé que sigues siendo mi amiga y que sigues vigilando de cerca o de lejos mi camino.

Te extraño mucho y no sé cómo hacer tu duelo, no sé cómo hablar contigo. A veces escucho canciones, oigo sonidos, pienso en cosas que me recuerdan que ya no estás para compartirlo juntas. Guardo en mi mente muchos detalles de la disposición y decoración de tu apartamento de soltera, de la casa de tus padres en Bogotá y hasta de la casa de verano que tenían en el este del país.

Antes de irme de Colombia, recuerdo haber ido a casa de tu hermano mayor, ver a tus padres y  presentarles a mi compañero de vida. Qué gusto me dio verlos y contarles nuestros planes, fue difícil, pero igual esa fue la última vez que los vi vivos y sonrientes.

Hoy tengo la impresión de repetir un camino similar, pero lo difícil es que no puedo estar con una amiga querida que está en tu situación. Nos separan millones de kilómetros, una diferencia horaria de 8 horas, una pandemia y el hecho de no estar presente en la familia de la otra persona; de no hacer parte de un círculo cercano al que le puedan decir la realidad del momento.

No me atrevo a hacer nada, tengo miedo de preguntar, le dejo mensajes que no me contesta, le doy tiempo de asimilar, de entender lo que le pasa, de la lucha que va a tener que dar, pero no voy a poder estar con ella, como me dejaste estar contigo. Tengo miedo a perderla y enterarme de última, tengo miedo de que se sienta sola y no pueda expresar su rabia, su desconcierto, su pena, su hartazgo.

No sé qué vaya a pasar, pero lo único que sé es que extraño que no estés aquí, que no tengas una frase para componer el momento, un consejo sincero para hacerme reflexionar, una propuesta para salir a tomar algo y no pensar más en lo que me duele, en lo que me hace tanto mal. No sé cómo hacer cuando las personas que quiero ya no están. Sería más fácil si en un sueño me cuentas como hacer, o si en un sueño me dices que sigues aquí acompañándome. No creer en nada espiritual no me permite pensar en ángeles, ni tampoco en que nos volveremos a encontrar. Tal vez eso sea lo más difícil de perder a alguien tan especial.

Un hourra à la prévention?

A différence de la définition du mot prévention concernant au temps passé par une personne en prison avant son jugement; j’avais une idée fixe sur sa signification. Celle-ci plutôt en lien avec la prise de précautions pour éviter des situations graves ou d’accidents.

Le mot prévention me fait inévitablement réfléchir à un sujet controversé : celui de la coresponsabilité. En effet, quand une situation grave se présente, quelqu’un se posera sans doute la question d’une possible coresponsabilité de la part de «la victime». En l’occurrence, on la soupçonne de n’avoir assez prévu l’impact de sa décision, action ou inaction.  

Cette mise en doute devient systématique lorsque les victimes appartiennent ou sont identifiées comme membres d’un groupe humain: soumis, objectivé, méprisé. Malgré l’aversion que cela me produit, je ne peux pas m’empêcher de réfléchir à la subtilité qui est toujours utilisée pour avancer des propos hypocrites et prononcer des jugements a priori.  

Par exemple, dans le cadre d’une situation de viol, d’agression, ou de mort par assassinat, une ombre de doute viendra se poser sur la victime. Qu’à fait-elle pour que les faits se déroulent de cette façon? Quelles étaient ses fréquentations? D’où elle vient? Quelle type de famille a t-elle? Quel type de vêtements portait-elle?

Dans d’autres contextes, l’utilisation du mot prévention est problématique, c’est le cas des questions inhérentes à la défense et à la sécurité nationales. Il existe le concept de guerres et des bombardements préventifs[1]. Cela veut dire qu’un Etat peut lancer des attaques sur un tiers, même s’il n’existe pas de certitude sur la planification ou la mise en place d’actions armées par ce tiers, contre un pays, sa population ou ses «intérêts stratégiques».

Sous le discours de la prévention inscrit dans le cadre militaire des actions abominables ont été commis tout au long du XXème siècle, notamment au proche orient. Les actions militaires préventives finissent toujours par la remise en question des droits des autres. Ces attaques cachent sans doute des rapports de domination lesquels sont le noyau dure de toute intervention.

Les rapports de domination ont toujours existé et ont été justifiés au cours de siècles par des arguments commerciaux, raciaux, civilisateurs, religieux, sexuels et doctrinaires. En fin, nos sociétés sont bâties sur de constructions imaginaires, artificielles, qui peuvent si on le souhaite être transformées ou détruites.

Nos autorités nous vendent la prévention comme une idée positive pour protéger l’ensemble d’un groupe humain. Si nous voulons donner un peu de crédit aux campagnes de prévention routière, de lutte contre le tabagisme, contre la consommation d’alcool et de substances plus dures, il faudrait peut-être analyser l’angle sous lequel elles sont présentées.

Je crains qu’à différence de la campagne évoquée dans la photo choisie pour présenter ce récit, laquelle ne laisse pas planer de doutes sous la responsabilité unique du violeur, les autres campagnes suivent plutôt la règle de la coresponsabilité, et sont bien loin d’être l’exception.

Mais tout cela n’a la moindre importance, car la domination se construit à partir de la négation- limitation des droits des oppressés. Dans le meilleur de cas, la domination est garantie lorsque le contrôle est détenu par les mêmes autorités qui sont en charge de protéger notre système de «droits».


[1][1] Il existe une différence majeure entre préventive et préemptive. Une attaque « préemptive » se réalise lorsqu’il y a de forts indices qu’une autre partie réalisera une attaque imminente. https://www.brookings.edu/opinions/the-preemptive-war-doctrine-has-met-an-early-death-in-iraq/

Crédits de la photo: campagne diffusée sur de nombreux sites internet, dont celui du
Collectif Féministe Contre le Viol : www.cfcv.asso.fr

« El Dorado »… Un Melting-Pot d’identité, de généalogie et de procédures administratives

Il y a quelques années il était à la mode de trouver par soi-même, ou bien de payer un expert pour élaborer l’arbre généalogique de sa famille.

Cet outil a été utilisé majoritairement par des citoyens sud-américains intéressés dans l’obtention d’une autre nationalité, notamment européenne. A travers de la généalogie, ils cherchaient à prouver un lien de parenté avec des ancêtres espagnols, français, allemands, italiens, en fin, des pays membres de l’Union Européenne. Le nouveau « El Dorado » est né.

Cette procédure a été valable au cours des années 90, mais récemment, elle a été relancée uniquement par l’Espagne. L’État a reconnu publiquement l’expulsion de la population juive séfarade, au cours du XVème siècle et dans ce sens, une loi a été émise, permettant ainsi la possible obtention de la nationalité espagnole par les descendants, des juifs.

En pleine période de «reconquista española»[1] commandée par les rois catholiques, l’objectif central était celui de la réunification du territoire. Les mesures adoptées à l’époque ont eu aussi des effets négatifs pour la population juive séfarade. Ces derniers coexistaient pacifiquement à Al-Andalus, avec les «maures » et les catholiques, pendant huit siècles. La durée totale sous domination arabe sur la péninsule ibérique.

Une fois la reconquête prononcée, la communauté juive séfarade visée depuis longtemps par les rois catholiques, avait deux choix : la conversion, ou/et l’expulsion du territoire espagnol. Une nouvelle fenêtre s’ouvre à l’Espagne réunifiée à partir de la « Conquête d’Amérique » à laquelle nous, américains émancipés préférons appeler la Colonie.

Dans ce contexte géo-politique, les juifs expulsés sont à la fois catapultés vers la nouvelle destination. Au Mexique, au Venezuela et en Colombie, d’où proviennent la plupart des dossiers de sollicitation de la nationalité espagnole, avoir un parent juif, expulsé et malmené quelques siècles auparavant, s’est transformé en l’opportunité de traverser l’Atlantique, cette fois-ci, de retour à l’ancien continent.  

Peu d’attention est donné au processus vécu par les personnes que à partir du XVIème siècle sont arrivées en Amérique. Certains de ces nouveaux arrivants étaient de convertis «conversos» qui se seront contentés de pratiquer la foi chrétienne, pour garder la vie sauve. N’oublions pas que pendant la période coloniale, le Tribunal de Sainte Inquisition[2] avait trois bureaux en Amérique Latine: à Lima au Pérou, au Mexique et à Carthagène des Indes en Colombie.

Dans le cadre de la procédure de nationalisation proposé par l’État espagnol, la plupart de familles qui cherchent à établir un lien généalogique avec les juifs séfarades, s’intéressent uniquement aux bénéfices qu’ils pourront tirer d’un passeport européen et pas forcément du passé de leurs ancêtres.

Pour entamer la procédure un bureau d’avocats domicilié en Espagne doit être embauché par la famille ou la personne intéressé. Ces avocats seraient en charge d’étudier le dossier, d’orienter la démarche administrative et de représenter les parties devant les autorités espagnoles.

Egalement, un examen de connaissances générales sur l’Espagne doit être validé avant que les autorités religieuses juives, représentées par un groupe de Rabbins, puissent s’occuper de la recherche des origines réelles ou prétendues de la famille latino-américaine.

D’un point de vue financier, la procédure n’est pas donnée et seulement les personnes appartenant à une classe moyenne – haute peuvent se permettre tels frais, notamment en cas de refus de la demande. Bien que le risque financier soit réel, le coût paraît moindre s’il permet de redéfinir la vie d’un individu et changer son quotidien, en tant que citoyen binational.

Tout le processus de validation reste purement administratif et factuel mais, quels sont les connaissances des prétendants à la nationalité sur la communauté juive séfarade ou encore sur le judaïsme ?

A partir d’une réflexion nettement identitaire, il m’est inévitable de penser à la façon dont ce nouveau binational se présentera devant ses concitoyens européens et américains. Le fera-t-il à partir d’une narrative dominante européenne?

Si c’est le cas, cela me paraît une démarche, pour le moins contradictoire, puisque la nouvelle nationalité aurait été obtenue à partir du fait que ces ancêtres ont été délibérément soumis, torturés, et expulsés par l’Éspagne.

Un autre facteur à considérer est celui des rapports de domination entre les espagnols et les Sud-américains, lesquels restent intacts. La violence, l’exclusion et la discrimination envers les migrants et ses descendants, présumés Sud-américains, reste assez récurrente.

Une autre réflexion me trouble aussi, où est –on du récit sur le passé Noir et Indigène dans les pays latino-américains? Celui reste caché, oublié, dévalorisé et donc indigne d’être raconté?

La version espagnole: européenne et dominante, reste toujours le centre de notre récit identitaire en tant que latino-américains, un lieu de privilège pour nous positionner en fonction de la couleur de notre peu, dans nos sociétés racisées[3] et métisses.

L’histoire d’un peuple sémite comme le juif ouvre sans doute une fenêtre d’opportunité pour nous positionner différemment dans nos sociétés.

Cependant, le récit à propos de l’Espagne maure et celui des migrants morisques[4] arrivés aussi en Amérique, reste toujours en dette. Cela, malgré les huit siècles de permanence arabe dans la péninsule, de leur influence architecturale, de la richesse économique, de l’exemple de convivialité entre peuples différents.

Egalement, la langue arabe a façonnée la langue espagnole, imposée par extension dans toutes les provinces coloniales de la nouvelle puissance mondiale du XVIème siècle. Un détail qui n’est pas moindre car nous sommes aujourd’hui plus de 500 millions d’hispanophones et partageons l’une de cinq langues les plus parlés au monde.

Pour plus d’informations sur la Loi de la nationalité espagnole pour les juifs séfarades: http://www.exteriores.gob.es/Consulados/SANFRANCISCO/es/Consulado/Paginas/Articulos/Leynacionalidadespa%C3%B1olasefard%C3%ADes.aspx


[1] La Reconquista, ou Reconquête, désigne les siècles de luttes entreprises par les chrétiens espagnols contre les musulmans pour reconquérir le territoire. La Reconquista se prolonge jusqu’en 1492, date à laquelle les Rois Catholiques s’emparent de Grenade. https://www.linternaute.fr/actualite/guide-histoire/2280741-reconquista-espagnole-dates-resume-de-la-reconquete-chretienne/

[2] L’Inquisition espagnole par la bulle du pape Sixte IV, en novembre 1478, à la demande des Rois catholiques, Isabelle de Castille et Ferdinand d’Aragon, précise par une bulle pontificale en mai 1536, les attributions de l’Inquisition concernent le judaïsme des nouveaux chrétiens convertis, le luthéranisme, l’islam et la sorcellerie. https://www.linternaute.fr/actualite/guide-histoire/2280741-reconquista-espagnole-dates-resume-de-la-reconquete-chretienne/

[3] Racisé désigne la condition d’une personne victime de racisation, c’est-à-dire qu’elle est assignée à une race du fait de certaines caractéristiques subjectives. https://www.linternaute.fr/dictionnaire/fr/definition/racise/

[4] Les Morisques sont d’anciens musulmans espagnols qui ont été convertis de force au catholicisme à l’initiative de Ximenez et continuent discrètement de pratiquer leur ancienne religion. Leur nom est dérivé de Moro (ou Maure), habitant de l’Afrique du nord. Ils sont au nombre d’un demi-million (sur une population totale de huit millions d’habitants), très actifs dans l’agriculture et l’artisanat. https://www.herodote.net/22_septembre_1609-evenement-16090922.php

Reporte en tiempos de Confinamiento

23/03/2020

El confinamiento al que estamos obligados debido a los posibles contagios de una nueva sepa de un Coronavirus, la del Covid-19, puso en alerta al mundo entero.

De manera más o menos responsable según la competencia de los gobernantes se han ido tomando medidas. Sin embargo, en algunos casos esas decisiones no parecen ser suficientes, o aparecen tardíamente, poniendo en riesgo a cientos o tal vez miles de personas que nos rodean.

La paradoja del mundo conectado es justamente la interdependencia que tenemos y a la vez, por el uso de las tecnologías, obtenemos en tiempo real cantidades de información que no sabemos analizar, procesar, comunicar y que en el peor de los casos tendemos a replicar, sin haber por lo menos, hecho una verificación previa o “Fact Checking”.

En épocas de noticias falsas o “Fake News”, de cadenas de WhatsApp y de memes y videos estúpidos compartidos en las redes sociales; algunas personas nos sentimos agobiadas frente a tanta “desinformación” disfrazada de noticia. El rumor como desde tiempos inmemorables se convierte en certeza, la euforia y el miedo alimentan la xenofobia, el egoísmo, la avaricia, la negación.

Todos reaccionamos de maneras diferentes y a lo mejor experimentamos diversas emociones que nos llevan a comportarnos de formas inesperadas. Sin embargo, el sentido común parece escaso y cada vez que se pretende comunicar sobre la importancia de respetar ciertas consignas, se corre el riesgo de ser tomado por un individuo “moralizador”, “cantaletudo”, “exagerado” y hasta “apocalíptico”.

En todo el mundo existen críticos a la falta de análisis y de reacción de nuestros gobernantes, pero se nos olvida que si hay ineptos en el poder tomando o no decisiones, nos cabe una parte de responsabilidad.

Nos preocupan los destinos de la nación pero no somos capaces de sentir un poco de empatía hacia nuestras propias familias, hacia nuestros vecinos, compañeros de trabajo, amigos, colaboradores o hacia cualquier individuo que se cruce en nuestras vidas a lo largo de una jornada.

No somos conscientes de que somos los verdugos potenciales de un ejército de invisibles, verdugos de personas de las que no conocemos nada. Es alucinante encontrarse con miembros de la propia familia que niegan la gravedad de la crisis, incluso su existencia. Otros piensan estar recubiertos de una capa de invencibilidad dada por la juventud, o la moral o la vacuna para la gripa que les aplicaron hace un par de meses.

Puede que el mundo no se vaya a acabar, pero si llegará el fin para miles de vidas frágiles o simplemente expuestas cotidianamente a cientos de enfermos o a ignorantess portadores de la enfermedad.

Actualmente se producen crisis paralelas que no se registran en nuestros cerebros, y mucho menos en los medios de comunicación, las cuales merecerían al menos unos minutos al aire, porque éstan también son importantes.

Me refiero a las crisis que se viven a las puertas de Europa con una situación todos los días más insostenible debida a la presión migratoria que se ejerce sobre los países vecinos de Siria. También a los cientos de miles de migrantes que desde Turquía o Libia pretenden atravesar las barreras naturales o artificiales para salvarse de situaciones que no se pueden contar durante en la franja internacional del informativo.

O por qué no citar a los cientos de migrantes centroaméricanos que agolpados en México, esperan el momento de poder acceder de cualquier manera à los Estados Unidos. Y porque no decirlo, a la situación caótica que enfrenta Colombia, que no supo como atender a las victimas del conflicto interno durante 50 años de guerra ininterrumpida, y que mucho menos ahora sabe como lidiar con los cientos de migrantes venezolanos que pasan por situaciones lamentables en todo el país.

Todos hemos escuchado hablar sobre al menos una de esas crisis, pero que no nos importan, porque son lejanas, porque lo que les pasa a esas personas, a esos migrantes nunca nos va a pasar.

Somos indolentes ante millones de personas que viven en las calles de nuestras grandes ciudades, que pasan por trochas, que atraviesan montañas, que se ahogan en el mar, que se pudren en la selva, huyendo de regímenes represores, huyendo del hambre, de los bombardeos, de los grupos armados que los pretenden esclavizar, de los grupos en el poder que los han puesto en la mira por pertenecer a una etnia, practicar otra religión, tener una orientación sexual diferente, por pensar distinto; pero  eso nunca nos va a pasar.

Estamos más allá de esas crisis horrendas que se ven por televisión, en donde la gente carece de alimentos y de agua, y hasta de un techo, eso nunca nos va a pasar. No sabemos nada del ébola, ni de la peste que atacó a los habitantes de Madagascar hace dos años porque eso está lejos, en África, en dónde los pobres, estamos tan lejos, que eso nunca nos va a pasar.

Vivimos en un mundo de mentiras que nos hace pensar que el dolor del otro es lejano y que lo que les pasa no es arbitrario sino el resultado de algo que habrán hecho; como si los virus, el hambre, la miseria, la devastación de nuestro planeta, fueran cosas que no pasan ya en los países que habitamos. Como si la avaricia de unos cuantos no pusiera ya en riesgo todo lo que conocemos, incluidas nuestras vidas y queremos seguir pensando que eso solo pasa en las noticias y que a nosotros por la protección dada por quien sabe qué o quién, nunca nos va a pasar.

En tiempos de crisis, lo primero que pasa por la cabeza de nuestros dirigentes no es necesariamente la protección de la vida de nadie, son las repercusiones económicas que esto está teniendo y que se van a prolongar durante meses y tal vez por años. Pero las crisis: las humanitarias, las de los refugiados por las guerras, los asesinatos sistemáticos de líderes sociales, los hechos de corrupción, la falta de operación de la justicia, ahora más que nunca son problemas barridos debajo del tapete.

Tengo la certeza de que no volveremos a hablar de nada de lo anterior sino hasta cuando la crisis económica reviente y haga de la crisis social una evidencia que ya no se va a poder ocultar. Una crisis social que viene gestándose por décadas sin que nadie ose verla, ni tocarla, sin que en ninguna parte de este planeta alguien haya tomado una sola decisión en ese sentido.

Tenemos una pandemia en curso, millones de personas confinadas y en pánico, esperando a que el mundo retome su curso, pero el mundo no será necesariamente el mismo.

Con una crisis ambiental que explotará más temprano que tarde, tal vez propulsada por el acelerador económico; generado a su vez la urgencia sanitaria mundial del Covid -19, nadie se imagina el alcance que ello puede llegar a tener en la vida cotidiana que nos es tan preciada y que no queremos cambiar.

¡Estoy harta de escuchar que el cambio empieza por mí! ¿Por qué queremos seguir usando esa lógica individual que nos hace tanto daño? ¿Por qué queremos seguir apelando a ese individualismo que nos ha llevado a la desgracia, aunque creamos vivir en una utopía?

Es claro que cada individuo cumple un rol en la sociedad, pero el buen funcionamiento de un sistema no depende únicamente de la autorregulación, sino de las acciones colectivas que nos llevan a entender que debemos actuar juntos, regularnos juntos, aprender y entender juntos, forzar el cambio juntos.

Sino existen las acciones colectivas estamos destinados al fracaso ambiental, al fracaso económico y asistiremos más temprano que tarde al funeral de un sistema económico que se ocupa de todo salvo de los individuos que dice proteger. Ni los dioses, ni las creencias en las energías, ni en el destino, ni en los astros nos van a librar de esta batalla, pero si nos cierran los ojos frente a una realidad que está ocurriendo frente a todos nosotros.

Le message est nul, mais pas futile!

Est-ce vraiment futile la façon de véhiculer le langage ? Au cours d’un exercice que j’ai commencé il y a quelques mois, ayant pour finalité d’écrire en français, j’ai décidé d’acheter un calendrier pédagogique, lequel me propose un nouveau mot chaque jour.

Aujourd’hui 08 mars, le mot proposé est: Futile. A chaque fois, les mots sont accompagnées par sa signification, par un exemple d’utilisation et par une image, qui servirait à l’illustrer. L’image accordée au mot futile est celle d’une femme qui demande à un homme s’il préfère qu’elle porte une robe verte ou une robe rose.

De toutes les exemples possibles, comment peut le graphiste ou encore l’éditeur du calendrier exprimer une telle violence envers les femmes, notamment le 08 mars, Journée Internationale des Droits des Femmes?

Alimenté par le cliché, ce calendrier qui est utilisé comme un outil pédagogique pour l’apprentissage de la langue française, et en l’occurrence, adressé aux élèves des l’école primaire et aux étrangers, en quête d’un vocabulaire plus divers; personne a pensé au type de message véhiculé?

J’ai décidé de barrer avec une croix l’exemple et l’image qui accompagnait le mot, puis j’ai voulu écrire des phrases qui puissent mettre en évidence le mot futile. Cela comme un acte de revendication de la parole des femmes, mais aussi comme un exercice d’utilisation des mots dans d’autres contextes que les traditionnels, et admettons, pour contourner la proposition absurde du calendrier.

J’ai eu même l’envie d’écrire un mail aux éditeurs(trices), producteurs(trices) ou chargé(é)s de contenus de ce calendrier. Il était temps qu’au-delà de l’indignation et de la rage qui m’a produit découvrir le mot du jour, je soit cohérente avec ce que je dis et que j’agisse. Probablement, mon propos était celui de montrer que nous pouvons tous et toutes être acteurs(trices) actifs(ves) dans le combat contre les l’égalités.

J’ai cherché donc le site Facebook de l’éditeur(trice) et envoyé un message sur le Chatbot de contact:

 » Le 11 mars 2020: 10:18 PM. Bonjour, J’ai acheté votre calendrier XXX définitions illustrées, dans l’espoir d’apprendre des nouveaux mots dans une langue que j’utilise quotidiennement, mais que n’est pas ma langue maternelle.
Quelle a été ma surprise lorsque j’ai découvert le mot du 8 mars: Futile et l’image utilisée pour expliquer le mot… (description déjà évoqué)
Est-ce que votre entreprise considère futiles les questions posées par les femmes? ou est-ce que le message véhiculé par le calendrier coïncide plutôt avec un langage sexiste et accorde à la pensé du XIXème siècle? »

En attendant la réponse de l’éditeur, voici quelques phrases dans lesquels on peut utiliser le mot futile :

  • Les manifestations qui ont eu lieux en France depuis l’année 2019, notamment concernant la réforme des retraites, ont été considérées comme futiles par le gouvernement national qui a fait passer la reforme à l’aide du 49.3.
  • Les déclarations de l’avocat du violeur XXX restent futiles face aux revendications des victimes qui demandent justice.
  • Les programmes de prévention des violences faites aux femmes sont futiles dans la mesure où ils sont faiblement financés par l’état.
  • Les feminicides au tour du monde doivent être futiles aux yeux de la population du fait que nulle part ce type de crimes se sont, considérablement, réduits.
  • Il est futile d’envoyer des messages à des éditeurs(trices) qui ne soupçonnent pas que le langage est un mécanisme de pouvoir.

Machismo ramplón,mini-machismos y el machismo cotidiano

Reflexiones con ocasión del día internacional de los derechos de las mujeres. 08/03/2020

Cada año con ocasión al día internacional de los derechos de las mujeres, sobreviene la pregunta sobre si el machismo sigue vivo.

En los medios de comunicación tradicionales, así como en las redes sociales se fomenta el debate entre machismo y feminismo, pero sin explicar que significan cada uno de esos términos en la vida de todos los días.

Sin dar más largas y para zanjar la discusión, los mismos que se presentan bajo el rol de moderadores, terminan recurriendo a lugares comunes que hacen referencia a los « roles » de la mujer: sobretodo en los de madre, hermana, amiga y colega. En el peor de los casos el debate puede terminar, incluso utilizando comentarios machistas o cortando la palabra a las colegas, para darle paso a temas de mayor relevancia.

En emisoras de “opinión” muy escuchadas no solo por los líderes del país de dónde provengo, sino por todo tipo de personas que se conectan a través de diversas platafornas disponibles en la red; los perodistas se atreven a lanzar preguntas tan obvias que parecen ofensivas.

Ejemplo de ello fué la pregunta : ¿Cree usted que en Colombia existe y persiste el machismo? Cual habrá sido mi sorpresa al escuchar a varias mujeres decir que ellas nunca habían experimentado el machismo en sus vidas, y si acaso les parecía que alguna mujer de su entorno lo hubiese vivido.

Es responsable llamar o escribir comentarios de ésta indole cuando justamente en un país como Colombia en dónde sólo durante el año 2019 se cometieron 571 feminicidios, y en lo que lleva corrido del 2020, ya van 130. (Cifras del observatorio de feminicidios Colombia) http://observatoriofeminicidioscolombia.org/index.php/seguimiento

Si el alto numéro de feminicidios no considera al machismo como su causa principal, entonces quiere decir que las mujeres en Colombia no entienden lo que significa. A lo mejor porque el machismo es tan ramplón que escuchar a las mujeres discutir con argumentos machistas duele.

El machismo está tan normalizado en la sociedad colombiana que algunas mujeres afirman nunca haberlo padecido. Si empezara por citar los ejemplos de lo que yo he experimentado en mis 38 años como mujer, me puedo quedar escribiendo por horas, describiendo cada vez que tuve que hacerle frennte a un propósito machista, a una agresión verbal, a una agresion física y hasta a la violencia psicológica.

No poder practicar un deporte porque éste es « exclusivamente » para niños, esencializar el rol de la mujer al de madre, esposa, amante heterosexual, buena hermana y buena hija, hacen parte justamente de las barreras impuestas por una sociedad patriarcado, que no está dispuesta a reconocer a las mujeres si éstas no se ajustan a los valores y comportamientos asimilados como « el deber ser »

Hace menos de una semana con ocasión de  una demanda presentada ante la Corte Constitucional que pretendía echar abajo el aborto en Colombia; incluidas las tres excepciones bajo las que actualmente se puede realizar; escuchaba a hombres y mujeres dando argumentos del siglo XVIII como si la sociedad no hubiese evolucionado lo suficiente, para que las mujeres decidan libremente sobre lo que quieren o no hacer con sus cuerpos.

A la mujer, la única capaz de parir se le pide que tenga en cuenta la opinión de terceros frente a su decisión de asumir o no la maternidad, en el caso que sea. Su condición física, moral, mental, social, económica, nunca es valorada. Los demás miembros de la sociedad se constituyen como jueces de todas las mujeres, como si fuésemos todas iguales, por hecho de compartir el género y en ese sentido, incapaces de reflexionar y de decidir. Individuos que bajo esa lógica patriarcal necesitamos permanentemente la protección de un hombre para poder actuar, sin miedo a equivocanos.

Es doloroso cuando los micro-machismos y la violencia hacia las mujeres son tan recurrentes que se normalizan y a estas alturas no tengo claro que existan políticas públicas destinadas a atacar un flagelo de vieja data, pero que parece nuevo, sólo por la resonancia que adquiere, gracias a la información publicada a través de las redes sociales.

Desde temprana edad entendí que por ser niña y luego mujer mi integridad física podía estar en riesgo todos los días de mi vida. Por el hecho de ser mujer mis padres quisieron protegerme enviándome a una escuela femenina, en donde por supuesto abundaban las mujeres, pero no por eso había progresistas en las filas. Era más bien una escuela regresiva, confesional y por supuesto limitada en términos de libertades individuales, sobre todo para las mujeres. Este tipo de escuelas son el lugar ideal para perpetuar el machismo, porque la mujer debe ajustarse a unos cánones dictados por los hombres, y en éste caso por los de la Santa Iglesia católica, apostólica y romana.

Por supuesto que no se podía esperar menos de una escuela en donde quienes tenían el mando, obedecían a su vez a los designios de una iglesia que a su vez les impone comportamientos y limita el rol de las mujeres.

Me castigaron muchas veces por pensar diferente y le rogué a mi madre sacarme de un lugar que durannte toda la adolescencia me parecío una cárcel para mi desarrollo personal. Sin embargo, ella siempre hubo una excusa para no responder a mi demanda, tal vez por razones prácticas, financieras o simplemente por evitar que me embarazara rápidamente y a lo mejor comprometiera mi futuro.

Mis padres a diferencia de otros que conozco siempre quisieron que mi hermana y yo estudiáramos, que fuésemos mujeres competentes, independientes y capaces de afrontar un mundo hostil. Sin embargo, entre el discurso y los hechos existe una gran diferencia. La capacidad de decidir sobre mi vida y mi cuerpo no eran mías, o si lo eran, estaban ligadas a un control paternal o maternal del asunto.

Por más de que fuésemos adultas mayores, el peso del qué dirán, siempre ha sido fuerte. Si las niñas o las mujeres son esto y aquello podrían de alguna manera, sentirse culpables por haber realizado una mala crianza. Tal vez es difícil no entender las posiciones de dos hijas a las quisieron criar con una libertad restringida y encontrarse algunos años después frente a argumentos y comportamientos que ellos consideran extremos.  

Por eso tal vez nunca he abierto mi cuaderno de aventuras a ninguno de mis padres, en primer lugar porque hace parte de mi vida privada, y en segundo porque su “progresismo” no les alcanza para entender que una mujer puede por ejemplo cambiar de compañero cuando se le antoje y eso no la convierte en una cualquiera.

¿Por qué a un hombre no se le cuestiona sobre el número de compañeras que tiene durante el curso de la vida? En una sociedad igualitaria, esto no debería causar sensación, si a quien se hace referencia es a una mujer.

Y que decir del acoso callejero, en donde poco importa la apariencia porque siempre habrá alguien abusivo, agresivo e invasivo que considere que puede decir y hacer lo que desee con una niña, o con una mujer. La cosificación de la que somos VICTIMAS es brutal y es permanente.

Cuando alguien te trata como una COSA cree que le perteneces y eso le da derecho a hacer con esa COSA lo que se le antoje, desde agredirla física o mentalmente, hasta quitarle la vida. Cuando se es una COSA se pierde la calidad humana y por consiguiente la capacidad de reclamar los derechos fundamentales del ser.

La violencia de género se vive todos los días en el hogar, en el espacio público, en colegios, universidades y empresas. Es imposible que alguien diga en Colombia que en ninguno de esos espacios ha sentido, por lo menos una vez en la vida, el machismo en su versión micro y/o en su versión macro.

Me parece imposible que las personas que afirman no haber sido víctimas omitan la ridiculización que sufren las mujeres cuando osan tomar la palabra en público, o incluso en privado en entornos de amigos, que abiertamente se burlan de su manera de pensar, o se le manda a callar. Qué decir de las palabras peyorativas que siempre tienen una connotación femenina: perra, puta, histérica, loca.  ¿Cómo es posible que el libertinaje sólo tenga un sentido realmente negativo cuando se refiere a una mujer? Un hombre rara vez es considerado como libertino, él solo es libre.

El machismo está presente en casi cada familia colombiana, en mi caso por ejemplo puedo empezar citando la violencia física, económica y mental sufrida por mi abuela a manos de mi abuelo. Una violencia que solo cesó cuando los hijos (todos hombres) habían crecido lo suficiente para hacerle frente a otro hombre. Ella mujer aguerrida, sin formación académica, ni profesional, utilizó las pocas herramientas de las que disponía para sacar adelante una decena de hijos, porque ni planificar podía.

Esa mujer golpeada, humillada y seguramente violada cientos de veces por su marido, a quien la ley y el Dios en el que creía protegían, nunca fue cuestionado, juzgado o castigado por sus abusos. Es más, ella nunca pudo deshacerse de él. En la casa en donde mi padre y mis tíos crecieron, estuvo viviendo hasta su último día de vida el más macho de los machos, el proveedor eventual, el infiel consagrado, el verdugo profesional.

Los mismos hijos, esos que alguna vez se enfrentaron a él debido al maltrato del que era VICTIMA la madre, lo llevaron de vuelta a casa, aún después de haberlos dejado en la ruina y de haber sido no solo un pésimo padre, sino un vil marido.  La independencia económica de la que gozó la abuela gracias a sus sacrificios y a su trabajo, no fue suficiente para echar de su vida al verdugo que la acompañaría toda la vida, como se lo dijo el cura, hasta que la muerte los separara.

Tengo la fortuna de no haber asistido a ese tipo de violencia física, ni verbal, ni económica, ni moral en la casa en la que crecí. Pero si tuve que hacerle frente en el paradero del bus de la escuela por donde cualquier pervertido que quisiese hacer su show se sentía en libertad de venir a masturbarse e incluso seguir el bus, confiando en que alguna niña pudiese asistir a su performance.

O como el tipo que me perseguía en bicicleta todas las tardes esperando a ver si podía levantarme la falda, que por obligación tenía que portar como uniforme, para pellizcarme las piernas o las nalgas. Nada más horrible que tener 15 años y sentir que no puedes estar sola en el espacio público, siquiera a las cuatro de la tarde.

Más tarde, en las fiestas y en los bares, habría siempre algún pesado incapaz de entender que no tenía por qué aceptar sus invitaciones o siquiera hablar con él. Con los amigos del género opuesto también pasan cosas desagradables, algunos aprovechan situaciones sentimentales para proponer caricias y besos no pedidos, y en otros casos pueden incluso llegar a abusar físicamente de las amigas, si estas se encuentran bajo la influencia de alguna sustancia.

Llegar a un entorno laboral y que de entrada te digan que la disciplina que escogiste solo la podrás poner en práctica en la cocina, dice mucho de una sociedad que no soporta que una mujer diga que no o que haga preguntas incomodas. Sobresalir en el trabajo es motivo de habladurías, tener buenas relaciones con los colegas del sexo opuesto es ser fácil, mantener a raya los avances del colega o del jefe es ser frígida y en el “mejor” de los casos éstas prácticas terminan constituyéndose como acoso laboral.

Es difícil que el trabajo de las mujeres sea valorizado por los hombres y también por otras mujeres, que resultan a veces tan o más machistas que los mismos hombres. El feminismo además se percibe como una plaga y las militantes como machorras, lesbianas que odian a los hombres y que pretender estar por encima de a ellos.

Primero nunca entendí el concepto de machorra. Comportarse como un hombre según suelen decir, pero eso ¿qué significa? ¿Acaso las mujeres tenemos vetados ciertos juegos, tareas, disciplinas? ¿No nos puede gustar el futbol o el béisbol o el automovilismo porque dejamos de ser mujeres?

En cuanto a la orientación sexual, no entiendo realmente que tiene que ver una cosa con la otra, ¿ser feminista es igual a ser lesbiana? Por encima de todo creo que la orientación sexual no tiene por qué ser motivo de comentarios, ni de opiniones, ser heterosexual o LGBTIQ no nos hace mejores personas. Deberíamos sentirnos privilegiados de encontrar una persona a quien amar y que esa persona responda con amor. Si es hombre o mujer o intersexo es irrelevante. Tal vez haya lesbianas machistas, así como hombres feministas, en fin, esencializar a las lesbianas de nuevo como si fueran un grupo homogéneo es recaer en el mismo ejercicio de poner a todas las mujeres o a todos los hombres en un mismo saco, sin que las diferencias cuenten.

Por ultimo quien no haya entendido que el origen del feminismo se fundamenta en el reconocimiento de las mujeres como individuos y como seres iguales, no ha entendido nada. El feminismo no nace para eliminar a los hombres de la ecuación, nace para que los hombres entiendan que también hacemos parte de la ecuación, que queremos tener no solo en el papel, sino en la práctica, los mismos derechos, los mismos deberes, las mismas obligaciones.

No se trata de igualarse por lo alto, pues cada persona, cada ser es diferente. Se trata de entender que como individuos sin importar el género, la orientación sexual, el nivel económico, social, educativo, “racial”, hacemos parte de una sociedad que debería garantizar a todos sus miembros las mismas posibilidades de desarrollo, de decisión y de acción.

Ahora que vivo otro país en donde también el machismo está muy presente, pero por ser europeo tal vez sea menos ramplón, entiendo que el machismo en un sistema de valores que es difícil desmontar, pero que es posible confrontar sin miedo a perderlo todo. En éste país en el que ahora transcurre mi vida, he sido sensibilizada a la importancia del lenguaje inclusivo, así tenga detractores y sea objeto de burla. Es simple, lo que no se nombra, no existe.

Miles de mujeres en el mundo y un puñado de hombres han luchado para que las mujeres podamos abrir algunas puertas y logremos ser aceptadas en nuestras sociedades como iguales. Miles de mujeres han muerto y seguirán siendo víctimas de hombres que no soportan que el equilibrio de fuerzas sea distinto. Miles de mujeres seguirán defendiendo un sistema patriarcal y arcaico, afirmando que no sirve de nada victimizarse para salir de él.

Si no entendemos que millones de mujeres son eso: victimas y que el sistema opresivo no les permite salir de esa posición, no estamos entiendo que más que el poder de la mente, lo que necesitamos es el poder de la ley, que tanto en lo teórico como en lo practico nos garantice nuestros derechos fundamentales y ser nos permita decidir sin excepciones sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas.

Paradójicamente de las víctimas se espera silencio, o se les manda a callar, renunciar a su posición para evitar las preguntas incomodas sobre quiénes son los victimarios, para resolver en qué fallo el sistema.  El estatuto de victima incomoda por igual a hombres y a mujeres. Lo trágico de nuestra sociedad es que muchos y muchas quieren seguir cerrando los ojos y continuar minimizando a las víctimas de un sistema perverso en el que fallan los mecanismos de protección y de justicia. Por eso cientos de feminicidios y otros delitos contra las mujeres quedan en la impunidad, o son reducidos a otro tipo de delitos menores.

¿Por qué aunque emancipadas nos cuesta tanto encarar a cualquiera que ponga en duda nuestros razonamientos, nuestros derechos o a quien pretenda ridiculizar nuestras opiniones? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar que nuestros cuerpos, nuestra manera de vestir, de hablar, de bailar, sigan siendo considerados como invitaciones expresas de atracción al sexo opuesto y terminen en tocamientos, violaciones y asesinatos? ¿Hasta cuándo otras mujeres seguirán utilizando el discurso machista y pronunciando el lamentable “eso le pasa por… buscona”?

Solo imaginen la situación contraria y piensen si realmente ese deseo animal es irreprimible, primario, o es sólo esa una excusa más para no responder por tan abominables actos.  Cabe decir que hasta los machos del reino animal, aun los más salvajes, se alejan cuando las hembras se niegan a la reproducción. ¿Qué justifica entonces que los machos de la especie Homo Sapiens no tengan la capacidad de entender un NO cómo respuesta?

Tengo claro de que si decido compartir éste texto, corro el riesgo de que alguien pueda considerar mi manera de pensar como el de una extremista o peor, como el de una “femi-nazi”. Esta ultima una deprimente combinación de palabras que poco o nada tienen que ver el feminismo, ni con los feminicidios, ni con las víctimas de nazismo.

Habrá quienes piensen que estas opiniones solo pueden salir de la mente de una frígida, o que me falta sexo o que seguro odio a los hombres y a lo mejor soy lesbiana.

No, solo soy una mujer que está convencida de que estar en un pie de igualdad con su compañero(a) de vida es absolutamente normal. Disfruto que me vean y me traten como su igual, respeten mis ideas, mis decisiones, y que el ser con quien comparto mi vida esté en capacidad de escuchar y  respetar un simple NO.  

La persona con la que vivo mis días es mi fan número uno, se siente orgulloso de mis éxitos y me acompaña en mis fracasos. Junto a mí se reconoció feminista y aprende sobre estudios de género. Sabe y entiende que somos seres iguales y libres, más allá de un compromiso que se inició frente a un notario, pero que perfectamente puede terminar delante de un juez. No somos el uno del otro, ni nos pertenecemos porque no somos cosas.

Tengo claro que no todos los hombres son malos, que no todos los hombres son abusivos, habrá algunos que digan que no son machistas, y seguramente otros también dirán que han sido víctimas de violencia por parte de las mujeres. No dudo que eso sea posible, pero en una sociedad igualitaria no estaríamos hablando de feminicidios: privación de la vida de una mujer en razón a su género. No podemos seguir negando que la violencia hacia las mujeres en un continente como América es el más alto del mundo, y que esa violencia no proviene de mujeres que atentan contra otras mujeres.

Más allá de tratar de esconder el sol con los dedos, debería cada uno hacer una introspección y darse cuenta como en el lenguaje y en sus actos cotidianos moviliza el machismo. Cómo cada uno decide tomar una posición y confrontar, incluso en el entorno familiar, estudiantil, laboral y social los micro-machismos.

Deberíamos estar reflexionando en cómo quienes tienen la capacidad de tomar decisiones de tipo legal, judicial, policial se forman en temas de género, para evitar la re victimización de las personas que se atreven a denunciar a sus agresores.  Deberíamos evaluar los sistemas de alertas tempranas, de protección a las víctimas, revaluar las penas de los agresores, estimar por qué existe tanta impunidad y proponer los correctivos necesarios.

Puede que haya algunos cambios en los años venideros, pero tengo mucho más claro que la lucha de las mujeres por el reconocimiento, por el respeto de sus derechos y la igualdad, debe ser continua. Si creemos que hemos conseguido mucho, no olvidemos que un revés legal, el fin de una amarga guerra o el comienzo de un nuevo sistema político, puede quitarnos todo lo que hemos alcanzado. Que no se nos olvide mujeres que hace 100 años no podíamos educarnos en una universidad, ni disponer de nuestro salario ( si es que nuestro trabajo era reconocido como tal), tampoco podíamos ni votar, ni hacernos elegir y mucho menos decidir si queríamos ser madres o cuantos hijos queríamos tener.

De embajadores en el « platanal »…

Hablando hace días con un amigo sobre su experiencia de extranjero viviendo en Colombia, pude identificar varios matices en su discurso.

Unos a mi parecer evidentes, aunque algunos de ellos no los haya compartido abiertamente, y otros que él fue argumentando con el tiempo. Algunas de sus opiniones me parecieron ciertas y otras menos, por una simple y sencilla razón, todo depende del lugar del mundo en el que te desarrollas, el sector de la sociedad con el que identificas, el tipo de gente con la que te relacionas.

La mayor parte del tiempo una persona tiene dificultades en leer analíticamente lo que sucede en otra zona del país, la cual no necesariamente conoce, ni le interesa. Por eso generalizar resulta fácil pero es ciertamente un error, sobre todo cuando los conocimientos sobre un lugar se refieren exclusivamente a la opinión de un tercero, o a las últimas vacaciones que pasamos en dicho destino. Sin embargo, muchas personas han utilizado estos limitados conocimientos como pretexto para elegir el nuevo lugar de residencia.

Empecemos por decir que el amigo a quien hago referencia, ha viajado por al menos una decena de países y que ha tenido la posibilidad de vivir por más de dos años en países en vías de desarrollo, cada vez.

Aunque las comparaciones sean odiosas, podría asegurar que las dinámicas de los dos países en desarrollo en los que ha vivido, son similares en términos económicos, sociales y hasta políticos. Cierto, existen diferencias culturales entre los herederos de las grandes culturas precolombinas, y los demás, que no llegamos a alcanzar mucha resonancia en términos arquitectónicos, arqueológicos, astrofísicos, ni gastronómicos.

Lo que me llamó la atención en el discurso de mi amigo, fué la transformación que iba sucediendo en su argumentación, a medida que transcurría su periodo de expatricación, durante el cual nos vimos tres veces. Comenzó por una fase de enamoramiento atípico, o tal vez típico porque tenía una relación sentimental con alguien originario del país; luego se fue transformando en un idilio de esos que llevan a la gente a pensar que se quedará a echar raíces porque ése lugar es « el mejor vividero del mundo ». Sin razón aparente llegó a una etapa en donde el desprecio hacia el lugar y hacia su gente se convirtió en la parte central de todas sus conversaciones subsiguientes.  

Esto inevitablemente me hizo pensar en el libro “Orientalismo” de Edward Said, quien a través de su obra explica como las grandes potencias del siglo XIX se preocuparon por enviar embajadores a oriente, buscando “entender” y por supuesto controlar lo que allí sucedía.

Las cartas intercambiadas, cumplían con la función de informar a los centros de europeos de poder, convirtiendo a esos embajadores en sujetos legítimos para pronunciarse e influir en la toma de decisiones, gracias a su permanencia en dichos territorios.

Pero esa legitimidad creó a su vez una imagen negativa de lo que significa “oriente”, y que se transformó en certeza para muchos, aún en nuestros días. La dominación de occidente sobre oriente ocurrió, en parte, por esa creación diseñada por los embajadores de ese entonces, con todo y lo relativa que pudiera llegar a ser. Oriente no pudo como dice Saïd salir de manera inteligente de esa amalgama que incluso hoy en día continua generado  guerras, persecuciones, masacres, desplazamientos y produce miles de refugiados que van por el mundo buscando un poco de paz.

Ese paralelo entre los “embajadores” y las personas que como mi amigo, quienes por capricho, obligación, o por una combinación de ambas terminan viviendo en países “exóticos”, no me permitió concentrarme en varios días. Quise entender por qué aunque en algunos momentos estaba de acuerdo con su discurso, en otros momentos me parecía que su lectura era completamente errada y por que además, con su intelecto muy « occidental » no permitía que nadie lo contradijese.

Su “saber” como el de los embajadores citados por Saïd, estaba legitimado en su conocimiento real de lo que se conoce como la « in-civilización » y « la in-cultura », del mal llamado tercer mundo. Él y solo él podía ser lo suficientemente crítico como para entender porque en ese espacio geográfico en donde le toco vivir, las personas respondían de manera irracional, poco inteligente, a situaciones que para él eran completamente evidentes.

Incluso en varias oportunidades argumentó que el atraso y la estupidez de los locales, se explicaba por las relaciones de consanguinidad de pueblos que han tenido que vivir aislados por diferentes motivos, pero sobretodo geográficos y por cuenta de un conflicto armado de más de medio siglo.

Sin querer contradecirlo, pensé inmediatamente en las aristocracias europeas y en los lazos de consanguinidad de todos esos nobles que gobernaron el mundo durante siglos, y no pude evitar sonreír al pensar que su tradición, sus costumbres y su estupidez, también se explicaban por las mismas razones.

Comparar lo comparable es algo que cada quien debería tener en mente cuando decide visitar otro sitio del planeta. Vale más evitar evocar similitudes que no tienen lugar, cuando la historia de lo que se pretende comparar dista tanto de otra. Además siempre es util recordar que el saber universal no proviene exclusivamente de una zona del planeta. Esto último es algo que deberían tener en cuenta todos los “embajadores”.