Mis en avant

The maze

Me enojé, lloré, estuve pensando por horas, y días, y noches, ¿cómo ponerle fin a algo que nunca empezó?
¿En qué momento se me olvidaron las reglas o simplemente decidí ignorarlas? Esas mismas reglas que repito sin cesar a quien quiera escucharlas y a quien no, también.
Se me olvidaron convenientemente en un momento de confusión, y de fin de otra historia casi paralela en la que me sentía cómoda, tal vez porque estaba bastante claro que no había nada que esperar de ella.
Ésta vez pensé que los dias del calendario marcados exclusivamente para ti, por ti, serían una nueva regla. El límite que me permitiría quedarme en mi lugar: apreciando, probando, dejando de lado todo lo que no me conviene.
Sin embargo, quise que hubiera más días, proyecté conversaciones, esperé que de alguna manera pudieras entregarme más tiempo de calidad.
¿Con qué fin? No muy claro porque tal vez has sido tú la unica persona con la que he sentido que pierdo de nuevo la confianza propia y con quien mis inseguridades vuelven a la superficie.
Erradicarte parecía la opción más simple. Lo intenté la primera vez, y encontré cierta oposición, y de alguna manera un camino de regreso a la razón. Una invitación a referirme a mis miedos y preocupaciones, a mis frustraciones y errores, una trampa en la que me envolví sola.
Volví a ti en una suerte de periodo de prueba que detesto y que me duele. No sé si sea porque odio la evaluación o si es por el carácter del evaluador, que no me llena de certezas. Tal vez sean ambas razones.
Desde entonces, siento que todo va como en el laberinto de un ratón que se acerca a su comida y en lugar de recompensa, recibe un electrochoque.
Me siento como en un experimento en el que se le castiga al ratón por querer algo que no puede/ debe desear, añorar, consumir.
El planning y el cansacio actúan como los electrochoques que me devuelven a la realidad que el científico controla.
Acercarse un poco, implica que se impondrá una distancia importante en un par de minutos, o de algunas horas. La conversación no lo es, porque el monólogo ocupa todo el espacio… ¿Cómo podría ser de otro modo si no parece haber interés en un intercambio ni epistolar, ni telefonico, ni real?
Quiero pensar que el calendario del científico es lo que define las trayectorias del ratón, pero luego pienso que al final solo está esperando a que el ratón termine por encontrar rápido y por sí solo la salida. Así no tendrá que justificar que lo dejó morir, que lo traumó con los electrochoques y sobretodo nadie podrá recriminarle su accionar, pues el ratón siempre tuvo la posibilidad de retirarse. Siempre hubo una salida, una alternativa.
Se olvida el científico de que el raton siente atracción, que tiene una necesidad y que requiere satisfacerla para estar bien. El ratón prueba otros quesos pero ninguno sabe igual a ese, ese por el que sigue recibiendo los electrochoques.
Pero ningún queso es tan irresistible, ni ningún corazón tan fuerte, cómo para soportar la indiferencia del científico durablemente, el ratón esta buscando incansablemente la salida, la misma puerta por la que entró hace meses.

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Salomé

Los años habían pasado con una cierta y extraña tranquilidad, tal vez porque Salomé se había habituado a una rutina que oscilaba entre el trabajo, su pareja y un puñado de amigos con quienes compartía sagradamente los 20 de cada mes, independientemente del día de la semana en que cayera.

Para el grupo de amigos el número 20 tenía un significado simbólico. Como por efecto de un sortilegio común, el 20 de enero del 2007 dos de ellos se levantaron con trabajo y terminaron si él. Una de ellas recibió la noticia de la muerte de su abuela, y otra perdió a su perro atropellado frente a su casa, cuando se soltó la correa, mientras cerraba la puerta para sacarlo a pasear. Solo dos más salieron indemnes de la trágica jornada. Haciendo alarde al humor negro del grupo, decidieron honorar los 20 como una forma de mantener el vínculo.

Salomé es la mayor de los seis amigos, los cinco años de diferencia entre ella y el más joven, nunca han sido motivo de conflicto, ni de condescendencia. Con cada uno lleva una relación distinta, fundada sobre temas e intereses comunes, que no son necesariamente compartidos entre los demás.  Ella sabe perfectamente que es el centro y que el día que no esté, los demás difícilmente guardarán el vínculo, y los 20 del mes no serán más que una anécdota.

Salomé viene de una familia extensa, de un matriarcado profundamente machista. Paradoxalmente la fuerza de las mujeres de su familia materna raras veces prioriza sus deseos y sueños, anteponiéndolos a los de sus compañeros e hijos.

Casi nadie se ha quedado sólo, excepto por el menor de los hombres, fundamentalmente por su adicción al alcohol. La soledad en la familia materna de Salomé está mal vista, es como la peste.

Por ello su abuela se ocupaba estrictamente de criar a sus hijas bajo el modelo de esposas deseables y sumisas. Entre sus jornadas de trabajo interminables, la abuela siempre tuvo manera de mantener un control sobre todes sus hijes, pero con mayor atención sobre las hijas porque había que asegurarse que no tomaran el camino equivocado, o que se “quedaran para vestir santos”.

Aun en la adultez, la abuela buscaba a toda costa seguir interviniendo en la vida de les hijes, como si todavía estuviesen bajo su cuidado y control. Una constante infantilización que tuvo marcadas consecuencias de la vida de casi todes.

La madre de Salomé era la segunda hija en una fraternidad de seis, en donde solo había dos hombres. Este era un matriarcado clásico de padre ausente e irresponsable.

Salomé a su turno había crecido en un ambiente más equilibrado entre los roles de género de sus padres. Su madre se había destacado siempre por ser una excelente estudiante y una profesional irreprochable. Reconocida como una de las primeras geólogas del país, y muy a pesar de los deseos de la abuela, la madre de Salomé dedicaba gran parte de su tiempo a viajes de terreno, que le restaban tiempo a la vida familiar. Esto jamás fue un problema para el padre de Salomé.

Salomé estaba acostumbrada a gozar de ciertas libertades que las chicas de su entorno no podían tener: no presentarse a actividades programadas por la familia extendida, dormir en casa del novio de turno, no regresar de fiesta durante días.

El acuerdo con sus padres estaba basado en decir la verdad y en justificar sus decisiones de manera argumentada y sin caprichos. Creció entonces pensando que la sociedad de la que era producto le quedaba un poco angosta, como la ropa que le regalaban sus tías para navidad, siempre dos tallas por debajo de la suya.

Financiada por sus padres, disfrutando de su privilegio económico y de ser hija única, decidió emprender una serie de viajes al extranjero, hasta que ella determinara en qué lugar se sentía más cómoda para avanzar en su formación profesional y echar raíces en donde fuese posible.

Del norte al sur, y de este al oeste, optó por lo que muchos y muchas prefieren, un país del norte global, con sistemas de bienestar aun en funcionamiento y en donde aprendería por lo menos dos de los tres idiomas oficiales.

Dos miembros del grupo de amigos emprenderían junto a ella el mismo viaje. Habían sido aceptados en diferentes universidades, de la misma ciudad y tendrían la suerte de compartir el mismo apartamento. Tres de los seis, al menos a la distancia, podrían seguir manteniendo el ritual del 20 del mes.

Con el pasar de los días, de los inviernos y de las dificultades migratorias que afrontaban cada uno, se fueron acercando más. Uno de ellos, Felipe, decidió confesar que durante años había estado enamorado de otro chico del grupo, Sebastián, y al no saber si era correspondido, se lo había guardado. Ya en la distancia y asumiendo abiertamente su orientación, prefería no volverle a hablar por miedo al rechazo, justificado en la homofobia que salía de la boca de Sebastián de cuando en vez, sobre todo después de unas cuantas copas.

Salomé y Miguel se acercaron aún más, cuando Felipe los dejó. Se conocían prácticamente desde la adolescencia y jamás habían tenido un acercamiento sexo-afectivo. La amistad había sido el límite entre ellos y esto fue así durante veinte años.

Tal vez la dificultad de encontrar personas que compartieran su visión del mundo, sus tradiciones y uno que otro hobby fuera de lo común, crearon demasiada proximidad entre los dos. Críticos del matrimonio y de la monogamia, dejaron espacio para que cada uno pudiera autorizarse una aventura, cuando fuese necesario.

Durante el invierno de 2021, Miguel terminó por abordar el tema tabú: les hijes. Siendo ambos hijos únicos, supuso que la reproducción de ambos era algo evidente, un bálsamo para los futuros abuelos y una manera de probarse a sí mismos de que su manera de ver el mundo no reñía con la procreación.

Salomé dudaba, nunca estuvo segura de querer tomar ese camino. Tenía frente a ella un par de referentes familiares que no la llenaban de confianza. Los problemas de tipo médico- ginecológico habían impedido a sus tías poder tener una familia de más de dos miembros.

En consecuencia, una había sido abandonada por su esposo y la otra le había permitido al suyo procrear con cuanta mujer joven correspondiera a sus encantos. Tal vez por culpa, tal vez producto de los deberes de esposa que le había transmitido su madre, se sentía menos mujer por no poder cumplir con el rol “natural” de maternar.

Durante años Salomé sufrió de cólicos y de hemorragias que hacían su vida insoportable. Una vez al mes sentía que su cuerpo la ponía en otra dimensión, como si un “alien” tomara posesión de él. En ninguna parte los especialistas de la salud respondían a las preguntas: ¿Por qué me pasa esto? ¿Cuándo va a parar?

En todas las latitudes se encuentran profesionales que han normalizado el dolor de las mujeres. Los analgésicos raras veces hacían efecto y la escalada hacia medicamentos más fuertes para combatir el dolor, se habían vuelto parte de la vida de Salomé.

Miguel había constatado desde que compartían el apartamento que Salomé sufría cada mes, pero tampoco pensó que un mal diagnostico fuera a poner en riesgo su sueño de paternar.

Salomé había usado por años un implante en el brazo izquierdo para evitar quedar embarazada. Cada cinco años acudía religiosamente a que le cambiaran el implante. Esta vez, ante la duda de querer convertirse en madre decidió que sólo la extracción sería suficiente.

No quiso decirle nada a Miguel para no crear falsas expectativas. Sabía que eso sólo agregaría una presión adicional que no necesitaba. Era la primera vez en tantos años de amistad y de relación sentimental que evitaría decirle la verdad. La mentira era algo que repudiaba, pero esta vez creyó que era necesario.

Pasados diez meses, entendió que podía haber un problema. La carga hormonal del implante ya debía haber salido del cuerpo y ella aun no quedaba embarazada. Miguel había vuelto a evocar el tema, pero todo terminó en una discusión mayúscula en donde se puso en cuestión su valor como mujer por no querer tener hijes.

Aun bajo presión Salomé no confesó que había retirado el implante diez meses atrás. La dirección que había tomado la discusión la confrontó a lo que había presenciado durante su infancia y adolescencia, al abandono del que fueron víctimas sus tías y al infierno que una de ellas se había impuesto con tal de mantener un hombre a su lado.

Después de una incómoda y fría noche durmiendo en el sofá, a la mañana siguiente, cuando escuchó que Miguel cerró la puerta de entrada, reunió sus cosas, reservó un hotel por los siguientes diez días y dejó el apartamento.

Durante ese tiempo no contestó ninguna llamada de Miguel, ni del grupo de amigos. Había explicado rápidamente a sus padres que necesitaba un tiempo para estar sola y sin distracciones pues necesitaba resolver un problema trascendental. No dio indicaciones del lugar en el que se estaba quedando y como les llamaba cada día de por medio, ellos no tenían razones para inquietarse por ella.

Durante esos días consideró dejar atrás el tema. Su cuerpo simplemente no respondía como se esperaba y su vida no giraría en torno a la maternidad. Pensó que había cedido rápidamente a la presión de su pareja, pero que esa idea nunca le había quitado más de cinco minutos de reflexión. Les hijes eran para ella un universo extraño. Dividida entre la maternidad tóxica de su abuela, las frustraciones de las tías y la imposibilidad de criticar a sus padres, pues solo la habían tenido a ella, la maternidad le parecía entre suicidaría y dolorosa.

Ninguna de las amigas que había dejado en su país había tomado esa vía. Martina estaba en pareja, pero habían decidido no tener hijes, Isabella había encontrado a un compañero que ya era padre y agrandar a familia a seis miembros parecía demasiado. En cuanto a los hombres del grupo, Felipe no tenía claro cómo dar el paso con su compañero, Sebastián afirmaba que solo pensaría en esa opción hasta después de los cuarenta, y la posición de Miguel ya era conocida.

Salomé decidió consultar a un nuevo especialista, a uno en fertilidad. La incertidumbre la había llevado a consultar en Internet sobre las posibles causas de sus dolores, y ahora sobre su imposibilidad para quedar embarazada. El mismo término empezó a aparecer de manera recurrente: Endometriosis.

No entendía bien que era, pero Martina le había contado que a su hermana Paula, la habían tenido que operar y practicarle a los 27 años una histerectomía pues la endometriosis había afectado gravemente sus ovarios e intestino.

Durante la consulta, Salomé olvidó evocar los dolores menstruales que sufría desde los 12 años, tampoco dijo nada sobre los desinflamatorios que se aplicaba cada mes para poder tener una vida relativamente normal durante los 7 días que le duraba la regla. No se le ocurrió que tal vez era importante decirle algo al especialista sobre la infertilidad de las tías y hasta ese momento no sabía que su madre potencialmente padecía la misma enfermedad, jamás diagnosticada, razón por la cual Salomé era hija única.

No pasaron más de quince minutos antes de que el doctor ya entrado en los setenta años le confirmara la sospecha. Todo parecía indicar que su endometriosis le impediría reproducirse.  Ella que no llegaba a los cuarenta y que creía que eso sería una decisión racional y no física, no daba crédito a lo que decía el médico.

Recordó todas las citas médicas que tomó sin que nada se arreglara, los productos que importaba desde su país amontonados en la maleta propia o en de algún conocido para podérselos aplicar sin fórmula en su país de residencia, los encuentros sexuales dolorosos de los últimos meses.

Sentía rabia contra un sistema de salud y una sociedad que se burla del sufrimiento de las mujeres. De los dolores insoportables que supuestamente la iban a preparar para un supuesto parto, que ahora estaban diciéndole no llegaría. Le temblaba el cuerpo y le ardía la piel, sentía una bola en la garganta, pero era incapaz de llorar.

El doctor le había hablado sobre el tipo de tratamiento a seguir, por lo menos hasta avanzados los cincuenta años. En su caso, la cirugía no sería necesaria. Aunque la especialidad del médico era la fertilidad, le explicó con bastante calma que no todos los cuerpos eran candidatos y que si deseaba tener hijes biológicos o semi-biológicos, lo mejor era tomar el material de su pareja, el de una donadora y buscar una mujer canguro para portar el bebé. Una práctica que además debería realizar en el extranjero porque ni en su país de residencia, ni el de origen estaba autorizada.

Toda esa gimnasia para consolidar el proyecto de vida de Miguel, no solo le pareció absurdo sino innecesario, y extremadamente costoso en lo emocional y en lo financiero.

Pasaron tres días más antes de que Salomé decidiera regresar al apartamento. Era domingo y Miguel estaba lavando los platos cuando ella entró. Ni siquiera se volvió a verla.

Parada en el arco que separaba la cocina del comedor le pidió que hablaran, tenía que comunicarle algo. Sin muchas ganas y con una expresión que fluctuaba entre la rabia y el desconcierto, Miguel se sentó en el mesón de la cocina y la escuchó, atento.

Salomé se excusó por haber ocultado la información sobre el implante y las consultas médicas. Justificó su comportamiento en los miedos de la infancia y en las certezas de la adultez. Se sintió segura argumentando, aunque de cuando en vez se le quebrara la voz.  

Miguel la abrazo, le acarició en rostro, con los ojos aguados y la voz entrecortada le dijo que a pesar del amor que le tenía, él sentía la necesidad imperiosa de ser padre; que no la podía posponer y que tenía claro que ella no estaba comprometida con ese proyecto de vida común. Omitió que, a pesar de la mentira, ella estuvo intentando durante diez meses darle lo que quería, aunque no estuviera plenamente convencida de ello.

Salomé estuvo en shock por un par de minutos que se convirtieron en días y meses. La ansiedad la atormentaba, sólo podía pensar en el diagnostico, en la relación, en el sentimiento de pérdida, en Miguel. Pensaba sin cesar en las palabras que él le había dicho ese último día, le parecían vacías.

Se preguntó en repetidas ocasiones cuantas veces más sería rechazada por la misma razón. Cuantas veces más su valor como mujer se mediría en el numero de hijes que fuera capaz de parir y criar. Tampoco esta vez lloró, y aunque sentía una profunda impotencia y ganas de gritar, se contuvo. Se sentó en el balcón a contemplar la montaña, supo que era tiempo de buscar otras montañas y de avanzar hacia otra dirección.

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Estado crítico …

La influencia de la tecnología en nuestro cotidiano es irreversible, con todo lo que ella acarrea: facilitar tareas, acceder a un mayor volumen de contenido, resolver problemas con solo darle click a un video. El hágalo usted mismo se ha “democratizado” y esa autonomía es ahora más palpable.

El referente, el experto, ha quedado un poco en la periferia, porque con la cantidad de información disponible en un par de clicks, podemos hacer un filtro de lo que creemos es cierto, errado, aproximativo. Algunas personas desconocen, sin embargo, la existencia de algoritmos que terminan por indicar y reiterar un cierto tipo de contenido, que en ultimas termina por enfrascar al consumidor en lo que ya cree, en lo que ya le es familiar, en lo que le genera confianza y placer.

Este estado de cosas que se ha convertido en paisaje, resulta crítico cuando al ejercicio electoral se refiere. La brecha que tenemos unos y otros sobre la información que circula, sobre la instrumentalización de la misma, más aún como parte de estrategias de campaña electoral, no hacen sino evidenciar un problema mayor: el grueso de la población carece de sentido crítico.

A la vez esa masa amorfa llamada sociedad presenta una ausencia absoluta de interés por corroborar o buscar un poco más de información sobre contenidos chocantes, la mayor parte del tiempo bastante mediáticos. Un estado de pobreza mental, como un “Fast Food” intelectual en donde cualquiera accede por medio de sus pantallas a información que se consume sin ningún tipo de análisis.

Esto no sería problemático, de no ser porque esa mayoría va a volcarse a las urnas cada cuatro años. Con abstenciones que superan en general el 40%, no estaría de más considerar, si en efecto esto también resulta de un cúmulo de información o de desinformación, que genera saturación en los individuos, incapaces de discernir lo que es menos peor, para mantener un sistema democrático joven y frágil.

Existe además la brecha generacional, todos hemos ido constatando que la aprehensión inicial de nuestros mayores por la tecnología se ha ido reduciendo. Tal vez no llegan al nivel del candidato presidencial Rodolfo Hernández con su TikTok, pero en todo caso han ido familiarizándose con Facebook, Whatsapp y YouTube.

A mas de uno le habrá dolido la cabeza tratando de explicar que es un video editado, la falta de contexto, las mentiras transmitidas por influenciadores y bodegas. A mas de uno le falta vocabulario para tratar de hacer entender a sus mayores que toda cadena que llega no es necesariamente cierta. A otros les ha costado mas sacar a los padres de registros mediáticos antes confiables y ahora mucho menos, por cuanto los propietarios de esos conglomerados no son otros que grandes grupos económicos que responden únicamente a sus lógicas de negocio.  

La mayor parte de nuestros viejos no es consciente de estar segmentados, de estar sentados entre dos sillas, una parte instalada en esos medios de comunicación que ya no son confiables en términos de calidad informativa, verificación, y en algún grado de pluralidad; y por otra parte reciben constantemente información de los denominados outsiders, la cual no resiste una simple verificación. Si esto ya es así para temas menos transcendentales, la política que de por sí no atrae masas, mucho menos los motiva a querer saber más.

El Estado y sus instituciones están a merced de un pueblo apático, perezoso y sin criterio, harto de que lo gobiernen mal, pero ad-portas de dejarse llevar por el despeñadero por un populista inflado, sin trayectoria ni conocimiento de la ley, y aún peor carente de lo más básico: el respeto por los otros.

La familiaridad que puede generar ver a alguien en algo tan personal como la pantalla de su teléfono móvil resulta irreal cuando esa misma persona se burla abiertamente de la ignorancia de ese pueblo que pretende conquistar y llevar a las urnas a votar por él.

Es verdad que en Colombia, como en muchos lugares del mundo no se nos forma en cultura política, y tal vez por eso seguimos padeciendo gobernantes nefastos, los mismos que no han soltado el poder en 200 años de vida republicana, y que se aterran ante la alternancia y la posibilidad democrática de otro tipo de gobierno. Colombia es el único país de la región en no haber experimentado gobiernos izquierda, ni siquiera en su versión social democrática. El estado crítico en el que se encuentra la nación después de 4 años desastrosos de la presidencia de Iván Duque, puede profundizarse con la ayuda del rey del TikTok.

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Twin

I just saw your twin, probably taller, same age, almost same hair, same eyes, same beard. You but at 3 hours and 15 minutes from your place.

I was looking for a place to eat. To have a proper meal, maybe more than a good one to discover something different, to connect again with « la gastronomie française » that I put aside after the break. I took some time to walk the same street, just to be sure of the meal, of the place, to not be trapped by a « fake fancy » restaurant where the food is expensive and awful.

I saw you in that guy, better dressed, drinking « champagne »… I saw you there and I wanted to meet you again… I chose that table near to the window just to look a little bit… He knew, he saw me, I saw him. He left, I enjoy my food, I enjoy the view, I enjoy my favorite wine, remembered things, taste… I remembered that I’m born to enjoy food, and wine, and life. I discovered me, here, alone, enjoying a gastronomic meal. In a place full of history, in a place that I’ve never have been before.

I’m here remembering me that everything that I love I can do it by myself.. it’s going to be rough to be used to eat, drink and maybe to be in a hotel room alone. I hope to be used to watch outside the window or my cellphone instead of having a good conversation. But this is me now, it’s going to be me and just me for a long long time.

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Ingrid: la paracaidista que erró el blanco.

Una gran indignación produjo la expresión utilizada por la candidata presidencial Ingrid Betancourt, en su intervención del 15 de febrero de 2022, durante un foro realizado en la Universidad Sergio Arboleda (Alma mater del actual presidente de Colombia)

El bilingüismo resultó ser más que una piedra en el zapato para esta candidata que utilizó “hacerse violar y hacerse agredir” para referirse a violencias hacia las mujeres, en una traducción literal del idioma francés.

Para quienes creen que se escucha horrible en español, debo decir que es igualmente horrible decirlo en francés, así esto sea corriente. Frente a esto existe una reflexión profunda desde los colectivos feministas franceses y de quienes hemos sufrido este tipo de violencias, para dejar de poner la culpa dónde no es, en el cuerpo de las víctimas y no en la consciencia colectiva de un país que tiene bajos índices de denuncia, y altos índices de impunidad en el castigo de este tipo de delitos.

Betancourt no prepara sus intervenciones, poco queda por decir sobre su absurda participación en una emisión televisada pronunciándose sobre las “presuntas maquinarias” utilizadas por sus contendores; sino que tampoco parece estar enterada de las discusiones sobre los problemas de fondo de la sociedad colombiana, que van más allá de su lectura de la corrupción como fuente absoluta de todos los vicios.  

Esta paracaidista se presenta abiertamente como una víctima, aunque esta condicion no se ponga en duda. Sin embargo, utilizar esta situación como único capital político es difícil de tragar, además de no ser suficiente para cubrir todo el debate en torno a la elección presidencial. En lugar de construir propuestas a partir de su significativa experiencia y en ese sentido llegar a representar el sentir de otras víctimas del conflicto, de la violencia sexual, su condición se vuelve paisaje y carta de presentación de cada evento.

Resulta problemático criticarla por su flagrante falta de preparación, porque esto también remite a la legitimidad que tendrían otras candidatas (a las demás corporaciones) quienes están en plena campaña. Lo que parece más indignante es que las mujeres debamos abstenernos de comentar sobre figuras que no nos representan, quienes crean un imaginario de mediocridad, mala gestión y falta de competencia de las mujeres en política.

Con índices de representatividad menores al 30% para cargos de elección popular, es importante hacer una crítica a los liderazgos femeninos. Si bien existen candidaturas serias a la presidencial y al congreso; también es cierto que desafortunadamente no son mayoría.

En un país que carece de garantías electorales reflejadas en la imposibilidad de auditar los siete softwares contratados por la Registraduría Nacional, aumenta el riesgo de ataques externos y la alteración de los resultados electorales. Esto aunado a un sistema de compra de votos ya denunciado y probado en varias zonas del país; y a la captación de los organismos de control por el ejecutivo y por los clanes políticos regionales; prueba que la democracia colombiana está en auténtico riesgo.

La fragilidad de la democracia aumenta con la presentación de candidatos poco preparados para los cargos a los que aspiran, reforzada por una involución en materia de valores, de legitimidad y sobre todo de representación política.

La multiplicidad de candidat@s variopintos a la elección presidencial muestra que cualquiera con poder y dinero puede pretender a un cargo de tal responsabilidad. En un estado centralista en el que el ejecutivo copta las demás ramas del poder público, ahora parece recurrente la falta de control institucional, acompañado de la reinante impunidad.

Esos factores afectan la participación pues el abstencionismo termina a la postre por generar mayor descontento al ser gobernados por minorías lejanas, sordas e incapaces de leer las realidades que afrontan los colombianos. Realidades tan distintas y particulares como la colcha de retazos que es nuestro territorio nacional.

En las listas de candidat@os a la presidencia y al congreso se cuentan por decenas perfiles que ya han probado responder a intereses propios o a los de sus financiadores de campaña. Se presentan porque las practicas corruptas les permiten reelegirse, pero también porque en Colombia hay una gravísima falta de formación cívica, política y de veedurías ciudadanas.

La candidatura de Ingrid Betancourt no será más que el reflejo de la falta de seriedad de una clase política privilegiada que viene gobernando un país que a duras penas conoce. Con seguridad el mapa mental que tenía la candidata durante su aspiración presidencial en 2002 se ajustaba más a la realidad del momento. Pero el secuestro le robó años de comprensión de las dinámicas propias del país, de la política local y nacional, circunstancias agravadas por una distancia real, producto de sus prolongadas estancias en Francia y Estados Unidos.

No por estar lejos se sufre de desinformación, pero otra cosa es pretender llegar al cargo más importante de elección popular con tantos vacíos estructurales. No valen los diplomas en Ciencia Política, ni los años como congresista, ni haber recorrido el país hace más de 15 años, pues no està en carrera para escribir un libro de historia.

Sin duda es relevante conocer ese pasado oscuro y doloroso, pero las transformaciones sociales y políticas de un país en ebullición como Colombia, no pueden seguir siendo tomadas a la ligera ni por los candidat@s, ni por les votantes. De lo contrario estaríamos confirmando que lo nuestro es un suicidio colectivo.  

PARALELO FRANCES

Cinco mujeres se presentan a la presidencial francesa. Tres pertenecen a partidos o movimientos de izquierda, una porta los colores de un partido de derecha zanjado por escándalos mayúsculos de corrupción y por una tendencia confirmada a la apropiación de los argumentos de la extrema derecha, de donde proviene la quinta candidata.

La ausencia de programas presidenciales claros, la falta de preparación en los temas a debatir, también es común en la campaña presidencial francesa.

Con menos candidaturas en lo global, ningún candidato es lo suficientemente fuerte para obtener más de 30% de intención de voto según el ultimo sondeo IFOP del 15 de febrero de 2022. En cuanto a las candidaturas femeninas: Marine LE PEN representante de la extrema derecha llega con 17.5%, la derecha de Valérie PECRESSE con 14,5%, y las identificadas à la izquierda del espectro político: Christiane TAUBIRA con 3%, Anne HIDALGO con 2% y Nathalie ARTAUD con 0.5%, siquiera llegan al 10% todas reunidas.

Según las “Cifras claves de la igualdad 2021” en Francia las mujeres representan solo el 38.5% de los miembros de Asamblea y Senado. La representación política de las mujeres en Francia también está lejos de la reivindicación a través de sus propuestas para resolver problemas sociales y económicos, incluyendo la variable género que ha brillado tradicionalmente por su ausencia.

Lejos de querer tomarse el poder para marcar una diferencia en la manera de gobernar, las candidaturas femeninas con mayor intención de voto le apuestan sin complejos a discursos nacionalistas y totalitarios como la mejor opción para el país. En esa cruzada las acompaña un excéntrico panelista de programas televisivos, revisionista de la historia mundial y varias veces condenado por incitación al odio racial.

Visiblemente las candidaturas femeninas están desprovistas de la fuerza que se requiere para vencer a un electorado apático y carente de memoria histórica. Las numerosas candidaturas femeninas demuestran sin embargo un avance en cuanto a la participación, pero dejan dudas sobre el tipo de política que buscarían implementar y si estas se ajustarían a la diversidad que ellas mismas representan.  

Sin embargo, las tres candidaturas de izquierda confirman la imposibilidad de trabajar en conjunto cuando se sigue siendo minoría en política, en esa lucha inequitativa por el poder y por las causas que afectan sistemáticamente a las mujeres, en su lucha por la igualdad.

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FLASHES

Bastó recorrer unas cuantas páginas del libro que había comprado dos días atrás, para empezar a conectarlo con su propio relato.

Juste après avoir parcouru quelques pages du nouveau livre qu’elle avait acheté deux jours auparavant, elle a commencé à faire des liens avec son histoire personnelle.

Cuando leyó el discurso del marido de la protagonista de la novela, cargado de vergüenza y de profundo fastidio hacia la mujer con la que había contraído matrimonio años atrás; vinieron a su mente los flashes de su cruda realidad.

Le discours du mari de la protagoniste, exprimait fréquemment un profond dégout envers la femme avec laquelle il s’était marié depuis quelques années. A ce moment, sa puissante mémoire l’a mis devant des situations similaires, des flashes de sa relation avec lui, remontaient à la surface.

Le fue imposible ignorar esos recuerdos de su propia vida, de todas las veces en las que él la interrumpía en cuanto ella tomaba la palabra, siempre queriendo acortar sus historias, forzándola a cambiar de tema, o imponiendo uno que a él si le interesara.

Elle n’a pas pu ignorer tous ces souvenirs, toutes ces fois où il l’interrompait lorsqu’elle parlait. Il voulait toujours réduire son temps de parole, la forçant à changer de sujet, ou alors il essayait d’imposer l’un qui convenait à ses intérêts.

La excusa que él utilizaba para justificar un acto de tal violencia era que los “monólogos” de su esposa eran demasiado largos y que las personas que los rodeaban no tenían por qué soportarlos. En suma, que los demás no se interesaban en lo que ella tuviera por decir. A lo mejor cómo una proyección de lo que él mismo pensaba.

Il justifiait cette violence en expliquant que les « monologues de sa femme » étaient trop longs et que ses interlocuteurs n’avaient pas à les supporter. En somme, les personnes de leur entourage ne s’intéresseraient pas à ce qu’elle exprimait. Il se peut que cet argument n’était qu’une projection de sa propre pensée.

Con el tiempo, las interrupciones se hicieron mas y mas frecuentes, sistemáticas, hasta el punto de exasperarla. Esto generó a su vez que ella reclamara con vehemencia, incluso delante de sus interlocutores, para que la dejara terminar de hablar, pidiéndole respeto.

Au fil du temps les interruptions sont devenues plus fréquentes, systématiques. Il l’exaspérait, et elle réoclamait avec véhémence pouvoir terminer ses phrases, elle demandait du respect devant leurs interlocuteurs.

En últimas pensaba ella, si su interlocutor se cansaba o sentía que el tema no le interesaba, bien podía decírselo sin tener que echar mano de mensajeros. De alguna manera él tomaba una posición en la que además subestimaba la capacidad de comprensión de otros interlocutores, a través de deducciones puramente intuitivas.

Elle était persuadée que si la personne en face était fatiguée ou peu intéressée par la conversation, elle pouvait très bien le lui dire, sans demander de l’aide à personne. Il estimait mal la capacité de compréhension des interlocuteurs de sa femme, à partir de ses déductions purement intuitives.

A veces, él presentaba las cosas adornándolas, como si tuviera vergüenza de lo que ella expresaba, en un continuo ejercicio de « mansplaining ». Regularmente, las opiniones que ella expresaba estaban mejor fundamentadas académicamente, algo inusual para en el entorno al que él pertenecía. Uno en el que las mujeres brillaban por su ausencia en el abordaje de temas complejos, desligados del ámbito familiar.

Il avait l’habitude d’ajuster les opinions de sa compagne à sa convenance, comme s’il éprouvait un sentiment de honte à chacune de ses prises de parole. Un rituel mieux connu comme « mansplaining » prenait place, pour mieux dire ce qu’elle venait de dire. Néanmoins, les opinions qu’elle exprimait était mieux argumentées académiquement parlant que les siennes. Cela était assez rare dans son entourage où les femmes rarement animaient des conversations complexes, dépourvues de sujets du cadre familial.

Tal vez el hecho de que ella fuese mas inteligente le incomodaba, pues lo ponía exactamente en el lugar de inferioridad en el que él siempre quiso encerrarla a ella. La falta de profundidad e interés por otros temas era flagrante. Durante mucho tiempo pretendió ser curioso e incluso quiso disfrazar ese interés con conversaciones superfluas sobre la actualidad, la historia y la cultura, usualmente en temas específicos que sabia era de gran interés para su esposa.

Le fait qu’elle était plus intelligente que lui le mettait mal à l’aise car il se retrouvait dans le lieux d’infériorité qu’il voulait lui imposer. Il ne maîtrisait pas que très peu de sujets et cela était flagrante. Pendant une bonne période, il a prétendu être curieux. Il a voulu mobiliser quelques conversations superflues à propos de l’actualité, de l’histoire et de la culture, au vu de l’intérêt de sa femme pour ces sujets.

Al no tener la capacidad de comprender, analizar y debatir, ni mucho menos la intensión de documentarse, la conversación entre ellos se volvió vana y luego prácticamente inexistente. En paralelo aumentaba la agresividad en el ámbito privado, fijada por un enojo constante, tal vez con sabor a frustración.

Elle a pu identifier en lui des faibles capacités de compréhension, d’analyse, à débattre, ainsi que peu d’intérêt pour se cultiver. Cela a eu des effets dans le type conversation qu’ils avaient, en principe banal, puis pratiquement inexistante. En même temps l’agressivité augmentait, peut être fixée par une sorte de gêne, de rage constante remplie de frustration.

Sin lugar a dudas, lo que en principio le atrajo de ella: su agilidad mental, ahora le pesaba. Ya no podía seguir portando una fachada de lo que no era, de lo que le había vendido años atrás, pero que, en la práctica no lograba concretar. En lugar de asumir esa diferencia, se dedicó a tratarla de pesada e inoportuna, se propuso atacarla sobre la forma de sus argumentos y no sobre el fondo. Aunque rara vez proponía un tema de conversación, la humillaba frecuentemente, más aún si ella tomaba el liderazgo de la discusión.

De prime abord il a aimé sa vivacité de esprit, puis il ne le supportait plus. Il ne pouvait plus prétendre ce qu’il n’était, paraître cultivé n’était plus tenable. Au lieu d’admettre leurs différences, il a dédié une bonne partie de leurs dernières années ensemble à la maltraiter, à lui suggérer qu’elle était lourde, inopportune. Il est rentré dans une logique de l’attaquer sur la forme des arguments qu’elle présentait et non sur le fond. Et cela était une réalité pour tout type de sujet. Il ne proposait des thèmes de conversation, pour autant il prenait goût à l’humilier fréquemment, lorsqu’il pensait qu’elle prenait le lead de la discussion.

En los últimos meses, cualquier conversación terminaba antes de tiempo para evitar que el conflicto estallara. Todo su discurso de valorización de la voz y del pensamiento de las mujeres, estaba atravesado por el profundo sentimiento de intimidación que él mismo sentía ante mujeres fuertes e inteligentes.

Au cours de derniers mois, les échanges s’étaient limités pour éviter toute sorte de conflit. Le discours politique et publique qu’il tenait par rapport à la valorisation de la prise de parole de femmes, était traversé par un profond sentiment d’intimidation, dès qu’il était entouré de femmes fortes et intelligentes.

Otra fachada se derrumbó y terminó por exponerlo, por desfigurar la imagen que ella tenia de él. Otra de las tantas sombras de esa relación que ella fue aceptando a medida que la ruptura cobraba sentido, se hacía mas real y permanente.

Une autre façade est tombée, celle qui a fini pour l’exposer, pour défigurer l’image qu’elle avait de lui. Juste une autre morceau dans cette masse d’ombre qui entourait la relation, et qu’elle a fini pour accepter au fur et à mesure que la rupture était plus réelle et permanente.

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Máscaras

Hay quienes buscan pruebas en el pasado y en el presente para tratar de encontrar respuestas y darle sentido a lo que no lo tiene.

Se trata de encontrar un vehículo para probar la mala fe, la mentira y la hipocresía, cuando los micromachismos y el gasligthing permanente, han afectado profundamente la confianza en sí mismo.

De cierta manera, indagar sobre lo sucedido permite realizar una evaluación personal, y a la vez confrontar al otro sobre sus decisiones, errores e incoherencias, siempre esperando alguna reacción.

Nada más lejos de la realidad, porque la mayor parte del tiempo, la reacción siquiera es pálida, plana o decepcionante, simplemente es inexistente.

Debe haber mucha perversidad en el corazón de quien no siente, de quien no asume sus equivocaciones. De quién no es compasivo, ni mucho menos empático con la persona con la que en teoría se pretende construir un proyecto de vida común. Se es ruin y manipulador cuando se pretenden obviar y/o negar las acciones y decisiones propias, ante quien se ve afectado por ellas.

Al mirar atrás, es posible identificar que un error, bastante común, es atribuirle características positivas a una persona, incluso llegar a defenderla a sabiendas de que en privado, la realidad es otra.

En ocasiones incluso se le otorga un aura de honestidad y de respetabilidad que la persona no tiene.

Cuando se toma la decisión de unirse a alguien mas, el peor error no es necesariamente seguirle o incluso cambiar de vida; sino fundar una relación con alguien que no ha hecho méritos para ser digna de confianza. En ocasiones, es fácil dejarse deslumbrar por el discurso y las promesas que no son garantía de nada.

Vivimos en sociedades en las cuales la palabra esta completamente desprovista de valor. Creamos relaciones de dependencia con la familia, con los amigos y con la pareja, y en ese sentido es díficil tomar distancia para evaluar si la manera en que se propone y se lleva dicha relación nos conviene.

Cuando las relaciones llegan a su fin, sobretodo de manera unilateral, hay quienes utilizan su cinismo para decirse acosados, sin haber puesto nunca la cara a los problemas, aun cuando las preguntas no han sido resueltas y las explicaciones carecen de fondo.

Desafortunadamente, en ciertos entornos las personas no siempre están en capacidad de observar comportamientos nocivos en dónde la carencia de afecto, incluso hacia los más cercanos, es flagrante. Cuando la relación más importante de la vida de una persona, en términos afectivos, está determinada por el consumo y por la manipulación basada en la culpa, ninguna otra relación puede ser sana. Afectivamente esa persona carece de herramientas para desarrollar una relación distinta a una transacción comercial y objetivada.

Definitivamente no se puede dar lo que no se tiene y es díficil integrar esa información cuando una relación llega a su fin. Los traumas de la infancia tienen grandes repercusiones en la vida de las personas adultas, pero a veces la carga resulta ser tan pesada que no hay ninguna reflexión al respecto. En cambio, lo que si se vuelve sistemático es presentar las malas decisiones como ajenas, o en otros casos como acciones conjuntas o conciliadas, cuando no lo son.

Cuando no se tiene la suficiente honestidad consigo mismo, se sigue viviendo la vida como si no hubiese consecuencias. Sin embargo, el vacío que se tiene en la cabeza y en el corazón es un hoyo tan profundo del que no se sale fácilmente, ni resulta intrascendente para el ser gris que lo padece.

« La fausse gentillesse c’est pire que la saloperie… c’est toujours plus destructeur ».

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Declaración … Rapport

Declaración olfativa

Tener olfato canino me ha llevado a crear una relación particular con los olores. A identificar, aún a una distancia significativa, aromas y olores que me repugnan y también los otros, los que parecen envolver cada una de mis células en un carnaval sin fin. Una experiencia que me lleva incluso años después a sentir emociones y a rememorar un momento particular, como si fuesen parte de un libro aromático, que se consulta de cuando en vez.

Así también los malos olores se quedan registrados en mi memoria, generando alertas constantes ante situaciones de riesgo. Los malos olores, incluidos los corporales me provocan reacciones físicas. Para no soportar un mal olor cambio de vagón, me he bajado de buses, busco otra silla de avión y también en un salón de clase, todo con tal de evitar vaciar el contenido estomacal.

Por eso cuando elijo una pareja su olor: el corporal y el comercial, resulta fundamental.

El primer olor que recuerdo que identifiqué en él fue el de su marca de jabón, cuya fragancia a cocombro no se comercializaba en mi país natal. Luego de cada ducha quería morder su piel, era un olor fino y agradable que se quedaba en la piel por largas horas.

El perfume que utilizaba para ese momento olía a cedros y me fascinaba. Poco a poco entre el cocombro, los cedros y su olor corporal, consiguió tener una identidad aromática, una huella que se quedaba en su ropa y en las sábanas para mi agrado.

Corrieron los meses y los años y el jabón de cocombro y el perfume de cedro salieron de circulación comercial, casi en simultáneo y los productos de remplazo nunca fueron tan exitosos.

Después de su partida temporal, fui consciente que poco quedaba de su olor corporal. Este estaba cubierto por algunos de los nuevos perfumes que usaba, los cuales me desagradaban tanto que me generaban náuseas.  No sé si era por el estado de la pareja en ese momento, pero ya no tomaba en cuenta mi opinión al comprar un perfume, aun a sabiendas de lo que los olores implican para mí.

Una mañana, al abrir el mueble del baño observé la acumulación de botellas con nombres sugestivos y emblemáticos que hacen alarde al ego de los hombres. Nombres definidos a partir de características de fuerza y virilidad. Estereotipos construidos a partir de la superioridad y el desempeño masculinos, que a mis ojos resultan bastante ridículos.

A su regreso, descubrí que había comprado una nueva botella con un aroma más dulzón, caramelizado, con notas incluso muy próximas a un perfume para mujeres que tuve alguna vez. Reí internamente al percatarme que la promesa de olor ideal podía oler como un perfume diseñado para mujeres.

Ahora, cuando sé que frecuenta sitios de citas, mientras seguimos compartiendo el mismo techo me agobia llegar a casa y oler por doquier el nuevo aroma dulzón, a sabiendas que ha salido a dejar su huella aromática en otra piel y en otras sábanas.

Rapport olfactif

A plusieurs reprises j’ai défini mon odorat comme proche à celui d’un canin. Depuis mon enfance, j’ai eu cette particularité avec les odeurs, les répugnants et les autres, qu’en se mêlant à mes cellules donnent lieu à un grand carnaval. Même plusieurs années après, je suis en capacité de sentir et remémorer des odeurs comme si je vivais à nouveau ce moment, tel qu’une personne qui consulte en permanence un livret aromatique.

De même, les mauvaises odeurs sont gravés dans ma mémoire y provoquent des réactions physiques. Ils déclenchent une sorte d’alerte et d’anticipation face à des situations de risque. J’ai changé de voiture de train, descendu du bus, échangé ma place d’avion et dans une salle de cours, pour éviter déverser mon contenu stomacale, face à une odeur épouvantable à mon sens.

Peut-être cela explique pourquoi l’odeur de mon partenaire est fondamentale pour moi.  

Je m’en souviens parfaitement de l’odeur qu’il portait lors de notre première rencontre. C’était l’arôme d’un savon, dont la fragrance à concombre, assez fraîche et agréable, n’était pas commercialisée dans mon pays natal. Tout passage à la douche provoquait en moi une sorte de cannibalisme. Un envie irréfrénable de mordre la peau dépositaire de cette odeur, imprégnée pendant des heures.

Son parfum de l’époque sentait le cèdre et je l’adorais. Au fur et à mesure le concombre, le cèdre et son odeur corporelle détenaient leur propre identité aromatique, une empreinte qui imprégnait ses vêtements et les draps à mon plus énorme bonheur.

Quelques années après, la ligne commerciale du savon de concombre et celle du parfum de cèdre ont disparu presque de manière simultanée. En conséquence les arômes auxquels j’étais si attaché resteraient seulement dans ma mémoire. Les produits pour lesquels ils ont été remplacés n’ont jamais eu le même effet en moi.

Lorsqu’il est parti de manière temporaire, je me suis aperçu qu’il ne restait pas grande chose de son empreinte aromatique, nulle part. Ses nouveaux parfums me donnaient la nausée. Il ne prenait plus mon avis quand il achetait un nouveau flacon, peut être car mon opinion avait perdu de l’importance à ses yeux, même en sachant mes difficultés à accepter certains arômes.

Un matin comme un autre, j’ouvert le meuble de la salle d’eau et j’ai observé plusieurs contenants portant de noms suggestifs, emblématiques, porteurs de l’égo masculin. Les noms de ses parfums définis à partir de caractéristiques viriles, stéréotypés, construites à partir de la supériorité et de la performance masculine, étaient si ridicules à mes yeux.

Dès son retour, j’ai découvert un nouveau flacon, celui portant un arôme plus caramélisé, avec des notes assez similaires à celles d’un parfum que j’avais porté auparavant. J’ai ri intérieurement lorsque je me suis aperçu que la promesse d’une odeur masculine idéale, était pensée comme un parfum déjà commercialisé pour les femmes.

Maintenant, lorsque j’ai appris qu’il a créé des profils sur des sites de rencontré et ce malgré le fait qu’on partage toujours le même toit, je me sens écœurée de rentrer à la maison et sentir dans chaque coin ce parfum à caramel, sachant qu’il est sorti déposer son odeur dans une autre peau, dans d’autres draps.

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Faraway

Perruche pleine de plumes vertes, vert émeraude et jaunâtre.

Perruche communicative, heureuse par périodes où elle s’exprimait plus fort et pendant longtemps, parfois en forêt, parfois dans le haut de la montagne. Elle aimait voler et évidement elle avait peur des cages.

Perruche sociale, chanteuse aimant de la pluie.

Un jour Perruche vole loin, très loin et rentre sans se rendre compte dans une cage. Une cage crée pour attirer des oiseux friands, aimants des arbres luxuriants, des grandes forêts.

L’enfermement lui a fait perdre quelques plumes, avec le jour les plumes sont de moins en moins vertes et la couleur jaune se superpose au vert dans un corps qui à la fois devient frêle.

Perruche entendait des sons, des voix qu’elle ne comprenait pas, que les autres espèces captives aussi dans la cage luxuriante, ne comprenaient pas non plus. Perruche vivait dans la cacophonie assourdissante d’un espace fermé, conçu pour les collectionneurs et non pour le confort des oiseaux.

Lorsque Perruche chantait, on lui criait dessus, au fur et à mesure elle arrête de s’exprimer, elle devient triste, elle comprends qu’on appréciait ses couleurs, mais pas son chant. Il fallait se taire pour éviter que la cage soit saccadé, un tourbillon qui rendait malade l’ensemble des oiseux.

Perruche avait peur, malgré la présence d’autres perroquets, de quelques pies bavardes et de plusieurs canaris. Soudain, perruche entend un bruit très fort, au niveau de l’abreuvoir. Elle a vu un petit espace, un trou de taille réduite, elle n’étais pas sure de pouvoir passer de l’autre côté. Perruche ne savait pas si elle était encore capable de voler « faraway ».

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Wrong Shoes

Le apretaban los zapatos y esperó a tener ampollas repartidas indistintamente en ambos pies.

Desde que los vio en la vitrina tuvo dudas, pero el modelo estaba a la moda y le parecían un buen compromiso precio-calidad, un buen negocio.

Entonces se los probó, pidió los dos zapatos porque ya le habían dicho que probarse uno solo era una mala idea, en general los pies, así como las orejas, los ojos e incluso los senos pueden tener un tamaño y una forma un tanto distintos.

Se puso los zapatos y caminó por un espacio tapizado y limpio. Caminó en ese par de zapatos escasamente unos cuantos minutos, no los suficientes para sentir que a lo mejor le iban a apretar, o que eran demasiado altos en la zona del empeine, o que tal vez el hecho de que terminaran un poco en punta le complicaría las largas caminatas que solía hacer por el centro de la ciudad.

No recordó que desde hacia unos años se le hinchaban los pies frecuentemente.

Tampoco pareció importarle que la suela fuera lisa y que podría resbalarse fácilmente al entrar en contacto con superficies húmedas, aun más durante el invierno. Se dijo que compraría y pegaría esas placas adhesivas antideslizantes y que eso bastaría.

La verdad los zapatos le gustaban demasiado y de todos modos quería comprarlos. No existe el zapato perfecto, pensó.

Salió de la tienda con los zapatos puestos convencido de haber hecho una buena elección, de no tener necesidad de reflexionar y ni de tener que devolverlos unos días después.

Ese mismo día, sintió que le apretaban pero se dijo que con el uso se iban a hacer más grandes y le quedarían mejor. Siguió usándolos con alguna regularidad, pero cada vez era evidente que los soportaba menos.

Decidió no volver a usar los zapatos y guardarlos en el mueble de la entrada, junto con los demás zapatos que usaba con menos frecuencia: los de las fiestas y los del verano.

No pensó que tal vez sería más simple venderlos por medio de una de esas aplicaciones de artículos segunda mano, o a lo mejor donarlos. Lo importante era apreciarlos, bonitos y lustrosos pensando que un día como por arte de magia le iban a quedar buenos.

Escoger un par de zapatos le quedó grande.

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Sequía

Queridos lectores, hace poco más de dos meses que no publico pero espero reivindicarme con estos dos textos cortos.

A veces pasa el tiempo y se guardan muchos pensamientos. Escribí algunos borradores, pero luego supe que no necesariamente quería publicarlos, al menos no por el momento.

Lo que leerán a continuación sin embargo, es un relato, un recuento de una situación viva, en evolución y ebullición.

Tres maletas. Tres.

La cuerda se rompió por el lado más fino y por el que nos unió en familia, entre amigos, en los viajes y en los momentos más felices de la vida común.

Se dicen cosas sobre como la comida sirve para conquistar el corazón, pero sobretodo el estómago del otro.

Qué poco se dice sobre las disputas alrededor de la comida, o sobre como una de esas disputas termina por ponerle fin a una relación, por más tiempo que ella tenga.

Llegué con tres maletas, aunque no trajera en ellas recetas familiares, ni aprendidas en academia, ni mucho menos en master chef. Llegué con las maletas llenas de sueños y de ilusiones. Llegué con las maletas repletas de objetos que seleccioné por horas y por días, porque fue muy difícil meter 28 años de vida en ellas.

Pero cupo todo, en todo caso lo que se podía transportar y con esto el imaginario de un futuro distinto, radiante, feliz y amoroso.

Esas maletas perdieron forma, no aguantaron los viajes, y con el tiempo hubo que remplazarlas. Sin embargo, me limité a una sola, pues las otras dos no son mías y la que resta solo me pertenece en parte.

Hasta comprar una maleta se vuelve un affaire de pareja y las partes negocian y acuerdan que comprar, cómo pagarla y como volverla a llenar.

La maleta que me pertenece a medias sin embargo no se podrá dividir, ni fraccionar, cuando llegue la hora de partir.

Tendré que comprar dos nuevas maletas para cargar el peso de más de una década que se cierra con un adiós lleno de ingratitud, de rabia y de injusticia.

Porque al final, los sueños se quedaron cortos y el más grande de ellos se convirtió en una pesadilla de la que no me despierto desde hace más de cinco días o 130 horas.

Este adiós inesperado me obliga nuevamente a tener que pesar las maletas, pero aunque estén listas aún no tienen rumbo. En ellas hay mucho más que un número el 3. Con 3 llegué, con 3 me voy, lamentando haber perdido 3 años de mi vida pensando en que ésta vez algo sería diferente.

El inconsciente en marcha

Como si fuera algo predestinado, cada separación le hizo refugiarse en una pareja ajena.

En parejas de “amigos” de muchos años que le permitieron quedarse por un momento, transitar.

Parejas que lo acogieron como se abriga a un hijo, al que se escucha, pero también como cómplices que buscan de alguna manera animar una situación complicada, brutal, solitaria.

Como si ir a esas casas y llenarse de la energía y de la fuerza propias de las familias, le permitiera conectarse con el origen, con ese núcleo familiar que nunca conoció y que tampoco quiso nunca formar.

Como si el inconsciente buscara protección en ese útero, en esa fuente de vida y de tanta unión que resultan ser las familias.

De alguna manera los amigos resultan siendo la familia que elegimos, pero aun así no parece intrascendente que incluso decida refugiarse durante días en la casa de otro que no es de su carne. Aun cuando la mayor parte de las personas decide buscar a los padres, a los hermanos, a los primos para poder volcar en ellos lo que sentimos.

Buscamos estar en familia para reconfortarnos, volvernos a sentir queridos y comprendidos, y también para soltar sin prejuicios lo que no va: la rabia, la frustración, el desasosiego, la inquietud por lo que vendrá y las lágrimas que representan un poco el peso de lo que implica decir adiós.

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Abrir y cerrar el telón

Cae el telón manchado de sangre y de dolor, opacando los gritos ahogados de pánico y de gases lacrimógenos.

Se abre el telón que deja ver el horror en su máxima expresión. Ese telón que ocultaba que no tenemos ninguna democracia, ni ningunos derechos humanos que se supone deberían ser respetados.

Cae el telón y aparecen algunos manifestantes desaparecidos, flotando de manera inerte en ríos lejanos o apilados en fosas; como si fuesen menos que los cuerpos enfermos de animales que no merecían una sepultura digna.

Se abre el telón para mostrar que hay personas incapaces de pensar que un cambio de mentalidad es necesario y tal vez posible. Cae el telón aunque muchos deseen recuperar la “normalidad” para producir, gastar y “gozar de libertad”; mientras otros tantos saben que esa normalidad es sinónimo de precariedad, de hambre, de encierro, de ausencia de posibilidades y de poder ser.

Se abre el telón y a las marionetas les resulta imposible esconder por más tiempo los hilos que las manipulan, los intereses que representan y el cinismo con el que avanzan sus mentiras, ante el pueblo que reclama en las calles de Colombia, y ante los medios del mundo.

Cae el telón porque la pantomima a la que han jugado por décadas ya no tiene razón de ser, pues ya sólo la creen unos pocos. El discurso securitario ya no genera calma, sino miedo, zozobra y mucho rechazo ante las muertes impunes de cientos de personas a manos de la fuerza pública.

Se abre el telón cuando muestran su verdadero rostro al impedir que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) entre al terreno para constatar lo que sucede. Aunque se nieguen a aceptar la realidad, el mundo ya lo ha visto a través de las redes y de los noticieros, y de las fotos y de los testimonios, y de todos los textos que describen el horror de los crímenes, la estigmatización de la protesta, la infiltración de las marchas, el silencio de los gobiernos nacional y locales frente la brutalidad policial, y ante las convocatorias de los poderosos para conformar nuevos ejércitos paramilitares.

Cae el telón porque en tus redes y en el discurso de los otros ya aprendiste a identificar las afinidades, los argumentos, las noticias falsas, la desidia, la falta de empatía, el odio y el privilegio. Cae el telón cuando ya entendiste que hay que tomar distancia de ciertas personas y de ciertos discursos que defienden la eliminación del otro, se alegran con su muerte o la alientan descaradamente.

Se abre el telón cuando el racismo primigenio de esa sociedad te lleva a recordar que tú también eres el negro, el indio, el pobre, la puta, de otros y otras que se piensan superiores.

Se abre el telón para revelar que los y las que están afuera desde hace 28 días mantienen su fortaleza, amplían sus demandas y evitan ser instrumentalizados para fines ajenos, que pretenden encasillarlos y graduarlos de vagos, vándalos y de terroristas.  Cae el telón porque ellos no se quedaron esperando, no se conformaron, no se callaron ante la desigualdad, la falta de oportunidades, la corrupción, la injustica y el hambre que muchos normalizaron.

Cae el telón cuando no hay nada más que ver, cuando piensas que ya te lo han contado todo, aunque atrás, se esté montando algo nuevo, otro espectáculo que no sabemos aún si valdrá la pena ver, ni tampoco si será digno de ser contado.

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En retard…

Après 26 homicides commis par les forces d’ordre,

Après 216 interventions violentes des forces de l’ordre,

Après 56 disparitions dans le cadre de manifestations,

Après 1118 cas de violences policiers reportées,

Après 761 détentions arbitraires de manifestants,

Après 9 victimes de violences sexuelles commis par les forces de l’ordre,

Après 17 victimes d’agressions oculaires [1]; le gouvernement d’Ivan Duque a décidé de retirer la réforme tributaire, présenté par le Ministère de Finances le 16 avril dernier.

Cette horreur a eu lieu dans une période de cinq jours, compris entre le 28 avril et le 2 mai 2021. Loin de calmer des centaines de milliers de colombien(ne), la mobilisation sociale continue et on craint que ces chiffres ne fassent qu’augmenter.

Le gouvernement est en retard dans la prise en charge de populations plus fragilisées par la pandémie. Les mêmes populations qui depuis deux décennies constatent une augmentation du travail informel – non déclaré, d’une sécurité social en péril, d’une dégradation de l’accès à l’éducation, d’une division du travail défavorable pour les femmes. Ces dernières sont majoritairement en charge des soins et du foyer, mais la pandémie a montré le poids que cela implique sur la vie des femmes.

Cette répartition genrée du travail au foyer implique, depuis de début de la crise sanitaire, la mise en danger de leurs sources de revenus et de leur autonomie. Le taux de chômage pour les femmes colombiennes s’élève à 20,4%, face au 12,7% pour les hommes.[2]

Rien n’est fait non plus pour protéger les femmes face à l’augmentation de violences envers elles.  L’Observatoire Colombien de Féminicides a confirmé 630 cas des homicides commis par les conjoints ou ex conjoints des femmes au cours de l’année 2020, face aux 571 cas en 2019. Un rapport de la Ligne de Sécurité Urbaine et du Crime Organisée a reçu 113.567 plaintes concernant des violences intrafamiliales en 2020. [3]

La Commission Economique pour Amérique Latine et les Caraïbes (CEPAL), institution onusienne en charge d’analyser l’information d’ordre économique et social dans la région, a déjà confirmé que 118 millions des femmes latino-américaines se retrouveront en situation de pauvreté, 28 millions de plus qu’en 2019.[4]

Le gouvernement colombien est en retard dans la présentation d’une réforme au fonctionnement de forces de l’ordre, pour éviter que toutes les violences commis par ceux doivent « nous défendre et nous protéger » ne restent pas dans l’impunité.

D’après l‘Index Global d’Impunité[5], la Colombie occupe le poste 50 sur 69 pays. La capacité structurelle de la Colombie en matière de garantir la justice est précaire. L’index note le Système de sécurité à place 60, le Système de justice à la place 54 et le respect aux Droits Humains à la place 50.[6]  La Colombie est donc un état dont le système de sécurité ne protège pas ses citoyens, l’application de la justice est déficiente et le respect aux Droits Humains un discours.

Entre 2017 et 2019 la Police Nationale a assassinée 289 personnes. Le procureur général a ouvert 103 enquêtes pour homicide involontaire, 3 pour féminicide, 20 pour homicide volontaire. Cela veut dire que le procureur a ouvert des enquêtes formelles seulement dans le 44% des cas, il y a eu 2 condamnations et 4 enquêtes archivées. Seulement le 0,69% des homicides commis par la Police Nationale a fini par une condamnation. Le 99% restent dans l’impunité.[7]

Grosso modo, le gouvernement est en retard dans la compréhension des problèmes sociaux structurels, dans le deuxième pays le plus inégal de la région. Tous les jours les inégalités se creusent et la pandémie nous aura volés vingt ans de maigre progrès social.

Aussi, les partis politiques colombiens sont en retard dans leur travail législatif au Congrès. Le pouvoir législatif, l’un des contrepoids prévus par la Constitution de 1991, « travail » virtuellement depuis le 20 juillet 2020. Depuis, les discussions des projets de loi, les droits de l’opposition, le déroulement de votations sont entravés. La majorité, fidèle au gouvernement d’Ivan Duque, s’oppose au retour à la normalité, alors que depuis le mois de février tous les salariés et les étudiants ont été conviés à reprendre leurs activités de manière présentielle.   

Le gouvernement est en retard dans l’application de l’accord de paix signé par l’Etat colombien en 2016 avec les FARC. Ces retards ont été comblés par les groupes dissidents et d’autres groupes armés qui règnent dans les anciennes zones d’influence des FARC. Ce retard se paye par l’assassinat de plus de 200 anciens combattants, signataires de l’accord, depuis 2016. Ce retard se paye par l’assassinat de 310 leaders sociaux en 2020, et les massacres presque quotidiens, à la hauteur de 60 en 2020.

En retard sont tous les médias traditionnels, qui font écho des stigmatisations du gouvernement face aux manifestants. Non, la plupart des gens qui sont dehors ne sont pas des terroristes et manifester n’est pas synonyme de vandalisme.

Le peuple colombien ne supporte plus ce retard systématique, l’aveuglement de leurs dirigeants, ni la défense acharnée du gouvernement des intérêts des plus puissants : des grands groupes, des industrielles et propriétaires terriens, des banques et des entreprises multinationales. Le peuple colombien ne supporte plus de l’autoritarisme déguisée en démocratie, ni aux criminels que depuis les réseaux sociaux invitent aux forces de l’ordre à tuer les gens dans les rues, sous excuse de la défense légitime.

Les jeunes colombien(ne).s qui remplissent les rues au cours des manifestations, et qui auront le pouvoir de voter aux élections de 2022 n’ont plus peur. Car il y n’a pas de future, car ils n’ont pas des rêves ni d’espoir dans un pays qui se nie à avancer, qui se nie à réclamer justice, qui se nie à arrêter la corruption, qui se nie à défendre ses communautés natives et afro, qui se nie à protéger sa biodiversité, qui se nie à faire respecter la vie, la différence et la dignité d’êtres humains.   


[1] Chiffres répertoriés par la ONG Temblores à travers de leur plateforme GRITA. https://www.infobae.com/america/colombia/2021/05/04/temblores-ong-asegura-que-hay-al-menos-1181-denuncias-por-abuso-policial-en-el-marco-del-paro-nacional/

[2] Paola Medellín Aranguren : http://ieu.unal.edu.co/medios/noticias-del-ieu/item/violencia-y-desempleo-la-otra-pandemia-que-impacta-a-las-mujeres

[3] Laura Cano : https://pares.com.co/2021/02/23/desigualdad-y-violencia-una-realidad-de-las-mujeres-en-la-pandemia/

[4] Paola Medellín Aranguren : http://ieu.unal.edu.co/medios/noticias-del-ieu/item/violencia-y-desempleo-la-otra-pandemia-que-impacta-a-las-mujeres

[5] Modèle statistique mesure et compare l’impunité entre pays « chaîne de l’impunité ». L’index cherche à suivre le processus entamé suite à la commission d’un délit, au dépôt de plainte, à l’enquête sur les faits dénoncés, puis à la sentence par un juge ou à la réparation de la victime.

Dont 1 implique impunité nulle et 100 impunité total, mais où l’index plus défavorable est de 69 (Thaïlande) selon les informations obtenues pour l’élaboration de cet étude.

[6] Page 54 : Index Global d’impunité 2020. https://www.casede.org/index.php/biblioteca-casede-2-0/autores-casede/gerardo-rodriguez-sanchez-lara/574-indice-global-de-impunidad-2020/file

[7] Temblores ONG. Informe : Bolillo, Dios y Patria. Pag: 62 et 63. https://4ed5c6d6-a3c0-4a68-8191-92ab5d1ca365.filesusr.com/ugd/7bbd97_f40a2b21f9074a208575720960581284.pdf  

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The unborn child

Unthinkable. Unconceived. Unborn.

I used to be worried about being pregnant. How I was going to explain you that the pill didn’t work or maybe that I forgot to take it, because I was at your place that day.

I used to think how painful will be to announce the news to my parents, who never knew you, even if they suspected that I was sharing part of me with someone else. I wasn’t ready, and I still do not feel my body changing, demanding, and opening to give birth.

Incapable, afraid of the pain and of taking responsibility for someone else’s life. I thought about you, disappearing, letting me in an uncomfortable situation. I imagined your words an also in my loneliness being pushed to get rid of the undesired baby. I felt apart just wondering how to explain that the abortion was my idea, because it was my body who didn’t want to carry your child.

I’m not an unfilled woman who had an idea in her mind, i just can’t stand others being unable to get that their ideas didn’t change my judgement.

Probably, I melt my brain asking me every day if I could be a mother, a real one. Someone able to share, to learn and to explain. Someone capable to give without the burden of sacrifice.

Am I someone mature to raise a person? To put aside all my fears, angry, anxiety and avoid blaming him/her for the changes that it will bring to my life? I’m not and I’ll never be.

Mis en avant

Mentiras y retención de información: de cómo el Estado sacrifica y abandona a sus ciudadanos

Encender la televisión, escuchar la radio o un podcast, leer noticias a través de cualquier plataforma, son actos recurrentes en la vida de cada uno de nosotros. A veces, aunque quisiéramos desligarnos de ciertas realidades, por su complejidad o por simple saturación, resultamos teniendo acceso a la información.

Vivir desinformado es imposible, vivir mal informado por el contrario, es frecuente. Sin embargo, hay momentos en que tengo la impresión de escuchar una y otra vez las mismas noticias, como si me hubiese quedado detenida en el tiempo. Como si las historias no tuvieran razón de ser, simple y llanamente porque la primera vez que las escuchamos parecieron tan atroces que no pensamos volverlas a escuchar.

Ha pasado ya con muchos temas: con los asesinatos de líderes sociales y ambientales, con las personas acusadas injustamente por terrorismo que se pudren en cárceles fantasmas, con las sanciones económicas que en ninguna parte del globo han servido para sacar del poder a los tiranos, con los abusos de la fuerza pública a los ciudadanos en todas las latitudes.

Pero esta vez, el tema que pretendo abordar es otro. Se trata la posición que toman los estados para mentir, retener información, desinformar, y en últimas sacrificar la vida de sus propios ciudadanos. Todo ello frente a un escenario perverso: el uso de sustancias tóxicas, aun a sabiendas de los efectos nocivos que dichos productos pueden acarrear en contra de la salud y la vida de las personas expuestas.

El texto presentará tres casos: el primero sobre las aspersiones de glifosato en Colombia como la supuesta única herramienta en la lucha contra las drogas. El segundo caso, abordará el uso de la clordecona (en francés Chlordécone) un pesticida utilizado sin control en las explotaciones bananeras de las Antillas francesas. El último caso tratará sobre la exposición a la radiación en ciudadanos japoneses y estadounidenses después de los años cincuenta y en tiempos más recientes, vinculados al accidente nuclear de la central de Fukushima.

Colombia el soldado obediente en la lucha contra las drogas y el verdugo de su propio pueblo

En 1971 Richard Nixon presidente de los Estados Unidos declaraba la “guerra contra las drogas”, pero para ese entonces Colombia, siquiera era conocida por cualquier cosa y mucho menos por la producción de algún tipo de sustancia ilícita, al menos no a nivel internacional.

Sin embargo, es esa política la que marcaría la agenda y el futuro el tratamiento del problema mundial de las drogas, asimilando los consumidores como simples delincuentes, interviniendo en países productores a través de acciones armadas mediante mecanismos de “cooperación técnica y militar”, e imponiendo figuras como la extradición de algunos barones de la droga a territorio estadounidense.

La política de la zanahoria y el garrote tan evidente en materia de política exterior estadounidense, se aplica abiertamente a los países productores de sustancias ilícitas. Así la agenda política exterior colombiana ha sido narcotizada y para Estados Unidos, el narcotráfico es el eje central o la punta de lanza que determina también las relaciones comerciales, la inversión y la política migratoria.

En poco más de cincuenta años de lucha contra las drogas, la ecuación no se ha replanteado una sola vez, evitando reinterpretar la problemática como un tema de salud pública, o de corresponsabilidad en tanto que Estados Unidos es el mayor consumidor de cocaína del mundo.

Mucho menos, los gobiernos de ese país se han planteado perseguir, incautar y redistribuir el capital derivado del lavado de activos producto del tráfico, que sin explicación se integra a la economía del país del norte.

Las victimas del narcotráfico en Colombia no han visto al día del hoy un solo centavo de dólar en indemnizaciones, porque cabe decirlo, los muertos que produce el negocio de tráfico de sustancias son mayoritariamente colombianos.    

Dentro de la voluntad de combatir el narcotráfico, el gobierno de Estados Unidos ha impuesto a los sucesivos gobiernos colombianos la utilización del glifosato, un pesticida comercializado por la empresa Bayern, para erradicar los cultivos de uso ilícito.

Dentro del marco del Plan Colombia[1] entre 1999 – 2006 se decidió asperjar toda zona identificada para uso de cultivos ilícitos, dejando de lado la estrategia de sustitución. Solo la demanda interpuesta por Ecuador en 2008 ante la Corte Internacional de Justica, como protesta ante los efectos de las fumigaciones sobre los ciudadanos ecuatorianos en zona de frontera, prendieron las alarmas en el vecindario, y dentro del ámbito jurídico colombiano.

Por años, los campesinos colombianos venían quejándose a propósito de los problemas de salud experimentados por ellos mismos, por los animales y otros cultivos que recibían las aspersiones de glifosato.

 “Además de perjudicar los bosques circundantes al área de coca que se pretendía eliminar, se dañaban estanques piscícolas, fuentes de agua, cultivos de alimentos, pastos para ganado y animales de corral, entre otros bienes ». Esto genera “impactos en los derechos humanos de las familias cultivadoras de coca, amapola y marihuana. El problema radica en que la Policía fumiga pero el resto del Estado no llega y por ello los cultivos se trasladan de lugar, duplicándose el fenómeno de la deforestación ».[2]

El traslado de cultivos ilícitos a parques naturales y a zonas protegidas afecta además a pueblos indígenas y afro que sufren la presión y la violencia sistemática que se produce en los nuevos corredores de droga, establecidos por los dueños del negocio.

En 2012 Colombia tuvo que reconocer su responsabilidad frente a los daños causados por las aspersiones a las poblaciones fronterizas con Ecuador, para evitar una condena de la Corte Interamericana de Justicia. Esto llevó al Estado colombiano a comprometerse a no fumigar con herbicidas tóxicos como el glifosato a por lo menos 10 kilómetros de la zona de frontera, a consultar con Ecuador sobre la fórmula de cualquier herbicida que se pretendiera usar y pedir el consentimiento de dicho país para asperjarlo, a establecer un protocolo de quejas y a realizar una compensación económica de 15 millones USD antes del 13 de diciembre de 2013.[3]

Sin embargo, no fue sino hasta 2015 que el gobierno colombiano de la época decidió detener las fumigaciones con glifosato, después de acoger la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que alertó sobre los daños potenciales que genera el herbicida contra la salud y el medio ambiente. (Ver lista de países que han decidido limitar el uso de glifosato)[4].

Los procesos de responsabilidad civil que tuvieron lugar en California, Estados Unidos, contra los fabricantes del glifosato comercializado como Roundup – Monsanto, ahora Bayern, dejaron en el aire la posibilidad de desarrollar el tipo de cáncer conocido como linfoma no Hodgkin en personas que hubiesen estado en contacto con el pesticida. Monsanto fue condenado a pagar 2055 millones de USD a una pareja de denunciantes. La sobreexposición generó debates y nuevas denuncias en otros países.

Luego, una decisión de la Corte Suprema de Justicia colombiana en 2017, se ordenó la suspensión del programa de erradicación con glifosato y dispuso que su reanudación estuviese sujeta al cumplimiento de una serie de condiciones, científico – técnicas y jurídicas.

En el marco del acuerdo de paz firmado entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC, se dispuso que el programa de erradicación manual seria prioritario frente a la retoma de la aspersión con glifosato. Estas disposiciones incluían también las demandas de las comunidades y de los campesinos cultivadores, quienes históricamente se han visto afectados por el glifosato. Dos estudios científicos recientes afirman que la exposición al herbicida seria la causa de abortos involuntarios, efectos sobre la fertilidad de las mujeres expuestas, riesgos a nacimientos prematuros etc. [5]

Además, existen dos demandas sobre los efectos de las aspersiones con glifosato en los departamentos de Tolima y Caquetá, que fueron recibidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y han sido conocidas por la Comisión de la Verdad en Colombia.

Ante toda la evidencia recopilada en el curso de los últimos 20 años, el gobierno de Iván Duque, actual presidente de Colombia pretende mediante el decreto firmado el 12 de abril de 2021,  retomar la fumigación con glifosato, sin siquiera haber cumplido con los requisitos legales que pidió la Corte Suprema de Justicia.

¿Las vidas de los habitantes de las áreas de cultivos ilícitos valen menos que las del presidente y sus ministros? ¿Qué impulsa a un gobierno a querer reanudar una práctica que ya ha generado litigios e indemnizaciones a los afectados por el uso de este herbicida?

¿Por qué los tomadores de decisiones se preocupan tan poco por el erario público, a sabiendas que ese dinero podría más bien ser utilizado en una política efectiva de sustitución de cultivos y acceso a bienes y servicios para los cultivadores de la hoja de coca?

¿Por qué el gobierno colombiano actual se niega a llevar ante instituciones internacionales la discusión sobre la corresponsabilidad y el cambio en la estrategia global de la lucha contra las drogas? ¿Acaso los intereses de las grandes industrias están detrás del mantenimiento de esta política inútil para acabar con el narcotráfico?

Antillas francesas: el rezago colonial representado en cultivos de banano

Sobre las Antillas francesas se conoce poco. Martinica y Guadalupe siendo los territorios de mayor  extensión suscitan tal vez más atención que los demás.

Pese a su proximidad con América Latina, es poco lo que se sabe de estos territorios ultra marinos franceses y mucho menos sobre el escándalo que ha provocado el uso de la clordecona. Un pesticida que se utilizó desde 1972 y por algo más de veinte años sobre los cultivos de banano, para asegurar su rendimiento. O dicho de otro modo, para asegurar que las cuotas de banano, 70%  sobre el total de la producción de las islas, fuese enviado a Francia continental, en cantidad y tiempo estimados.

Detrás de esa agenda comercial quedaría en el limbo la salud de más de 800.000 antilleses, en quienes que se ha identificado la presencia de la molécula de la clordecona. El peligro sanitario,  la contaminación de la tierra y de las fuentes hídricas, no han sido sujeto de ninguna política pública, aun hoy, cuando sigue siendo una problemática de gran envergadura, pues estudios científicos ha  confirmado que los desechos del pesticida solo desaparecen al cabo de siete siglos.

Desde 1979 la Organización Mundial de la Salud había dado la alerta sobre la peligrosidad de la clordecona pues fue identificado como un perturbador endocrino “reconocido como un neurotóxico peligroso para el sistema nervioso, capaz de afectar la fertilidad y posiblemente cancerígeno”[6].

Las acciones emprendidas por los movimientos sociales antilleses que pretendían obtener reparación por parte del Estado francés, fueron reprimidas sistemáticamente. Aunque el gobierno de Emmanuel Macron, actual presidente de Francia, admitió que el Estado debería reconocer su responsabilidad frente al impacto del uso de la clordecona; y en esa medida avanzar en la reparación hacia las poblaciones afectadas, la verdad es que reina la impunidad.

Las denuncias presentadas por los colectivos antillesses, y cuyo dossier fue presentado ante la justica en 2006, no ha llegado a la etapa de juicio y se teme una prescripción del caso.

Con la prohibición total del uso de la clordecona en las Antillas, se implementó la utilización de otro pesticida, el glifosato. Estudios realizados en Guadalupe y Martinica por geólogo Pierre Sabatier, publicados en enero de 2021 en la revista científica Environmental Science &Technology, prueban que las tierras utilizadas para el cultivo de banano y de caña de azúcar que recibieron la clordecona entre 1971 y 1993, están sufriendo la erosión, causada por el uso posterior del glifosato. La erosión que produce este último libera el stock de clordecona presente en el suelo y se extiende a los ríos costeros, lo que produce una contaminación generalizada. [7]

La ausencia de una codena a los responsables políticos y sanitarios, así como de los empresarios que se lucraron por más de dos décadas con la producción de banano, no parece causar estupor sino en las islas. Algunos reportajes en medios franceses continentales han hecho eco de las manifestaciones y las reivindicaciones de los colectivos que reclaman justicia y reparaciones.

Con tasas elevadas de cáncer en la población y del 90% de las tierras cultivables contaminadas ¿qué esperan los jueces para actuar? ¿Por qué el irrisorio presupuesto de 92 millones de euros sobre un  periodo de seis años es la única solución prevista por el gobierno Macron para acompañar a las poblaciones víctimas de éste abuso sistemático?

¿Cuáles serias las repercusiones políticas y económicas para el Estado francés y para los empresarios, si los afectados no fueran antiguas colonias, cuyas poblaciones son mayoritariamente racializadas?

Los abusos frente a la vida e integridad de las personas en Francia no es nuevo, los escándalos que acompañaron a otros individuos racializados y otrora sujetos del Estado francés, han quedado impunes. Ese fue el caso de los 2250 niños nacidos en la isla de la Reunión que fueron trasladados a Francia continental para trabajar como esclavos. Este caso conocido como el de los niños de La Creuse no ha provocado compensaciones a las víctimas ni a sus familias, y mucho menos disculpas por parte del Estado.

La radioactividad, el problema común de las potencias: mentiras y omisiones repetidas en Estados Unidos y Japón

Para muchas personas el único referente que se tiene de Japón fueron los ataques nucleares lanzados por Estados Unidos, en agosto de 1945, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, aun cuando el mando militar japonés ya se había rendido.

Para otros, el referente es más reciente y está ligado con la catástrofe ocurrida en la central nuclear de Fukushima Daiichi el 11 de marzo de 2011, justo después de que la costa noreste del país fuese impactada por un Tsunami. A los 22.500 muertos y desaparecidos que se contabilizaron en los días posteriores, seguramente habrá que sumar otros más a ambos lados del Océano Pacífico.

La noticia que se extendió por toda la costa japonesa, alertó a la población local sobre la nube radioactiva que desplazaba por el territorio, los anuncios invitaban a los habitantes a confinarse. No así para los tripulantes del portaaviones Ronald Reagan de la marina estadounidense, quienes se encontraban en la zona prestando apoyo a las víctimas del Tsunami, en el marco de la operación Tomodachi.

Los marinos expuestos a la nube radioactiva, sabían que el riesgo de contaminación existía. Sin embargo y pese a que los sistemas de alarma radioactiva se activaron dentro del barco, los oficiales responsables no previnieron al resto de la tripulación, ni se iniciaron los protocolos adecuados para proteger la vida de los marinos.

Las autoridades de un país como Estados Unidos que ha realizado experimentos nucleares en su propio territorio y fuera de él, conocen los efectos de la radiación externa e interna. Ante la evidencia ¿por qué no se pusieron en marcha dichos protocolos dentro del portaviones? ¿Acaso 5.000 hombres expuestos a una nube radiactiva por espacio de dos días, resultaba ser poca cosa para tomar medidas?

En principio se ha afirmado que los oficiales al no estar presentes en el puente superior del barco, no estuvieron expuestos a la radiación, en tanto que a los otros marinos se les pidió que continuaran con sus labores habituales y se les pidió que contribuyeran con la limpieza del puente y de los aviones contaminados.

Pero poco sabían la mayoría de los marinos a bordo sobre la exposición interna y externa a la radioactividad. La primera se fija a la piel debido a la radiación presente en el aire, la segunda más peligrosa, se transfiere por la ingesta de agua o de alimentos contaminados por radiación. Si esta última se prolonga por varios días, la condición de las personas expuestas no puede sino agravarse. [8]

Algunos de los marinos recuerdan haber sido constreñidos a firmar formularios en donde admitían haber recibido dosis de yodo, cuando esto no era cierto. [9] ¿Por qué si los oficiales si habían tomado yodo, no lo proporcionaron al resto de la tripulación? ¿Por qué los soldados a bordo no fueron informados de los riesgos que corrían y así evitar que se expusieran a la radiación por el consumo y la utilización de agua contaminada? ¿Hasta qué punto el principio de obediencia en la institución militar se superpone al sentido común y a la necesidad de proteger la propia vida?

Once años después del accidente, algunos de los marinos del Ronald Reagan han desarrollado enfermedades cardiacas, distintas formas de cáncer, 25 miembros de la tripulación han muerto, otros en razón a su estado de salud han sido retirados de la fuerza y 415 soldados han emprendido  acciones judiciales para obtener reparación, aunque el mando militar estadounidense se niegue a reconocer la causalidad entre enfermedades, muertes y la exposición a la radiación.

En el mismo sentido, el rol del Estado japonés ha sido negligente. Aunque las autoridades japonesas conocedoras de los efectos de la radiación, luego de que el país fuera impactado por dos bombas nucleares en 1945 y expuesto a los ensayos nucleares posteriores realizados por Estados Unidos en el Pacifico; hoy, sigue sin proporcionar información suficiente a los habitantes de las ciudades por donde se extienden las nubes radioactivas.

En 1954 por ejemplo, cientos de pescadores que trabajaban en aproximadamente 700 embarcaciones fueron expuestos a los ensayos nucleares que realizaban los Estados Unidos en la zona del Atoll de Bikini (Islas Marshall). Estos ensayos tendrían repercusiones para las poblaciones en Indonesia, Filipinas, Taiwan y Japón.

Las trabas administrativas y de las omisiones de los mandatarios locales para reconocer los problemas relacionados con la radiación, ponen en riesgo a cientos de miles de personas. “La catástrofe prueba que las autoridades minimizaron los riesgos y pusieron en evidencia el funcionamiento del sistema nuclear, el cual restringe la información o la disimula, muestra la pasividad o el servilismo de los agentes, y la ignorancia e incompetencia de los tomadores de decisión”. [10]

Japón ha conservado por años el seguimiento médico que fue realizado a personas expuestas a la radiación después del bombardeo y de los ensayos nucleares estadounidenses. Toda esa información clasificada bajo la etiqueta de seguridad nacional, impide que pueda ser consultada y utilizada para estudiar, prevenir e imaginar nuevos protocolos, tal vez más eficaces.

¿Por qué las vidas de los japoneses importan tan poco, incluso para las autoridades de su propio país, y se pretende correr una cortina para evitar que la información escale?

¿Cómo garantizar un seguimiento eficaz en materia de salud cuando se restringe la información? ¿Cómo realizar prevención a los posibles afectados por las malformaciones genéticas y enfermedades resultantes de los ensayos nucleares? ¿Cómo anticipar los presupuestos y la preparación de los sistemas de salud ante un alza de casos de enfermedades derivadas de la radiación que podrían ser cada vez más recurrentes?

¿Teme el estado japonés que sus ciudadanos pidan compensaciones económicas y que el buen nombre del país sea automáticamente relacionado con la catástrofe nuclear? ¿Qué rol le cabe a las los países poseedores de armas e instalaciones nucleares, cuyo material a veces en mal estado y el tratamiento de los desechos, resulta problemático para el medio ambiente y la salud de sus administrados?

Reflexiones

Los tres casos presentados revelan decisiones institucionales que permanecen ocultas, secretas, aun cuando los efectos producidos por pesticidas altamente comercializados y de orden nuclear, llevan siendo denunciados durante varias décadas por las poblaciones que los padecen.

Por ahora, las nuevas ciudadanías que demandan un mejor manejo del ambiente, alimentan una presión constante que no puede reprimirse sistemáticamente como ocurría en el pasado. Los hechos son filtrados y difundidos por medios alternativos y buscan crean una conciencia común y la demanda de acción y reparación, más aun cuando los líderes de dichas iniciativas son encarcelados, desaparecidos, asesinados.  

La mano negra detrás de un sistema mundial que se niega a explicar la gravedad de sus decisiones, que se opone a prevenir, proteger y restituir, beneficia de la protección de grandes compañías y se escuda en el interés nacional. Avivados por la codicia y el mantenimiento de un statu quo, los tomadores de decisiones, conceden licencias y buscan evitar a toda costa cualquier juicio contra la nación.

Paradójicamente, los costos monetarios de estas prácticas, representadas bajo la figura de indemnizaciones, son finalmente solventados por los propios ciudadanos a quienes se les ha negado sistemáticamente todo tipo de atención, de información y tratamiento médico.

Que nuestra seguridad alimentaria se encuentre en riesgo por la utilización de pesticidas y de desechos nucleares que afectan fuentes de agua y actividades como la agricultura y la pesca no son temas menores. Tampoco lo es la desaparición de especies y de la biodiversidad de los océanos altamene contaminados por agentes externos producidos y/o explotados por el hombre.

Lo único que parece perennizarse es la propaganda y los chantajes utilizados para callar a quienes han puesto en evidencia estos crímenes, para perpetuar sus campañas de desinformación. Hoy, los mismos estados en cabeza de sus gobernantes continúan mintiendo, ocultando y borrando de la memoria a las víctimas de tales hechos, como una reacción en cadena, desde la comodidad que les reserva la impunidad.


[1] Un plan concebido dentro de una política bilateral entre Estados Unidos y Colombia , el cual preveía la ayuda financiera, técnica y militar a las fuerzas armadas colombianas para reducir el número de hectáreas de cultivos ilícitos en Colombia a través de aspersiones con glifosato sobre todas las áreas identificadas. Igualmente, preveía la interdicción aérea y marítima para reducir el tráfico y algunas acciones destinadas después de 2002 a combatir a los grupos terroristas, dentro de los cuales se incluyó a las FARC, por iniciativa del primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

[2] Pedro Arenas, cofundador de Corporación Viso Mutop. DW : “El retorno de las aspersiones con glifosato planea de nuevo sobre Colombia”. https://www.dw.com/es/el-retorno-de-las-aspersiones-con-glifosato-planea-de-nuevo-sobre-colombia/a-57055984

[3] Andrés Molano. Razon Publica : “El acuerdo entre Colombia y Ecuador: glifosato, secretos y contradicciones”. https://razonpublica.com/el-acuerdo-entre-colombia-y-ecuador-glifosato-secretos-y-contradicciones/

[4] La ONG Sustainable Pulse, monitorea el uso de herbicidas en todo el mundo, cuenta más de una veintena de países que limitan su uso. Italia lo prohibió en áreas públicas y en rociados de precosecha; Francia lo retiró de los espacios verdes. Bélgica, República Checa, Dinamarca, Portugal y los Países Bajos también pusieron barreras. Hay restricciones adicionales en Asia (Tailandia, Vietnam, Sri Lanka, Omán, Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes, Bahrein y Qatar), África (Malawi, Togo) y Latinoamérica (Colombia, Costa Rica, El Salvador, Bermudas, San Vicente y las Granadinas). A nivel interno, el glifosato está cercado en distintas zonas de Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Escocia, España, Australia, Nueva Zelanda, Malta, Eslovenia y Suiza) En: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/glifosato-por-que-algunos-paises-prohiben-su-uso-y-otros-no-nid2431078/

[5] https://elpais.com/internacional/2020-09-29/la-tragedia-de-los-abortos-involuntarios-por-el-glifosato-llega-a-la-comision-de-la-verdad-de-colombia.html

[6] Le chlordécone et l’impunité empoisonnent les Antilles. En : https://reporterre.net/Le-chlordecone-et-l-impunite-empoisonnent-les-Antilles

[7]Résurrection du chlordécone aux Antilles françaises avec l’usage du glyphosate https://www.cnrs.fr/fr/resurrection-du-chlordecone-aux-antilles-francaises-avec-lusage-du-glyphosate

[8] Documental Cadena Arte : « Notre ami l’atome. Un siècle de radioactivié”.Kenichi WATANABE. 2000.

[9] Idem. Minuto 13.

[10] Idem. Minuto 11.

Mis en avant

Closing time

Recently, I’ve decided to close the door. To take care of myself and leave behind all the unkindness you’ve shown me.

I wasn’t strong enough to fight, to tell you how some of your words hurt me making me feel unwelcomed. I guess that I’ve always known how you really see me, but I prefer to keep the relationship instead to cutting it off. Maybe, as an immigrant building safe places was one of my goals.

But now I’m ready to release all that stressful moments when you openly express your racism and your sexism against me and other women. I’m done with you, interrupting every conversation that I used to have with someone else. I really can’t stand anymore that you are incapable to respect others. It is not my job to explain you the basis, neither to schedule some learning about: colonisation process all around de world, classism, violence against women and discrimination.

Probably some people find you funny or even reckless. Nevertheless, I just think that you aren’t able to put yourself in others place. You’re incapable of compassion or even to take any responsibility for the ideas you shout every time.

I thought vaguely that the reader you are could open your mind and eventually, start to respect differences between people. I assumed that knowledge will be the way to reset the old fashion ideas that pollute this society. Being next to you confirm me that the space we shared is severely unequal.

Now, I’m aware after all of this years, you don’t still know my last name and you don’t care. Every word you pronounced about the way I look, about my heritage, my background, wealth, health condition, are topics that even my closest friends never set as criticism, or as conversation subject. What makes you think that you were legitimate to talk about it? When did you thought that it could be a matter of discussion?  It wasn’t reciprocate, which means that you were in a powerful position.

Behind all that hate disguised in “hilarity” I just got prove that you’re incapable to understand, appreciate and think about others feelings, probably because you never were my friend. However, it doesn’t authorized you to mistreat me, instead of been honest and stop pretending.

Because of people like you, I’m afraid that I can’t trust to French people even if they seem to like you, to help you, to understand you. Hypocrisy its maybe well learned and applied firmly, probably to comfort yourself about the person you are. My only regret is that you will be always there, near, since we still have some people in common, because of the circumstances.

Mis en avant

Había una vez …

Había una vez, una niña que vivía en una casa con ocho hermanos, unos padres y un abuelo ciego. Vivían en paz y armonía rodeados de naturaleza: de árboles frutales y de muchas flores; y de animales: de los domésticos para el disfrute de los niños y de los que eran aptos para el trabajo, y de los otros, que aparecían de cuando en vez para con su canto alegrar la mañana, o hambrientos venían a buscar sobras o presas.

Era una casa rodeada de cultivos: de café, de maíz, de arroz, de plátanos, de frijol y de jornaleros que trabajaban desde hacía años en esa tierra. Hasta que un día, la niña, los hermanos, los padres, el abuelo y los jornaleros tuvieron que huir. Huir de la violencia entre dos partidos políticos que después de un 9 de abril se declararon la guerra y entonces se mataban en los campos y en las ciudades, para hacer primar un color político, “unas ideas”, ocupar la tierra, tener el poder.

Había una vez, una pequeña que no se sentía cómoda en su ropa, ni en su casa, ni en su país, y decidió volar lejos pensando que el sol seria más brillante en otra parte. A veces calentaba más, otras veces no, pues se demoraba en volver a aparecer. Con el tiempo pensó que iba a ver el sol entre las tinieblas, pero era difícil. El entorno era hostil: las críticas incesantes y el sol no volvió a salir. Entendió que en cualquier parte del mundo, tendría que acostumbrarse a que el sol no saliera siempre y que los nubarrones y la lluvia  también eran necesarios y positivos. Entendió que había arcoíris preciosos en algunas personas de las que quiso rodearse y que otras menos brillantes, siempre estarían dispuestas a lazarle bolitas de fuego, como las de los video-juegos.

Había una vez, una masa geográfica a la que llamaré país en donde vivía gente que tenía miedo a los otros, y entonces los convirtió en enemigos para combatirlos y aplastarlos, así ya no habría más miedo y todos estarían tranquilos. Esos otros se llamaban: musulmanes (chiitas y sunitas a turno de rol), judíos (sefardíes y asquenazis), drusos y católicos – cristianos y también protestantes. Se llamaban kurdos, armenios, tutsis, gitanos (manuches – roms) y a los otros se les conocía como ouïghures, yazidies y rohingyas.

Pero también había otra razón para tener miedo y eran los tonos de la piel: de los más “amarillos”, “a los pieles rojas”, a los nativos. A esos habitantes originales que con esfuerzo y sangre habían resistido durante cientos años a todo tipo de invasiones y “conquistas y colonias” y que aún seguían ahí, diezmados y condenados a la miseria.

Además los habitantes tenían miedo a otros seres que eran tan brillantes como el ébano: les decían negros, blacks y marrones. Y desde el siglo XIII el gran comercio triangular hizo de ellos mercancías. Ocho siglos después, seguían siendo considerados como cosas y no como personas. Entonces, cuando ese enemigo de colores, que por cuenta del comercio y de la colonización en masa, y de la esclavitud, vivía en todas partes del mundo y reclamaba derechos e igualdad, los que tenían miedo parecían tener mil excusas para guardar el orden y evitar que eso sucediera nunca.

Había una vez, un lugar en donde los pobladores también tenían miedo, pero era de algo menos visible, se les llamaba ideas. Ese mundo creado a partir de teorías y de pensamientos llevó a que las personas tuviesen miedo de lo que llamaron comunismo y los otros el capitalismo, y en esa guerra de ideas se forjaron conflictos reales que no era por esas ideas, sino por el control de los medios de producción, y el dominio extensiones de tierra y los pueblos contenidos en ellas, que no eran otra cosa que una fuerza de trabajo.

Y después, se inventaron otras guerras contra: el terrorismo y contra las drogas, porque era más fácil asesinar sin pensar, invadir, imponer mercados y modelos económicos, lucrarse con los recursos de los demás. Era más fácil dividir y destruir, que dejar que cada cual decidiera su propio destino y lo moldeara a su manera, según sus experiencias y sus propias características.

Había una vez, un conflicto contra unos grupos de gente que se querían mover por el mundo y se les conocía como migrantes. Eran tan peligrosos que buscaban un futuro distinto, soñar, huir de guerras y de atrocidades, tener un trabajo y estudiar. Eran tan espantosos que traían a cuestas sus costumbres, y sus recuerdos y su dolor de haberlo dejado todo para volver a empezar.

Eran tan aterradores porque la mayor parte de ellos eran pobres y la pobreza es sinónimo de desorden y de estupidez y de incomprensión. Por eso había que combatirlos como fuese: instalando muros vigilados por patrullas y video cámaras, y dejando que se murieran en el mar, en los desiertos, y en los containers de mercancías que viajaban en los barcos, y que se descargaban como si nada en los puertos del mundo.

A veces era necesario prenderles fuego a los campamentos en los que vivían, separarlos de los demás en guetos, pogromos, o robarles el territorio con la ayuda con asentamientos ilegales y dispararles sin razón, por miedo a que cruzasen fronteras imaginarias. Y también había que evitar su acceso a trabajos bien remunerados y declarados, para que no pudieran justificar su presencia y se les pudiese perseguir y luego expulsar. A quienes adquirieran una nacionalidad se les impediría gozar de ella plenamente, siempre serían ciudadanos de segunda clase.

Generalmente era útil ponerles etiquetas: “racaille”, bandas, ampones, ladrones, expendedores de drogas, prostitutas, porque claro ellos eran los “únicos” que cometían crímenes, los responsables de la inseguridad y de la perdición de la armonía, por eso había que identificarlos.

Había una vez, unas personas que querían amar a otras personas, sentirse cómodas en sus cuerpos y que su identidad fuese reconocida y no impuesta. Pero eso iba en contradicción de unos libros, de unos poderes y hasta en algún momento encontraron razones científicas para no dejarlos amar y ser.

Entonces se les perseguía y se les echaba de casa, y se les colgaba en las plazas públicas y se les encerraba en hospitales psiquiátricos, y se les practican extraños tratamientos “médicos” para traerlos a una norma, que nadie sabe quién la había inventado. A esa comunidad de personas tan diversas se les conocía como LGTBIQ+ pero siempre se les atribuían apodos horrendos para que no olvidaran que no cumplían las reglas y que eran abominables. Además había que prohibirles otros derechos: al trabajo digno, a  la salud, a tener una familia de pleno derecho, a vivir.

Había una vez, un planeta que repetía la misma historia una y otra vez. Pero nadie quería saber de historias, ni de cuestionamientos, ni de reclamos, ni de aprendizajes, porque era mejor dejarlo atrás, vivir el presente y preocuparse por el futuro.

Había una vez, una deriva ideológica que crecía como espuma, con nostalgia de las dictaduras y de las represiones y del control total sobre la vida de las personas. Una ola de poder extremo que crecía en cada continente para reivindicar una supremacía de unos pocos sobre los demás, mientras estos últimos seguían por televisión una pandemia que mataba a miles de seres humanos todos los días.

Había una vez, pueblos enteros que no se cansaban de ver todas esas violencias cíclicas, ni tampoco pensaban que todas ellas acabarían por destruir a su propia gente. Que los miedos que se inventaron los mismos que habían gobernado al mundo desde siempre, iban a ser repotenciados para ganar el poder, para estigmatizar, someter y unificar. Aquellos que tenían tanto miedo y que añoraban el totalitarismo, no sabían también se verían afectados.

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L’histoire derrière un épisode Podcast

L’année dernière en pleine pandémie, j’ai découvert les Podcast : des contenus digitaux audio qu’on peut écouter sur nos appareils connectés, à l’heure et  jour décidée par celui qui écoute. Ils peuvent être écoutés dans presque toute la planète, et ils sont souvent gratuits, montés parfois sur plateformes internationales, ou par d’autres plus indépendantes.

J’ai suis devenue accro à ces contenus. Bien entendu, j’ai choisi des sujets qui suscitent mon intérêt : féminisme, culture, actualité du monde, politique, histoire. Je les écoute en français, en espagnol et en anglais.

Il y a une semaine, un épisode de mes podcast préférés est le noyau de la réflexion que je partage aujourd’hui avec vous. Les interactions des intervenantes de l’épisode « Féminisme pour toutes », résonnent toujours dans ma tête.

Un peu de contexte…

L’épisode fait référence au regard porté sur le féminisme à partir de groupes dites minoritaires, souvent exclus ou victimes de discriminations. Il ouvre dont la question à un féminisme décolonial, plus en vogue dans le contexte français par certaines militantes : noires, arabes, asiatiques, roms, musulmanes et juives. Toutes des femmes racisées et discriminées en fonction de caractéristiques réels ou supposées.   

Cela dit, je dois préciser que depuis quelques années, je retrouve de plus en plus des femmes latino-américaines en couple avec des hommes français blancs ou racisés.

L’histoire coloniale me touche profondément en tant que femme latino-américaine. Dans mon pays d’origine, la Colombie, nous avons été sujets de l’empire colonial espagnol pendant presque quatre siècles. Puis dès la du XIX siècle nous sommes sous l’influence exercée par les Etats Unis, une sorte de néocolonialisme

Certes, plusieurs d’entre nous avons compris depuis un bon moment que nous étions oppressées par « nos hommes », par « nos frères ». En Colombie, au cours de l’année 2020, il y a eu 630 féminicides. Puis au 18 mars de cette année il y a eu déjà au moins 40 cas. Cela sans tenir compte des autres types de violences faites aux femmes.

Nous les colombien.nes vivons dans une société victime du colonialisme, mais aussi atteinte par un conflit armé qui dure depuis 60 ans. Cela, malgré un accord de paix signé en 2016 entre le gouvernement colombien et la guerrillla la plus ancienne du continent américain. Ces deux faits, ont contribué à dégrader, en permanence, les corps des femmes, et à renforcer un modèle patriarcal assez bien installé.

L’ancienneté de faits historiques, dont la colonisation, rend difficile les revendications vis-à-vis des responsables de ce période qui a introduit les modèles complexes dans lesquels nous vivons. La nature du métissage forcé qui a eu lieu pendant la période coloniale a été diluée tout au long des siècles suivantes, jusqu’à normaliser ces faits, arrivant parfois à montrer une certaine « fierté » pour se retrouver dans l’axe de différents mouvements complexes de cette époque.

A savoir, plusieurs colons espagnols étaient des converses : anciens juifs et musulmanes qui se sont convertis au catholicisme des rois espagnols, durant la période de la reconquête espagnole. L’Espagne comme l’un des protagonistes du commerce triangulaire a introduit en Amérique des millions de personnes, rendues en esclavage en provenance de l’Afrique. Le port de Carthagène en Colombie était l’un des principaux ports de traite d’esclaves sur le continent.

Ce modèle d’organisation économique a encore aujourd’hui des répercutions graves pour les hommes et femmes afro-colombiens en termes de discrimination, déplacement forcé, sous-représentation politique, sous-développement économique des territoires et des conditions de vie plus proches de la misère dans les secteurs où géographiquement ils et elles sont majoritaires. Dans des conditions similaires sont les peuples originaires ou natifs, provenant de tribus diverses.   

Dans ce sens, le métissage est une sorte de fumée qui empêche de voir le tableau complet, où les droits des dites minorités sont remis en question en permanence, et cela en raison d’un racisme très répandu dans la société colombienne.

Des nombreux colombien.nes ne sont pas familiarisé.es avec les outils de revendication de nos droits. Cela s’étend aux femmes et des hommes des peuples natifs, et des afro-colombiens, même s’il y a des plus en plus des leaders sociaux qui luttent pour la reconnaissance et le respect de leurs droits (et autant d’assassinats pour les leur empêcher).

Le métissage, dont ma famille est l’un des portraits, nous empêche de prendre une autre position face au colonialisme, au patriarcat, et au capitalisme. Nous devons ajouter à cela le classicisme assez profond dans la plupart des sociétés latino-américaines. Le classicisme est aussi un produit des hiérarchies établies par les colons, une pratique qui est toujours d’usage en fonction de la couleur de la peau, de la proximité avec des ancêtres européens, en relation avec les ressources économiques réels ou apparents, et au niveau éducatif de la personne en question.

On ne se croise pas, on ne se mélange pas, on doit prétendre occuper une place selon sa « classe ». Dans ce mouvement invisible, changer de classe résulte difficile, car si vous allez vers une classe sociale supérieure, vous êtes en général mal aperçu. Vous êtes comme un « intrus » qui ne partage pas les codes, ni les groupes d’amis et de connaissances, ni le même parcours de vie. Cela amène à plusieurs personnes à mentir ouvertement sur leurs origines, à un déni permanent de soi, de sa famille, tout pour finalement  être « accepté ».

Quelle capacité en tant que individus racisés avons-nous de transformer ces sociétés, si inégales à tous les niveaux, ayant des économies instables et fortement endettées ?

Quelle capacité avons-nous de sortir des registres racistes, classicistes, patriarcales et capitalistes?

Les effets sur les femmes migrantes

Je me pose des questions sur nous, en tant que femmes migrantes, construites sur la base des oppressions de l’empire colonial, du néocolonialisme et du poids d’un conflit armée. Sommes-nous familiarisées avec nos droits dans le pays d’accueil ?

Pensons-nous qu’arriver aux pays du nord, nous permettra d’accéder automatiquement à toute une sorte des droits y compris des femmes sur place ?

Avons-nous conscience que toutes les femmes habitantes dans les pays du nord n’ont pas, dans la pratique, accès aux mêmes droits ?

Vis à vis du féminisme latino-américain, certaines femmes ont pensé (ou nous pensons?) que nous pouvions utiliser les luttes du féminisme mainstream comme une voie à parcourir pour accéder ainsi aux mêmes droits que les hommes.

Les droits économiques : à un travail rémunéré, à ouvrir un compte en banque, à  disposer de notre propre argent. Le droit à l’éducation basique et supérieure, les droits politiques, les droits reproductifs et sexuels. Pour rappel, certains de ces droits dont celui à l’avortement, et même au respect à la vie des femmes sont toujours des combats dans plusieurs pays du sud.

En effet, comme Florence Vergès, l’affirme au cours du podcast, nous avons « blanchi » nos causes et nos idéaux. La conséquence directe de cette décision a été  que certains groupes de femmes, ainsi que leurs problématiques sont toujours sous représentées et de ce fait, il existe une manque d’inclusion sur les récits des femmes migrantes et racisées.

Certes, il y a des causes partagées avec les féministes européennes blanches, mais nous oublions parfois nos besoins plus immédiats, nos problématiques d’accès, nos différences face à des personnes qui ont bien bénéficié d’un Etat providence et d’un système qui privilège une certain type de personnes. 

En Colombie depuis mes vingt ans, j’étais déjà sensibilisée aux questions de genre, en raison des violences sexistes et sexuelles propres, et aussi à celles vécues par mes proches et mes amies. Arrivée en France, j’ai appris davantage, je me suis formée à l’égalité entre les femmes et les hommes, j’essaie de mener un combat individuel et parfois d’en parler aux autres femmes latino-américaines. 

Lorsqu’on traverse l’Atlantique on se rend compte qu’on est des femmes racisées car maintenant notre métissage est visible, il n’est pas normalisé dans nos sociétés d’accueil. On se rend compte que nos récits n’ont pas forcément de la valeur, que nos accents et nos façons de nous exprimer posent problème. On est aussi quelque part exotiques ou suscitons de l’exotisme. Je ne pense pas qu’il soit anodin le nombre croissante d’unions entre hommes français et femmes latino-américaines. Malheureusement, je constate aussi une forme de soumission, et presque un devoir de remerciement dans certains cas. Cela me révolte. 

Est-ce que dans le cas des violences sexistes ou sexuelles, les femmes latino-américaines ont la connaissance de ce qu’elles peuvent faire, de leurs droits ? Est-ce que les menaces d’expulsion et d’enlever la garde des enfants empêche de mettre fin aux violences conjugales ?

Est-ce qu’en raison d’un manque d’indépendance économique, parfois liée à des périodes de chômage de long terme, force les femmes à rester ? Est-ce que les congés maternités élargis, volontairement ou pas, et le coût de la garde des enfants assez élevés, vis-à-vis du revenu du couple, deviennent des freins à l’autonomie de femmes migrantes ? 

Dans la vie privée de certaines femmes latino-américaines la relation femme – mère est un fait indiscutable. Décider de ne pas enfanter provoque encore des incompréhensions, au sein de la nouvelle famille, mais aussi de propre. Il ne faut pas oublier la pression que la religion exerce aussi sur les corps des femmes en Amérique Latine, mais aussi nos constructions familiales si fusionnelles, dépendantes, et souvent aussi étouffantes.

D’autre part, certaines d’entre nous, des femmes ayant obtenues des diplômes d’éducation supérieure, retrouvons des difficultés pour accéder au marché de l’emploi français, même malgré une reprise obligée des études. Or, je ne peux pas parler comme si la majorité d’entre nous se retrouvaient face à cette situation, mais je connais plusieurs cas où on doit se contenter des emplois en dessous de nos niveaux d’études, compétences et expériences.

Sur les groupes d’entraide des femmes latino-américaines, je constate que la plupart des participantes se proposent pour occuper des emplois non déclarés, mal rémunérés et souvent en relation avec le « care ». Des rôles assez genrés et normalisées dans nos sociétés y compris dans la sphère éducative. Pour les femmes qui n’ont pas pu acheminer une éducation formelle c’est donc la double peine.

Pour le 8 Mars 2021, j’ai écrit un article pour une revue latino-américaine, mais il n’a pas été choisi pour être publié. Or, ce qui m’a profondément choquée ce sont les motives de ce refus.

On m’a fait comprendre que je me positionnais comme une femme migrante mais à partir d’un féminisme mainstream, colonial et donc privilégié. Or, j’ai vécu ici en France le racisme, le sexisme, la discrimination à l’emploi. 

Je connais les combats de mes grand-mères, de ma mère, de mes tantes qui se sont battues pour le droit à travailler, à accéder à un emploi durable ou à créer leur propre commerce et ainsi pouvoir, parfois, élever seules les enfants.

Mon corps et mon estime ont subi des violences et si j’ai eu quelques privilèges, je ne pense pas être détachée des combats de femmes racisées, car tous les jours, je me vois comme une femme, mais surtout on me fait comprendre que je suis une femme racisée. J’ai eu des emplois mal rémunérés, peu reconnus, certains avec infimes possibilités d’évolution, cela malgré mes études et mon permis de séjour ou les droits apportés par la nationalité française. 

Ce qui m’inquiète est notre place en tant que femmes migrantes, loin d’appartenir à la société dominante. Je m’inquiété de ma place dans la société française, mais aussi sur comment je suis perçue par les autres femmes latino-américaines. Par celles qui ont décidé ou qui doivent rester sur place, tout cela au vu critiques récurrentes lesquelles n’ont un autre objectif que celui de me faire comprendre que je n’ai pas ma place là-bas non plus.

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Paleta de colores

Si tuviera una paleta de colores, un lienzo y tuviera que escoger algunos tonos para describirte sin duda pintaría casi todo en azul ártico. Ese tipo de azul sería útil para recordar tu frialdad, tal vez construida desde siempre, como si fueras un muro de hielo, tan claro que no le avergüenza dejar ver su crueldad. Le añadiría algunos puntos de amarillo limón para recordar tu brillantez intelectual y a la vez un poco de la acidez que caracteriza tu humor. Sin duda me preocuparía por dibujar un charco rojo en la base, para recordar todas las veces que pasaste por encima de los demás sin siquiera preocuparte por lo que eso pudiera implicar. Efectivamente, esos colores primarios representan perfectamente tu estado primario.

Si tuviera una paleta de colores, un lienzo y tuviera que escoger algunos colores para describirme, me decidiría por plasmar un bloque gris pizarra, triste como la mayor parte de mi vida y bastante monótona para mi gusto. Gris como todos esos momentos de eterna soledad y de particular culpabilidad. Tendría toques de rojo para reflejar la pasión que puedo sentir en momentos muy puntuales. Otros anaranjados para hacer ver un poco de la alegría que a veces me resulta ajena, pero que parece divertir incluso a quienes me conocen.  Tal vez tendría que incluir un poco de verde por el interés y los aprendizajes militantes en la lucha por los derechos de las mujeres.

Si tuviera una paleta de colores, un lienzo y tuviera que escoger algunos colores para describir a la persona que más amo en el mundo, doblaría el tamaño del lienzo. En el centro pondría un rojo escarlata para representar ese corazón lleno de amor y de nobleza. Alrededor le agregaría naranja en forma de torbellino para marcar la alegría que le caracteriza y que transmite con cada carcajada. Luego marcaría unos tonos marrones en las esquinas como para tratar de hacer visibles esos muros que ha ido construyendo para mostrarse fuerte, pero sin lograrlo realmente. Porque al final esos muros se derriban con el buen trato, con una palabra dulce, con un acto de benevolencia, con un acto de amor. Dibujaría unas nubes azules, su color favorito y también símbolo de la melancolía que a veces le gana, le embarga y le borra la sonrisa. Agregaría un poco de verde esmeralda porque a pesar de todas las adversidades, ha logrado superar la mayor parte de ellas, le ha hecho brillar y ser tan particular como esa piedra preciosa. Ese verde cargado de esperanza que le impulsa a creer que todo es posible.

Si tuviera una paleta de colores y un lienzo trataría de pintar y ofrecer ese trabajo a todas las personas significativas de mi vida, solo para que puedan ver uno de sus múltiples reflejos. Porque estoy segura que todas y todos tenemos diferentes rostros y maneras de ser percibidos, amados, odiados y admirados.

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VIVENCIAS DEL FIN DE SEMANA: Sobre cómo transcurren las vidas de las mujeres migrantes en sociedades « desarrolladas »

En Francia en pleno siglo XXI, las mujeres migrantes siguen teniendo dificultades para posicionarse profesionalmente dentro de ámbitos que les permitan obtener mayor movilidad laboral, aumentar su capacidad de decisión y de impacto en los sectores en los que se desempañan.

Esta realidad se aprecia con mayor claridad en un grupo de mujeres racizadas, cisgénero, con quienes pude compartir durante un fin de semana. Del grupo, ninguna ha logrado tener una posición de poder, o incluso la responsabilidad de dirigir un equipo de más de cinco personas. Estas mujeres con características y capacidades distintas, son sin saberlo el objeto de mi análisis.

Cae la tarde y el grupo de mujeres que se ha reunido, diverso en edad, nacionalidad, profesión, historia familiar, situación económica, y educativa, me permite visualizar una realidad que cada vez se hace más evidente, y que he podido observar en otras mujeres migrantes, naturalizadas y racizadas. Solo la mitad tiene un empleo conveniente en términos del tipo de tareas a realizar y seguramente en el monto de la remuneración. Pero esto no necesariamente se refleja en términos de satisfacción, evolución profesional e incluso formación. Concluí que estos trabajos estables solo les permitían mantener su independencia económica y en ese sentido, tomar decisiones sobre lo que ocurre en su espacio privado.

La otra mitad del grupo tiene acceso al paro o seguro de desempleo al cual lograron acceder por medio de rupturas convencionales. En algunos casos los problemas médicos empeoraron la relación con sus empleadores y en otros, las mujeres no encontraron la posibilidad de negociar sus salarios, misiones, o posibilidades de evolución profesional. Aguantaron para obtener un beneficio que se constituía como la única posibilidad de dejar atrás un cuadro laboral abusivo, sin perder el poder adquisitivo que resulta fundamental para la economía familiar.

Para las mujeres, todas naturalizadas, que llegaron a Francia durante la adolescencia o la temprana adultez, la juventud pudo ser un factor clave en la fase de asimilación de la cultura, de los valores y códigos de la sociedad francesa. Ellas han sido capaces de construir redes de apoyo, útiles en varios momentos de la vida, pues prácticamente ninguna ha utilizado la figura de reagrupación para facilitar la migración de otros miembros de su familia.

Cabe anotar que la mitad de las mujeres del grupo han sido o son madres cabeza de familia y también ha encontrado sendas dificultades en obligar a los padres a responder económica y moralmente por los hijos que tienen en común. Encontrarse ante la disyuntiva de demandas, abogados y jueces, resulta agotador, pero además injusto, en el sentido que ellas pueden caer fácilmente en situaciones de vulnerabilidad física, emocional y por supuesto económica. Cualquier pandemia o imprevisto, puede llevarlas a la precariedad.

De este grupo quienes no son madres por elección o por otro tipo de circunstancias, han experimentado exclusión por parte de otros círculos femeninos más tradicionales, pues al no haber dado vida, pareciera que no están en capacidad de compartir los desafíos que la maternidad presenta. Se aisla entonces a las no madres de sus antiguos entornos seguros porque se les presume incapaces o menos mujeres. Esta práctica de exclusión surge claramente de roles que durante siglos el patriarcado les ha otorgado a las mujeres, en donde el rol central es el de la maternidad.

La migración de por lo menos la mitad del grupo se explica por una relación sentimental establecida con una pareja heterosexual francesa. Aunque las demás mujeres establecieron uniones con hombres franceses blancos y/o racizados, es importante resaltar que la promesa del amor romántico – de rescate-  se transmite a partir de los valores de las sociedades dominantes, de las potencias del mundo globalizado y sus productos culturales. En ese sentido el amor como medio para alcanzar sueños propios se queda corto, pues la idea del príncipe europeo – occidental puede traer consigo una estructura de dominación colonial, que promueve imaginarios sobre las mujeres latinoamericanas como sumisas y/o moldeables.

Igualmente se cree que estarán listas a dar vida y para ocuparse de las labores del hogar sin cuestionarse, pues al provenir de países en donde el machismo es tan visible, se opondrán menos a cumplir con los roles definidos: maternidad/hogar versus proveedor/espacio público. Ese patriarcado espera que la mayor parte de estas mujeres, independientemente de su formación educativa y profesional, sean quienes se ocupen de los hijos la mayor parte del tiempo. El mito se rompe cuando las mujeres descubren que el amor romántico vehicula el machismo, el racismo y la dominación. Al objetivarlas, pues “pertenecen” a alguien, las mujeres encuentran dificultades en terminar relaciones dañinas para su estima, propia valía e incluso para la propia seguridad y/o la de los hijos.

Sin embargo, el discurso ligado al agradecimiento es recurrente por parte de las mujeres como argumento para no terminar la relación. Esto resulta paradójico pero no incomprensible cuando la relación de dominación es tan evidente. En ese sentido, el dominante por medio de acciones puntuales de bienestar económico y moral hacia las mujeres y sus familias, hacen pensar al dominado que el dominante será la única persona en capacidad de suministrar o asegurar ese tipo de bienestar o de servicio específico.

Provenir de países en donde el machismo esta tan instalado y que hablar de feminismo aun cause risas, burlas, estigmatizaciones o simple indiferencia, resulta ser un punto a favor de los príncipes europeos en busca de mujeres racizadas de países en desarrollo. En sociedades en donde el feminismo ha progresado, las mujeres tendrán tendencia a exigir mayor igualdad en la esfera privada y tendrán mayores posibilidades de reclamarla en la esfera pública.

Las mujeres tienen derecho a construirse, o a reconstruirse sin la interferencia permanente de un hombre que les recrimine su peso, su raza, su apariencia, su pasado, sus decisiones, su falta “de”, todo ellos como excusas que les permiten mantener el statu-quo. Las mujeres migrantes, naturalizadas aún  independientes financieramente, tienen dificultades en hacerse audibles en sus propios entornos, reafirmar sus derechos y reivindicar la equidad.

Lejos de ser un aliado, el patriarcado promueve conductas que pesan sobre las mujeres migrantes y racizadas aun en entornos que deberían ser seguros para ellas. La dificultad de imaginar y en otros casos de concretizar un proyecto profesional propio tiene sin duda inflexiones que no han sido calculadas por las mujeres, ligadas a la interseccionalidad que según Kimberlé Crenshaw designa la situación de personas que simultáneamente afrontan diferentes formas de estratificación, dominación o discriminación en una sociedad.

En conclusión, resulta paradójico integrar una sociedad como la francesa que moviliza a través del feminismo y de las transformaciones sociales, una evolución hacia ciertos sectores de la población y en algunas disciplinas, abriendo puertas a que las mujeres integren plena o parcialmente dichos espacios. Sin embargo, la sociedad se queda muy corta en la transmisión de esos beneficios a las mujeres migrantes y racizadas que llegan al espacio común. Estas últimas que no están conectadas necesariamente con las lógicas de independencia, libertad e igualdad, tienen que lidiar además con una carga estructural de dominación que se vive tanto en el espacio público, como en el privado.

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Réflexions après lecture

Cette semaine, j’ai fini de lire un livre qui décrivait l’histoire de trois amies, leurs relations familiales, les liens avec leurs partenaires, avec leurs groupes sociaux, leur perceptions du monde, mais aussi l’image que chacune d’entre elles avait d’elle-même.

Parfois, c’était difficile de continuer la lecture car certains récits étaient violents, d’autres pouvaient me faire un rappel sur mes propres souvenirs, ou sur la manière dont je me suis senti dans certaines circonstances. Une sorte d’identification avec les personnages, ou peut-être de l’empathie ; un mot tellement utilisé en Amérique Latine que j’ai l’impression qu’il est si souillé que le mot amour.

Bref, cette empathie fausse ou imaginaire, m’a conduit sur le chemin de mon propre récit, mais aussi sur les histoires que je garde dans ma mémoire, ou celle qu’une amie, une femme de ma famille, une connaissance m’ont confiées à un moment donné.

Probablement de toutes les histoires racontés dans le livre il y a deux sujets qui m’ont particulièrement touché, l’abus sexuel, auquel j’ai miraculeusement échappée, bien qu’on puisse se poser des questions vis-à-vis du consentement.

L’autre sujet comme je l’ai évoqué précédemment est celui de l’image de soi, parfois nourri par une hostilité permanente. Une espèce de guerre intime qui mène à une dévalorisation continue. Celle qui pourrait être la cause de relations nocives, des larmes versées face ou miroir, ou en cachette. La dévalorisation qui nous fait regretter le temps perdu et l’ennui lorsqu’on reste avec un autre qui ne convient plus, parfois, la peur de mettre fin à une relation pathétique, qui fait mal.

Toutes ces relations dont on peine à s’extraire, parfois redésignent une autre personne que nous-mêmes ne reconnaissons plus. A partir de quel moment on perd de vue la route ? Que faire pour devenir des électrons libres ? Que faire pour au moins sortir des relations de dépendance où notre vie, notre existence, notre apparence doit être systématiquement validé pour une troisième personne ?

On parle d’intelligence émotionnelle, comme si c’était une valeur acquis depuis un très jeune âge. Comme si cela était partie de notre construction morale, comme si le « self-care » était inné. C’est faux et on le sait tous, et le pire c’est que malgré les heures passées à lire de livres, à aller en thérapie, à pratiquer du yoga o de la méditation, cela ne vient pas automatiquement.

Car c’est difficile de transformer notre propre système et de se déconstruire. Parce que dans la plupart des cas, nous ne connaissons pas une personne dotée de l’intelligence émotionnelle. Nous sommes entourées de personnes comme nous, victimes ou vilains selon le cas.  

On connait aussi, ceux qui se sont dépourvu de sentiments, afin de ne pas souffrir ou octroyer le contrôle de leur vie à un autre. Ceux qui décident tourner la page avant qu’on avance sur les lignes. On connait ceux qui partent sans explications, ni frayeurs, ni honte.

Or, je voudrais vraiment connaître quelqu’un qui en pleine consciente puisse me dire et prouver la manière dont il ou elle a construit la dite intelligence, quelqu’un capable d’affirmer que ce n’est pas un mythe, ni une méthode pour vendre de livres et de thérapies.

Si ces personnes existent, comment font-elles pour affronter un monde rempli de personnes comme moi, ou comme vous, qui ne sommes pas dotés de la dite intelligence ?

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Perdida

Trató de despertarse varias veces. Aunque buscaba encontrar la posición en la que se ponía cada mañana cuando estaba en su cama, no lograba encontrar el impulso necesario para levantarse del lugar en el que estaba.

Aparentaba ser una cama, pero en realidad era un altar de cemento, de esos que existen en las prisiones, o sobre los que se disponen las bandejas con los cuerpos, en las morgues.

Pasaban varias horas antes de que se volviese a repetir el ritual, como una espiral sin fin. Después de intentar incorporarse, el tiempo transcurría rápidamente y veía como la escasa luz que llegaba a la habitación por medio de una ventana alta, se difuminaba para dejarle nuevamente en la sombra.

Había perdido el control de las horas, de los días, del tiempo. Tenía en la mente un par de recuerdos, de rostros que le parecían familiares, pero que al final no le despertaban ningún tipo de emoción. Durante el tiempo transcurrido en ese lúgubre espacio, no observó la presencia de otro ser, ni pudo escuchar voces a lo lejos.

No tenía recuerdos de necesitar alimentarse, o lavarse, o de ir al baño. Tampoco experimentaba la necesidad de dormir, solo la de incorporarse y salir del lugar en el que estaba.

Del otro lado de la ciudad una familia pequeña de tres miembros que llevaba buscándola desde hacía varios años, comenzaba su cotidiano con oraciones, encendían una vela frente a su retrato, como si fuese una santa, esperando que regresara a casa.

Ella había salido de casa un día cualquiera en dirección a su trabajo. Su jornada empezaba a las 7h00 de la mañana. Puntual, como lo requería el tipo de empleo que tenía como recepcionista de un edificio, era quien debía abrir la puerta a los demás empleados, unos dedicados a la limpieza, otros a las labores en la cafetería, también a los encargados de la papelería y suministros. Ella era quien recogía y organizaba el correo que llegaba y que estaba destinado al director general y a los miembros del comité central.

Aunque llevaba en el cargo un par de meses, había logrado adaptarse al funcionamiento de la recepción y al carácter de quienes se anunciaban, algunos desagradables y otros que pretendían conocerla, solo para sustraerle favores. En general se trataba de hacerlos pasar sin anunciarse, o de comunicar números de teléfono personales, que ella no conocía o no estaba autorizada a compartir.

Nunca tuvo disgustos, ni problemas con nadie. Su naturaleza discreta y profesional, ponían freno a los comentarios entre colegas, a las galanterías e invitaciones que de vez en cuando se presentaban. No salía a almorzar con nadie, ni compartía con otros empleados de la compañía.

Una tarde, al terminar la jornada, decidió caminar un poco en lugar de tomar el bus que la llevaría directamente de regreso a casa. Eran solo las 5h00 pm y había llovido. Caminó un par de calles antes de sentir que un brazo le apretaba el cuerpo y una mano le cubría la boca. Con la fuerza que tuvo trató de defenderse, de soltarse, sin éxito. Fue introducida violentamente al baúl de un carro que se encontraba estacionado justo al lado del andén.

Podía sentir la velocidad a la que se desplazaba el vehículo, pero aparte del sonido propio de los autos y de la calle, no lograba identificar otro tipo de sonidos. Al estacionar el carro, sintió pánico. Su cuerpo se paralizó y no le salía voz para gritar y pedir auxilio. Temía ser abusada y asesinada, no entendía porqué le estaba pasando eso, nunca había tenido problemas con nadie. Era temprano y el lugar de dónde la raptaron era relativamente seguro para una ciudad latinoamericana.

Alguien abrió el baúl, pero no tuvo tiempo para identificar a ese alguien, pues rápidamente le tiraron una bayetilla roja y sucia a la cara. Sintió cuatro manos, cuatro brazos que la dominaban. Pero ella seguía inerte y muda.

Al entrar en un lugar, escuchaba voces de hombres y mujeres que emitían quejidos, adoloridos pedían ayuda, clamaban piedad, pedían perdón, maldecían. Pero fuera de esas voces, solo escuchaba la respiración entre cortada de dos personas, debido al esfuerzo realizado mientras la transportaban.

Sintió como la ponían de pie, y con sus manos estiradas hacia el frente tocó un muro, frio e irregular. A la vez, una mordaza le cubriría la boca y un paño oscuro le cubriría los ojos por un tiempo indefinido. Cayó al suelo, sus piernas no lograban sostenerla. Escuchaba los gritos ahora de los hombres que la había llevado hasta allí, la acusaban de hechos que no le parecían familiares, le daban golpes en la cabeza y el cuerpo. Amenazaban con asesinarla y desaparecerla si no colaboraba; y de hacer lo mismo a su familia si se daban cuenta que mentía.

Era como si hablasen una lengua distinta a la suya, como si la hubiesen confundido con otra persona, pero no podía decir nada, gritar que no había hecho nada, o mentir para salir de ahí. Su cuerpo no respondía a sus deseos, ni siquiera para protegerse de los golpes. Sentía las lágrimas bajar por su cuerpo, y la orina entre sus piernas, pero no emitía voluntariamente quejidos o muestras suplementarias de dolor.

Un rato después le arrojaron agua fría a su cuerpo aun vestido con su uniforme de trabajo. Estuvo esperando con angustia durante horas lo que seguiría a esos instantes de violencia. Por su mente pasaron los relatos que había visto en la televisión sobre personas desaparecidas y torturas, y violaciones, y asesinatos.

Nunca pensó que algo así fuese posible para quien “no había hecho nada”. Ajena a los relatos de sobrevivientes de tal viles actos, le parecía remota la idea que ella o algún miembro de su pequeña familia pudiese encontrarse en una situación similar.  

Se recostó sobre la espalda y desde ese momento dejo de sentir, dejo de sufrir. Horas después comenzaría su rutina, esa en la que intentaba incorporarse sin éxito y esperaba paciente a que la jornada acabara para volver a intentarlo.

Mientras tanto, su familia llevaba buscándola ya dos años. Habían repartido volantes, habían logrado participar en una emisión de radio especializada en las victimas de las autoridades, de los grupos armados, de los carteles, de las mafias de tráfico humano, todos ellos responsables de la desaparición de personas.

La lentitud y la desidia de la justicia local, impedía que la búsqueda avanzara. Su género y edad, fueron motivo suficiente para que la hipótesis de las autoridades fuera que había escapado con un supuesto novio. Luego hablaron de un posible enrolamiento en una red de tráfico: seguro porque su nivel educativo y el modesto modo de vida de su familia, los hacía pensar que la prostitución o el transporte de narcóticos la convertía en una candidata ideal para ganar más dinero, rápidamente.

Después de dos años y sin pruebas a la mano, presumieron que posiblemente sus intereses políticos la habrían llevado por el camino de movimientos de izquierda, y que a lo mejor habría integrado la milicia. Una tara bien incrustada en América Latina en dónde la Guerra Fria, y la consecuente oposición entre capitalismo y comunismo, justificaron intervenciones militares, dictaduras y todo tipo de crimines de lesa humanidad, que se cometieron para evitar el ejercicio de los derechos políticos de los oponentes.  

A pesar de su discreción, su familia siempre tuvo claro que ella nunca había sido afín a ningún movimiento político, a ninguna causa. Ella era una persona a la que poco le interesaba lo que pasaba en el país, y aparte de preocuparse por contribuir con los gastos de la casa, y por sobrevivir, no le quedaba mucho dinero para salir a divertirse y conocer gente.

Siempre estuvo en casa, ayudando con las labores, proponiéndose para acompañar a sus padres a las citas médicas, y los domingos al servicio de la iglesia.

Un año más pasó, sin que la familia de tres integrantes tuviera noticias de ella, entre la desesperanza y el dolor, trataron de continuar sus tareas cotidianas. Un día de marzo, su madre encendió el televisor para ver las noticias del medio día, la cual dedicaba varios minutos de la emisión a explicar recetas de cocina y a dar consejos de salud.  

Sin embargo, la noticia central del día era la intervención de la Policía en una bodega abandonada, la cual servía a un grupo de criminales como centro de tortura. No explicaban quiénes eran los responsables, ni tampoco precisaban si habían logrado detener a alguien. Lo único que quedaba claro era que el centro de tortura funcionaba como una oficina tercerizada, que se ocupaba de hacer el trabajo sucio a quien pagara por adelantado.

Un antiguo verdugo, tal vez arrepentido por las atrocidades que había cometido, había decidido hablar. Tiempo después se supo que había tenido que torturar y asesinar a su propio hermano y esa situación lo habría confrontado a sus actos. Debía comunicarle a su madre, a su cuñada y sobrinos que su hermano no regresaría jamás.

El verdugo había revelado el funcionamiento del centro, pero nada más allá de la parte operativa. No podía identificar a quienes comandaban, ni tampoco el destino del dinero colectado para cometer los crímenes y del cual recibía solo una mínima parte. Era un empleo bien pago, pero de la mayor discreción. Quienes trabajaban allí solo se identificaban por el nombre o por apodos que les atribuían al llegar. Nadie conocía los apellidos o la verdadera identidad de nadie.

Por esto, el verdugo solo supo dar descripciones habladas de otros trabajadores, pero poco pudo aportar sobre la identidad de los mismos. El horror que se cometía en el lugar estaba tan bien planificado que cada persona se especializaba en tareas específicas. Quienes realizaban el seguimiento a las víctimas, no eran los mismos que las raptaban. Los que las transportaban no eran los mismos que interrogaban, quienes torturaban, no conocían la disposición final de los cuerpos.

La única certeza que se tenía entonces, es que nadie salía caminando de ese lugar. Que la probabilidad de encontrar sobrevivientes era nula.  

La madre que miraba aterrada las noticias, poco a poco despertó de su letargo, tomó conciencia que tal vez su hija habría podido estar en ese lugar. Las investigaciones nunca lograron establecer cuantas personas habrían pasado por el centro, tal vez por complicidad, tal vez porque esos muertos no le importaban sino a sus familias, pues no tenían ninguna resonancia ni económica, ni política.

Ella continuó acostada en su cama provisional, despertando todas las mañanas, sin percatarse de que estaba muerta, que su cuerpo había sucumbido a esos primeros golpes y que cuando recibió el chorro de agua helada, su corazón había empezado a fallar y se apagaría horas después .

Mis en avant

Vol de retour

Paris, 27 décembre 2020

Je voulais te voir, malgré les circonstances, je voulais te voir. Entre la Covid-19, ta maladie et la distance qui nous sépare si naturellement, je voulais te voir.

Il se peut que ce besoin, si fort, si pressant, soit juste une justification de plus pour retourner aux origines, pour expier mes vieux péchés. Cette culpabilité rongeante et présente jusqu’à aujourd’hui, celle qui est liée au voyage que je n’ai pas voulu entreprendre il y a bien dix ans.

A l’époque, je n’ai pas eu le courage de partir, de me soumettre à la rencontre, à l’adieu définitif, ni de dire face à face à cette personne que j’aimais tellement, que je voulais qu’elle me pardonne de ne pas avoir été à l’hauteur, ni proche de son chevet quand elle a eu besoin de moi. Je n’ai pas pu lui dire non plus que sa souffrance n’était dépourvue de sens, car elle était une source précieuse d’apprentissage sur la vie et sur la mort.

Malgré mon égoïsme et mon obstination, j’avais compris à cette époque et aujourd’hui encore, que rien ne justifie la présence dans le monde d’un être aimé, si celui souffre, si celui a peur, si le corps et/ou l’âme ont lâché prise.

Aujourd’hui, je monte dans cet avion, je veux faire mes adieux pour la troisième fois, mais cette fois, face à toi. Cependant, juste quelques instants avant de recevoir la consigne de couper la data avant le décollage, et pendant que l’avion accélère sur la piste, je reçois la nouvelle qui m’annonce ton départ. Tu as été plus rapide que moi dans ce voyage vers les étoiles.

Le timing à nouveau mal calculé, m’interpelle non seulement sur ma capacité de réaction, mais surtout sur la capacité d’agir que nous avons tous humains, terriens, parfois si simples d’esprit, face aux faits qui s’avèrent inévitables.

C’était tard sur la piste de décollage de l’Aéroport Charles de Gaulle, une après-midi froide et pluvieuse, déjà sombre, qu’il m’a été impossible d’identifier un nuage, lui attribuer ton prénom et ainsi te voir flotter vers ton voyage éternel.

J’ai donc entrepris ce voyage entre l’angoisse et la douleur, entre la solitude physique et l’isolation de mon masque chirurgical. J’ai sangloté dans l’ombre d’une cabine bruyante et impersonnel, comme cela a dû être ton cas dans ce lit d’hôpital pendant plusieurs semaines, jours, et forcement dans les dernières minutes de ton existence. 

J’ai attendu patiemment les dix heures de voyage qui nous séparaient physiquement avec l’illusion de trouver un nuage de l’autre côté de l’Atlantique, assimiler une ou deux aux formes de ton visage, illuminé par les rayons de soleil d’une belle après-midi, mais tout était sombre.

Je n’avais pas la certitude de pouvoir accompagner tes proches, ceux que je ne vois plus depuis de longues, longues années. A nouveau, je rentre le cœur fendu dans ce pays où toutes les deux nous sommes nées, et dans lequel tu t’es toujours investie, dans ce pays dans lequel tu as toujours cru.

C’est difficile de penser à autre chose qu’à notre rencontre d’il y a un an et demie, quand je t’ai vu en bonne santé pour la dernière fois, et savoir que je ne pourrai plus te voir, t’étreindre entre mes bras, ni rire ensemble, grâce au magnifique pouvoir de ce rire contagieux que tu avais.

Je me suis préparé pour ton départ, mais il me semble que pas assez, pas pour recevoir ce choc seule dans une cabine d’avion. Je vais devoir travailler d’avantage. Le départ d’un être cher permet à ce dernier de larguer les amarres, de lâcher son fardeau, mais en même temps, il renforce parfois les amarres des personnes qui restent. Pour cela, j’espère réellement, sincèrement que ton départ m’aide aussi à lâcher mon propre leste, ce poids que je porte depuis des années et qui je le crains s’est adhéré à ma peau, à mon cœur. Un fardeau qui paraît irrémédiablement se faire plus lourd, à cause de cette nouvelle perte.

Je souhaite que tes proches, les plus proches, aient la force de te laisser partir avec le cœur léger et l’âme remplie, sachant que ton court passage a changé la vie de milliers de personnes, tes patients, tes amis, ta famille. Il aura chère cousine ainée plusieurs manières de te remémorer, de te rendre un petit hommage aujourd’hui et toujours, je t’aime d’ici jusqu’aux nuages, littéralement.

Vuelo de regreso

Quería verte, y aunque todo parecía hacerlo imposible, quería verte. Entre la pandemia, tu enfermedad y la distancia que naturalmente ha separado nuestras vidas, quería verte. Tal vez para expiar mis viejas culpas, para tener el valor de hacer lo que no hice hace más de diez años.

Quise tener esta vez el coraje de ver a alguien que quiero a los ojos y decirle cuanto le quiero, decirle que su sufrimiento no fue vano, que por el contrario nos enseña miles de cosas; aunque de ninguna manera eso sea una justificación para que tu tránsito por este mundo debiera prolongarse.   

Hoy me subí a un avión queriendo entre otras cosas decirte este tercer adiós en persona, pero justo cuando me disponía a cortar los datos, mientras el avión aceleraba por la pista del Charles de Gaulle, recibí el mensaje que me anunció tu partida.

No llegar a tiempo una vez más, me interpela sobre mi capacidad de reacción y de paso sobre la que tenemos los humanos, terrenales y básicos de hacer que las cosas sean distintas, de cambiar lo que es inevitable.

En esta tarde de invierno parisino, lluviosa y fría, ni siquiera pude ver una nube para decirle tu nombre, para que las demás te acogieran en tu viaje eterno, en esa búsqueda de luz, de tranquilidad, de libertad. Esperé paciente esas diez horas de vuelo para ver si el otro lado del Atlántico podía encontrar alguna forma en el cielo para asimilarla a tu rostro, como una forma de adiós, del definitivo. Pero no fue posible, porque a ese lado del planeta también las sombras reinaban.

Empecé éste viaje entre entre la angustia y el dolor, entre la soledad física y el aislamiento de mi máscarilla quirúrgica. Llorando en la penumbra de una cabina ruidosa e impersonal, como debió ser tu caso en esa cama de hospital durante varios días, semanas y muy seguramente durante tus últimos minutos de vida.

No creí que la coyuntura me permitiera acompañar a tu familia más cercana, a quienes no veo hace tantos años. Una vez más regreso a este país que nos vio nacer a ambas, con el corazón en pedazos y sintiendo profundamente este nuevo duelo. Regresar a este país que me genera tantos dilemas pero en el que tú siempre confiaste a pesar de todo, a pesar de todos.

Es difícil estar sola en este avión, pensando en un año y medio atrás, cuando te vi sana por última vez y saber que ya no estarás, que no podré abrazarte, que ya no podremos reír juntas, gracias a tu risa contagiosa y sonora.

Me he preparado para tu partida, pero parece que no lo suficiente. La partida de un ser querido libera las amarras de quien parte pero puede reforzar las de quienes se quedan. Yo espero real y muy sinceramente que tu partida desate las mías, y que el peso de mis duelos previos dejen de ser adherencias pegadas a la piel y al corazón.

Deseo que tus seres amados tengan la fuerza de dejarte ir con el corazón ligero y con el alma llena, seguros de la impronta que dejaste en la vida de miles de personas: de tus pacientes, de tus amigos y de tu familia. Habrá siempre alguna manera de recordarte hoy y siempre querida prima mayor, te quiero hasta las nubes, literalmente.

Mis en avant

Pedimos vivir sin miedo

El 25 de noviembre es desde 1999 el Día Internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Le violencia contra las mujeres es psicológica, es física, es sexual. Esta violencia sistemática pasa por insinuaciones no deseadas, acoso, actos sexuales forzados, violaciones – incluidas las conyugales-, pasa por  la trata de mujeres y por supuesto y no menos importante, por el feminicidio.

Para quienes no están aún familiarizados con este último el Feminicidio es el asesinato de mujeres por razones de género, es decir por el hecho de ser mujeres.

El Observatorio de la igualdad de género de América Latina y el Caribe, registra y estudia la cuantificación anual de homicidios de mujeres asesinadas por razones de género. Lamentablemente, un país como Colombia no hace parte del estudio, aun cuando la violencia hacia las mujeres es constante y casi diariamente se escuchan casos de nuevos feminicidios.

Naciones Unidas estima que durante la pandemia del Covid-19 “el numero de llamadas a las líneas de asistencia se ha quintuplicado”[1], eso cuando hay una línea de emergencia a la que se pueda llamar; o cuando el operador o la operadora han sido formados para asistir a las victimas de violencia y  hablan el mismo idioma que quien llama.

Si, el mismo idioma, porque en América Latina no todas hablamos castellano, muchas hablan únicamente lenguas indígenas. En Guatemala, ningún agente policial habla maya, a sabiendas que la línea de emergencia habilitada busca brindar atención a las mujeres que piden auxilio o que quieren realizar denuncias penales asociadas a la violencia de género. Esto en un “país en donde el 40% de la población es maya, según el censo de 2019, y en el cual muchas mujeres son monolingües”[2], la falta de formacion de los policias parece ser un chiste de pésimo gusto.

Se nos olvida que Brasil se hablan 150 lenguas indígenas, en México 68, en Colombia 65, en Guatemala 22 y en Ecuador 14. América Latina no es un continente homogéneo, pero en lo que sí parece estar muy alineado es en la violencia hacia las mujeres.

En Colombia 273 mujeres han sido asesinadas durante el confinamiento, y 203 de esos homicidios[3] han sido considerados como feminicidios. No se ha acabado el año y la crisis ligada a la pandemia y a las medidas de confinamiento adoptadas en muchos países están lejos de estar superadas.

Las restricciones de movilidad también han puesto en jaque la operatividad de los servicios de policía, de las fiscalías, de los centros de protección y de refugio de número limitado y tantas veces saturados; de los hospitales y de la misma medicina legal que en estos momentos tienen otras prioridades ligadas a la mortalidad causada por la pandemia.

Las mujeres han sido abandonadas una vez más ante un sistema que poco hace por protegerlas, con unos servicios de atención deficientes, una policía y funcionarios judiciales que no han sido formados para recibir ningún tipo de denuncia sobre violencia contra las mujeres, con jueces que prefieren aplicar penas irrisorias, con reporteros que para vender la prensa roja prefieren tratar los feminicidios como crímenes pasionales.

En nuestras propias casas no se nos forma para pedir ayuda si somos víctimas de violencia. ¿Cuantas de nosotras hemos visto o vivido situaciones de acoso y hemos preferido callar? ¿Cuántas de nosotras sabemos que nuestras madres, hermanas, primas, sobrinas, abuelas sufren violencia y que su agresor duerme con ellas todas las noches? Preferimos “no meternos”, no opinar sobre la vida privada de las demás, pero olvidamos que la violencia no es privada y que tiene unos impactos nefastos sobre nuestras sociedades.

Si lo tomamos desde el ángulo productivo que parece ser el único argumento que a muchos les importa, ¿cuántas mujeres dejan de asistir a sus trabajos o presentan bajo rendimiento por causa de la violencia de género? ¿Cuántas deben dejar de trabajar porque su agresor les restringe el movimiento para inhabilitarlas económicamente? ¿Cuántas van a trabajar pero no tienen control sobre sus cuentas y deben explicar a su opresor cada gasto? ¿Cuántas tienen que abandonar el trabajo remunerado porque el trabajo en casa no se divide, ni se valora? Que la mitad del mundo que somos las mujeres no seamos “productivas” debería ser un gran debate económico y entonces social, pero esos grandes debates de sociedad no los da el patriarcado.

Ni hablar de los desequilibrios sicologicos que se producen no solo en las victimas, sino en los hijos de las mismas que muchas veces asisten y otras veces también sufren la violencia del agresor. Se nos olvida que parte de la violencia a la que asistimos lleva reciclándose por décadas, y que toda ella no se puede atribuir a la lucha contra las drogas o a los conflictos armados. Es más, muchos de esos soldados baratos reclutados con o sin su consentimiento han sido personas víctimas de violencia.  

La presión ejercida por los colectivos de mujeres y por militantes, ante las autoridades policiales, judiciales, los entes control y gobernantes parecen solo hacer efecto con denuncias replicadas cientos de miles de veces en redes sociales y por las manifestaciones que convocan a marchar, a veces de manera reiterada.

Hace unos pocos días tuve la oportunidad de conocer el caso de Marisela Escobedo, gracias a un documental que está disponible sobre una de las grandes plataformas de contenidos visuales que existen. Sin llegar a los spoilers, el documental relata la lucha de una madre que ha perdido a su hija y las dimensiones que toma ese crimen en una zona como Juárez, México. Es un recuento desgarrador cuando uno reflexiona sobre lo que tiene que hacer una familia para pedir justicia. Parece ser el combate de muchas familias y de miles de madres que en América Latina piden exactamente lo mismo : que cese la impunidad.

Es dramático que solo nos convirtamos en militantes sociales cuando nos tocan a una de las nuestras, y tener que admitir que somos absoluta y cobardemente apátic@s para sentar nuestra voz de protesta y actuar.

El caso de Marisela Escobedo me movió otras fibras que desde hace ya muchos años arden en mí. La canción del final “Sin Miedo”, de Vivir Quintero https://www.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=VLLyzqkH6cs&app=desktop terminó por golpearme más, otro intento por despertarme de la letargia.

Porque así seamos sensibles a la violencia contra las mujeres, la verdad es que muchas de nosotras hemos estado solas, o tenemos claro que muchas mujeres victimas están solas. Nos sabemos muchas pero tenemos que actuar de una manera o de otra, educando a nuestros hijos en el respeto, criarlos desde la igualdad, hacerles entender lo que significa el consentimiento, el valor de la palabra NO; explicando y ensenando a nuestras hijas desde pequeñas a protegerse, a buscar ayuda, a no callar y a luchar, a ser sororas.

Este 2020 tan trágico y tan dramático para muchas familias, estará también manchado por la sangre de miles de mujeres que en todo el mundo han sucumbido ante la violencia de género. Ni siquiera bajo esas circunstancias este 25 de noviembre pudimos salir a pedir justicia, cambios institucionales, financiamiento a las asociaciones que garantizan el apoyo a las mujeres víctimas. No pudimos a reclamar los derechos que tenemos sobre nuestros propios cuerpos, no pudimos salir por cobardía, por falta de empatía y también porque la represión policial está presente, ahora más que nunca en tiempos de pandemia.

No salimos a protestar porque sabemos que los gritos y las demandas de las mujeres han sido desoídos por siglos. De cada una de nosotras depende no dejar morir esta lucha, de hacernos oír, de actuar y de seguir pidiendo justicia. Merecemos vivir sin miedo.


[1] https://www.un.org/es/observances/ending-violence-against-women

[2] https://cuestionpublica.com/latinoamerica-desprotegio-a-las-mujeres-durante-la-pandemia/

[3] https://cuestionpublica.com/latinoamerica-desprotegio-a-las-mujeres-durante-la-pandemia/

Imagen : Nivea Ortiz

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El hambre, la duda, la razón ¿También te han hecho Ghosting?

La poca experiencia que tenía en el amor en lugar de ser un peso, se convirtió en una necesidad de descubrir,  de aprender, de consumir otros cuerpos y un intento por tratar de manipular otras mentes.

Las primeras veces en que tuve intimidad ni siquiera estaba segura de lo que hacía; por supuesto que me gustaba, cada nueva experiencia se convertía en un gran bocado que buscaba afanosa degustar, pero que jamás parecía suficiente.  Como uno de esos manjares que se sirven en fechas especiales y por eso mismo no tienes la certeza de volverlo a tener en la boca.  La mayor parte del tiempo quería terminarlo lo más rápido posible para poder tener un poco más, pero eso no siempre funcionó.

Más allá del placer procurado por el orgasmo, estaba viva esa curiosidad de sentir, de explorar un cuerpo que se comportaba de manera mecánica; adecuándose al “deber ser”, a ese placer vehiculado por las películas, la literatura y los chismes de mis amigas. Todos ellos habían moldeado mi imaginario.  

Descubría entonces la “necesidad » de acordar sexo y amor en la misma persona, una extraña formula que había sin duda sido inducida desde la lógica judeo-cristiana bajo lo cual crecí, y que de algún modo viene a soportar esas grandes mentiras que son: la fidelidad y el juntos para siempre.

El placer lo viví antes que el amor, tal vez diciéndome mentiras o diciéndolas a los demás que en su cuadro de perfección, o tal vez bien instalados desde su postura virtuosa, repetían que se habían acostado con su primer gran amor. Tal vez porque los códigos de la época implicaban otras cosas, decidí que yo también repetiría la falacia, para no sentirme usada, ni sucia, ni menos virtuosa que todos los demás.

Al cabo de un tiempo logré entender que el hambre por el otro era más fuerte y que a lo mejor no era tan grave  postergar una relación tradicional, lo cual me evitaba planificar un nuevo romance. Era torpe porque nunca había entendido como conquistar a alguien. Nunca me sentí ni lo suficientemente hermosa, ni mucho menos sexy, como saber qué hacer con eso que te dicen que uses para atraer a quien te gusta.

La confianza que la gente dice tener en sí misma me era un concepto ajeno. No entendía lo que eso implicaba porque desde que tuve uso de razón me dijeron que lo que hacía no estaba bien y que debía volverlo a hacer, a veces sin mayores explicaciones sobre el cómo.

Tampoco sabía qué sentir, desde que era una niña me dijeron que no debía llorar por tonterías, solo en casos de gran pérdida. No sabía escuchar mi cuerpo, me dijeron que no había que dejar sobras en el plato, nunca aprendí a decir es suficiente. Al mismo tiempo, me construí bajo la lógica de una equilibrista para la cual el deporte compensa los excesos de comida.

El discurso romántico occidental vende la idea según la cual cada uno de nosotros encontrará a su “alma gemela”, a su “media naranja”, a su “gran amor” en alguna parte del mundo, en alguna etapa de la vida. Esa versión egoísta, patriarcal y limitada es el gran cuento que perseguimos muchas personas antes de despertar de un buen porrazo.

Parecía que la exploración de mi cuerpo, de mi sexualidad era suficiente, pero debía callarlo. Pues en paralelo y, tal vez llevada de la mano por la curiosidad de lo que tenían los demás con sus parejas, decidí emprender mi cruzada en busca del amor.

Un día cualquiera, un sujeto como cualquier otro me despertó gran interés, puro deseo. No habíamos cruzado una palabra y yo sentía su olor que me embrujaba, todo en él nublaba mis sentidos. No tenía capacidad para avanzar en una conversación cuando menos inteligente, al menos para pretender compartir intereses o gustos comunes.

Tenía la certeza de que yo no le interesaba, pero aun así, deseaba en lo más profundo de mí que me dirigiera la palabra o al menos que me diera alguna señal de que yo le gustaba. Mi torpeza emocional, sólo era el resultado de una falta de confianza enorme que me hacía dudar de cada movimiento y de cada palabra que salía de mi boca. Nunca quise sentirme estúpida, pero más de una vez me en diferentes entornos sentí la burla ante mis comentarios, mis chistes o mi oposición frente algún argumento.

Al cabo de unas horas, luego de cruzar una que otra palabra y tal vez usando el alcohol como combustible para prender mi valentía, lo atrapé sirviendo unas copas y me acerqué en modo caza, para preguntarle si podía servirme un vaso también.

Aproveché para tomar su cara entre mis manos y acércame a su boca, a sabiendas de que podría rechazarme. No lo hizo.

Tuve un poco de tiempo para dejar el vaso sobre la encimera que tenía a proximidad, y así darle espacio a la pasión que hizo de nosotros una bola de fuego. El tiempo transcurría lentamente, pocas palabras prácticamente ninguna, pero cada gesto parecía sincronizado y perfecto. Cada tejido, cada musculo, cada hueso sentiría al día siguiente lo que había pasado durante horas y como el cuerpo de  un adicto esperaba la próxima dosis.

Esa persona a quien llamaré el relojero, ajustaba cada uno de sus movimientos con extrema precisión. También aplicaba la misma técnica a cada palabra que decía, a cada frase que formaba y que no permitía desvelar su estado de ánimo. No era como si fuese alguien a quien podría calificarse de parco, todo lo contrario, parecía alegre y bastante agradable, pero me era imposible saber si esa postura era o no una fachada.

Conocer su posicionamiento frente a las cosas del mundo parecía imposible. Era liso y yo, rugosa. Se aplicaba igualmente al cocinar, odiaba verme circulando por ahí, queriendo abrazarle o sentirle cerca. Él tenía la capacidad de eyectarme, como los pilotos de los aviones ante una emergencia.

Yo no entendía que mi presencia en ese lugar solo era posible porque él lo había decidido así, y no para responder a mi necesidad de verle y de estar con él. Todos los días me levantaba con miedo en el estómago, sin entender exactamente por qué. Sentía una auténtica felicidad y luego ganas de llorar, preocupación, ansiedad extrema. La distancia física me parecía insoportable y esto con el tiempo se convertiría en un motivo de pena permanente.

Aunque le dije mil veces cuanto le amaba, no tengo aun idea por qué si no lo conocía, entendí que no era correspondida. Mi confianza se la ganó con uno que otro truco, que luego comprendí es corriente cuando quieres seguir manteniendo una relación sexual, relativamente estable, con una persona. Di todo lo que en ese momento tenía en mí, para conservar lo poco que me ofrecía. La adicción estaba lo suficientemente avanzada como para querer entrar en razón y dejar de consumirlo.

Con el tiempo y la distancia, esta vez kilométrica, la adicción se fue calmando pero el dolor se fue haciendo más grande, más fuerte, intratable. Me sentía desahuciada y como tal lloraba todos los días y recitaba lamentos aprendidos de memoria, seguramente como un método para tranquilizarme, y tal vez para satisfacer la curiosidad de quien quisiera preguntar sobre lo que me aquejaba.

Tenía tiempo suficiente para pasar la película de “esa historia” una y otra vez, pero no para pensar en lo que eso implicaba para mí, en mis errores, en mi falta de inteligencia emocional.

Nunca nadie me explicó de qué debía protegerme, no hablo de embarazos, o enfermedades de transmisión sexual, sino de esos vampiros emocionales que están al acecho y que cuando se es virgen de sentimientos cuesta tanto identificar. Ese vampiro consumía la vitalidad que la juventud me otorgaba, se alimentaba de mis sueños, de mis deseos, de mis ilusiones. Ese vampiro que seducía y ofrecía regalos tan lejanos de lo que podría gustarme, supo con su gran sonrisa poner unos límites que yo no podía cruzar.

No entendía en ese momento la importancia de poner límites, porque yo no puse ninguno. Esos límites imaginarios me impedían hacer preguntas pertinentes para mi salud mental, así que me abstuve y pretendí entender todo según la lectura de otros ciegos que guiaban mi camino de ciego.

Dando palos a diestra y siniestra intentaba avanzar en un camino que me era completamente desconocido. Con su precisión de relojero, él viajaba en el tiempo a su gusto. Así, estuve entrando y saliendo de esas espirales magnéticas sin siquiera preguntar mucho más. Me quejaba ante mis amigos, pero era incapaz de hacerle preguntas a quien podía contestarlas.

No creo que con su experiencia de viajero constante estuviese dispuesto a contestar nada sinceramente, o que sus posibles explicaciones fuesen de gran alivio para mí. En lo profundo de mi gran adicción, vivía en negación permanente, pensando que yo podía controlarla, que podía sacarla de mi sistema en cuanto me lo propusiera. Sin ayuda, emprendí una lucha interna que jamás resultó como esperaba, porque la confusión seguía intacta.

Antes las críticas o los consejos amorosos que me sugerían dejarlo o no volver con él, no podía responder afirmativamente. En principio quería hacerlo, pero en el fondo lo deseaba a él y a nadie más. Viviendo la vergüenza de volver por más, no sabía cómo salir de esa situación.

Algunas veces tuve la fuerza de lanzarme en otras aventuras, pensando que esta vez sí sería capaz de cerrar el ciclo de este viajero en el tiempo. No entendí en aquel entonces que este personaje sería el primero de una cohorte de personas similares, tóxicas, aunque ninguna alcanzaría la estatura de rock star, que ostentaba el relojero.

Lejos de haber cerrado el círculo, había abierto múltiples vortex. Por eso en algún momento, creí en su proposición de vivir juntos, aunque el plan parecía más una utopía que una proposición sincera que permitiese establecer una relación sana y real. Como si fuese producto de uno de mis delirios de primera fase de desintoxicación, el viajero desapareció de un día para otro, decidió no volver más.

A pesar de mis intentos recurrentes por establecer un contacto que se cortó sin mayor explicación, pensé que se trataba de un nuevo abandono intempestivo (Benching[1]), otro que se sumaba a los dos que ya había vivido.

Esta última vez, con más elementos a la mano, pensé en utilizarlos para pedir explicaciones, pero descubrí que esa persona no existía. Presa del pánico y de la ira, pensaba estar alucinando. Esta conducta llamada Ghosting, no era algo con lo que estuviese familiarizada. Esta es “una práctica que, básicamente, consiste en que, cuando una persona quiere terminar una relación, en lugar de poner fin a la misma como las personas adultas, sentándose y hablando, desaparece sin dejar rastro”[2].

Con los meses y los años y si bien otras personas vinieron a integrar mi vida, me fue imposible tenerles confianza. Me hundí en una seguidilla de relaciones malsanas y de encuentros fortuitos carentes de valor. El relojero me amputó la posibilidad de volver a amar libremente y sin miedo, de ilusionarme, de sentir y de creer en alguien más. La poca confianza en sí misma quedó completamente borrada del mapa.

Siempre hay alguien que te dice que eres capaz de olvidar y sanar, tal vez eventualmente lo sea, pero después de una experiencia como ésta en donde revives la humillación cotidianamente sea menos evidente. Si alguna vez había sentido la fuerza en lo profundo de mi ser, ahora con el miedo devorándome, fui incapaz de usarla para dominar a ese fantasma. Sobreviví en un entorno que de alguna manera lee la desgracia y la fragilidad como faltas de valor, y por eso traté de temporizar la explosión en mi cabeza y en mi alma.

¿Cómo puedes dar si no puedes confiar? ¿Cómo puedes avanzar discursos o defender ideas, cuando no sabes que si has entendido el contexto, si tu lectura del mundo es real? ¿Cómo puedes sentir si no puedes confiar ni en tus propias alertas – ni sabes lo que es el sentido de supervivencia? ¿Cómo puedes saber si esta vez no estas alucinando? ¿Cómo puedes sentirte segura en una relación, si no sabes cuando el otro va a desaparecer sin dejar rastro? ¿Cómo puedes pensar en retomar el curso de tu vida cuando no entiendes por qué, ni en qué momento este huracán te dejó devastada y sin nada?

Algunos pensarían que en esta época digital es imposible esconderse de alguien, pero es más fácil de lo que parece y por eso una práctica como el Ghosting se extiende, generando dolor, angustia y amargura a miles de personas que se siguen preguntando qué pasó. Esto es violencia psicológica,  pero al fin y al cabo violencia.  


[1] Es “un tipo de relación tóxica basada en la manipulación en el que un sujeto utiliza a otro como si fuera un suplente, dejándolo en el “banquillo” por si no sale nada mejor (…) La interacción con la persona genera en la víctima de benching una sensación de bienestar, que va a disminuir y tendería a desaparecer con la falta de contacto. Sin embargo, la llegada de nuevas comunicaciones, por banales y faltas de contenido que sean, despiertan de nuevo el deseo del afecto y lazos afectivos auténticos”. https://psicologiaymente.com/social/benching

[2] https://www.psicoactiva.com/blog/ghosting-la-forma-mas-cobarde-terminar-una-relacion

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Tesoros de Grecia

Esta es la tercera vez que visito Grecia, la memorable morada de historias, mitos y leyendas que recrearon mi infancia. Desde que descubrí una emisión televisiva en la que un anciano « narraba cuentos », empecé a soñar con las historias de Egeo y el Minotauro, Dédalo e Ícaro, Ulises, Aquiles, Perseo y la Gorgona. Todos ellos personajes que alimentan desde hace siglos la riqueza literaria de esta cuna de civilizaciones.

Grecia tiene tantos destinos susceptibles de ser visitados, que resulta imposible decir que uno la conoce. Cada lugar está marcado por sucesos precisos, invasiones y traumatismos, glorias y repartos que han determinado su destino y su progreso.

Como si fuese una elección a penas natural, Atenas fue la primera ciudad que quise visitar. Es un lugar del que muchos de nosotros hemos escuchado hablar, visto en una postal, y cuyo nombre ha sido evocado al menos en un capítulo de los caballeros del zodiaco.

En efecto, el monumento que llama poderosamente la atención es el Partenón. Así como en el Coliseo en Roma, el Partenón es una joya arquitectónica de la antiguedad frente a la cual se agolpan cotidianamente miles de turistas que desean con una foto inmortalizar el momento.

Si bien la visita al Partenón se articula alrededor de esta gran construcción, es también hogar de otras edificaciones de extraordinaria belleza. El monumento a las Cariátides, el teatro-Odeón y la opera se encuentran en un camino que parece largo. Un camino en el que miles de personas avanzan lentamente como en una procesión, ante la impaciencia de los que quieren llegar rápidamente al gran Partenón, y la vez una prueba de paciencia, para quienes desean tomar su tiempo para apreciar el todo.

Atenas guarda en algunas de sus calles símbolos de su gran y antiguo pasado. Las ruinas convertidas en parques arquelogicos, los estadios que acogieron los primeros juegos olímpicos modernos, son algunos de los tesoros que la ciudad reserva a quien tenga el tiempo de recorrerla.

Durante el verano sus calles gozan de la calma que otorga el hecho de que los griegos la hayan abandonado, cediendo su lugar a los viajeros que se aventuren a recorrerla. Con dificultad, los griegos han logrado conservar algo de su historia arqueológica, pictórica y escultórica, en algunos de los museos locales.

El destino del segundo viaje no fue producto del azar, sino de un placer gastronómico. Un conocido chef francés decidió instalar en la isla de Paros un restaurante que funciona únicamente entre mayo y septiembre. Paros hace parte de las Cicladas, un conjunto de islas de la cual Santorini, es probablemente la más conocida.

Aunque es posible visitar las Cicladas tomando un ferri desde Atenas, con el fin de desembarcar cada día en una isla distinta, no consideré esa opción. El viaje en barco puede ser interesante, pero las masas de personas que los abordan y la idea de abarcar varios lugares en pocos días de travesía, no son el tipo de plan que me interesa.

El tipo de turismo de masa del que es víctima Santorini, es precisamente lo que evitó que la escogiese como destino turístico. Paros, aunque puerto obligatorio para los visitantes de las Cicladas, ofrece en cambio diferentes ambientes que la hacen menos invivible aun en tiempos de verano, permitiendo un descanso auténtico.   

La turística Noussa es el punto de desembarco de los cruceros mediterráneos y de los veleros que acostan a lo largo del día. Esta pequeña ciudad ofrece en términos de comercio variedad de productos y de precios, adaptados al gusto y al presupuesto de cada quien. La isla de Paros guarda el encanto de las construcciones blancas, de formas que se antojan redondeadas, y de paredes espesas que garantizan una temperatura templada en su interior. Los pestillos de las ventanas, pintados en azul, sincronizan el paisaje, ese que todos hemos visto en las postales.

En mi opinión el tesoro de Paros no se encuentra en Noussa, sino en otras ciudades como Parikia y Lefkes. La primera ofrece una variedad gastronómica, de la cual hacen gala no solo la cocina tradicional griega, sino la cocina fusión que ha ido impregnando a los griegos durante siglos.

Parikia también marcada por el comercio, dispone de iglesias ortodoxas que generan gran curiosidad para los creyentes de otras zonas de la tierra, y para los curiosos de los rastros del antiguo Imperio Bizantino.

Lefkes, en cambio más sobria y menos atiborrada de turistas, una ciudad de altura, recuerda a sus visitantes la importancia de los olivos y sus deliciosos frutos: las aceitunas. A la usanza de milenarias culturas que en oriente y américa cultivan los cereales de manera escalonada, los olivos en Lefkes crecen en terrazas.

Paros no es un destino para ir a la playa. Mucho menos está hecha para abritar cientos de parasoles, camas de playa, y restaurantes baratos a su alrededor. Quien quiera aprovechar del mar, tendrá que arriesgarse a hacerlo en las pequeñas ensenadas salvajes que desprevenidamente se encuentran a unos metros de las vías secundarias. El mar azul Mediterráneo, libre de algas y de jet skys, permite a quien lo quiera, apropiarse por un rato de ese bloque de agua, cálido y al ojo bastante limpio.

Estos dos primeros destinos griegos conservan una estrecha relación con ese pasado helénico en el que algunos de nosotros hemos pensamos al ver la bandera a rayas azules. Pero otra cosa se vive en el tercer destino turístico al que me referiré en este texto: Creta.

Creta es una de las islas de mayor tamaño del Mediterráneo. En mi mente está presente gracias a la historia del rey Minos y del laberinto que hizo construir a Dédalo en su palacio, para contener al Minotauro.

Este fue el primer mito griego que escuché y mi favorito. Todo lo que puede denominarse como una tragedia griega se percibe en este histórico relato, que parece flotar aun en el sitio arqueológico del palacio de Knossos, no lejos de Heraklion, la capital.

Creta, eje comercial del Mediterráneo, una joya deseada por muchos poderosos, sufrió incursiones de todo tipo, desde los tiempos en que las polis griegas eran cada una centros independientes, o ciudades estado y no un estado nacional.

Creta, la gran rival comercial y militar de Atenas, ubicada en el Mar Egeo entre la actual Grecia y Turquía, no pudo escapar al pasado Bizantino, ni a la influencia de los Venecianos y tampoco al Imperio Otomano. Esa particularidad hace que una ciudad como La Canée (en italiano) tenga otros dos nombres Chania (regalo de los otomanos) y Hania (su nombre original).

En el transcurso de una semana solo pude concentrarme en la zona de La Canée, en las costas del norte y oeste de la isla de Creta. Las playas, cada una más bella que la otra, y todas ellas dotadas de paisajes que se esconden detrás de una naturaleza tupida y protegida por las montañas. Ese es el mayor atractivo de esas playas pequeñas y tranquilas en donde los amantes de las montañas podemos prepararnos para una caminata, o simplemente bañarnos en un mar rodeado por ellas. Otras playas de arena rosada, se presentan ante nosotros como piscinas naturales protegidas por mini barreras de coral y a la vez permiten la práctica de deportes como el kite-surf.

Cerraré este relato, con mi visita más reciente a la isla de Corfú, que terminó por completar una parte del rompecabezas griego. Corfú  hace parte de las islas Jónicas, por lo cual concentra historias comunes bizantinas pero se precia de no haber sido nunca asimilada por los otomanos. Este pedazo de tierra fue más bien un centro de interés para los Venecianos quienes controlaron el Mediterráneo durante cuatro siglos, desde 1386.

Cuando este poder se apagó, los franceses hicieron presencia en el lugar, luego los ingleses quienes contribuyeron a la modernización del fuerte ubicado en la capital de la isla: Corfú-Town. Algunas casas reales europeas también visitaban puntualmente la isla: los Habsburgo durante el siglo XIX y  luego los alemanes representados por el Káiser Guillermo II durante el siglo XX.

Un pequeño territorio como Corfú conserva las marcas y la influencia de todos esos actores en diferentes periodos de la historia. La arquitectura de las calles y edificios de Corfú Town, el palacio Aquileón propiedad de Sisi la emperatriz austrohúngara, la concepción de las iglesias y de los monasterios que rodean la isla son prueba de ello.

Para los amantes de la literatura Corfú también resulta más auténtica porque recuerda la historia del regreso a Ítaca, como última escala en el periplo de Ulises, antes de volver a casa.

Otra parte interesante de la exploración de Grecia fueron los múltiples intentos por descubrir lo más profundo del Mar Egeo y por supuesto del Mediterráneo, practicando esnórquel o buceando, pero fueron siempre decepcionantes. Lamentablemente, el ecosistema marino del  Mediterráneo se ha ido perdiendo y resulta prácticamente imposible ver algo más que un puñado de peces pequeños que circundan los pocos corales vivos que se pueden apreciar.

Según los habitantes de las islas, la llegada de otras especies animales devastadoras, son responsables del daño ecológico de las profundidades. Aun así, no puedo dejar de pensar en los miles de viajes que realizan los barcos griegos y los cruceros que transitan el mar, arrastrando con sus aspas todo lo que encuentran a su paso.

Tampoco se pueden olvidar los cientos de embarcaciones, veleros, catamaranes, y hasta barcos de pesca que sobre explotan y contaminan ese mar; en el que abundan más los cadáveres de migrantes que tratan de llegar a Europa, que los peces, los pulpos y las otras especies marinas.

La amabilidad de atenienses, parios, cretenses y corfiotas es indiscutible. Las sonrisas, las historias, la paciencia, la acogida de un pueblo listo a comunicarse y a escuchar lo que tenemos para decir, es invaluable. Expertos en otros idiomas y por supuesto acostumbrados a las olas de turistas que de todas partes de la tierra hacen el trayecto para constatar los decires de quienes han tenido la fortuna de apreciar sus riquezas, es claro que los griegos no decepcionan.

A diferencia de muchas naciones que hacen alarde del turismo como primera actividad económica pero que carecen de amabilidad y de empatía, los griegos han sabido adaptarse a toda clase de personas. Si bien el turismo extensivo es una herida profunda en muchas zonas como en el norte de Corfú y en algunas islas de las Cicladas, es cierto que ese turismo barato es una necesidad creada para personas que solo se interesan en pasar horas bajo el sol, frente a las aguas cristalinas. Pero Grecia tiene mucho más que ofrecer.

Los hoteles familiares abundan pero a diferencia de las residencias y complejos hoteleros de baja gama, los primeros sí que guardan un verdadero Know-how, “savoir-faire” y proponen y hasta producen productos locales de calidad aceptable y abordable.

Los europeos que han llegado para instalarse, han deformado las islas proponiendo zonas de acogida atribuibles a nacionalidades específicas, en donde solo se habla, se escuchan y se ven los mismos productos que se consumen a miles de kilómetros al norte, en la Europa continental.   

En Creta, la presión ejercida por el rutinario entrrenamiento de los F15, apostados en la base que la OTAN les impuso a los habitantes, parece un contrasentido. Estos paraísos por ahora protegidos de los cientos de miles de migrantes que si reciben otras islas griegas como Lesbos, nos hacen olvidar  los conflictos internacionales y la tragedia humana que acecha a nuestra puerta.

Hemos preferido olvidar que Grecia carece de recursos ilimitados para tratar las problemáticas ligadas a las migraciones, producto de los conflictos en el medio oriente y en el norte de Africa. Hemos obviado que la xenofobia también crece en este maravilloso país producto de una política europea lenta y retardataria que no responde a las numerosas demandas de asilo de manera rápida y eficaz.

Esos migrantes hacinados, maltratados, enfermos, que sufren cotidianamente el rigor de las autoridades, tal vez lleguen algún día a hacer parte de ese gran país que es Grecia, al que la historia y geografía le han puesto en primera línea frente, a los desafíos y a los grandes eventos de la humanidad.

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De visite dans ton ancien quartier

Au cours de mon dernier voyage, les réflexions sur mon passé se sont cumulées comme un tas de feuilles d’automne qu’il faut à un moment ou à un autre ramasser, et disposer ailleurs.

Ce jour, après le rendez-vous médical, j’ai décidé de rentrer à pied à la maison. Sous le soleil brillant, plutôt habituel pour cette période de l’année, et d’un vent léger, j’ai démarré mon parcours.

C’était la première fois dans un peu plus d’une décennie que je parcourais à pied ce quartier. Au cours des dernières huit années avant mon départ, je le visitais de manière récurrente, presque quotidienne. J’avais appris à le connaitre, à esquiver le trafic des grands axes, grâce aux petites ruelles labyrinthiques et dangereuses après 19H00. Je connaissais bien le barman du seul bar du quartier, aussi à la propriétaire du magasin de desserts, j’aimais les nachos con queso et le chile con carne de la station de service, je faisais un peu de shopping les rares jours de soldes, j’aimais sortir avec toi le matin et aller chercher les croissants dans la boulangerie du coin.

Mais ce jour là, juste en début d’après-midi, j’ai découvert avec tristesse que les maisons traditionnelles avaient disparue une à une. Bien que dans le passé ce processus de destruction avait déjà commencé, le quartier m’a paru de plus en plus méconnaissable.

Des commerces de bouche avaient poussé comme des champignons, d’une manière si désorganisée et chaotique, probablement pour répondre aux besoins primaires des nouvelles familles, installées dans les nombreuses tours d’appartements.

J’ai décidé de m’éloigner un peu de ce nouvel axe commercial pour essayer de retrouver les anciennes maisons et me transporter au quartier de la « belle époque », afin de remémorer cet endroit plein de souvenirs.

Sans trop réfléchir, je me suis engagée sur la rue qui abritait ta maison temporaire, celle que tu avais utilisé pour entreposer entre autres les vidéos de la guerre en Tchétchénie. Ces vidéos que tu conservais précieusement car ils contenait les interviews que tu n’avais pas pu vendre, ni faire diffuser par les menaces et la peur qui ont suivi ce voyage.

A l’époque, la maison gardait un caché ancien, mais les vieux meubles étaient déjà couverts de l’habituelle drap blanc. La cuisine était complètement détruite, de ce fait, la seule chose qu’on pouvait obtenir c’était l’eau du robinet.

A l’étage la poussière avait pris sa place depuis long temps et tu trouvais inutile de faire déplacer quelqu’un pour assurer un minimum de propreté. De toute façon l’appartement que tu attendais depuis ton arrivée à la ville s’était libéré, et l’ensemble de tes affaires avaient déjà été réceptionnés. La maison resterait donc un endroit à conserver et à visiter de temps en temps, avant la publication de l’annonce, qu’officiellement la mettrait en vente.

Lorsque je me suis retrouvée à nouveau en face de la maison de notre première rencontre, j’ai ressenti des frissons, elle ressemblait aux maisons hantées remplies de fantômes. On dirait que depuis ton départ personne n’y a vécu. Les fenêtres saturées de poussière m’empêchaient de regarder à l’intérieur et de constater le moindre changement. Le vigile de la rue, n’était pas le même de cette époque, mais il commençait à se méfier de ma présence devant ton ancienne maison.

J’ai fermé les yeux pendant un très court moment, assez pour voyager dans le temps et me rappeler de ses couleurs, de ses odeurs. Assez pour déguster à nouveau tous les souvenirs comme on le fait en famille ou entre amis, lorsqu’on s’installe à contempler les photos instantanées prises il y a long long temps.

Ces instantanées sont vues et interprétées de manière si différente par chaque observateur. Dans ma tête, malgré le temps et les nombreuses difficultés liés à la fin de notre histoire, tous mes souvenirs restaient fidèles: étranges parfois, drôles par moments, gaies au début, incompressibles et si douloureux la plus part du temps.

Cette maison, inhabitée depuis, garde dans ses murs trop d’histoires mais j’en connais seulement une très brève, la notre. J’ignore complètement si après ton départ, la maison a été vendue, si tu as récupéré tes vidéos, si tu as gardé tes souvenirs, nos souvenirs; si tu y penses de temps en temps, ou si comme les interviews des tchétchènes tu les a stockés pour ne plus jamais les regarder, ni en parler, ni leur accorder la moindre importance.

Peut-être que ces souvenirs et ces vidéos te rappellent l’échec, l’impuissance, les erreurs que tu as commis, ceux qui t’on mis en difficulté et que tu as préféré avoir bien loin de ta vie complète, pleine de succès, calme, stable.

Je ne suis pas sure de vouloir transiter à nouveau par ton quartier, ni d’observer ton ancienne maison, déjà par peur de ne plus me retrouver dans un endroit qui me procurait un peu de bonheur et de calme; mais aussi car la vie est dynamique et que nous ne pourrons plus jamais partager à propos de nos souvenirs.

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La réaction au sarcasme

Rage, impuissance, négation, déception, répulsion. Tous ces sentiments sont ressentis par de nombreux colombiens, plusieurs d’entre nous des migrants, des expatriés, des réfugies, toujours vigilants à la réalité de notre pays.

Au cours de cette année la Colombie a connu 44 massacres, dans lesquels 187 personnes ont perdue la vie. Rien que pour le mois d’août perpétrés 9 massacres ont été perpétrés dans plusieurs zones du pays: de Santander de Quilichao (3) à Cali (5); de Samaniego (8) à Ricaurte (3); d’Arauca (5) à El Tambo (3); de Tumaco (6) à Venecia (3). Le 28 août l’horreur s’est déplacé à la zone rurale d’Andes(3)[1]

Entre la semaine dernière et celle qui se termine 42 personnes ont été assassinées. La plupart d’entre eux avaient moins de 25 ans. Certains étaient des enfants, des étudiants universitaires, autres étaient reconnus pour leur leadership au sein de leurs communautés. Il y a aussi des paysans et certaines victimes sont aussi des afro-colombiens et des indigènes.

Ils sont tous les mêmes pauvres, les mêmes victimes du déplacement forcé, les mêmes personnes qui luttent pour conserver leurs territoires ancestraux et libres de violence, les mêmes voix inaudibles, depuis plusieurs décennies.

Au loin, comme un ancien souvenir, se place l’espoir que plusieurs d’entre nous avons gardé après la signature de l’accord de paix entre l’Etat colombien et la « guerrilla » des FARC en 2016.

Malgré le pessimisme d’un secteur de la société colombienne, toujours opposé à la sortie du conflit armé par la voie de la négociation; l’accord supposait le début d’une phase de transition, après plus de cinquante années de guerre ininterrompue.

Les quelques mesures mises en place par le gouvernement précédent, celui de Juan Manuel Santos, avaient attirée l’attention de la communauté internationale, dont une partie avait participé dans les pourparler avec les FARC. Dans ce contexte, la Colombie est devenue un nouveau point d’attraction pour investisseurs et touristes.

Deux années après, le gouvernement de l’actuel président Ivan Duque, élu à partir d’une rhétorique mensongère et de l’idée de détruire les accords de paix, nous sommes revenus vingt ans en arrière. Nous retrouvons des dynamiques tellement similaires aux périodes les plus sombres de l’histoire de la Colombie. Assez pour que l’espoir soit complètement disparu.

Les engagements pris par l’Etat colombien, issus de l’accord, n’ont pas été respectés par le gouvernement actuel. De manière délibérée, il s’oppose au financement général des actions clés de l’accord de paix.

Le gouvernement d’Ivan Duque a mis en danger les mesures de réinsertion à la vie civile et la protection des anciens combattants; arrêté les subventions destinés au développement de leurs projets productifs; bloqué la discussion et approbation de la reforme agricole et retardé les procédures prévues dans la loi d’accès à la terre. De plus, le gouvernement a mis en en doute l’efficacité et en l’occurrence la continuité à la politique d’éradication volontaire des cultures illicites, et retardé la mise en place des Projets de Développement sous une approche territoriale (PDET)

Le secteur politique qui a gagné la présidence, attaché à un discours sécuritaire, aligné avec la politique antiterroriste des années qui ont suivi les attentats du 11-S aux Etats-Unis, n’est même pas en mesure de garantir la présence de l’Etat dans les espaces territoriales abandonnés par les FARC.

Ce secteur politique convaincu de l’importance de déployer les Forces Armées pour résoudre des problèmes multifactoriels : couverture limité en l’éducation, manque de voirie et des services de santé, offre réduite d’opportunités de travail; n’est même pas été en capacité de protéger la vie des personnes.

Le rôle des forces de l’état est tellement pénible qu’ils ne savent pas quoi faire, alors qu’ils ont été alertés par d’autres institutions sur le recrutement forcé d’enfants et adolescents, aussi à propos des menaces de mort à l’encontre des leaders sociaux, des défenseurs de droits humains et des droits d’accès à la terre. Ils ne protègent pas les membres des anciennes FARC, en tous cas à ceux qui avançaient dans leur processus de réinsertion à la vie civil.

L’accord de paix n’est plus que un tas de feuilles de papier. Une loi qui reste lettre morte et symboliquement déposée dans le destructeur de documents. Comme si le pouvoir en place était en capacité de détruire de la mémoire collective la courte période de calme dont ont bénéficié les citoyens y compris les habitants des zones plus oubliés par l’Etat.

Depuis le début d’un gouvernement qui s’auto-défini comme de centre-droite mais qui est tout à fait défenseur des idées d’extrême droite, ils se sont concentrés dans l’utilisation d’euphémismes pour éviter de rendre comptes sur le désastre, l’horreur que vie la Colombie actuellement.

Par exemple, le gouvernement a décidé de ne plus appeler les massacres ainsi et de les distinguer comme des « assassinats collectifs », portant le débat sur le langage et non sur la gravité des faits. Dans le même sens, ils ont décidé de ne pas rechercher, ni essayer de comprendre l’origine des crimes envers les leaders sociaux. Au lieu de cela, ils préfèrent les attribuer à des « problèmes de voisinage, relationnels ou à de simples vols de vêtements ». Dans des cas les plus pathétiques, il y a une négation de la condition de leadership de la personne assassinée, ou bien ils évoquent des hypothèses sur les possibles délits commis par les victimes.

Ce gouvernement, a décidé de sataniser tous les secteurs de la société ayant pris une position critique de leurs politiques et de la direction que prend la Colombie. Fidèles à leurs délires « sécuritaires » le pouvoir en place a procédé au suivi illégal des personnes, au harcèlement et à la stigmatisation des journalistes et de médias indépendants, ainsi que contre les politiciens de gauche et les membres des cours de justice. En somme, contre tous les acteurs en capacité de communiquer vers l’opinion publique les actes de corruption, d’inaction, le népotisme, et les irrégularités du gouvernement d’Ivan Duque.

Les réactions du parti au pouvoir le « Centre Démocratique » paraissent du pure sarcasme, une mauvaise et cruelle blague. Leurs sénateurs et représentants sont prêts à défendre des actions même à l’encontre du droit international humanitaire.

Le leader unique du « Centre Démocratique » paraît toujours vivre dans la période de la guerre froide car tout leur argumentaire est basé sur la lutte contre le communisme, ce qui passe forcement par la protection de la propriété privé. Le fantôme du socialisme du XIXème siècle qui a évolué différemment au Venezuela, Brésil, Bolivie et Equateur, depuis le début des années 2000, est exploité au maximum par le parti au pouvoir.

Il paraît qu’ils ne sont pas prêts à partager le pouvoir avec d’autres mouvements politiques, qui en Europe seraient considérés comme sociaux-démocrates et écologistes. Ils vendent des idées absurdes comme celle selon laquelle la gauche est toujours violente et armée. Des propos assez paradoxales puisque en Colombie la lutte armée s’est peint le visage de toutes les couleurs et s’est définie de droite et de gauche selon les circonstances.

Or, dangereusement les membres du parti au pouvoir copient de plus en plus les discours et les comportements des régimes totalitaires qui ont marqué l’Europe du XXème siècle. Tous ses membres sont des utilisateurs de la démagogie et des Fake News comme source principale de leur langage politique. Ce n’est que de la pure propagande mensongère qui cherche à créer des ennemis internes et externes.

Ils se servent du discours d’élimination d’ennemis supposés pour se vendre comme les sauveurs de la république, et le seuls garants de l’ordre. Eux qui n’ont pas honte de proposer la destruction des institutions pour se perpétuer dans le pouvoir, qui ont rompu l’équilibre de pouvoirs par la cooptation des organismes de contrôle décrits dans la constitution. Eux sont les principaux intéressés au maintien de l’impunité.

Ce parti politique, profite des nombreuses heures attribuées par les grands médias pour déployer son monologue haineux, mensonger et victimisant. Le Centre Démocratique est le même parti qui a pour leader à un ex-président de la république, ayant plus de 200 investigations pour des crimes divers.

En parallèle, le cycle sans frein de violence a reprit sans que les autorités puissent diagnostiquer correctement les causes, les analyser et comprendre l’ampleur de ce phénomène pour proposer des solutions adaptées.

La responsabilité de la situation actuelle est aussi partagé avec les groupes armés, dont certains sont au service d’industriels et d’éleveurs qui cherchent à poursuivre leurs projets d’appropriation de la terre. Un projet qui utilise ce qui a déjà fonctionné : les menaces, les massacres, le déplacement forcé; la terreur qui règne avec impunité depuis plus d’un demi siècle.

L’appareil de justice lent et traumatisé par les violences envers les juges, manque toujours de valeur pour faire avancer les procès envers les hommes les plus puissants de la Colombie, y compris ceux du vrai président de l’ombre.

Quelle légitimité peut avoir un gouvernement qui décide de bâcler une demande d’extradition concernant l’un des principaux leaders paramilitaires, alors qu’il a toujours des procès en cours en Colombie?

Salvatore Mancuso, a été extradé aux Etats Unis pour le délit de narcotrafic, mais il n’a payé que quelques jours de prison en Colombie, pour les crimes commis envers ces concitoyens. Il était à la tête d’une organisation criminelle responsable d’assassinats sélectifs, de disparitions, d’actes de torture, de crimes sexuelles, du recrutement forcé de mineurs, de massacres programmés, de l’expropriation des terres, du déplacement forcé de dizaines de milliers de personnes. Ce délinquant et son organisation les AUC ont construit des liaisons avec des politiciens locaux et nationaux, pour installer le projet paramilitaire dans les plus hautes sphères de l’état.

La cooptation et la corruption de fonctionnaires judiciaires, administratifs, des agents des forces armées et de police, l’utilisation du capital apporté par des personnes et groupes économiques puissants, craignent que Salvatore Mancuso rentre en Colombie et dévoile la stratégie qui les a amené au pouvoir, qu’il révèle leurs identités et leur degré d’implication dans le conflit armé.

Peut être que cela explique les « erreurs » de procédure commises par le Ministère des Affaires Étrangères dans les quatre demandes d’extradition présentés aux autorités étasuniennes, toutes refusées. Cela paraît suspicieux pour un pays habitué à traiter des sollicitudes d’extradition et à demander à d’autres pays le rapatriement de ces citoyens Mais surtout, cette nouvelle bourde est accablante pour les victimes des paramilitaires.

Pour toutes les raisons ici mentionnées, je pense que la viabilité de la Colombie comme état démocratique est en péril. Il sera impossible de parler de paix sans l’existence d’une politique claire adressée aux territoires les plus affectés par la guerre pendant des décennies. Des territoires et leurs populations soumis à l’abandon et à la merci des groupes armés sans idéologie, très engagés dans toutes les étapes du narcotrafic: dès la production à la vente interne et externe. Mais aussi des populations dans le viseur de structures violentes en charge de l’exploitation illégale de ressources natureles, principalement d’or et du bois.

Le gouvernement actuel n’est pas intéressé dans la paix, ni dans la recherche de la vérité, ni dans la réconciliation, encore moins pour s’assurer de la non répétition des actes abominables qui ont eu lieu au cours des dernières soixante-dix années. Ce qui paraît énorme au vu de note courte histoire de deux cents années d’indépendance.

Nous, les colombiens, sommes le fruit de l’histoire d’un pays qui nous a appris a haïr. Nous sommes le fruit d’une classe politique qui s’amuse à nous diviser pour accroître l’intolérance. Nous sommes le résultat d’un système politique, sociale et économique qui a pour principe fondamentale l’exclusion de l’autre, qui clame la disparition de l’autre.

Nous appartenons à un pays où la vie de l’autre ne vaut rien, et certains se sentent en confiance pour justifier les assassinat et les massacres. Ils sont fiers de la poursuite de la guerre à tout prix. Nous sommes le fruit d’un pays qui transpire de la souffrance et à la fois est malade d’apathie et d’abandon, qui fait recours à l’anesthésie, à l’oubli comme unique alternative de survie.

La prise de décisions erronée, marquée par des politiques déjà prouvés caduques et un gouvernement indolent et incapable de ressentir un minimum d’empathie envers ses gouvernés, réduit les possibilités d’une vie en paix, d’une vie remplie de sens, éloignée de la violence systématique et du chaos.

La plupart des colombiens souffrent tous les jours, ils ressentent la boule au ventre qui s’appelle la peur. Malgré leur présentation comme un peuple résilient, je suis convaincue que cette prétendue résilience n’est autre chose que l’oubli. Un oubli qui coûte très cher lorsqu’un peuple manque de culture politique, d’éducation, de conditions dignes pour faire face à la vie. Cet oubli fini toujours par nous faire prendre des décisions électorales qui perpétuent le système qui nous tue.

Source: https://view.genial.ly/5ebaa16422adfe0d82f8f4ce/interactive-content-masacres-


[1] https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/volvio-el-horror-43-masacres-en-colombia-en-lo-que-va-de-2020/

/https://www.elespectador.com/noticias/nacional/masacre-en-antioquia-asesinan-a-tres-personas-en-zona-rural-de-andes-antioquia/

https://caracol.com.co/emisora/2020/08/22/pasto/1598109001_016962.html

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Terror al cumpleaños

La llegada del día que marcará mis 39 años me hace sentir ansiosa. De nuevo, el peso de otro año que me recuerda que aún no he logrado llenar las casillas de esos objetivos que me marqué, o que marcó la sociedad en la crecí y evolucioné.

A pesar de estar lejos de esa sociedad, vine a integrar otra en la que paradójicamente las expectativas parecen ser similares en algunos aspectos. El camino transcurrido, que integra un diferencial para cada migrante, parece que aún no ha hecho clic en mi cabeza pues esas bases del éxito y de la satisfacción personal, siguen siendo inalcanzables.  

Con la salida de mi primera cana a un mes y 15 días de mi cumpleaños, saboreé la misma angustia que el año pasado me transportó al fondo, a un hoyo del que todavía estoy tratando de salir. Los ciclos que miles de personas en el mundo abrazan y disfrutan, se han convertido en un peso que me es difícil soportar.

Ayer, mientras conversaba con dos amigas, la una migrante en otro país y la otra pensando en migrar, unidas todas tres por una amistad de muchos años, volvimos a evocar esos sueños que se dibujaron tempranamente en nuestras consciencias y que finalmente no se desarrollaron como esperábamos.

Esos planes de los 20, esperando que en los 30 se materializaran no tomaron forma. Tal vez el temor de llegar a los 40 es pensar que serán como los 30’s que en lo personal me han dejado mucha frustración y desidia, al punto de pensar que no hay futuro posible; al menos, no como lo imaginé.

El cumplir años se asemeja al balance que se hace con corte al 31 de diciembre. Esas fechas se han ido convirtiendo en una carrera sin fin, como la de hámster en su propia rueda, o tan similar a la escena del perro jugando a morderse la cola.

Al final, por más de que nos esforcemos en un proyecto personal o profesional, difícilmente calculamos las aleas del destino, de la economía, de las transformaciones del mundo. Todas ellas, son coyunturas que no podemos controlar y que evidentemente tienen impactos en nuestros destinos, en nuestras decisiones, y sin tenerlo en cuenta afectan el grado de satisfacción que le damos a nuestras vidas.

Enfermos de la lógica de los resultados, olvidamos incluir en la ecuación los procesos, los aprendizajes y los retos que implican poner un proyecto del tipo que sea en marcha. Adictos a la evaluación, nos ponemos un traje muy pequeño o demasiado grande para que sean otros los que se permitan darnos una puntuación, la validación que se mide en términos de éxito o por el contrario en el fracaso.

Olvidamos que el traje que nos ponemos se puede ajustar, agrandar o reducir, que lo importante es que se adapte al momento que vivimos. He querido durante años tener una varita mágica para controlar a mi gusto todo lo que nuestra sociedad nos exige. Pero la pregunta es ¿Para qué el control? ¿Acaso necesitamos demostrar que somos superhéroes – superhéroinas capaces de cambiar el curso de los acontecimientos?

Este terror a envejecer, a cumplir un año más, a sentir que el tiempo pasa sin poder sacar la nota triple AAA de la evaluación o de la auditoria de nuestras vidas, parece ser un indicio de que tal vez necesitamos auto validarnos antes de buscar aceptación en los otros: pareja, familia, amigos y colegas.

Tengo claro que la autovalidación es un trabajo que realizan miles de personas, a veces acompañadas, otras vez no, para tratar de salir de esa camisa de fuerza impuesta o auto impuesta. Una camisa de fuerza que nos impide disfrutar de nuestros  procesos de vida y de nuestros aprendizajes, dejando atrás la lógica de los resultados y del éxito a toda costa. 

Empeñarse en cumplir los requisitos necesarios para convertirnos en personas « éxitosas » trae altos costos para nuestra autoestima, casi siempre lastimada; efectos sobre nuestra salud, tantas veces comprometida; e incluso termina por impedir sensaciones básicas como el disfrute de nuestros pequeños logros y de otros momentos de felicidad.

Las primeras canas, las primeras arrugas, los dolores recurrentes en huesos y articulaciones, no implican necesariamente el comienzo del fin, sino el paso a otra etapa que debemos acoger con calma y con amor, aceptando los cambios del cuerpo que nos pide a gritos escucharlo.

Este parece ser un reto ligado al autocuidado, que tal vez no valga la pena prolongar más. Siendo capaces de reconocernos como seres que merecen ocupar un lugar en el mundo a pesar de nuestros fracasos y diferencias, tal vez logremos castigarnos menos de manera inconsciente.

Es posible que esa también sea la llave para poner en el foso del olvido todos esos comentarios externos “del deber ser” que contaminan nuestra mente.  Todos tenemos sueños que muchas veces no obedecen a nuestros propios deseos sino a los de los demás, son hijos naturales de los entornos que nos intimidan.

Si aceptamos que nuestras vidas no pueden ser el reflejo de deseos pueriles, ni de las máximas de Instagram – Facebook –  Snapchat, ni tienen porque corresponder al catálogo de virtudes y diplomas visibles en Linkedin, es posible que nuestra manera de leernos como individuos deje de estar limitada a la acumulación de bienes materiales o al monto de la cuenta en banco.

Ahora mismo, la pandemia nos muestra que la construcción de la vida en torno a referentes materiales como pruebas de éxito resulta bastante inútil, máxime cuando lo que se acumula no te salva de enfermar, ni garantiza una mejor atención médica.

Con certeza muchas personas afirmarán que el dinero sirve para mantener cierta tranquilidad en periodos difíciles, durante el confinamiento y hasta en una fase de transición. Pero eso sólo es parcialmente cierto, porque si lo que tenemos lo debemos, la única garantía es que los pocos ahorros que tengamos tendrán que ser utilizados para honorar esos pagos de cosas que al final no estamos seguros de haber necesitado. 

Las crisis que están por venir, seguirán poniendo sobre la mesa otras realidades que sin duda cambiaran nuestra manera de ver el mundo y de leer la vida misma.

Entre tanto deseo que la sabiduría que debería acompañar otra « vuelta al sol » me permita recoger otro tipo de frutos. Mirarme al espejo sin miedo a lo que superficialmente me hace pensar que estoy vieja. Ser capaz de integrar en mi inconsciente que la vida se enriquece de procesos grandes y pequeños, que me llevan por caminos inciertos e interesantes, a pesar de las adversidades.

Quisiera que en cada celebración sea capaz de amarme un poco más y aceptar lo que la vida me ofrece como regalo, como una fruta a la que hay que extraerle el poco o mucho jugo que me corresponde; sin miedo a quedar con sed, ni a tomar de más, al punto de volverme diabética.

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Retrouvailles dans le temps (II)

La première sortie

A la fin de la deuxième semaine, Lucia avait un peu côtoyé d’autres camarades de cours. Elle avait maintenant une idée une peu plus claire des personnes abordables et de ceux avec lesquels elle ne pourrait même pas partager un repas.

La journée de vendredi finissait à 13h00. A différence de la première semaine, cette fois les collègues se sont mis à discuter à la fin du dernier cours et Pablo un garçon plutôt sarcastique et plus âgé que la moyenne a proposé d’aller boire quelques bières dans un quartier réputé de la ville.

A cette époque, le quartier de la Montagne était plutôt exclusif et accessible seulement pour certaines couches de la société. Les prix pratiqués dans les bars et restaurants de la zone, étaient assez élevés et les étudiants lambda ne cherchaient jamais aller faire la fête dans ce quartier.  

Une bonne dizaine d’étudiants ont accepté la proposition de Pablo, dont Lucia et Oleana. Pour Lucia c’était l’une des premières fois dans ce quartier qu’elle avait visité en compagnie de sa mère, plutôt pour des consultations médicales que pour d’autres raisons. Elle s’est rendu compte que la plupart de ceux qui ont accepté d’y aller habitaient le quartier ou le connaissaient assez bien.

Arrivés à destination, le bar avait deux espaces et ils se sont installés sur la terrasse intérieure dotée d’un toit amovible en cas de pluie. Lucia avait passé ses deux premières semaines d’études à apprendre à fumer. La première semaine, elle crapotait, puis à force, son système respiratoire s’est adapté et elle a trouvé la manière d’avaler la fumée. Elle a commencé à acheter un paquet de cigarettes tous les trois jours.

Ce vendredi était sa vraie première sortie. Toujours ultra protégé par ses parents et par ses frères, Lucia n’avait assistée qu’à des fêtes d’anniversaire et sa première expérience avec l’alcool était au cours de fêtes de quinze ans de toutes ses amis de l’école. Lucia venait d’avoir ses 18 ans et légalement avait le droit d’acheter et de consommer de l’alcool, mais elle ne connaissait pas ses limites.

Oleana et les autres avaient l’air plutôt à l’aise non seulement dans la consommation de bières qu’ils buvaient comme de l’eau. Une partie du groupe s’est inscrit dès le départ dans l’achat d’un litre d’aguardiente, une eau de vie à 30 degrés, anisée et de goût similaire à celui du pastis, laquelle se boit pure et par shots, comme la tequila.

C’est Oleana qui a proposé à Lucia de boire son premier shot d’aguardiente. Il était 15H00 à leur arrivée au bar et 17h30 lorsque Lucia a regardé sa montre pour la dernière fois. Elle était toujours inquiète de rentrer avant l’heure du diner à 19H00.

Le réveil était dur, le maux de tête, le gout de vomit, Lucia était allongé dans une sorte de fauteuil à l’arrière du bar. Un homme habillé d’une chemise à rayures rouges et blues la regardait. Elle ne savait pas où elle était, mais Oleana est apparue en remerciant l’homme, qui au réveil de Lucia lui a fait signe.

L’homme était le propriétaire du bar, un ami de Pablo qui a eu pitié de l’état d’ébriété de Lucia et l’a laissé roupiller avant de la laisser partir chez elle.

Il était 23H00 et Lucia n’avait plus son sac, ni son portable. Sans argent pour appeler un taxi, elle n’était même pas capable de trouver le chemin pour aller chercher un bus, si elle aurait eu assez pour payer le billet.

Oleana et un groupe de trois autres étudiants avaient résisté jusqu’au réveil de Lucia. L’un d’entre eux Paula était furax, non seulement elle la critiquait pour ne pas savoir tenir l’alcool, mais aussi sur le fait de les forcer à jouer le rôle de nounou.

Andrés était gênait mais conscient qu’il fallait aider Lucia et au moins la ramener chez elle. Même s’il avait bu deux ou trois bières, le fait qu’il était venu en voiture lui a évité de boire d’avantage et donc il s’est proposé à accompagner Lucia chez elle.

Lucia ne voulait pas dévoiler le nom de son quartier, entre son état et la honte d’être rejetée et abandonnée à sa sorte, elle a donné des explications vagues sur le chemin et la localisation du quartier. Ils avaient pour une bonne heure de route avant d’arriver à destination. Paula était monté aussi dans la voiture car elle, Andrés et Oleana habitaient tous à 15 minutes de distance, dans différents quartiers mais pas si loin les uns des autres.

Andrés ne parlait pratiquement pas, Paula n’arrêtait pas ses commentaires sarcastiques, Oleana demandait tous les cinq minutes à Lucia si elle avait besoin de quelque chose. Lucia ne se rappelait de rien, ni comment, ni vers quelle heure elle s’était effondrée, comment elle avait perdu son sac, qui l’avait aidé lorsque apparemment elle avait vomit sur la terrasse en présence de tous ses collègues.

C’était Paula qui lui a raconté une bonne partie de l’histoire. Son sac avait été récupéré par Pablo, mais il était parti avant le réveil de Lucia. Personne n’a pensé à lui demander de le lui laisser en cas de besoin. Lucia avait passé quatre heures complètement inconsciente, endormie sur la banquette arrière du bar à laquelle Andrés, Pablo et le propriétaire l’avaient porté après qu’elle s’évanouisse sur la terrasse.

Poursuivant les indications de Lucia, Andrés l’a déposé devant la porte d’entrée de la maison. La voiture a démarré avant qu’elle ne sonne. C’était son frère Daniel qui lui a ouvert la porte. Il l’a à peine reconnue.

Les cheveux ébouriffés, l’haleine putride, les vêtements sales, sans sac ni veste. Daniel savait ce qui était arrivé mais il ne pouvait pas l’aider. A l’intérieur de la maison, les parents inquiets l’attendaient avec impatience. Dans une ville grande, comportant pas mal de dangers, il était inhabituel que Lucia arrive après 19H00.

En la voyant marcher en zigzag Doris n’a pas pu contenir sa rage. Elle s’est adressée à Lucia pour la secouer et lui exiger des explications par rapport à l’état dans lequel elle osait se présenter à la maison passé minuit. Ivan se sentait déçu, mais il était incapable de voir sa fille dans un état pareil. Il lui avait acheté un téléphone portable quelques semaines avant la rentrée, histoire de la contrôler un peu, mais aussi pour réduire les angoisses de sa femme Doris, toujours inquiète pour la sécurité de tous les membres de la famille.

Ivan remarqua que Lucia était arrivée les mains vides, il se demanda si peut-être une autre chose de plus coriace que d’être bourré aurait pu lui arriver à sa fille. Mais il ne voulait pas lui poser des questions dans cet état, cela aurait été déplacé et inutile puisque Lucia n’arrivait pas à articuler ses mots et encore moins à faire des phrases compréhensibles.

Le lendemain Lucia vivait les effets de la gueule de bois. Personne ne lui parlait et elle a dû improviser un repas en cuisine. Impossible d’appeler Pablo ou Oleana pour leur demander pour ses affaires, elle n’avait pas son cahier, ni son portable.

La séparation…

Le lundi de la semaine suivante Lucia est arrivée cinq minutes à l’avance du premier cours. A la porte de la salle, elle a vu presque tous ceux qui étaient présents au bar vendredi dernier.

Elle sentait le feu sur ses joues lorsque tous riaient et la regardaient si bizarrement, entre moquerie et peine. Pablo s’est rapproché d’elle pour lui rendre son sac et son manteau et s’est excusé d’être parti sans lui laisser ses affaires à quelqu’un d’autre.

Embarrassée, Lucia l’a remercié et est rentrée dans la salle sans rien dire aux autres. A l’heure de la pause elle a décidé de rester seule. Pareil pour le déjeuner, elle est partie loin pour manger dans un restaurant mal famé où elle savait qu’elle ne croiserait pas ses collègues.

La semaine avait été difficile, Oleana s’est approché une ou deux fois pour lui demander des choses précises sur les cours mais pas plus que cela. Paula continuait à se moquer d’elle avec des personnes qui n’étaient même pas présentes le jour de l’incident.

Andrés, en revanche s’adressait à Lucia comme si de rien n’était. Il entretenait de bonnes relations avec Pablo et les autres, mais il s’était rendu compte que Lucia se sentait mal à l’aise avec les autres. D’autre part, Andrés faisait partie d’un petit groupe d’étudiants qui, comme lui, venaient de province. Sans le savoir, c’est dans ce groupe où Lucia s’était sentie le plus acceptée, même si les différences de classe et financières étaient toujours présentes.

Le rapport avec ce groupe dont certains deviendraient ses amis, lui a permis à la fois de comprendre d’autres vecteurs de discrimination présentes dans la société colombienne, mais moins discutés.

Dans un pays de « métisses » la plupart des individus s’identifient comme blancs ou héritiers des colonisateurs espagnols. Le passé noir et indigène reste encore honteux pour beaucoup, et peu véhiculé notamment dans les cercles de pouvoir.

Lucia a constaté, avec un peu de recul, que dans son université les minorités : noires et des peuples natifs ou indigènes étaient presque inexistants. Les deux ou trois étudiants qu’elle avait aperçu à la bibliothèque étaient des boursiers, mais ce n’était pas très claire pour elle le fonctionnement de ce dispositif. Par ailleurs, elle ne savait pas que cette possibilité existait, car si l’un de ses collègues de classe en bénéficiait cela n’était pas quelque chose qu’ils auraient partagé.

La discrimination liée à l’orientation sexuelle était également un tabou, c’était comme si elle n’existait pas, mais au fil des années elle a compris que ses collègues appartenant à la communauté LGBTIQ se sont maintenu(e)s caché(e)s jusqu’à la fin d’études. La plupart ne voulait pas attirer des commentaires ou recevoir un traitement différencié de la part de professeurs ou d’autres personnes. Cela n’a évité qu’ils se retrouvent dans des soirées organisées par des collectifs LGBTIQ ou par ses ami(e)s qui eux « étaient sorti(e) de l’armoire ».

Les étudiants de province, étaient eux aussi discriminés par ceux de la capitale qui les considéraient arriérés et folkloriques dans leurs habitudes. Lucia a compris que ses nouveaux amis appartenaient à la fois à des groupes propres de leurs régions ou identitaires et que parfois elle n’était pas la bienvenue.  

Les différences et les rapports tendus entre la capitale et les régions, dans un pays fortement  centralisé comme la Colombie, déterminent aussi les rapports sociaux entre les personnes. Les usages traditionnels dans une société profondément catholique et fermée aux discussions à propos des évolutions de la société, se calquait aussi au sein des universités.

Pour certains ami(e)s de Lucia cela était un paradoxe puisque on pense aux universités comme des espaces de discussion et d’aperture. Peut-être le fait que celle-ci soit privé et quelque part très attaché à un passé ancien, et à une organisation stricte, empêchait le dialogue, même la création de groupes de discussion.

Les années écoulées…

Au fur et à mesure Lucia a poursuivi les cours, Oleana a fini par abandonner les études au quatrième semestre sur les dix prévus dans le plan d’études.

De temps en temps Oleana passait voir ses ami(e)s mais avec les années elle a arrêté d’y aller. Les amies d’Oleana avaient fini aussi par se séparer et certains ont aussi abandonné la fac.

La vie universitaire avait changé beaucoup les relations que Lucia entretenait avec la famille, assez traditionnelle et habituée à rester à la place que la société l’avait accordée. Certes, sa famille avait bien su utiliser l’ascenseur social, mais elle était consciente de l’existence d’un plafond de verre.

Depuis l’incident de la première sortie et des commentaires subséquentes, Lucia s’était promis de s’en sortir seule et de ne jamais demander de l’aide au cercle de personnes qu’elle a dû côtoyer au cours de ses études. Elle pensait pouvoir réussir en s’éloignant de ce monde qui ne lui convenait pas et de faire sa vie où elle pourrait obtenir des résultats par ses propres moyens.

La situation professionnelle de la plupart de ses collègues était réglée d’avance. La plupart d’entre eux étaient les fils de propriétaires d’études d’architecture ou d’entreprises dans le même secteur. Lucia ne faisait pas partie de cet univers et dans une période où le taux de chômage pour les architectes était assez élevé, l’idée de partir était devenu plus qu’évidente.

A l’obtention de sa licence, Lucia a postulé pour obtenir une bourse afin de poursuivre ses études à l’étranger. Elle est arrivée en Belgique où elle a commencé un master, mais rapidement elle a vu l’opportunité de changer d’université et de s’installer à Lille, en France.

La vie en France n’a pas été simple mais son travail dans le milieu de la restauration de bâtiments historiques lui permettait de gagner correctement sa vie. Même si elle était consciente que le travail était en deçà de son niveau d’études, elle se sentait heureuse de travailler dans le milieu culturel et d’apprendre autant sur l’histoire et l’art tous les jours.

Sa vie personnelle était beaucoup plus compliquée, mais elle ne s’est jamais posé la question de rentrer en Colombie.

Les retrouvailles

Un jour, Lucia était présente dans un chantier sur lequel elle travaillait depuis six mois au Château de Versailles. Elle participait à la restauration des fontaines en début de l’automne.

Penché sur l’une des statues sur laquelle un groupe de trois restaurateurs allait travailler, elle a levé la tête quand elle a entendu une voix en espagnol qui lui a parue familière.

Elle a découvert Oleana en train de poser non loin de la statue, elle donnait des instructions à un homme  parfois en espagnol, puis en anglais. Lucia a hésité mais l’opportunité était unique, elle s’est approchée et lui a proposé de les prendre tous les deux en photo.

Oleana ne l’a pas reconnu, Lucia a ri et lui a adressée la phrase suivante :

-Dis donc, faudra-t-il t’inviter une coupe d’aguardiente et que je perde mes affaires pour que tu te souviennes de moi ?

Olena a ouvert ses grands yeux verts et l’a prise dans ses bras. Lucia lui a proposé de prendre un café, vu qu’elle n’avait pas pris de pause au cours de la matinée.

Oleana lui présenta l’homme qui l’accompagnait, son mari. Lucia, qui n’avait jamais appris à parler correctement anglais, a ressenti la honte de baragouiner la langue de Shakespeare et décide de lui avancer un simple : Hola, todo bien ? Encantada, me llamo Lucia.

L’homme lui a répondu dans un espagnol précaire, qu’il s’appelait David et a poursuivi la prise des photos.

Les quinze minutes qu’elles se sont accordées, peut-être dans un calcul d’une minute par année écoulée après la dernière fois qu’elle se sont vues, sont passés rapidement. Or, ils ont été suffisants pour apprendre qu’Oléana avait quitté aussi la Colombie, presque deux ans après avoir abandonnée la fac. Elle avait compris qu’un parcours de vie académique, couronné de succès, tellement souhaité par sa famille rentrait en contradiction avec ce qu’elle voulait être.

Devant la pression exercée par sa famille, Oleana a décidé d’économiser un peu de l’argent que sa famille lui procurait pour ses frais mensuels. Au bout de six mois et sans rien dire elle avait acheté un billet d’avion pour les Etats-Unis.

D’abord arrivée en Californie, elle a compris rapidement qu’elle ne pourrait pas se permettre de vivre dans une ville chère, ni de maintenir le niveau de vie qu’elle avait en Colombie. Dépourvue de diplôme, sans connaissances, ni le soutien financier de sa famille, elle devait trouver la façon de s’en sortir.

Elle est partie en auto-stop jusqu’en Oregon. La proximité avec la nature était quelque chose qui lui avait toujours plu et probablement c’était la seule chose qu’elle aimait de la Colombie, les balades en montagne avec son grand père, et l’amour pour l’escalade que lui a transmis sa mère.

Oleana a eu pleins de petits travails au noir pendant qu’elle changeait le statut de son visa de tourisme. Elle a postulé pour se former comme enseignante, puis elle s’est spécialisée dans l’apprentissage de l’art pour les enfants d’entre 5 et 15 ans.  

Le récit de Oleana, a bouleversait Lucia, elles avaient plus en commun que ce qu’elle ne l’avait imaginé. Les préjugés et la distance sociale qui les séparait, était à la fois ceux qui les rapprochait. Oleana a fui un confort qui lui demandait des résultats en termes de succès et du maintien d’une réputation qui lui étaient indifférents.

Lucia en revanche a fui d’une société où elle ne trouverait jamais sa place sans être qualifié par rapport aux objets banals qu’elle porterait, à son quartier d’habitation, à la manière de se transporter, à son histoire familiale, à son apparence plus métisse « qu’espagnole », à son manque de réseaux.

Quinze minutes pour comprendre que s’éloigner peut être douloureux mais nécessaire pour se tracer son propre chemin, pour vivre tel qu’on l’entend, loin des regards et des lourds jugements pesants, comme les poids autrefois portés par les esclaves.

Il se peut qu’on soit des esclaves du devoir être et du devoir faire, ces « idéaux » qui nous accompagnent depuis l’enfance. Peut-être qu’il est possible de briser les chaines et de se débarrasser de ces poids qui nous empêchent d’avancer, de vivre, d’être. 

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Retrouvailles dans le temps (I)

Le chemin …

Quinze ans après leur premier contact, Lucia a revu Oleana dans un endroit pour le moins inespéré. Ni l’une ni l’autre n’habitaient plus Bogotá. La voix d’une d’entre elles a éveillé l’attention de l’autre qui après un regard croisé a confirmé l’identité de son ancienne camarade de classe. Ce premier regard été chargé de tous les souvenirs d’un temps lointain mais à la fois si présent dans leurs vies. Un temps qui portait leur morceau d’histoire commune.

A la fin des années 90 Lucia et Oleana se sont connu le premier jour d’université. Les deux avaient décidé de réaliser des études d’architecture dans une école très réputée de la ville.

Lucia provenait de la classe moyenne, sa vie était le portrait de l’ascension sociale offerte par ses parents, qui à force de travail et sans une profession définie, avaient réussi à donner à leurs trois enfants une éducation privé et de bien meilleur qualité que celle qu’ils ont connu.

Le père de Lucia, Ivan était un commerçant prospère. La mère, Doris était secrétaire dans un bureau d’avocats depuis plus de vingt ans. Les trois enfants du couple : Pedro, Daniel et Lucia, avaient 2 ans d’écart entre eux. Cette proximité avait posé un grand problème financier lorsque tous ont décidé de poursuivre des études universitaires dans des établissements privés.

Pour Ivan c’était une question de fierté et il n’était pas en position de briser les rêves de ses enfants, ceux que Doris et lui-même avaient encouragés depuis leur très jeune âge. Pour les parents de Lucia, le plus important était de garantir leur avenir et cela passait nécessairement par l’éducation. Les loisirs étaient surtout à l’aire libre, faute de moyens pour investir dans ceux du type culturel.

Pendant des années, la famille n’a pas connu des vraies vacances et les voyages étaient limités à la ferme familiale, non loin de Bogotá. Ils étaient toujours accueillis par d’autres membres de la famille, même si parfois ils étaient serrés et gênés de devoir passer plusieurs jours dans ces conditions.

Pour Ivan « les problèmes d’argent sont résolus avec l’argent », toujours fidèle à son esprit pratique et à sa manière de voir la vie, le verre à moitié plein.

Ivan et Doris ont emprunté des importantes sommes d’argent pour permettre à leurs enfants de poursuivre leurs études et d’être les premiers de la famille à obtenir de diplômes d’éducation supérieur.

Pedro, l’enfant ainé, avait choisi de devenir économiste, Daniel s’est décidé pour la comptabilité et Lucia très créative, avait choisi l’architecture.

Elle éprouva une joie sans précédentes lorsqu’elle a reçu la lettre d’acceptation de l’Ecole d’Architecture. Lucia comptait les jours avant la rentrée. Elle s’imaginait les cours dispensés par les professeurs réputés qu’elle avait aperçue dans le prospectus, ses nouveaux amis, elle se voyait profiter de ce grand campus qui attirait tant d’étudiants d’autres universités proches, qui ne disposaient pas d’espaces verts où se détendre.  

L’histoire d’Oleana était assez différente. Elle était la petite fille d’un migrant iranien, arrivé en Colombie vers la fin de la Première Guerre Mondial. Avant son arrivée au sud du continent américain, Arian avait laissé sa natale Ispahan pour aller étudier aux Etat Unis. Il avait obtenu une bourse pour réaliser des études en mathématiques, à l’université de Cambridge au Boston.

Arian était un homme brillant et sa carrière prometteuse. Néanmoins, la vie aux Etats –Unis ne lui plaisait pas complètement et il se sentait attiré par d’autres cultures. A l’époque, Arian commençait à penser à la possibilité de rentrer en Iran, puis joindre étant que professeur l’une des universités de Téhéran, l’opportunité de partir ailleurs lui a été proposée.

L’un de ses professeurs de fin d’études, lui a raconté que l’exploration d’énergies non renouvelables commençait dans les pays du sud du continent et que cela permettait à plusieurs entreprises et aux multinationales américaines, britanniques, françaises et allemandes d’ouvrir des nouveaux marchés sur place.

Non seulement les ingénieurs et géographes étaient recrutés en grand nombre. C’était aussi devenu l’opportunité des mathématiciens qui souhaitaient exercer leur métier dans un environnement différent à ceux des laboratoires et des salles de cours.

Arian a été recruté par ExiMo et envoyé au département du Meta à l’ouest de la Colombie. Rapidement, il fonde une famille avec une femme locale qui travaillait aussi dans l’entreprise, en tant que assistante de recrutement. Ils ont eu un seul enfant Ramin qui était le père d’Oleana.

A l’âge adulte, Ramin est devenu ingénieur spécialisé dans l’exploitation de pétrole, ce qui lui a garanti un emploi bien rémunéré tout au long de sa carrière professionnelle.

Ramin a eu son premier emploi dans la même entreprise où ses parents avaient travaillé plutôt, mais sa spécialité l’a amené à chercher d’autres opportunités à l’étranger, initialement au Venezuela, puis dans les pays du Golfe Persique et sa dernière expérience s’est déroulée en Russie.

C’est dans ce dernier pays, à l’époque le cœur de l’Union Soviétique, où il a connu Martyna, qui deviendrait la mère d’Oleana.

Martyna venait de Lituanie et comme plusieurs de ses citoyens soviétiques, elle cherchait aussi à échapper à ce régime. Elle était mathématicienne et pour Ramin c’était plus qu’une évidence de partager sa vie avec elle. Ils avaient les mêmes centres d’intérêts, ceux qu’il partageait aussi avec son père.

Le couple s’est installé en Colombie où Oleana et née deux ans après. Fille unique, comme son père, Oleana a été élevée dans le confort d’une famille aisée et multiculturelle, assez atypique en matière de croyances, mais traditionnelle dans leur manière d’apercevoir la réussite, évalué en termes financiers.  

Oleana est allée dans une école bilingue anglaise. Depuis son jeune âge, elle connaissait des mots en lituanien, russe et perse. Toutes les années, Oleana était envoyé en colonies de vacances à l’étranger pour des périodes de deux mois, souvent dans des pays anglophones.

A ses 19 ans, Oleana fut acceptée à l’Ecole d’Architecture. Son dossier avait été remis en mains propres au doyen de la faculté d’architecture par son grand-père. Malgré les nombreuses possibilités que la vie lui offrait, Oleana restait toujours perdue par rapport à son avenir, et c’était son grand-père, Arian, qui avait pris l’initiative d’apporter le dossier à son ami le doyen.  

Elle avait déjà passé une année à l’école de beaux-arts, mais elle s’était rendu compte que cela ne lui apportait le plaisir qu’elle recherchait. Oleana était assistée les trois premiers mois, puis elle avait abandonnée l’école. Ses parents ne lui ont jamais dédié beaucoup de temps et les seuls à s’inquiéter pour son éducation étaient les grands parents. Toujours gâté par ses derniers, Oleana n’a pas pu refuser l’option que lui a proposée son grand père, toujours dans un effort d’encadrer la jeune fille.

Le jour arrivé, Lucia prit le bus à deux rues de la maison où elle habitait avec ses parents et ses frères. Elle savait que le parcours lui prendrait une heure, mais sachant que l’heure à laquelle les étudiants du premier semestre avaient été convoqués et que l’heure de pointe approchait, elle était partie un peu plus tôt que prévu.  Lucia est arrivée à la faculté avec une vingtaine de minutes d’avance, elle a eu le temps de chercher la salle de convocation et de s’acheter un café.

En voiture, Oleana mit quarante minutes jusqu’à l’Ecole. Elle connaissait bien le quartier et savait dans quel parking elle allait garer sa voiture. Oleana est arrivée dix minutes à l’avance, le temps suffisant pour fumer une cigarette et pour retrouver son copain Antonio qui réalisait déjà des études d’architecture depuis un an.

La rencontre…

Le café de la Fac d’architecture était l’espace le plus proche pour se détendre, ce fut dans cette espace où Lucia et Oleana se sont parlées pour la première fois.

Lucia avait compris depuis le tour de table qu’elle n’était pas la personne moins favorisée (financièrement parlant) de la classe, mais que la plupart de ses collègues étaient des enfants riches, bilingues, assez sures d’eux-mêmes.

Elle avait pris assez de recul pour comprendre que l’intégration ne serait pas facile. Certains d’entre eux se connaissait déjà, d’autres avaient rapidement échangé par rapport à leurs écoles et à leurs voyages d’été à l’étranger.

Lucia avait fait des études dans une école privée, mais pas dans les écoles de riches. Il s’agissait d’une école moyenne, sans d’autres prétentions que préparer suffisamment leurs élèves pour obtenir le baccalauréat et poursuivre leur scolarité.  Lucia n’avait jamais mis un pied en dehors de la Colombie et malgré les efforts de ses parents pour qu’elle apprenne une langue étrangère, son niveau d’anglais était plutôt basic.

Lucia savait d’avantage le type d’école qu’elle intégrerait, mais elle n’avait jamais été confrontée à une différence sociale si évidente.  Ses parents qui n’ont jamais fait des études universitaires ne pouvaient pas la préparer à cette expérience, et ses frères Pedro et Daniel étaient assez discrets, peut-être dans un effort de fierté, ou peut-être car dans les métiers qu’ils sont choisis il y avait plus de diversité sociale.

Au cours de la pause-café, Lucia s’est assis seule à une table pour quatre. Elle regardait de loin les autres et malgré son habilité pour entamer des discussions, elle n’arrivait pas à trouver un sujet pour s’approcher des autres et lancer une première conversation avec ses nouveaux collègues.

Oleana s’apprêtait à allumer une cigarette lorsqu’elle se rendu compte qu’elle n’avait plus son briquet. La première table à proximité était celle de Lucia, elle s’est donc approchée pour lui demander si elle avait du feu :

– As-tu du feu ?

– Non, j’ai oublié mes cigarettes ce matin.

C’était faux. Lucia n’avait jamais fumé. A ses 17 ans, elle avait crapoté avec ses frères dans le patio de la maison deux fois, quand ils avaient volé des cigarettes au jardinier qui venait une fois par mois s’occuper des plantes et de la pelouse.

Oleana a entamé donc la discussion :

-Tu étais dans le cours d’intégration de la Fac d’Archi, non ?

-Oui, la présentation était un peu longue. Heureusement, qu’ils ont parlé d’une pause car je commençais à m’endormir.

C’était faux aussi, Lucia avait pris des notes et était super excité par les présentations des professeurs et du doyen. Mais elle savait pertinemment qu’une attitude de première de la classe ne lui faciliterait pas la tâche pour se faire de nouveaux amis, ou encore de trouver quelqu’un pour partager l’heure du déjeuner.

Oleana a trouvé le commentaire précis, elle aussi s’ennuyait à mort et attendait juste l’heure du déjeuner pour retrouver son copain Antonio. La pause terminée, elles se sont dirigés à nouveau vers la salle pour écouter d’autres informations, au moins pour une heure de plus.

A midi quelques groupes s’étaient déjà formés mais Lucia était seule et résignée à manger dans l’un des fast-foods du coin. Son budget était limité et elle ne ferait pas de dépenses importantes le premier jour de cours.

Elle s’apprêtait à partir, quand Oleana lui a fait signe. Elle était avec son copain Antonio et les deux lui proposent de venir manger avec eux. Antonio a eu l’idée d’aller au fast-food auquel Lucia avait pensé auparavant, cela la soulagea.

Au cours du déjeuner Antonio avait pris la parole, il a un avis sur les professeurs, sur le fonctionnement de la fac. Antonio représentait à la perfection le groupe majoritaire d’élèves vis-à-vis de leurs prétentions, mais aussi d’un passé familiale réputé et aisé. Il avait un look qui jonglait entre mannequin de la Fashion Week et Tommy Lee, le batteur de Motley Crue.

Antonio n’a rien demandé à Lucia. Oleana de son côté paraissait tellement admirative envers lui qu’elle n’osait l’interrompre. Une heure et demie après, ils se sont séparés et Oleana et Lucia sont retournées à la salle où se tenait la journée d’adaptation.

Les jours suivants seraient marqués par les nombreuses présentations devant les professeurs, qui insistaient à connaitre le prénom des élèves, la région et l’école dans laquelle ils avaient finalisé le secondaire. Parfois, Lucia passait du temps avec Oleana et le groupe qu’elle avait formé avec des filles provenant du nord de la Colombie de Carthagène, Barranquilla et Santa Marta.

Lucia se sentait seule mais à vrai dire la possibilité de devoir travailler en groupe la dérangeait profondément. Elle savait que devant un binôme ou un groupe de travail à quatre elle serait exclue par le groupe d’Oleana.

Quelques semaines après, un garçon qui venait de Bucaramanga, au nord-est de la Colombie était le dernier étudiant à rejoindre le cours, son prénom était Andrés. Lucia a été son premier contact et elle lui a proposé de lui prêter ses notes pour qu’il puisse avancer sur les contenus de la première semaine.

*La deuxième partie de cette histoire sera publié prochainement…

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Lo que nunca se dijeron…

Ni siquiera la última vez que intercambiaron mensajes, casi una década después del adiós, pudieron ser sinceros.

El dolor era algo que había marcado profundamente la relación. Nunca se prometieron nada, pero había muchos sueños y deseos implícitos. En algunos momentos, más que todo melancólicos él pudo decir algo respecto a lo feliz que se sentía con ella, dejo ver un par de veces que se sentía pleno a su lado, pero su postura de hielo volvía a aparecer rápidamente para eliminar cualquier muestra de afección.

Ella en permanente duelo, de esa relación y de otras que la atormentaban desde tiempo atrás, tenía ya una playlist bien aceitada. Una que la dejaba liberar la frustración y la soledad. Esta lista quedo guardada en el baúl del tiempo, pero el contacto con él, reavivó demasiados recuerdos, incluidas las canciones que tantas noches le cantó, sin que él lo supiera, las que se dedicó a si misma. Esas en las que encontró la empatía que no recibió en otra parte.

Como parte de volver al pasado, a las rutinas de aquel tiempo, al deseo que sintió y a escudriñar todo lo que no fue, buscó en su plataforma de música favorita todas esas canciones y se dispuso a oírlas. Como cuchillos afilados que laceran la piel solo con un leve toque, las heridas de guerra se abrieron de nuevo, la prueba de que durante todos esos años no sanó.

Las lágrimas brotaron como una fuente de esas que en lo profundo del bosque deja caer con fuerza litros y litros de agua. Cayó de nuevo en el lugar común de culparse, de sentirse menos, de odiar todo lo que vivió, todo lo que pasó.

Poco a poco terminó por entender el origen de ese dolor, del desamor, pero no podía decírselo. No quería mostrarse frágil y menos atrapada en el tiempo. No quería darle placer a ese extraño, mostrándole que su fantasma había vuelto para atormentarla. No quería mostrarle que la poca confianza que había construido después del adiós, se había desmoronado como un castillo hecho a base de migas de pan.

Así de frágil era, así de pequeña se sentía, así de vulnerable quiso continuar con un intercambio que no le aportaba más que una profunda pena. No percibió nada extraño en el comportamiento de su viejo amor, la pedantería que siempre lo caracterizó estaba intacta. Su sentido del humor la hizo reír en cada conversación que tuvieron y su manera de manejar los recuerdos la hizo sentir segura en algunos momentos.

Todo esto alimentó una pequeña esperanza de verlo de nuevo, de estar frente a frente para descubrirse nuevamente. Como la primera vez, se pusieron de acuerdo para verse en un lugar que resultara intermedio, en donde ninguno de los dos tuviese ventaja, escogerlo fue difícil.

Aun así, los días se hacían largos, el peso de la culpa y el miedo de lo que iban a encontrar también agregaba una presión adicional. En algún momento él decidió cambiar la fecha del encuentro sin consultarle. Empezó a contestar de manera errática a sus mensajes e incluso a no contestar más. Ella tuvo la certeza de que algo había cambiado y que el encuentro ya no tendría lugar.

Se equivocó. Dos semanas después regresaron los mensajes y tuvo lugar la primera llamada telefónica. La primera, que como todas las llamadas resultan incómodas, llenas de largos silencios y de continuas interrupciones. Esas llamadas en donde nadie sabe qué decir y los temas son de una gran banalidad.

Realmente la llamada fue lo que les permitió entender que el encuentro sí era posible, que aún había un poco de corriente y que a lo mejor durante una conversación frente a frente, podrían decirse lo que habían guardado por tanto tiempo y también, lo que venían sintiendo desde que retomaron el contacto.

Ninguno se interesó por preguntar sobre las evoluciones personales del otro, ni privadas, ni profesionales. Eso implicaba conectarse con un pasado doloroso para ambos y tampoco parecía necesario evocarlo durante el intercambio previo al encuentro.

Él siempre fue un tipo inteligente, exitoso y persistente. Ella siempre lo envidió en todo pues él representaba lo que ella no podía ser, lo que hasta ese momento no lograba tener. Ese deseo de ser como él era parte de un secreto obsesivo que con mucho esfuerzo había puesto en remojo.

La vida austera y tranquila que ella eligió estaba lejos de la vida que en algún momento había pensado tener, tal vez junto a él. El éxito definido dentro de un modelo capitalista de adquisición de cosas y de renombre ya no le preocupaba. Había hecho un esfuerzo por redefinir todo ese “deber ser” que se impuso o que le impusieron en algún momento.

Ella sentía un poco de aprehensión de tener que explicar sus elecciones a alguien que en todo caso siempre le pareció demasiado cuadrado, metódico y perfecto en la planificación de su vida. Una vida en la que ella había sido más un error de cálculo que otra cosa.

El día llegó y a la hora acordada se dieron cita en un restaurante, dentro de un gran parque, frente a un lago, rodeado de montañas, que recordaba el lugar en donde se conocieron. Pasaron unos minutos escaneando las canas, las arrugas, los contornos del otro, mientras cada uno iba pesando las palabras que saldrían de su boca. Se fundieron en un abrazo largo y fuerte, como si se hubiesen extrañado de verdad, tal vez como compensación a ese abrazo que no se dieron cuando se despidieron años atrás.

Pasaron largos minutos antes de que alguno de los dos tomara la palabra. Ella empezó. Fiel a sí misma, no quería esperar a estar inmersa en un discurso que no podría controlar. Decidió empezar por un recuento de lo que la había llevado a ese lugar y de poner sobre la mesa algunos de los recuerdos y las viejas preguntas que aún la acompañaban.

Él no respondió como ella esperaba. Se limitó a hacer una lista de algunos cambios en su vida, restringió lo más que pudo los detalles sobre su vida personal, se extendió sobre lo que siempre había sido su motivo de orgullo: su vida profesional.

Le hizo un pequeño cumplido sobre su apariencia, le dijo que se sentía cómodo, como si se hubiesen visto un par de días atrás y por cortesía, le preguntó por su familia y por su vida profesional.

Cuando ella explicaba de manera atropellada sus ideas, no lograba ver su expresión amigable, esa que dejaba colar por momentos; estaba frente a el mismo muro de hielo que conoció cuando aún estaban juntos. Se dio cuenta de que sus palabras no tenían depositario y que se las llevaba el viento de ese día de otoño.

Ella sintió las lágrimas invadir sus ojos, se disculpó y se dirigió al interior del restaurante para calmarse. Le dijo que necesitaba ir al baño, pero no lo hizo. Desde el bar, ella lo vio ponerse de pie, dejar unos billetes sobre la mesa y partir, sin mirar atrás.

Se quedó paralizada, incapaz de gritarle que no se fuera de esa manera, incapaz de lanzarle una piedra a la cabeza o de correr hacia él y enfrentarlo. No tuvo la fuerza de marcar el número temporal que le había dado, sabía que no contestaría. 

Despedida sin despedida, cita sin comentarios, relatos sin sentido, secretos bien guardados. No retomarían el contacto y el cierre se haría con el paso de los días, con el paso de los años, esperando que ésa desventurada cruzada fuese olvidada, sin necesidad de buscar explicaciones y sin recriminarse por la motivación inicial.

Ella no quiso luchar más con el fantasma, se dio cuenta que era incapaz de amar sin límites, algo que ya había perdido cuando lo conoció. La soledad volvió a sus días y se sintió aliviada de no necesitar de alguien más para disfrutar de la brisa del otoño y de la calma de su cotidiano, sintió que al fin era libre.

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Rentrer pour mourir chez soi

Il y a 3 jours, le 20 juin, on a vu défiler sur les réseaux sociaux quelques post à propos de la journée mondiale du migrant et du réfugié. En même temps, je n’avais pas eu la force de publier ce texte lié à ce sujet, lequel tournait dans ma tête depuis plusieurs jours.

J’avais écouté le récit d’un migrant qui a dû sortir de son pays, après avoir démissionné d’un travail dans lequel il se sentait exploité. La paye qu’il recevait à la fin du mois ne lui permettait pas de subvenir à ses besoins, au-delà des quinze premiers jours.

Partir en raison des difficultés économiques, de la persécution idéologique, des actions politiques et sociales, de l’identité sexuelle. Partir pour trouver une solution à nos problèmes, partir sans évaluer les risques car on considère que la situation est déjà insupportable et insurmontable chez nous.

Partir après avoir vendu le peu qu’on possède, partir après s’être mis d’accord avec un passeur, d’acquérir une dette, de perdre ses droits et de ne pas savoir quand est-ce que la liberté sera acquise. Partir pour se libérer mais finir comme un esclave.

Partir dans un bateau susceptible de naufrager, caché dans un camion ou dans un container rarement contrôlé dans un port. Partir à pied, traverser les rivières, les montagnes et les déserts. Partir avec un petit sac à dos, sans savoir de quoi on va se nourrir, ce qu’on va boire, où on va dormir, aller aux toilettes ou se laver. Mettre en risque son intégrité physique et personnelle pour arriver à une destination parfois idéalisée.

Partir sans savoir ce qu’on deviendra dans le pays de transition et encore moins dans celui d’accueil. Partir avec un petit espoir, avec l’idée de trouver une manière de gagner mieux sa vie et d’aider la famille qui a dû rester sur place. Prendre le risque de survivre ailleurs et caresser le rêve de rentrer un jour.

Mais la pandémie du Covid-19 a remis en question tout cela. Cette pandémie a créé une difficulté supplémentaire aux migrants qui dans plusieurs pays travaillent hors la loi, sans la reconnaissance de leurs droits. Des emplois précaires dans la plupart des cas concurrencés avec des sujets locaux moins favorisés. C’est un combat entre précaires qui réalisent les tâches que personne ne veut faire.

Un revenu qui dépend d’une vente dans un trottoir – de biens ou de son propre corps. Un revenu obtenu à partir d’un effort physique portant des sacs dans un marché, dans un chantier. Quelques pesos, dollars ou euros recueillis après d’avoir chanté dans les transports publics, d’aller nettoyer une maison, de garder un dépôt, de conduire un tuc-tuc, d’être livreur en vélo, de nettoyer les vitres des voitures avant que le feu passe au vert.

Tous ces survivants de l’ombre, exclus de nos journées et de nos commodités, se sont vus affectés par la pandémie. Toutes ces personnes qui si souvent, doivent payer quotidiennement le loyer d’un lit, d’un matelas, ou simplement d’un espace, dans une chambre surpeuplée par d’autres personnes vulnérables, se sont retrouvées à la rue, démunies, isolées, sur classées.

Les propriétaires de ces habitations loin d’expérimenter la crainte d’abriter des personnes malades, habitant dans des espaces exigus et insalubres, étaient plutôt inquiets par le fait que les migrants n’avaient pas de quoi payer la chambre, faute de ne pas sortir pendant la période de confinement.

Des solutions à cette situation catastrophique manquaient, les migrants n’ont pas de points de chute, ni de la famille, ni un ami qui puisse les accueillir pendant la crise.

Le traitement des morts du Covid-19 déjà problématique dans certains pays en voie de développement, lesquels accueillent également des migrants – en effet tous les migrants ne cherchent pas à se rendre aux Etats Unis ou en Europe – n’ont pas les moyens matériels, ni pratiques pour venir en aide de ces populations. Ils n’ont jamais été une priorité et ne le seront pas en temps de crise.

Des centaines de migrants repartis sur le continent américain ont décidé d’entamer de marches de milliers de kilomètres pour rentrer chez eux. Envisager l’achat d’un billet de bus déjà cher pour la plupart d’entre eux, restait un risque en raison de la fermeture des frontières et des contrôles policiers. Les « vols humanitaires » programmés soit disant par les gouvernements des pays d’origine, d’accueil et de transite n’ont pu transporter que quelques centaines de personnes, souvent ceux qui avaient de quoi payer le billet d’avion.

Marcher et marcher pour rentrer chez soi avec la peur au ventre car le retour se fait en groupe. Un groupe qui peut être considéré comme un focus d’infection, compte tenu de la dureté de leurs conditions de vie et d’hygiène. Une maladie affreuse qui discrimine et stigmatise d’avantage les migrants.

Partir à nouveau mais cette fois pour aller mourir chez soi, près des siens. Retourner, laissant derrière le petit espoir qui les a fait partir au début.

Essayer de rentrer chez soi mais être arrêté sur le chemin par les autorités qui entassent les personnes dans des dépôts, en attendant que les statistiques du taux d’infection et de reproduction du virus descendent ou mieux, que la pandémie passe.

Certains de ces migrants vont mourir seuls et leurs corps abandonnés sur un chemin, ou enterrés dans un endroit que personne ne saura repérer, ni communiquer à sa famille. Certains vont mourir sans pouvoir retourner à tout ce qu’ils ont connu, sans sentir un peu d’empathie et d’amour, sans avoir la chance de vivre à nouveau dans leur propre pays.

Les migrants parfois aidés par des citoyens, des associations et des ONG’s sont peu nombreux car la mobilité des acteurs sur le terrain est aussi limité. Les ressources sont maigres, et en temps de pandémie on a tendance à être plus solidaires avec les personnes en situation de précarité partageant la même nationalité, et pas forcement réfléchir sur le destin de ceux qui viennent d’ailleurs.

Ce virus qui continue à nous menacer a fait émerger les peurs des migrants partis chercher ailleurs une autre vie. La peur de la mort éloignés de ces proches. Cette peur, cette désillusion, cette discrimination exacerbée, ce sommet de vulnérabilité qui a poussé les migrants à reprendre les routes et les bateaux de fortune pour faire le chemin de retour, car si la mort arrive il vaut mieux être chez soi.

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BITACORA: Descubriendo Sudáfrica, la nación arcoíris

Este destino es de muchas maneras un viaje a mil lugares. Una experiencia que parece lejana pues existe en nuestro imaginario la idea de que financieramente puede ser oneroso, pero también en términos de tiempo, se necesitan al menos quince días para para rentabilizar una distancia tan larga.

Fui lo más al sur de un continente al que muchos temen ir, a un lugar que ha estado en las noticias por hechos atroces, pero también por figuras monumentales que han definido e inspirado a personas y a pueblos enteros: Sudáfrica.

En la necesidad de hacer maletas e ir a respirar otro aire, de aprovechar de un poco de calor antes de que el invierno se instalara, un amigo que había visitado ese país meses atrás, terminó por reafirmar que ese era un destino maravilloso.

En general, muchos de nosotros pensamos en África como en un documental de Discovery Channel donde los animales corren libremente por las sabanas. Pensamos en los grandes parques naturales y obviamente en la situación de pobreza de los habitantes, en las hambrunas, en las guerras civiles y hasta en el tráfico de especies.

Pocos somos conscientes que las otras riquezas: las del oro, los diamantes, el carbón, el coltan, el níquel, el cobre, la bauxita, el uranio, el petróleo, el gas y el carbón, son recursos naturales que por siglos han salido de África, provocado un pillaje sostenido en el tiempo, que solo ha enriquecido a un puñado de personas, algunas locales y otras extranjeras.

Esta no era mi primera visita de un país africano, pero si el primero a uno sub-sahariano. La planificación resultó más fácil de lo esperado y la idea de haber reservado únicamente los lugares de descanso, permitiría explorar con detenimiento los lugares previamente elegidos. En términos generales se requiere de un vehículo y tomar un par de vuelos internos para avanzar en el recorrido.

LA TRAVESIA Y EL PRIMER CONTACTO: El avión salió de Paris dirección Etiopia. Addis Abeba era la ciudad de conexión para llegar hasta Ciudad del Cabo. Era el único vuelo que salía el 1 de noviembre y que se ajustaba a las fechas y al presupuesto. En las primeras siete horas de vuelo no se siente mucho la diferencia, estando en un avión un poco vetusto, pero funcional, casi todo el viaje tuvo lugar en la noche.

La llegada a Addis Abeba permite despejar la mente y accionar el modo vacaciones, no solo por el calor que se sentía en el aeropuerto, sino por la cantidad de personas tan diversas, hablando idiomas que no podía entender, con looks diferentes y a veces coloridos.

La zona de tránsito parecía pequeña, poco confortable para esperar durante dos horas antes de embarcar al destino final. Dos cosas me hicieron recordar mi país, la primera, unos pequeños comercios en donde vendían algunos bienes de primera necesidad, similares a los que se encuentran en las terminales de transporte de las ciudades intermedias.

La segunda ocurrió cuando decidí observar por uno de los grandes ventanales y descubrí que en Etiopia o por lo menos en Addis Abeba, como en Colombia, los muros altos están adornados de alambres de púas para evitar intrusiones. Menos elegantes que las cercas eléctricas, era la primera vez que constataba esas medidas de seguridad en un aeropuerto internacional. Después pensé en los piratas etíopes y otra cantidad de circunstancias que probablemente justificaban esas medidas de seguridad y decidí no concentrar más atención en ese detalle.

Al llegar a Ciudad del Cabo el aire volvió a cambiar. La temperatura no era tan elevada y hacía pensar un poco en un clima templado en donde las ráfagas de viento recordaban que lo mejor era abrigarse correctamente.

De la herencia colonial inglesa, habían heredado el idioma con el que la mayor parte de la población se comunica con el resto del planeta y conducir del lado izquierdo.

Ciudad del Cabo es una ciudad moderna con los rastros de ese pasado colonial presentes en su arquitectura que se debate entre las casas coloridas, los edificios de dos plantas, y al mismo tiempo abrita las estructuras de cemento y de grandes vitrales que se encuentran en toda parte. Las calles de Ciudad del Cabo tienen andenes estrechos y queda claro que el automóvil es el rey.

Al pasear por esas calles pude constatar que los comercios no son exclusivamente destinados al turismo y eso me alegró. Incluso el hecho de entrar a una peluquería para comprar una lima y un cortaúñas, pues mi maleta se extravió, resulto ser toda una odisea. No solo porque en algunos de los comercios a los que entré me miraron de manera extraña, sino porque tampoco me quisieron indicar en donde podía procurarme ese tipo de elementos.

Asistía por primera vez a una reticencia única frente al extranjero y me pareció extraño pero normal. La historia de Sudáfrica está plagada de ejemplos en donde el extranjero ha llegado para transformar los usos y las formas, para aprovecharse, para imponer un sistema, para dejarlos sin nada más que sufrimiento.

El trato era frio y distante, en el hotel como en el restaurante o en comercio. Por primera vez estaba en un lugar en donde el turismo si existe pero el turista no es tratado como un dios. Las personas que realizan oficios en este sector hacen su trabajo de manera responsable y cordial pero sin caer en las zalamerías, ni en el querer vender a costa de todo.

LA MAGIA DEL CABO Y SUS ALREDEDORES: El paisaje de Ciudad del Cabo está decorado por la Table Mountain, una montaña que no termina en pico, sino que tiene una forma alargada como la de una mesa, de ahí el nombre. Este lugar, que es a su vez un parque natural, ofrece la oportunidad de disfrutar de una vista periférica desde donde se puede apreciar la bahía y por supuesto Robben Island.

Robben Island, empezó siendo prisión desde el año 1400 y hasta el fin del etapa colonial holandesa entre 1652 y 1806. Se convertiría temporalmente en un hospital para leprosos durante el siglo XIX bajo dominio colonial inglés, y luego en un sitio defensivo a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.  

Durante el Apartheid éste lugar fue destinado a los prisioneros políticos principalmente, quienes además estaban obligados a pagar la pena realizando trabajos forzados, tal como fue el caso de Nelson Mandela, quien estuvo preso allí entre 1964 y 1982. Robben Island siempre ha sido el símbolo en contra la opresión frente a cada uno de los regímenes impuestos: colonial y Apartheid que en ambos casos dividían a la sociedad a partir de la raza, la clase, el género y la etnicidad. Históricamente, los prisioneros recluidos allí persistieron en la lucha por sus derechos y por la libertad, por mantener la dignidad que los guardias estaban obstinados en romper, respondiendo a las lógicas de superioridad y de mantenimiento del régimen del momento.

La península del Cabo tiene mucho que ofrecer. Existe la posibilidad de embarcarse hacia Duiker Island en dónde se pueden observar las colonias de focas en libertad. También se puede aprovechar el día caminando en la reserva natural del Cabo de Buena Esperanza, que realmente marca en encuentro entre el océano Atlántico y el océano Indico. No lejos de éste punto en Simon’s Town, los visitantes dedican horas a la observación de las colonias de pingüinos.

Gracias a una infraestructura vial similar a la de un país desarrollado, la movilidad resulta segura y práctica.

Siguiendo el camino hacia el este del Cabo, se encuentra la ciudad de Hermanus. El atractivo de esta pequeña ciudad radica en el avistamiento de ballenas jorobadas y cachalotes, incluso desde la bahía. Aunque algunas embarcaciones pequeñas están disponibles para seguir el recorrido de estos mamíferos, el día en que realicé el desplazamiento estuvo marcado por una gran masa de viento que impedía a los barcos zarpar.

Las condiciones meteorológicas no entorpecieron el gran espectáculo al que asistiría solo unos minutos después. El juego entre las ballenas y sus crías era visible desde el borde de un camino peatonal que permitía seguir los desplazamientos  de estos animales maravillosos. Al menos tres grupos de ballenas realizaron piruetas durante dos horas. El silencio permitía escuchar la respiración siempre potente y profunda. Los saltos más o menos altos extasiaban a los asistentes, que a diferencia de lo que ocurre en los parques de atracciones se contuvieron para no aplaudir, ni exclamar, ni gritar.

Parecía incluso inoportuno filmar o tomar fotos, pero parecía una pérdida de tiempo cuadrar ángulos a sabiendas de que la ocasión era única y que el mejor recuerdo seria de registrar en el cerebro cada sonido, cada movimiento, cada color y el olor del mar. Después de dos horas de show, las ballenas empezaron a alejarse, como despidiéndose de quienes habíamos ido a visitarlas. Salí de ahí convencida de que son uno de los más grandes tesoros de la tierra.   

Es increíble que a tan corta distancia de Ciudad del Cabo se pueda experimentar ese encuentro con la naturaleza y con una fauna tan variada que parece salida de un gran documental. Como si los sueños que tuve cuando era niña se agruparan en un solo lugar y en tan corto tiempo.  

Al día siguiente al adentrarme en la ruta de los vinos, pude descubrir las ciudades de Franschhoek y Stellenbosch. Esta zona marcada por la presencia de los franceses hugonotes o protestantes que huyeron de su patria después de 1685, crearon todo un complejo vitícola que se perpetua hasta nuestros días. Si bien la calidad del vino es discutible, también es cierto que Sudáfrica se encuentra en el top diez de países productores y la distribución concierne principalmente destinos turísticos de lujo como Isla Mauricio y Seychelles, que se ubican también cerca de Madagascar en pleno océano Indico.

Como en Europa y en Estados Unidos las visitas y degustaciones en los viñedos están a la orden del día. Al visitar estos dos puntos, no pude evitar pensar en los colonos protestantes que se ubicaron en esta zona rica para la agricultura, otro motor de la economía regional. Tampoco pude eludir el hecho de que es una zona exclusivamente blanca y aséptica, tan similar a cualquier pueblo de la Europa occidental.

Con esas preguntas en mente regreso a Ciudad del Cabo para tomar el vuelo que me llevaría a Port Elisabeth, un punto de partida hacia la parte oriental de Sudáfrica.

RESERVAS NATURALES: Concluido el aterrizaje en Port Elisabeth, el objetivo era conducir hasta Addo Elephant Park, una reserva creada para proteger principalmente elefantes, pero que abrita otras especies: leones, avestruces, antílopes, cebras, mandriles y otros tipos de monos, cientos de pájaros.  

Tener el privilegio de dormir dos noches en Addo, me permitió ver desde el coche las familias de elefantes interactuando, protegiéndose, colaborando entre ellas. Estaba claro que quienes estábamos allí éramos unos invitados casuales y que seriamos expulsados si los animales se sentían en peligro.

La inmensidad, el respeto por esos animales tan poderosos que avanzaban a veces en dirección del coche, solo podían hacerme contener el aliento. Con sus pequeños ojos que no parecen adaptados a un cuerpo enorme, se puede llegar a pensar que los elefantes son torpes o errados en su cálculo cuando aparentan marchar más rápido de lo normal. Nada más equivocado, ellos pasaban a centímetros del vehículo, sin siquiera rozarlo, tan cerca como para  poder contemplar la piel arrugada y seca, olerlos y escucharlos respirar. Verlos beber agua en los pozos, tomar el alimento de las ramas de los arboles provoca alegría y a la vez incertidumbre sobre el futuro de esta especie en peligro de extinción.

La vida en el Parque Addo es simple, las consignas de seguridad son claras desde el registro, y las zonas están delimitadas para evitar accidentes. Los horarios de entrada y salida están previstos para no perturbar a los animales y a la vez para garantizar la seguridad de los visitantes. Las cabañas dispuestas para el alojamiento son sencillas y recuerdan la necesidad de cuidar el agua y de no abusar de la electricidad. También está prohibido disponer alimentos fuera de las cabañas pues estos atraen principalmente a los monos, que en estado salvaje están dispuestos a dar un combate por procurarse el alimento. Todo desplazamiento debe realizarse en el vehículo. Los rastros orgánicos de los elefantes a pocos metros del alojamiento recuerdan por qué es imprudente desplazarse a pie. 

Al dejar Addo la ruta prosiguió en dirección a la ciudad de Durban, para lo cual fue necesario tomar otro vuelo desde Port Elisabeth, de lo contrario eso implicaría conducir durante diez horas aproximadamente.

MARCAS DE DIVISION ETNICA: Durban se encuentra en la tierra de los Zulús lo cual permite reanudar con las bases de las tribus africanas. Esta es también una zona de referencia para la migración proveniente de la India durante la dominación inglesa.

A Durban llegaron los esclavos de lo que hoy son India, Bangladesh y Pakistán, para trabajar en los cultivos de caña de azúcar que se encontraban en esta zona, otros pertenecientes a una clase social más elevada, se dedicarían al establecimiento de relaciones comerciales. Aquí llegaría Mahatma Gandhi en 1893 y constataría la discriminación de la que eran (son) víctimas los sujetos indios y negros.

La lucha por la libertad a partir de la resistencia pacífica o movimiento de no violencia, inspiraría a los miembros de la ANC (Congreso Nacional Africano) en el movimiento político que buscaba el fin de la segregación racial impuesto por el Apartheid, y en consecuencia el fin de la dominación blanca. 

Esta ciudad, que hoy en día cuenta con el puerto industrial más importante del país, posee a la vez playas increíbles aptas para kite-surf, surf y las populares inmersiones en jaulas en medio de tiburones blancos y de tiburones tigre.

Otra reflexión cruza mi mente a medida que recorro la ciudad y es la manera en la que está distribuido el espacio de habitaciones, así como las interacciones entre la población. La separación entre blancos- Afrikáners,  los descendientes de los “indios” y los africanos está aún bastante marcada. Los lugares concentran principalmente un solo tipo de población, como si la mezcla no fuese posible. Incluso los barrios que componen la ciudad están organizados en función de estas distinciones[1].

Aunque la ciudad parece organizada e incluso agradable, esas diferencias tan fuertes me hacen pensar en ¿Cómo alguien como yo podría hacer parte de una comunidad de estas, en qué grupo podría sentirme a gusto? ¿Sería posible interactuar fácilmente con las otras comunidades? Lo que sentí en Durban fue la necesidad de pertenecer a una comunidad específica que en principio está en concordancia con los rasgos físicos, pero que luego está marcada por una historia común.

La historia de las comunidades indias y negras estuvo atravesada por la injusticia y por una lucha hacia la libertad que en principio estuvo fracturada por los “privilegios” de los primeros, pero se configuraría a posteriori como un objetivo común .

EN TIERRA ZULU: Saliendo de Durban empiezo a apreciar desde el coche la particular arquitectura de las casas del sector. Siempre hay una pequeña casa en forma de choza contigua a la casa de mayor tamaño.

En principio pensé que podía tratarse de un lugar en donde se almacenan leña o suministros, como un tipo de depósito. Incluso llegué a pensar que se trataba de un cuarto de baño. Pero cuando empecé observar con más detenimiento, descubrí que algunas tenían cortinas y me pareció que era más bien un lugar de habitación. Los materiales de construcción de la “choza” son variados, pero parecía ser un espacio confinado para una sola persona.

Luego un hombre Zulú me diría que estas casas tradicionalmente servían para abrigar a la amante o a la segunda esposa, la tradición de la poligamia está bastante extendida en los pueblos originarios.

Por esta razón las chozas eran construidas en el terreno de la casa, dejando siempre algo de distancia con la casa principal. Me dijo también que para otras personas la utilidad había cambiado y que simplemente estas casas eran un lugar espiritual, en donde se invocaba a los ancestros y se les pedía consejo.  

En el camino hacia Santa Lucia en donde se puede apreciar la vida animal de hipopótamos y cocodrilos que conviven en el lago del mismo nombre, pensaba en esta invasión humana a lugares de fauna silvestre tan increíbles. Esta pequeña población en donde nuevamente no se puede caminar de noche por el alto riesgo de encontrarse frente a un hipopótamo, está lejos de causar pánico en la población local. Los hoteles atesoran fotos de los hipopótamos que en las noches se acercan a beber agua a las piscinas o que vienen a marcar el territorio.

Otros parques naturales rodean Santa Lucia, visité Hluhluwe iMfolozi que protege principalmente rinocerontes, hienas, leones, búfalos y antílopes. Las visitas nocturnas, activan los sentidos porque algunos de los animales son activos cazadores nocturnos. Sin embargo, una nueva pregunta se suma a la lista y tiene que ver con la toma de riesgos innecesarios, que pueden llegar a perturbar la vida de los animales salvajes, a sabiendas que nuestros ojos no funcionan como cámaras infrarrojas o de movimiento como para registrar por ejemplo, una escena de caza. Nuestros sentidos no estan desarrollados para andar de safari en la noche, no podemos anticipar una incursión de un gran gato o el ataque de búfalo, que son los más temidos.

Este tramo nororiental terminaría con la visita a Sodwana Bay, una bahía reputada por su riqueza marina en donde bucear es la actividad más apetecida. La rudeza del mar me enseñaría que a veces es mejor prepararse suficientemente antes de embarcarse, más aun cuando las condiciones meteorológicas no son las mejores.

A veces es mejor no aventurarse en salidas que requieren niveles de experiencia más avanzados y éste es el caso para los buzos que acuden a este paraíso. La playa salvaje con bancos de arena que llegan a las rodillas, las olas del mar que se siguen como muros de una gran pared, hacen que el océano parezca casi impenetrable.

La dificultad de las lanchas rápidas para adentrarse al mar y de los barcos que requieren ser arrastrados por tractores para poder acceder al mismo, reflejan bien las condiciones en las cuales se realizan estas aventuras. En efecto, los fondos marinos son ricos y seguramente en mejores condiciones, la aventura pudo haberse extendido por un periodo de tiempo mayor.

ENTRE MONTAÑAS Y SABANAS: De nuevo sobre la carretera, esta vez en dirección de Johannesburgo, el camino me lleva a Suazilandia, para luego volver al entrar en Sudáfrica, las montañas vendrían a ser parte recurrente del paisaje.

La reserva de Kwa Madwala completaría el recorrido para apreciar el BIG 5 (los cinco grandes) haciendo referencia los cinco animales que se deben poder apreciar en ese tipo de circuitos. La verdad más allá de quererlos marcar en el cuaderno que reparten a la entrada, el gran privilegio es poder observar otros animales desplazarse y actuar libremente: jirafas, guepardos, e incluso los leopardos reposando plácidamente en una roca seguro después de una extenuante noche de caza.

Los movimientos o la manera de fijarse de ciertos animales ante nuestra presencia, siempre en coche, estuvo cargada de adrenalina, producto del temor y del respeto entre especies que no están hechas para compartir el mismo espacio. Los cuidadores y rangers, además de la información sobre la fauna y la flora, siempre tuvieron en mente una comunicación que buscaba sensibilizar sobre la necesidad de proteger esas especies en peligro.

A diferencia de lo que se puede pensar, no habia buses repletos de gente como quien va a un zoológico. Las personas deben permanecer en absoluto silencio y los grupos no superan las cinco personas por vehículo. En algunos casos se puede utilizar el propio auto que debe rodar lentamente, evitar usar el claxon o prender las luces para evitar molestar a los animales. Los horarios y la cantidad de personas autorizadas también están controlados y me parece que existe un esfuerzo real de parte de las autoridades sudafricanas y de algunos particulares por tratar de mantener esas reservas naturales.

Estos sitios no están libres de cazadores, que incluso han logrado matar a los animales dentro de las reservas, poniendo en peligro a las crías y a otros animales protegidos. La estupidez de los humanos que se sienten más poderosos portando pieles de animales, o de quienes utilizan partes de los mismos: cuernos, escamas, colmillos, entre otros para fabricar medicinas tradicionales, indignan al punto de querer exponerlos al escarnio público, ridiculizarlos y castigarlos penalmente por esos comportamientos. Los sudafricanos con pocas fuentes de financiamiento logran asegurar el patrimonio natural, la fauna que muchos otros se han empeñado en destruir.

Avanzando hacia Johannesburgo tuve también la posibilidad de pasar un día en Blyde River Canyon. Las cascadas de agua cercanas ambientan la llegada a un lugar que se asemeja a un paisaje lunar. Los Potholes una formación geológica que se crea a partir de la erosión del agua, diversifican un paisaje que se puede apreciar en varios países que presentan fallas geológicas. Este fue el único lugar que pude recorrer a pie, sin embargo las distancias entre toda esta zona natural están cortadas por vías secundarias, bastantes transitadas, impidiendo disfrutar de un  recorrido a través de un corredor natural.

EL ULTIMO TRAMO: el camino hacia realidades más cercanas: Al continuar por la autopista que conduce a Johannesburgo y que prosigue hasta Pretoria, tres situaciones atrajeron mi atención. La primera estuvo relacionada con los Townships que son visibles desde la carretera nacional.

Este tipo de “barrios – vecindarios – colonias” hacían las veces de guetos para la población negra empobrecida. Los Townships son por definición un lugar en donde los servicios públicos son inexistentes o precarios y las dificultades visibles. En Sudáfrica durante todo el periodo del Apartheid no se podía salir del vecindario sin autorización otorgada por un pase de movimiento que podía ser revocado en cualquier momento. Una persona nacida en un Township difícilmente podía en aquella época y aun en nuestros días salir de él, la movilidad social es prácticamente inexistente.

Si algo pretendía el Apartheid era reducir a las personas negras y evitar que tuviesen cualquier tipo de derecho: a la salud, a la vivienda, a la educación, a tener una vida digna y por supuesto, evitar que pudieran reclamar derecho a la propiedad, a la tierra o adquirir derechos políticos.

Esos Townships que se observan desde la carretera recuerdan que aún con la caída del Apartheid, las condiciones de inequidad y de falta de oportunidades son palpables en la Sudáfrica actual, lo cual se siente con mayor fuerza una vez se ponen los pies en Johannesburgo.

La segunda situación que me pareció relevante fue la contaminación del aire que se sentía incluso dentro del vehículo. Durante el recorrido, observaba también la bruma que cubría el paisaje de manera permanente. En ciertos momentos incluso resultaba difícil trazar el recorrido en la carretera, en razón de la contaminación. No solo los camiones que transitan por esta vía nacional contribuyen a la situación, la explotación industrial de granjas e incluso de centrales termo eléctricas a base de carbón que funcionan en esta zona afectan considerable y durablemente la calidad del aire.

La tercera situación que llamo mi atención se hizo cada vez más palpable a medida que recorría el país en coche. La mayor parte de la población no posee un vehículo de transporte diferente a su propio cuerpo, a sus pies. No es extraño ver a las persones haciendo Auto-stop en las autopistas, ni de ver a las personas caminando al borde de las vías principales o secundarias. Algo que no solo pone en riesgo su propia integridad física, si no de la de quienes conducen un vehículo y pueden impactarlos por distracción o por falla mecánica.

A diferencia de muchos países en desarrollo en América Latina y Asia en donde las bicicletas y las motos juegan un rol esencial en el transporte de poblaciones menos favorecidas, en Sudáfrica no es el caso. A parte de los automóviles, del transporte público: buses y pequeñas camionetas de transporte colectivo, las bicicletas y las motos no están democratizadas. Llama la atención que un país en donde el automóvil es rey y en donde el transporte individual alternativo es prácticamente inexistente, no existan andenes destinados a la locomoción de los peatones.

Finalmente, la última parada de éste viaje en Johannesburgo aunque limitada tenía un gran peso simbólico por los hechos dramáticos que tuvieron lugar en ella. Me refiero al desplazamiento forzado que tuvo lugar en Sophiatown, que fue completamente destruido y cuyos habitantes fueron acogidos en Soweto.

En Johannesburgo se percibe la tensión social en el centro de la ciudad en donde se pueden observar numerosas personas en situación de indigencia, la mayoría dependientes de substancias ilegales como la heroína o el cristal, en donde la suciedad y la miseria son el cotidiano de sus habitantes.

En los vecindarios de clase media y alta se observan los circuitos cerrados de seguridad, y las rejas que cubren ventanas y jardines vienen a complementar la protección de la  propiedad.

De un vecindario a otro se observan diferencias exponenciales en el tamaño de las viviendas, en el tipo de construcción. En los más favorecidos los coches de alta gama son la regla y no la excepción. En otros que podrían llamarse intermedios los pequeños comercios empiezan a ganar un poco de terreno pero la mayor parte de los usuarios son turistas que salen únicamente, y por recomendación de los locales, con lo estrictamente necesario entre los bolsillos.

En otros barrios en donde se observa una población modesta, los habitantes discuten en la calle o en el parque de la esquina.

Pero la experiencia más alucinante en esta ciudad se vive en el Museo del Apartheid, en donde desde la entrada queda claras las huellas de lo que implica la discriminación. En el momento de comprar el billete cada quién podrá tener acceso por una puerta distinta dependiendo de lo que se consideraba como como blanco o no blanco.

Es una experiencia única, dolorosa en imágenes, relatos y sonidos. La representación de las celdas de aislamiento, del proceso de juzgamiento en contra de los líderes de ANC en Pretoria. La descripción sobre las condiciones de detención, sobre los abusos cometidos en los Townships, sobre la lucha de los militantes que a veces desde el exilio seguían haciendo de su causa el trabajo de toda una vida.

Todo el proceso de reconciliación y la cronología de la llegada de Nelson Mandela al poder generan muchos interrogantes sobre el perdón, sobre la memoria y la aceptación de la diferencia del otro.

En un país como éste que aún sufre las heridas del horror colonial y las marcas profundas del Apartheid, ha sido crucial el compromiso del Estado con el acuerdo que permitió la reconciliación entre los sudafricanos, independientemente de su etnia, de su color de piel, de su origen, de la lengua natal, de la filiación política.

Sudáfrica tal vez tenga grandes desafíos por alcanzar en términos de equidad, garantizando  los derechos para las numerosas tribus que han existido milenariamente en su territorio, pero sin duda otorgando un lugar a quienes por generaciones han sido víctimas de la exclusión. El Estado y sus ciudadanos, tienen por delante el reto de no repetición de abusos por parte de una de las comunidades que habitan este gran país.

A lo mejor, el pueblo sudafricano tenga también que hacer frente a objetivos desarrollo económico más equilibrado y menos dependiente de las fuentes de energía tradicionales, que por demás atentan contra sus más grandes tesoros, los saberes ancestrales y su maravillosa diversidad humana y natural. En todo caso Sudáfrica  ha sido uno de los lugares más increíbles que haya podido visitar y disfrutar,  en mi memoria están grabadas muchas cosas que aquí no pude plasmar.  


[1] ALGUNAS PRECISIONES POBLACIONALES: La diversidad de los pueblos negros de Sudáfrica es importante pero no siempre está relacionada con una división étnica. En algunos casos la creación es de orden político y obedece al liderazgo de un líder local que constituyó su propio territorio y su legado, logró perpetuarse en el tiempo. Cada una de las etnias tiene su propia lengua oficial.

Existen dos tipos de grupos los Bantús y los Bosquimanos.

  • En el primer grupo, el de los Bantús existen varias divisiones. Los Ngunis que representan un poco más de la mitad de la población negra sudafricana. Hacen parte de los Ngunis los Zulú, Xhosas, Swazis, Ndebélé.

En el grupo de los Sothos por su parte corresponde a un tercio de la población negra, representados por los Tswana, Sotho del norte y Sotho del sur. 

Menos representativos se encuentran los Tsongas y los Vendas.

  • En el segundo grupo el de los pueblos no bantús se encuentran los Bosquimanos y los Hontentotes o Khöis.

Bajo el título de Afrikáners son designados los descendientes de todos los blancos que se instalaron en Sudáfrica durante varios siglos: holandeses y alemanes, franceses hugonotes y más tarde los ingleses de la época colonial.

Otras poblaciones blancas llamadas por los Afrikáners los Uitlanders – los extranjeros-, son personas que llegaron durante el siglo XIX mayoritariamente provenientes de Hungría y Lituania, algunos judíos europeos que llegaron entre finales del siglo XIX y comienzos del XX y últimamente griegos y portugueses que se fueron instalando después del proceso de descolonización.

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HELP! The Police is coming…

Il y a plus d’une semaine, j’ai consacré quelques lignes à une réflexion à propos des scandales de corruption, d’écoutes illégales et d’abus commis par les Forces Armées et de Police colombiennes[1]. Des faits sombres qui sont dévoilés avec une fréquence préoccupante.  

Mais depuis dix jours, nous assistons à nouveau à des faits de violence policière aux Etats-Unis. Une violence récurrente envers les africains-américains et dont le dernier épisode, concerne l’assassinat de George FLOYD sous les genoux d’un policier.

Cet assassinat a fait sortir massivement dans les rues de l’union américaine des populations toutes confondues qui ne supportent plus ce cycle de violences. Dans les jours suivants, d’autres manifestations et rassemblements ont eu lieu dans d’autres pays, souvent devant les ambassades étasuniennes comme un geste de soutien envers les afro-américains, utilisant la consigne #Black lives matter ou encore #Justice for George Floyd.

Dans d’autres cas comme en France les manifestants qui réclamaient devant les palais de justice à Paris ont brandi le slogan « Justice pour Adama ». La défense et la famille d’Adama Traoré cherchent à prouver par les contre-expertises médicales la responsabilité des policiers dans la mort du jeune Adama le jour de son interpellation-décès.  

Certains d’entre nous avons uniquement la parole pour exprimer le sentiment d’indignation face aux abus et bavures policières. Même si la conjoncture Coronavirus interdit temporellement les manifestations, dans les pays démocratiques nous n’avons aussi ce recours pour montrer notre désaccord à grand échelle. Or, le renforcement des CRS, l’usage des gaz lacrymogènes et des armes « non létales » de façon habituelle finissent par nous faire peur et par restreindre notre liberté de protester. Certains d’entre nous avons peur de sortir et de ne pas rentrer, de subir de menaces, de finir borgnes, en résumé de cumuler des blessures physiques si douloureuses que les morales.

La population a peur car nous sommes seuls devant eux armés et visiblement sous couvert d’impunité. Même se décider à porter plainte devient un risque. Nous sommes susceptibles de vivre une revictimisation, de subir le racisme, et même de la dissuasion de porter plainte.

Les policiers, à différence de ce que certaines personnes pensent, ne sont pas des milices payés par l’Etat pour rétablir l’ordre à tout prix. Le rôle de la Police est aussi celui de veiller à la sécurité des personnes, des biens et des institutions. Elle n’a qu’un rôle répressif, elle doit utiliser ses moyens dans des démarches préventives, elle se doit de créer de ponts avec les citoyens, d’être médiateurs et non exclusivement de guerriers.

Or, certains policiers paraissent avoir oublié qu’ils doivent protéger toutes les personnes, sans exception, alors que les discours fascistes, racistes, misogynes, homophobes, se renforcent, comme cela a été présenté dans l’enquête de Mediapart et dans un extrait posté sur le site d’Arte Radio[2].

« …Persuadés de l’imminence d’une « guerre raciale », pour laquelle ils affirmaient stocker des armes, ces policiers (titulaires et « adjoints de sécurité », les emplois-jeunes de la police) accablaient d’injures tous les « ennemis de la race blanche » : les femmes (des « putes », même les policières), les Noirs (des « nègres »), les Arabes ( des « bougnoules »), les gens du voyage (des « putain de manouches »), les Juifs (des « fils de pute » qui « dirigent le pays » en compagnie des « gauchistes »), les homosexuels (des « pédés »). « Pour vivre heureux, vivons casher », plaisantaient entre eux ces policiers, soucieux de rester discrets sur leurs échanges. »[3]

Quel type de personnes sont recrutées pour garantir l’ordre et la paix de nous tous ? Quel type de formation et de suivi aux droits humains sont fournis ? A quelle fréquence ? Comment se réalise l’échange avec des policiers et la population issus de la diversité ? Comment identifier les comportements intolérables, violents, déplacées, hors la loi ?

La population qui confronte les abus devient une cible, les persécutions non seulement proviennent de la part de ces institutions, mais de la part d’acteurs politiques qui en quête de popularité se lancent dans des discours populistes de défense des infracteurs, des autorités violentes et abusives. Dans les meilleurs de cas il y a une condamnation morale, ou des suspensions transitoires, mais à quoi bon si les institutions ne sont pas en mesure de punir effectivement les infracteurs ?   

Identifier les opposants comme des cibles : gauchistes, communistes, féministes, militantes défenseurs de droits humains, c’est de les mettre dans les casses historiquement utilisées pour chasser les «ennemis internes».

Pour les personnes qui défendent ces propos fascistes, il est donc tout à fait normal de faire suivre les cibles, de les écouter (sans ordre judiciaire), de les menacer et encore de les « faire taire ». Pour les acteurs qui véhiculent le patriotisme et la protection des institutions sous le discours qu’il s’agit de quelques pommes pourris ou de cas isolés cela suffit pour se conforter à l’idée que le fonctionnement des forces de l’ordre est normal et le débat et clos.   

Corruption, meurtres par violences policières, abus d’autorité ce sont des comportements que le citoyen moyen accepte de moins en moins, car les forces de l’ordre sont à notre service, rémunérées avec nos impôts, ce qu’ils semblent avoir oublié. Les messages échangés entre membres de la police française sur un groupe de Whatsapp plus que nous laisser abasourdis par leurs propos, nous écœurent. 

Les faits prouvent que ces propos et ces comportements ne sont pas isolés, ils sont plutôt habituels, presque méthodiques comme l’indique le jugement du 20 mai dernier[4] à propos des faits commis par des policiers dans le XIIème arrondissement de Paris.

«Selon le Défenseur des droits Jacques Toubon, les contrôles d’identité répétés et abusifs, ainsi que les violences commises à leur encontre, relevaient non pas d’initiatives individuelles mais d’un système, d’une « discrimination systémique ». Il demande dès lors à la justice « d’interroger le ministre de l’intérieur sur la justification […] de telles violations », sur ce « harcèlement discriminatoire » mis en place »[5].

Ces contrôles discriminatoires et abusifs s’accompagnaient de propos racistes, d’agressions physiques et de transferts injustifiés au commissariat. En décembre 2015, dix-huit jeunes ont déposé plainte, notamment pour « violences aggravées », « agressions sexuelles aggravées », « séquestrations et arrestations arbitraires » et « discrimination ». Compte tenu du caractère systématique de ce harcèlement, les victimes ont tenu à concentrer en une seule plainte l’ensemble des faits subis entre 2013 et 2015.[6] 

La question se pose alors. Aller demander de l’aide lorsqu’on ne sait pas à qui on fait face : s’agît t- il d’un de ces policiers abusifs, ou corrompus ? Où est-on des enquêtes internes qui ne finissent en rien ? Pourquoi il n’y a pas des suites connues par la population ?

Ce mutisme de la part des autorités haut placées n’aide pas. Cela est perçu comme du négationnisme comme si les institutions ne supportaient pas leur remise en question. Ceux qui brisent la loi de l’omerta sont persécutés, mutés, dégradés par leurs collègues, ou arrêtés dans la course aux promotions. Alors à quoi bon réfléchir au lieu de se limiter à obéir ?

Changer de communication notamment sur ces cas médiatiques peut aider à regagner la confiance des citoyens. Cacher l’oppression, lever le pied sur les faits dénoncés par les médias indépendants nous font penser que le pouvoir politique, économique, ou encore les grands médias traditionnels sont des complices occultes des bavures et qu’ils justifient le discours de l’ennemi interne.

Nos sociétés jouent sur la retenue depuis longtemps. En temps de guerre on nous demande de soutenir nos institutions mais lorsqu’on constate que la faille institutionnelle est bien profonde, il est plus difficile de laisser faire et de laisser passer.

Nous attendons des réactions et des procédures claires de la part des autorités et non ce jeu éternel d’attiser la haine contre les communautés issues de la diversité pour créer des émeutes, utiles à éloigner l’attention du point focal.  

Des similarités dans le traitement de l’information par les médias, qui vont se concentrer dans les casses et les violences des manifestants, servent rarement à élever le débat pour discuter sur le fond de ce dégoût envers des institutions qui perdent la crédibilité des citoyens, ou encore à propos du manque de légitimité de la police pour garantir l’ordre.

Le débat doit probablement inclure la discussion sur cette déshumanisation systématique de l’autre afin de le contrôler, de le soumettre et de maintenir le statu-quo bénéficiant une partie de la population.  

Le passé coloniale a eu des conséquences néfastes sur les peuples qu’on subit la domination, le déplacement, le pillage, l’esclavage, la torture, l’abus sexuel, la mort. Aujourd’hui, ces conséquences sont visibles et ressenties par les citoyens de « seconde et de troisième catégorie », qui subissent quotidiennement le racisme. Celui qu’alimente la discrimination et les abus des forces de l’ordre à l’encontre des populations ayant une « origine réelle ou présumée » non blanc.  

Cette manière de penser arriérée et limitée n’est pas anodine. Les traces du passé coloniale n’ont pas fait le chemin de la honte, le révisionnisme historique est aussi à la mode. Le manque d’instruction dans la formation des enfants et des adultes français à propos des abominations commises par la France en tant qu’empire coloniale n’ont pas été assez discutées, assez graphiques, assez explicites pour que l’on comprenne qu’il n’y a pas de quoi se vanter.

Les policiers qu’on peut écouter dans les audio publiés par Arte Radio, vaticinant une guerre civil entre « bougnoules et noirs » font preuve entre autres, d’un manque de vision, de raisonnement. Leur étroitesse d’esprit, leur manque de recul et de connaissance de l’histoire, même de la plus récente, les empêche de voir qu’une guerre civile n’est pas un jeu vidéo, ni un simulateur de violences.

Pensent–ils vraiment que leurs sacoches pleines de jouets militaires vont servir pour les épargner à eux et à leurs familles des atrocités d’une guerre civil ? Pensent – ils vraiment que dans ce pays les blancs ne seront pas touchés par les violences entre « bougnoules et noirs» ?

A la manière de parler de ces policiers, on penserait plutôt aux types qui s’investissaient dans les croisades, complètement ignorants et guidés par la foi dans un dieu duquel personne n’a la preuve de son existence. Ces policiers semblent guidés par leur haine et leur racisme créé à partir d’un discours de supériorité raciale faux, comme la science l’a déjà démontré.

Vraiment ces policiers pensent la France comme un pays catholique où d’autres religions et manières de voir le monde n’ont pas de place ? Ce sont eux qui n’ont pas de place dans un Etat devant lequel ils se sont engagés à défendre les principes de laïcité et d’égalité.

Peut-être qu’il faudrait repréciser aux français au moins ces deux concepts pour éviter que les discours enflammés de la droite (de toutes les couleurs) ne véhiculent pas des idées erronées sur ce qui implique la laïcité; et pour éviter que l’égalité soit appliquée de façon aléatoire, discrétionnaire.  

Après le régime fasciste Italien, le nazisme allemand, la mise en place de l’Apartheid en Afrique du Sud, tous des régimes bâtis sur l’obsession d’établir la supériorité des blancs. Après d’avoir constaté les affreux dégâts de ces expériences, ces racistes n’ont toujours rien compris ?

Rajouter du kérosène à cette mèche déjà allumée tant en France comme dans des nombreux pays où le système économique et les conditions sociales se dégradent tous les jours, n’est pas souhaitable.

Mais faut – il continuer à se taire à propos des de violences policières systémiques ? Ou plutôt il temps de se souder les coudes et ensemble remettre en question la continuité des institutions dysfonctionnelles ? Des réformes profondes et un vrai engagement de part de la justice sont plus que nécessaires. Personne ne veut entendre des reformes cosmétiques, ni des procès cachés – internes qui favorisent l’impunité.

Va-t-on encore restreindre nos libertés sous l’excuse de maintenir ce qui visiblement ne fonctionne plus ? La vérité c’est que la montée de la grogne n’est pas injustifiée et que la colère ne cessera sans que des engagements réels soient envisagés par les pouvoirs publics. Même les bateaux les mieux construits ne sont pas insubmersibles.   


[1] https://mi-vida-en-cuatro-tiempos.com/2020/05/19/la-gran-manzana-podrida

[2]https://www.arteradio.com/son/61664080/gardiens_de_la_paix?fbclid=IwAR0vUCKfwhIqHYX5l1ZEse7Vr6pKsWRX8r5mLi2EVoV5UO-5t–9ElcbbXY

[3] https://www.mediapart.fr/journal/france/040620/bougnoules-negres-fils-de-pute-de-juifs-quand-des-policiers-racistes-se-lachent?page_article=1&fbclid=IwAR2w0QqAqGj_rqs_O_wmZ44lzhMT0j9OcyxAl9UywDhTwMcKkFeAMiOOvWw

[4] https://www.mediapart.fr/studio/documentaires/france/police-illegitime-violence-chronique-des-abus-ordinaires-contre-les-indesirables

[5] https://www.mediapart.fr/journal/france/020620/le-defenseur-des-droits-denonce-la-discrimination-systemique-pratiquee-par-la-police

[6] Idem

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Cuestionando Referentes

Hace un par de días vengo pensando en algo que me hace ruido desde hace tiempo y que ya había logrado tocar en otras entradas: en El Dorado – Melting Pot d’identité (…), en Jeu de Guerriers Intemporel, pero también un poco en el artículo sobre el Machismo.

Se trata de trazar un poco los discursos y contenidos que llegan a nosotros y de verificar qué tan desarrollado tenemos nuestro sentido crítico, como para poder discernir si se trata información acomodada o si se quiere conveniente, y en ultimas, poder establecer si el discurso o si el conocimiento tiene hoyos por donde se puedan colar cuestionamientos.

Partiendo desde el análisis de los conocimientos que adquirimos durante la infancia y que van aumentando con el paso de los años, es claro que nuestros saberes y nuestras conductas empiezan a llenarse de lugares comunes que nos construyen como individuos de una sociedad. Al mismo tiempo, para hacer parte activa de esa sociedad, resulta evidente la creación de recursos de identificación y de pertenencia.

Pero ¿Qué pasa cuando esos recursos son cuestionados de un momento para otro? ¿Qué pasa cuando otra persona, circunstancia o  experiencia nos permite revisar lo que creíamos que era evidente, claro o fijo?

Me encanta la historia del mundo, de los pueblos, de los países y por supuesto de las personas. Esa curiosidad me ha llevado a pasar horas de mi vida viendo documentales y series, asistiendo a conferencias para escuchar relatos “reales”, haciendo preguntas a desconocidos, leyendo y visitando lugares que para mí tienen un valor y un significado especial.

Justo durante el fin de semana, sentada en mi sofá viendo televisión, pasaba canales y terminé por detenerme en una emisión sobre François I (Francisco I de Francia). “El rey de reyes” era el título del documental.

Tal vez porque conozco un poco o tal vez suficiente de la historia de mi país de adopción, incluso desde antes de poner un pie aquí, empecé deconstruir todo el discurso del documental que giraba en torno a la vida personal del monarca, pero igualmente a los logros políticos del personaje.

Francisco I es una figura que reúne a los franceses en torno a una historia común, al inicio de un periodo más vistoso y clave en la formación del Estado, justo después de la convulsa Edad Media.

Sin embargo, la narrativa utilizada empezó a despertar mi sentido crítico en cuanto empecé a escuchar el discurso patriarcal y machista sobre un monarca viril y “evidentemente” mujeriego. Un discurso que arropado por el poder, justifica el hecho de que el Rey trajera a vivir sus amantes a la corte, mientras embarazaba cada que le era posible a una esposa fea, coja y bizca, Claude de Francia. Esta última, quien por medio de alianzas familiares se convirtió en reina, tenía solo dos funciones: legitimar el poder de su esposo y el de darle herederos masculinos que pudieran ocupar el trono real a la muerte de Francisco I.  

Todo eso que se normaliza en el discurso, sigue siendo validado después de quinientos años, en muchas de nuestras sociedades. El “rey de reyes” terminaría sus días aquejado por problemas de próstata, causados por las ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual) producto de una promiscuidad que vivió sin condones a la mano, para limitar los riesgos.  

Resulta un poco paradójico que en una sociedad que se dice igualitaria, al menos en el papel, y a sabiendas que la mentalidad machista lleva todos los días a que la tasa de feminicidios aumente (y que se dispare durante el confinamiento), tengamos derecho a la casi validación sobre la posesión del cuerpo femenino por parte de un  hombre que puede permitírselo. La emisión fue grabada hace pocos días, pues el presentador alude a la suerte que tiene de pasear por lugares que normalmente estarían atestados de gente.

Se entiende que los expertos invitados hiciesen referencias a “hechos históricos” y que estos no pueden modificarse, pero es la manera en la que son narrados que reflejan una suerte de reivindicación, y de normalización de comportamientos lamentables que no son cuestionados.  

El discurso del gran monarca del renacimiento que financiaba trabajos arquitectónicos sin iguales, construcciones magnificas como la de los castillos de Chambord, y del Louvre, también me procuraron sorpresa.  

Los expertos olvidaron mencionar que la planeación de esos proyectos fue errática y que tal como le pasaría a Napoleón Bonaparte siglos después, estos grandes personajes indecisos y egocéntricos terminaban por retrasar el desarrollo de su legado arquitectónico. Aquello implicaba que los costos se dispararan y que el pueblo terminara pagando con sus impuestos, las extravagancias de quienes se mantenían en el poder.

Campesinos y obreros que no dudaban del poder divino del rey, ignoraban que éste solo había planeado dormir 70 días al año en su nuevo castillo. Ignoraban también que las finanzas estatales estaban en mal estado, y que a la corte, una tropa constituida por lo menos 100 personas que iba moviéndose por todo el territorio junto al rey, había que garantizarles su seguridad. Esta última también pagada con los impuestos de la gente.

Que el pueblo contribuya a los gastos para el mantenimiento del Estado no es nuevo, lo que no se ha podido cambiar es el peso que tiene para el presupuesto público el mantenimiento de algunas instituciones inútiles, o el de los zánganos que acompañan a los gobernantes de turno, sea en visitas internacionales o financiando lujosas fiestas y reuniones que, en Francia en todo caso, hizo rodar literalmente las cabezas de Luis XVI y de la reina Maria Antonieta de Austria a finales del siglo XVIII.

De otra parte, el documental también hizo alusión a las características que calificaban a Francisco I como un visionario, estadista y gran gobernante europeo. En realidad su egocentrismo propulsó la guerra que estalló contra la Inglaterra de Enrique VIII (otro narciso), un conflicto que siempre estuvo marcado por las alianzas paralelas de Francisco I o de Enrique VIII, con el « más » de aquella época: el emperador Carlos V.

No es posible que a estas alturas intenten vendernos a Francisco I como si hubiese sido un gran gobernante. La ecuación era simple: o el tipo se alineaba con el emperador o sería su enemigo quien lo hiciese. El sistema de alianzas no le permitió al rey de Francia ser decisivo en la escena internacional como pretenden hacer entender. La Francia de 1515 -1547 dependía tanto de sus aliados, como la Francia de la Resistencia, que durante y después de la II Guerra Mundial, tenía que esperar y adaptarse a lo que sus aliados le quisieran dar.

En algún momento evocaron incluso el hecho de que  Francisco I fue “tolerante” con los protestantes pero que por el “abuso” de estos últimos, quienes se atrevieron a dejarle un panfleto pegado a la puerta de su habitación, el buen monarca habría decido que los protestantes no beneficiarían más de su compasión. Bienvenida la guerra entre hugonotes y católicos que devoraron a Francia y paralelamente a toda Europa durante dos siglos.

¿Cómo se puede hablar de tolerancia, de paz, cuando las acciones y decisiones de un dirigente están encaminadas a reducir mental y psicológicamente al que es diferente, a desterrarlo si es “necesario”, a prologar la guerra, a eliminar físicamente al enemigo? ¿De dónde proviene la necesidad de pasar por encima de los demás y de no cumplir los acuerdos pactados?

La cereza sobre el pastel vendría por cuenta de una frase bastante aterradora que hacía referencia a la construcción de Francia según los expertos “como la conocemos: una sola lengua, una sola religión, una monarquía absoluta (…)”.

Nada más impreciso que esa afirmación, si bien muchos aun la creen cierta al cien por ciento. Es con Francisco I que se impone la lengua francesa como oficial: utilizada en el mundo administrativo y como vehículo de ascensión social, gracias a la Orden de 1535 de “Villers-Cotterêts”. Esa orden provoco que lenguas locales como el breton, el bourgignon, el limousin y el gascon, fueran  cayendo en desuso.

Pero incluso durante la primera mitad del siglo XX muchos niños aprendían la lengua francesa en la escuela, aunque en sus casas se hablara Occitan o Catalan, como me lo transmitieron algunos abuelos que conocí a mi llegada a este país.

La imposición cultural que supone la lengua, la conocemos bien en América. Por lo que concierne a África y a la Indochina Francesa, algunas antiguas colonias conservaron el francés como lengua oficial y administrativa; pero en general han logrado mantener las lenguas locales y algo de su propia identidad.

La lengua se erige como un vehículo de dominación que limita también al que no tiene destreza en la misma, aunque haya decidido voluntariamente adoptarla como segunda o tercera lengua.

La dominación también se ejerce por medio de la religión. Tal vez, la única referencia que tenemos en América es de origen colonial, ligada a la destrucción de los ritos locales, de los saberes ancestrales y a la  persecución de la “Santa Orden de la Inquisición”.

Pero en Francia esta dominación a través de un Dios o de una religión como el catolicismo no se detuvo con la Revolución Francesa. Hoy el concepto de laicidad se usa para excluir, para discriminar, para perseguir. La laicidad emblema de Francia junto a la libertad, igualdad y a la fraternidad, es vehiculada por actores políticos y medios de comunicación para crear nuevos conflictos sociales.  

Aunque muchos de nuestros gobernantes son laicos y hasta ateos, una buena parte se identifica como católicos y en ese sentido, sus decisiones pueden ir en contravía de la defensa y de la libertad de cultos; en contra del respeto a quien practica una religión diferente, regida por códigos que van más allá del pensamiento y que son visibles.

Ya no son los protestantes los que generan la animadversión de los franceses practicantes católicos, sino los musulmanes, quienes cargan la mayor parte del tiempo con una segunda variable discriminatoria, la de ser hijos del antiguo imperio francés, la de los migrantes de toda África, de la antigua Indochina y del Caribe. 

Es claro que en Francia la monarquía cayo hace siglos, que ya bajo una Quinta República se ha logrado consolidar un régimen democrático y limitar la presidencia a un periodo de cinco años. Sin embargo, la manera de “gobernar” de algunos presidentes puede dar lugar a ciertas dudas. 

En Francia se habla de Emmanuel Macron como un monarca. El presidente más joven de la Quinta República hace parte de esa clase de hombres políticos desconectados de la realidad, de lo que pasa en el territorio, de lo que se vive en los departamentos de ultra-mar.

Macron es lejano a los barrios marginales, ignora las demandas de los chalecos amarillos, de las centrales obreras. Hace oídos sordos a los llamados de atención de los colectivos feministas y LGBTIQ que reclaman sus derechos; desconoce e incluso parece antipático ante los pedidos del personal médico, de los maestros, de los cuerpos de bomberos y hasta de algunos cuerpos policivos, que reclaman a su gobierno mayores recursos públicos que permitan el funcionamiento de lo que queda del Estado de Bienestar.

Ese Estado de Bienestar al que neoliberales como Margaret Tatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos quisieron destruir a toda costa en los 70’s, para entregárselo a los privados. Un modelo que desafortunadamente se regó como pólvora por el mundo y que ahora en tiempos de epidemia, los franceses vuelven a apreciar y creo lucharan por conservar.

Francia es otra cosa que la definición dictada por un documental carente de análisis histórico y de sentido crítico.

Este es un país en donde sí la lengua francesa es la lengua oficial, pero en donde cada esquina alguien puede estarse comunicando en una lengua completamente extraña al oído.

Es cierto, mantiene una carga de dominación política y cultural, ligadas a lógicas de esclavitud que le permitieron obtener su riqueza; pero todos los días tiene que hacer frente a las consecuencias de las decisiones tomadas por monarcas, emperadores y presidentes con ínfulas de reyes, que definieron el curso de su historia.

El arte, la lengua, la cultura en cualquiera de sus manifestaciones, también son reflejo de interacciones que no pueden desconocerse, que portan una historia que no siempre es positiva y digna de gloria. Muchas veces es vergonzosa y está construida sobre un imaginario falso, o sobre cientos de miles de cuerpos.

Vale la pena aprender a deconstruir la historia y las historias, para evitar que los crímenes y los errores de pasado se repitan en ciclo. Vale la pena cuestionar los relatos de los poderosos para entender de qué lado de la ecuación nos posicionamos. Vale la pena hacer memoria y recordar que la gloria de los imperios se construyó a partir del dolor de otros pueblos. Vale la pena recordar que somos parte de esos pueblos, comunidades, colectivos y que no tenemos por qué tragar todo entero, así el cuento parezca bonito, sonoro y bien contado.

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La Gran Manzana Podrida

En las últimas semanas he escuchado de diferentes fuentes comentarios, reflexiones y análisis sobre los « nuevos” escándalos que comprometen a las fuerzas militares colombianas.

Comenzaré por las escuchas que miembros del Ejército Nacional habrían realizado de manera ilegal hacia periodistas, miembros de partidos de oposición del gobierno actual, jueces, líderes sociales y defensores de derechos humanos, principalmente[1].

El discurso de defensa “institucional” ha sido el de reafirmar una vez más que se trata de algunas “manzanas podridas” que habrían decidido por su propia cuenta, de poner en marcha seguimientos o  perfilamientos a quienes aparentemente serian “una amenaza para la seguridad nacional”.

No se entiende como una vez más se vuelve a servir el mismo plato sin que la sociedad colombiana de muestra de estar cansada de comer lo mismo.

Tampoco se entiende la inoperancia de los organismos de  control y mucho menos por qué no se ha abierto la posibilidad de reformar instituciones que parecen estar completamente podridas. En  promedio cada dos años las Fuerzas Militares se convierten en titular noticioso, por cuenta de los mismos hechos. Cada vez ruedan las cabezas de unos cuantos miembros de la cúpula militar, de unos cuantos subordinados – oficiales y suboficiales quienes habrían sido los que ejecutaron las escuchas o los seguimientos.

Algunos que proponen seguir defendiendo la institución a punta de un patriotismo trasnochado, parecen olvidar que si se tratara de solo algunas “manzanas podridas”, las sucesivas purgas que tienen lugar después de cada escándalo, habrían sido suficientes, no solo para lavarle la cara a la nueva cúpula, sino para de paso otorgarle un poco de legitimidad a las acciones del Estado.

Fuera del escándalo de las escuchas y seguimientos, están los casos de las ejecuciones extrajudiciales que reventaron nuevamente el año pasado por una directiva militar, denunciada por un periódico extranjero y que traería de vuelta los mal llamados “falsos positivos”[2]. A lo anterior, se suman los escándalos a propósito de la poca o ninguna protección de las zonas de reincorporación de los combatientes de las FARC que estarían cumpliendo con lo acordado en el proceso de paz y quienes están siendo asesinados, sin que exista alguna acción para evitar que esto se repita.

La contratación multimillonaria que recae sistemáticamente en hechos de corrupción[3] parece contar viejas historias sobre contratos amañados para suministros de intendencia, alimentación, dotación y prestación de servicios para las fuerzas militares.

Es decir más de lo mismo. Cada vez se anuncian investigaciones internas y por parte de la Contraloría que nunca terminan en nada. Fuera del dinero que la cooperación internacional aporta a las fuerzas militares colombianas, la mayor parte de los colombianos olvida que uno de los rubros más pesados para el presupuesto nacional es el que se dirige al sector defensa: 35.6 billones de pesos[4].

Es decir que el dinero que todos los colombianos aportan con a través de sus impuestos, se está desviando en el pago de contratos corruptos y contribuye al pago de oficiales y suboficiales que están cometiendo delitos, es de decir les pagamos para que delincan.  

Pero el 17 de mayo pasado un noticiero independiente, el único que parece haber en Colombia, denunció que miembros de las fuerzas militares estarían comunicando información a clanes mafiosos, abiertamente conocidos en el norte del país, los cuales operarían desde la Guajira. Estos delincuentes tendrían en su poder las coordenadas de las patrullas colombianas e internacionales que se encargan de realizar acciones de interdicción marítima y aérea, para evitar el tráfico de cocaína[5].

Al mismo estilo de la venta de “datos” a los paramilitares que hacía el antiguo DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) ahora resulta que quien sabe cuántas y qué estructuras conocen de antemano los operativos programados por la fuerza pública y de los países cooperantes en la fallida lucha contra las drogas.  

La cereza sobre el pastel, deriva de otro escándalo por cuenta de unos mercenarios estadounidenses, venezolanos y miembros de la oposición venezolana que estarían planeando desde Colombia una acción armada en contra de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela[6]. Sin olvidar que hace menos de ocho días y como por arte de magia tres lanchas artilladas pertenecientes a la Armada Nacional, terminaron navegando en el rio Meta del lado venezolano de la frontera[7].

¿Cómo se explica que con todo el desfile de Ministros de Defensa que hemos tenido en Colombia ninguno haya sido capaz de proponer una restructuración de las fuerzas armadas, a pesar de tantos escándalos que no terminan en nada?

¿Cómo justificar que sin importar el presidente que esté en el poder, durante los últimos 18 años se hayan conocido por menos 3 grandes escándalos de escuchas ilegales y todavía no se sepa quiénes son los beneficiarios de la información, ni quienes las ordenaron  y con qué fin?

En ésta serie de escándalos, incluido lo relacionado con los planes para deponer a Maduro, los cuales aumentan la tensión de las ya traumáticas relaciones con Venezuela ¿Cuál es el rol del Ministerio de Relaciones Exteriores- Cancillería? Aparte de inventarse estrategias fallidas para deponer a un gobernante de otro país y de avalar afrentas contra otros, como la de aplaudir que Cuba haya sido incluida dentro de los países patrocinadores del terrorismo internacional por el gobierno de Donald Trump ¿Qué tipo de trabajo interministerial se está realizando para evitar problemáticas bilaterales mayores con estos países?

¿Tienen los responsables de la Cancillería algún conocimiento sobre derecho internacional y diplomacia? Las decisiones o la falta de ellas son por decirlo menos, vergonzantes. ¿Quién está a cargo realmente de las relaciones internacionales en Colombia, tanto de las agendas bilaterales y de la  estrategia diplomática de Colombia ante organismos multilaterales?

La canciller desde que la nombraron ha brillado por ausencia, y quien le legó el puesto, hoy Ministro de Defensa, no se sabe si cumple un doble rol.

Incluso durante una emergencia mundial que demanda cooperación y refuerzo acciones con los países limítrofes y teniendo en cuenta la crisis humanitaria que viven los migrantes venezolanos móviles en todo el territorio nacional, ¿no serían éstas razones suficientes para escucharlos decir algo sobre lo que el gobierno colombiano planea hacer al respeto o sobre cómo coordinar acciones con otros ministerios, organizaciones internacionales, organismos multilaterales?

En plena pandemia del Covid-19 nadie quiere saber, ni oír el mismo disco rayado de las “manzanas podridas” o de “rodear” a un estado corrupto a todo nivel, que más que solidaridad provoca vergüenza y bastante miedo. Mientras unos luchan por sobrevivir a la crisis sanitaria y económica que ya golpea a millones de personas, todos estos hechos son barridos bajo el tapete, dejando como telón de fondo un gobierno que palidece cada día ante realidades existentes desde que tengo uso de razón; pero que ellos hasta ahora parecen descubrir.

No creo que nadie con dos dedos de frente y habiendo terminado por lo menos la primaria, se coma el tal cuento de las “manzanas podridas”. La verdad que a muchos nos duele constatar es que las fuerzas militares colombianas son una “Gran Manzana Podrida” y que ya es hora de hacerles una intervención real, seguida de medidas judiciales que permitan establecer responsabilidades a todo nivel (militares y civiles) o si resulta mejor, empezar a sembrar otro tipo de fruta.


[1] https://www.aa.com.tr/es/mundo/la-revista-semana-de-colombia-denuncia-que-en-el-ej%C3%A9rcito-se-hicieron-escuchas-ilegales/1699961

[2] https://www.nytimes.com/es/2019/05/18/espanol/america-latina/colombia-ejercito-falsos-positivos.html

[3] https://pares.com.co/2020/01/08/descubren-corrupcion-en-contratos-del-ejercito/

[4] El sector de Defensa quedó en segundo lugar en el nuevo presupuesto en cuanto a recursos asignados. Contará con $35,8 billones, de los cuales $34,7 billones pagarán los gastos de funcionamiento y $1,01 billones irán para inversión. El Gobierno hizo una adición de $385.000 millones con el propósito de mejorar el equipamiento de las Fuerzas Militares y la Policía. https://www.dinero.com/economia/articulo/como-quedo-el-presupuesto-nacional/278568

[5] « Los Pachencas » obtuvieron documentos secretos de ubicación de naves de la Armada que los vigilaba: https://www.youtube.com/watch?v=Ra3uSDGL9sw

[6] https://www.semana.com/nacion/articulo/operacion-suicida-la-historia-del-plan-para-derrocar-a-maduro/670234

[7] Tres lanchas de Armada colombiana, incautadas en aguas venezolanas con armas y sin tripulantes : https://www.youtube.com/watch?v=UpwANrR-qeY


Foto: http://www.manzanaspodridas.com/

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Un Jeu de Guerriers Intemporel

Les premiers souvenirs de Sarah remontent à ses six ans. Au vieil « patio » de la maison de sa grand-mère où toutes les après-midis son arrière-grand-mère s’asseyait pour lui raconter des histoires. Sarah qui était le nom de toutes les deux, est un prénom qui porte à la fois plein de significations, ayant pour référents principaux les religions monothéistes.

Les deux Sarah séparées par plusieurs années étaient des personnes joyeuses et curieuses. La plus âgée, l’arrière-grand-mère, était une « Storyteller » une personne qui a fait de raconter d’histoires son métier. Inventées ou pas, transmises de génération en génération, ses contes venaient remplir les vacances de la petite Sarah.

A deux mille kilomètres de son domicile, les vacances de Sarah étaient toujours riches en aventures, nourries par les souvenirs et les contes de son arrière-grand-mère qu’au fil des années elle connaissait par cœur. Des contes que seulement une personne vivant dans un monde si différent du sien pouvait concevoir et relater avec la confiance de celui qui s’approprie un récit.  

La petite Sarah a toujours gardé dans sa mémoire le sens du détail, chaque couleur, chaque arôme, chaque endroit, étaient décrits d’une façon unique, plein d’émotions, une fenêtre qui ouvrait l’accès à d’autres cultures, une invitation à formuler plus de questions.  

La demeure où Sarah la plus âgée a passé ses dernières années, et où la plus jeune venait pour les vacances, était la seule du quartier du Galata à être bâti suivant une architecture qu’on peut retrouver dans les anciennes villas gréco-romaines, dans les maisons traditionnelles de l’Afrique du nord, ou bien en Andalousie et par extension, dans les maisons coloniales d’Amérique Latine.

La disposition grosso modo était la suivante : une maison d’un étage maximum, des espaces intérieurs grands et aérés, des murs de couleur blanche, sauf dans certaines pièces où le carrelage était un collage de diverses tonalités de bleu, accompagnées par de touches du blanc et jaune bien reparties. Le jardin ou « patio »  central orné de fleurs et de petits arbustes empotés, doté d’une fontaine au milieu, laquelle s’érigeait non seulement comme une simple source d’eau, mais comme fidèle témoin de fêtes familiales, de jeux infantiles, d’échappées nocturnes et bien-sûr comme la scène d’une « Storyteller ».

C’était aux pieds de la fontaine ou la petite Sarah s’asseyait pour écouter les contes de la vieille Sarah. A ses vingt-sept ans Sarah pouvait toujours se rappeler des princesses rebelles qui échappaient à un destin sûre ; des ballerines qui couvertes de voiles de couleurs vives concurrençaient pour obtenir plus de notoriété dans la cour; des histoires de belles sorcières qui maquillaient leurs yeux de manière presque artistique et qui pouvaient contrôler le monde avec le regard et la pensé.  

Inspiré peut être des stéréotypes véhiculés par les contes, Sarah a ressenti rapidement le besoin de tresser ses cheveux, de les soigner, de les laisser pousser. En guerre contre une modernité qui demande d’être plus pratique et de changer en permanence la couleur et la forme des cheveux, Sarah gardait ses chevaux longs, bruns et soignait les petites boucles naturelles qui se formaient après les avoir brossés.

La mémoire de la petite Sarah, maintenant une femme adulte, gardait aussi l’odeur des oranges saupoudrés de cannelle, le dessert préféré de son arrière-grand-mère qui rajoutait aussi un peu de miel, de temps en temps.

Lorsqu’elle était une petite fille sa curiosité l’amenait à analyser pendant des heures les dessins présents sur les carrelages, sur les tableaux exhibés dans le salon, sur les motifs dessinées sur la vaisselle et parfois sur le tissu des vêtements portés par les amies de sa grand-mère.  Plein de couleurs, où le bleu prédominait, les formes naturelles des fleurs, d’oiseaux, des formes géométriques présentés de manière désorganisée; Sarah avait l’impression que toutes ces formes dansaient entre elles, comme si l’objectif initial était celui de tout mélanger pour que chacun puisse faire sa propre interprétation.

Grâce à ces souvenirs, Sarah a eu l’idée de s’inscrire à des cours de peinture. Rien de plus frustrante pour une adolescente qu’assister à des cours où la liberté est encadrée par la discipline et par le suivi strict des règles qu’elle ne voulait pas accepter. Plus tôt que prévu, les pinceaux et les aquarelles ont été placés dans le placard de l’appartement où elle a grandi. 

Un grand vide occupait la vie d’une Sarah qu’à l’âge adulte avait « essayé » toutes les arts. Elle avait rapidement débordé ses parents, eux à la fois pratiques et exigeants, voulaient qu’elle fasse des études universitaires, qu’elle puisse à ses vingt-sept ans trouver un travail stable et une autonomie qu’eux avaient acquis plutôt, à leurs vingt-trois ans.

A leur arrivé à Paris, les parents de Sarah étaient tous les deux des réfugiés d’une trentaine d’années, travailleurs acharnés, ils devaient étudier et élever une fille de douze ans, au même temps qu’ils assistaient depuis leur poste télé à l’écroulement de leurs pays, avec leurs familles à intérieur. A différence de Sarah, ils n’ont jamais connu le support financière, ni émotionnel, d’une famille derrière eux.

Les parents de Sarah, ne partageaient pas leur nationalité de naissance, certes tous les deux avaient grandi à l’est de l’Europe, mais dans leurs familles « l’origine » était assez divers pour considérer que leur histoire était attachée à un seul pays. Passée de mains en mains entre les diverses puissances de chaque époque, ces pays ont fait partie de l’Empire Romain, puis de l’Empire Byzantin, de l’Empire Ottomane, de l’Empire Austro-Hongrois, puis de la Yougoslavie.

Avant l’éclat de la Guerre des Balkans vers 1979 les parents de Sarah se sont connu et ont commencé leur vie commune. Dès que Sarah avait quatre ans, ils partaient en vacances toujours vers la même destination, la Turquie. Une tradition qui s’est perpétuée dans le temps, bien après les décès des aînés. D’autres membres de la famille maternelle de Sarah, ne visitaient plus la maison, elle n’était pas en ruines mais elle était loin de se trouver bien conservée.

Le refus de l’Union Européenne qui permettrait l’accès de la Turquie comme pays membre en 2007, avait reporté les plans d’investissement et rénovation de la maison. La mère de Sarah avait pensé à racheter les parts des autres héritiers pour conserver cette pièce d’histoire familiale. Mais vers la fin de l’année la maison avait été mise en vente dans un marché immobilier très dynamique.

Sarah voulait faire un dernier voyage, une dernière visite à cette maison qui fut la source d’une imagination hors pair et où elle a fait évoluer la curiosité qui l’accompagnait depuis qu’elle avait conscience de l’avoir.

Avec un peu d’appréhension, Sarah  a trouvé le courage de demander à ses parents un peu d’argent pour payer le billet d’avion Paris – Istanbul. Le peu de l’argent qu’elle avait économisé, des revenus obtenus grâce aux « petits boulots » toujours instables et rarement déclarés, seraient mis à disposition pour répondre à ses besoins pendant quinze jours, avant que la vente de la maison fût formalisée.

Placé non loin de la Corne d’Or sur la partie européenne de la ville, près des berges du Bosphore, l’ancien quartier de Beyoğlu, était devenu l’un des lieux prisés par des nouveaux riches et aussi par des familles traditionnelles qui ayant expérimentée une amélioration financière ont décidé d’agrandir leurs propriétés en achetant les maisons environnantes, dégradées ou abandonnées au cours des années 1950.

Les questions de Sarah à propos des visites récurrentes à la cette ville et aussi à propos du besoin éprouvé par ses parents pour qu’elle apprenne le turc, une langue qui était complètement différente de leur langue maternelle et aussi très éloigné de leur langue d’usage, n’ont jamais été résolues.  

Vers ses seize ans, ses parents lui ont appris quelques mots en anglais pour se communiquer avec les locaux. Celle-ci était la langue la plus utilisé par les touristes. Puis, peu à peu Sarah était plus attentive aux mots turcs prononcés par les habitants, rigoureusement elle les notait sur le petit calepin qu’elle portait toujours. Elle les écrivait à partir d’un registre sonore, essayant d’imiter la prononciation, et avait décidé de mettre de côté la composition graphique, ou encore l’orthographe des paroles.

La plupart du temps, Sarah et ses parents se baladaient dans tous les coins de la ville : de la place Taksim aux Grand Bazar et à celui des épices, de la Mosquée Bleue au Parc de Gülhane. Elle se souvenait des voyages en bateau sur Bosphore et de ces visites à l’Atatürk Arboretum.

L’eau c’était l’élément clé de la ville, celui qui attirait d’avantage son attention. L’eau qui coulait dans l’aqueduc de Valens pendant de siècles[1], ou celle qui cours toujours dans les trois citernes[2] souterraines de la ville. Les cours d’eau qui ont fait de l’Istanbul Byzantine et Ottomane une source d’inspiration des livres d’aventures et le lieu idéale d’espions et de conspirateurs au cours du XXème siècle.  

Au cours ce dernier voyage, elle a essayé de retrouver ses pas, de ressentir les mêmes arômes, d’expérimenter des émotions et parcourir avec sa mémoire les histoires racontées par son arrière-grand-mère.

Capitale de deux empires, pont entre deux continents, axe tournante entre civilisations, lieux de dispute religieuse. La grande Istanbul qui a vu tomber son statut de capitale devant Ankara, conserve toujours les traces de son grand passé. Ces traces lui ont permis de gagner le nom de capitale culturelle d’un pays qui continue à se débattre entre son passé riche et bouleversant et celui qui cherche à se mettre à jour en termes de modernité et participer au jeu des grands acteurs de la géopolitique mondiale.

Sarah a mûri avec les histoires des Seldjoukides[3], de Tamerlan[4], de Mehmet II[5], de Soliman le Magnifique[6], ou encore du bien connu Atatürk[7].  Loin de tous ces mondes circonscrits dans des territoires très vastes, elle rêvait de les parcourir et d’apprendre un peu plus d’histoire, d’essayer de comprendre au moins en partie le fonctionnement de un empire qui a façonnait sa famille.

Un «empire qui réunissait Turcs et de Slaves, Arméniens et Grecs, musulmans et chrétiens, mais aussi des sujets fidèles provenant des Balkans »[8]. Ce grand empire a été créé par des clans nomades qui se déplaçaient par les steppes à cheval, habitués à s’approprier le bétail, les biens et les femmes qu’ils retrouvaient à leur passage.

La dernière visite à la maison de son arrière-grand-mère l’attire vers des anciens documents gardés précieusement dans l’une des malles qui occupaient son ancienne chambre. Des documents qu’elle était incapable de lire ou de comprendre. Inquiète par le contenu des documents, elle se confie à sa mère qui la met en contact avec l’un de ses amis : un historien et linguiste qui avait son bureau près de la Tour de Galata.  

Sarah découvrira que les documents font partie du récit de vie de Malkoç, un membre de sa famille qui avait été janissaire. Il s’agit de l’histoire d’un homme qui a été recruté à un très jeune âge dans sa petite ville chrétienne en Bosnie, puis amené à Constantinople où il avait été formé pour appartenir à l’ordre d’infanterie la plus réputé dans de l’Empire Ottoman pendant quatre siècles, celle des janissaires.

Depuis le XVème et jusqu’au XIXème siècle, les enfants des Balkans : serbes, croates, bosniaques, albanais et hongrois, fournissaient à l’Empire Ottoman les soldats et le personnel administratif dont il avait besoin pour son fonctionnement.

Malkoç, comme d’autres enfants entre les dix et les dix-sept ans avaient été choisis comme des serveurs potentiels du sultan. Tous les quatre ans, les enfants étaient pris à leurs familles, les plus souvent à celles qui avaient plusieurs enfants, ou à celles qui n’avaient pas arrivé à soudoyer les autorités locales pour éviter que leur enfant soit sélectionné.

A différence des autres territoires de l’empire, les enfants des Balkans pouvaient être assujettis aux ordres de l’empire. En réalité, en raison de leur religion chrétienne, ils étaient considérés comme esclaves. L’islam interdit l’esclavage de sujets pratiquant cette religion.

Bien que l’empire Ottomane permettait la liberté des cultes, il demandait à tous les sujets non musulmans de verser de taxes, afin de pouvoir pratiquer leur religion respective et à la fois l’impôt assurait la « protection » des familles en cas menaces ou d’actes violents à leur encontre, commis par  d’autres communautés religieuses.  

Malkoç comme les autres garçons qui avaient été sélectionnés dans sa ville natale, avaient été amenés à passer des épreuves, utiles pour identifier leurs capacités, entre autres vérifier leur capacité à apprendre la langue turque. Ceux qui étaient moins talentueux devaient partir travailler gratuitement chez les paysans locaux. Une fois arrivés à l’âge adulte Malkoç et les autres intégreraient le corps de janissaires.

Pour les garçons les plus doués, ils n’étaient pas mis à disposition des paysans. Ils partaient directement vers la cour du sultan au Palais de Topkapi. Sur place, ils recevaient une éducation qui éventuellement leur permettrait de servir le sultan directement soit comme aide personnel, soit comme commandant des janissaires, ou dans d’autres postes hiérarchiques au sein de la cour.

Malkoç en tant que janissaire ne pouvait pas se marier, ni former une famille. Dans les documents retrouvés par Sarah, il avait bien un échange de lettres avec une fille de sa ville qui lui avait été promis en mariage. L’historien lui a expliqué que cela a été possible car l’armée des janissaires avait été dissoute en 1826.

Or, trouver une femme à la convenance de Malkoç avait été problématique, il ne pouvait plus épouser l’une des filles des familles proches de la sienne.  Au moment de rentrer en Bosnie, Malkoç avait changé, non seulement  à cause du  trauma initiale d’avoir été arraché à sa famille, mais aussi par une formation militaire qu’il ne souhaitait pas ou encore pour le travail dans les champs qui avait été si dur et perturbant, à cause des abus fréquents.

Comme la plupart des janissaires, Malkoç a fini pour se convertir et devenir musulman. Il a fait comme tout le monde, il voulait se fondre dans la masse et ne pas porter plus de responsabilités que celles qu’on lui avait déjà attribuées.

Mais à son retour en Bosnie, la méfiance envers lui était installée. Sa famille étaient l’une des peu familles chrétiennes qui restait sur place, certes ils n’ont jamais été nombreux dans un territoire majoritairement musulman, mais il ne restait qu’un tiers des familles chrétiennes qui avait à son départ.

Malkoç était musulman depuis au moins vingt ans et il a fini pour épouser une fille qui partageait la même foi. C’était un choc de rentrer dans un endroit qu’il ne reconnaissait plus et que à son tour lui faisait comprendre qu’il ne retrouverait pas sa place. Il est resté quelques années puis il était de retour à Istanbul. Les ponts avec sa famille en Bosnie se sont pratiquement coupés, il n’est jamais retourné.

Plusieurs années après, les parents de Sarah, allaient vivre une autre histoire sombre dans la même région où Makoç était née plus d’un siècle auparavant, celle de la guerre des Balkans. Les discours nationalistes étaient la source de popularité des leaders politiques d’une bonne partie des républiques de la région. A la mort de Tito, la Yougoslavie s’est éclate et l’idée d’homogénéiser la population « majoritairement » slave prend forme. Ainsi, la préconisation sur l’élimination de l’autre, soit disant justifiée par une idée de « nettoyage ethnique »,  était un objectif bien installé dans la tête des dirigeants serbes et de leurs armées, principalement.

Les Bosniaques ont été visés à nouveau en raison de leur religion, mais cette fois-ci pour se retrouver entourés d’une majorité de républiques chrétiennes. C’est en 1992 lorsque Sarah avait douze ans qu’elle et ses parents ont réussi à échapper la Bosnie. Après avoir fait plusieurs étapes dans leur fuite, ils ont rejoindre l’une de ses tantes paternelles, installée une décennie d’années plutôt dans la capitale française.

La plupart de la famille de Sarah était décédé à cause de la guerre. Ces parents, n’en parlaient pas et les seuls souvenirs qu’elle conservait de son enfance étaient ceux de l’école où elle a fini la primaire, et ceux des voyages d’été à Istanbul, lorsqu’elle pouvait visiter sa grand-mère et profiter des histoires de son arrière-grand-mère.

Une fois que le rendez-vous avec l’ami historien de sa mère a pris fin, Sarah s’est décidée à marcher dans la partie historique d’Istanbul. Celle remplie par les touristes de toute la terre, tout au long de l’année. A l’entrée de Sainte Sophie, une cathédrale devenue mosquée et maintenant ouverte en tant que musée, Sarah était révoltée.

Son histoire personnelle et familiale lui était toujours racontée par des tiers, par des personnes avec lesquels elle n’avait aucun lien. C’était comme découvrir leur passé à partir d’un vieil livre d’histoire poussiéreux, qui par erreur était tombé dans ses mains.  La douleur était toujours présente dans le regard de ses parents qui ont réussi à quitter la Bosnie et à redémarrer dans un pays qu’ils n’ont jamais senti comme le leur, même si un papier le disait.

Elle-même a senti l’exclusion à plusieurs reprises : son prénom, son nom, son « type » attirait des questions à propos de « ses origines ». Une question d’emblée gênante car cela la faisait ressentir le rejet, à partir d’un rappel simple : elle n’appartenait pas à la société qui l’a accueillie.  

Mais pour Sarah, répondre à la question sur « ses origines » était d’autant plus compliqué. Au moins que l’interlocuteur veuille recevoir un cours d’histoire, ses souvenirs familiales assez disperses, ne lui permettaient non plus de répondre ponctuellement à ce sujet.  

L’histoire de Sarah, comme tant d’autres des migrants et des réfugiés sont pleines de lieux communs. Pleines non par leurs propres récits, mais par les propos relayés par ceux qui pensent tout connaître sur l’autre. Une connaissance qui par ailleurs repose sur des vagues cours d’histoire, des articles de vieux journaux, ou sur les propos racistes d’un membre de la famille qui aurait eu le malheur d’échanger avec ces gens et qui répète à l’infini cette idée « générale »  qu’il a sur celui qui est différent. 

Notre regard sur les autres « ceux qui sont accueillis » est pleine de certitudes construites et répétés sans réfléchir. Des certitudes que nous avons construites pour devenir, pour être, pour faire part, pour nous affirmer en tant que peuple ou nation.

Néanmoins, nos familles, les pays où nous sommes nées, où nous évoluons, où nous immigrons sont tellement chargés d’histoires difficiles de tracer, de comprendre, d’accepter, et de valider que vouloir prétendre une connaissance sur une période historique, se prononcer tels que des spécialistes sur le modes de fonctionnement d’une société, se placer moralement pour évaluer des sociétés « plus arriérées », paraît non seulement prétentieux, mais aussi stupide.

Déconstruire c’est la seule manière d’apprendre plus sur l’autre, d’écouter celui qui vit devant, qui s’assoit devant nous dans le métro, celui qui va à l’école avec nous,  ceux qui font un travail pour nous.

La clé pour tous les aimants de l’histoire est peut être celle de n’est pas apprendre par cœur des récits justificateurs des rapports de domination et de les revendiquer ; mais plutôt d’essayer de se poser des questions sur la manière dont ces histoires sont racontées et par qui elles sont racontées.

C’est à nous d’essayer de comprendre comment ces rapports entre peuples, religions, nations, empires ont façonné notre monde, nos vies quotidiennes. A partir de la compréhension de ses rapports ont pourrait au moins aspirer à une évolution de notre pensée et de nos comportements vis-à-vis  de l’autre, tout à partir du respect de ce qui est différent, même s’il paraît étrange.


[1] La construction de l’aqueduc de Valens a été finie au 368 av.JC.

[2] Les trois citernes sont : Basilique la plus célèbre, celle évoqué dans les livres de Dan Brown ; la citerne de construite entre 428 et 443 par l’empereur Théodose II ; et la citerne à 1001 colonnes ou de Philoxenos.

[3] Seldjoukides : leur histoire se remonte à la mort d’Alexandre le grand. Son empire a été réparti entre ses quatre généraux qui se sont battu pour obtenir le contrôle total des territoires et cumuler plus de pouvoir. Ces guerres se sont prolongés pendant 70 ans, jusqu’à la mort du dernier Selçuk I, qui a formé la dynastie des Seldjoukides. Ils ont contrôlé les territoires de Babylonie, Syrie, Pakistan, Iran et l’Inde pendant un plus de deux siècles et jusqu’à l’année 69 av.JC.   

[4] Tamerlan : prétendu héritier de Gengis Khan, il est naît à Samarkand, l’un des points plus importantes de la route de la soie. Tamerlan commence sa carrière au pouvoir sous le titre d’Emir et en 1370 deviendra roi. Au cours de 24 ans il aura constitué un empire « comprenant le Fergana, la Transoxiane, le Kharezm jusqu’à la mer d’Aral, l’Iran tout entier, la Mésopotamie, l’Arménie, le Caucase, l’Anatolie orientale. Tamerlan assure sa suprématie en Inde, en Asie Mineure, sur tout l’ancien territoire de la Horde d’Or, c’est-à-dire sur l’actuelle Russie du Sud. Il part pour conquérir la Chine en décembre 1404, mais il meurt en route, le 19 janvier 1405 »

[5] Mehmet II : sultan qui assure la conquête de Constantinople à mains des musulmans (aujourd’hui Istanbul) en 1453, nouvelle capitale de l’Empire Ottoman. Il assure la coopération et tolérance entre les sujets libres chrétiens grecs, turcs, arméniens, syriens et juifs. C’est Mehmet II qui dirige la conquête des territoires européens de l’est tels que la Serbie, la Bosnie, l’Albanie, et la Crimée.

[6] Soliman le Magnifique : sultan de l’Empire Ottoman qui régna de 1540 à 1566, la période la plus brillante de l’empire. Il installe la structure administrative de celui-ci. Ses conquêtes lui permettent de vaincre les perses (iraniens) de prendre Bagdad (presque tout l’Iraq actuel), élargir l’empire à Tunis et à Alger. Son pouvoir est reconnu par le roi de France, François I, Charles V empereur du Saint-Empire, Louis II de Hongrie et Tahmasp d’Iran, avec tous ces souverains il a nouée des alliances.

[7] Mustafa Kemal Atatürk est le « père de la nation turque » libérateur du pays pendant la guerre d’indépendance entre 1919-1922. Il est le fondateur d’un état républicain et laïc.

[8] Le divan d’Istanbul, pag 54.


https://www2.uned.es/geo-1-historia-antigua-universal/ALEJANDRO%20MAGNO/alejandro_DINASTIA_SELEUCIDAS.htm

https://eacnur.org/es/actualidad/noticias/historias-de-vida/guerra-de-los-balcanes-uno-de-los-peores-conflictos-de-la-historia

Le divan d’Istanbul. Alessandro Barbero. Petite Bibliothèque Payot. 2013, 2014.

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Déjeuner chez les tantes!

Tous les cousins sont invités à déjeuner chez les tantes. Ma sœur et moi nous avons décidé d’arriver le plus tôt possible. Nous n’avons pas eu la force de faire à manger ce matin, encore moins après un samedi soir arrosé.

Les tantes ne sont pas bêtes, elles savent que notre arrivée anticipée est révélatrice d’une gueule de bois carabinée et d’un manque d’envie de faire à manger. Elles ont déjà pris leur petit déjeuner plusieurs heures avant : un bon bol de chocolat chaud et un morceau de pain. Il faudra attendre le déjeuner avec le ventre vide et musical (il fait des gargouilles). Je m’installe au salon où ma tante Pocha a déjà disposé le jeu de petits chevaux. Une tradition familiale, peut-être trop colombienne. 

La légendaire bagarre pour choisir la couleur des pions est de retour, je finis par prendre les jaunes malgré ma détestation assez connue pour cette couleur. La tante Magola jouera aussi, mais avec les pions rouges. Elle a pris la couleur que je voulais pour rien, car elle aura un œil sur le jeu et un autre sur le fourneau. C’est elle qui est en charge du repas d’aujourd’hui. 

Magola est la seule des trois sœurs qui n’est pas experte en cuisine et lorsqu’on découvre qu’elle est en charge du déjeuner, on sent les frissons.

La tante Pocha continue la bagarre avec ma sœur toujours en raison de la couleur des pions. Leurs traits de caractère sont tellement similaires qu’un inconnu pourrait penser qu’il s’agît de mère et fille. La tante Pocha est une gagnante et elle n’est se laisse pas faire. Comme d’habitude elle a eu les pions qu’elle voulait et de plus c’est elle qui démarre le jeu.

Je me demande toujours pourquoi les tantes gardent les pions et les dés dans une vieille boite qui abrite de boutons, de fils et un mètre de couturier. Mes détestables pions jaunes sont de tailles différentes, certains semblent avoir été mordus par un cousin plus jeune ou par le chien,  d’autres ne restent pas débout sur le plateau de jeu. Quand mon tour de jouer arrive, je me rends compte que mes partenaires utilisent trois dés, au lieu des deux réglementaires. Elles lancent les trois, puis elles choisissent les deux chiffres les plus avantageuses pour avancer et gagner.

Je n’ai jamais joue comme ça mais il paraît évident qu’il faudra tricher si je ne veux pas finir la dernière. Pendant qu’elles discutent, je profite pour sortir tous mes pions des écuries et je commence à avancer. La tante Magola découvre la triche et se décide à utiliser son discours moralisateur pour mettre fin à ma participation au jeu. Elle m’envoi surveiller sa sœur et à vérifier si le déjeuner sera bientôt prêt. Tout le monde a faim. 

Ma cousine Sofia la plus âgée de tous les cousins est arrivée. Elle est en train d’essayer les pyjamas que la couturière de la rue, Madame Ruth, a conçu pour elle. Dans quel moment ma cousine aînée, la plus intelligente, s’est laissé séduire- plutôt embobiner par cette petite vieille qui n’arrive à faire que des nappes ? Ces dernières elle arrive encore à les faire car il faut couper droit et faire des carrés.

Paradoxalement, je constate que sur le lit de la tante Clara il y a un carré de tissu. Elle a l’aire inquiète, depuis longtemps Clara a son petit business avec Madame Ruth et ce pour cela qu’elle espère nous convaincre des habilitées de la couturière, et ainsi nous faire acheter les pyjamas. 

La fille de Madame Ruth est chargé de garder notre chat Jacobo depuis quelques jours. Avant d’arriver chez les tantes, ma sœur est passée le visiter et a constaté qu’il n’avait pas de l’eau courant à sa disposition.

Enfin, je décide de me déplacer vers la cuisine et vérifier ce qui nous prépare la tante Magola. A l’entrée, je découvre un plat plein de « patacones »[1] et il est donc impossible de n’est pas en prendre un ou deux pour faire passer la faim. Lorsque je goûte le premier, les larmes montent aux yeux. Les « patacones » ont un goût à œuf pourri.

De l’autre côté de la cuisine je vois la tante Magola en train de touiller énergiquement une soupe, elle rajoute un peu près de deux kilos d’olives marrons. Je sens mon ventre se tordre dans tous les sens, seulement en imaginant le goût de ce mélange acide et particulier. Olives si, en soupe c’est hors de question ! Accompagnées de « patacones » avec un gout d’œuf pourri, encore moins.

La tante Magola met toute son énergie dans la préparation de ses recettes, artiste frustrée elle utilise son imagination pour donner de la couleur aux assiettes qu’elle nous propose. Malgré le goût étrange qui peut avoir le rendu, cela n’a pas l’air de la perturber et donc d’innover en permanence. Au cours des années plusieurs d’entre nous sommes tombés malades ou avons développé des allergies alimentaires à cause de ses preparations.

Je sors discrètement de la cuisine et je vais chercher ma cousine Sofia pour lui raconter ma découverte, je veux qu’elle trouve une excuse pour qu’on puisse s’échapper et aller manger quelque chose avant de passer à table ; mais elle continue avec son histoire de pyjamas car Madame Ruth a  déjà commencé à couper les pantalons…


[1] Des écrasés de banane plantain vert, frits.

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Almuerzo con las tías!

Las tías nos han invitado a almorzar, decidimos llegar temprano, esperando que nos preparen desayuno porque nos dio pereza  preparar el nuestro en casa.

Obvio que saben que la llegada temprano no es gratis, pero ya han tomado chocolate con pan más temprano y están ahorrando energía para preparar el almuerzo al que nos han invitado. Con las tripas sonando nos vamos a la sala en donde la tía Pocha ha dispuesto el viejo juego de parqués.

Como siempre la pelea por el color de las fichas, me deja defendiendo las amarillas. Odio ese color, pero jugaré con él. La tía Magola viene también a participar del juego, ella jugara con las rojas, toda esa pelea para saber que va a estar con un ojo en el juego y el otro en los preparativos del almuerzo. Ni siquiera va a jugar bien.

Magola es la única de mis tías que cocina poco y cuando descubrimos que ella está al mando del almuerzo de hoy, no podemos evitar que un frio nos pase por la espalda.

La combinación de alimentos imposible de la tía Magola es tan famosa que ya varios hemos tenido intoxicaciones alimentarias en el pasado. Algunos de nosotros incluso, hemos desarrollado alergias, pero nadie, nadie, ha osado decir algo sobre su particular cocina. Ella siempre le pone el corazón a sus excéntricas recetas, tal vez porque es una artista frustrada y en la cocina utiliza toda su imaginación para darle color a los platos que nos ofrece, sin que el sabor la perturbe.

La tía Pocha tiene una encarnizada pelea con mi hermana, otra vez por la historia de las fichas, se parecen tanto en el carácter que parecen madre e hija. La tía Pocha sale ganadora como siempre, sabemos que de otro modo, se habría parado de la mesa y se habría negado a jugar. Fiel a sí misma ha decidido que ella comenzará la partida. ¿Por qué las fichas están guardadas en una caja que almacena botones, hilos y hasta un metro de modistería?

Mis detestables fichas son de tamaños diferentes, algunas parecen haber sido mordidas por un primo más pequeño o por el perro, otras siquiera se mantienen estables en el tablero. Cuando es mi turno me doy cuenta que hay tres dados grandes con los que mis compañeras de juego han jugado la partida, en lugar de los dos reglamentarios, ellas lanzan los tres y escogen a su gusto lo que más les conviene como resultado, para avanzar y ganar.

Nunca he jugado así y me doy cuenta que si no quiero terminar de última me tocara hacer trampa también. Sin que se den cuenta he sacado mis cuatro fichas de la cárcel y he empezado a avanzar. Cuando la tía Magola descubre el engaño y haciendo uso de sus grandes dotes de moralizadora me saca del juego y me manda a verificar que su hermana esté avanzando en lo del almuerzo, hay hambre en las tropas.

Mi prima Sofía la mayor de todos los primos ha llegado y está midiéndose unas pijamas que doña Ruth le ha confeccionado especialmente. ¿En qué momento mi prima, la mayor, la más lista, se dejó convencer por esta viejecita que lo máximo que llega a hacer son manteles y eso porque los corta cuadrados?  Paradójicamente, hay un cuadrado de tela encima de la cama de la tía Clara, que parece preocupada porque el trabajo de doña Ruth termine por enojar a la prima mayor. Sofía es el “gancho” para que todos los demás nos animemos a comprarle las dichosas pijamas.

La hija de doña Ruth está a cargo del cuidado de nuestro gato Jacobo desde hace un par de días. Mi hermana ha ido previamente a darle una vuelta y se ha dado cuenta que ni agua le han puesto.

En fin, yo decidí obedecer e ir a ver qué es lo que nos está preparando la tía Magola. Al entrar a la cocina, veo los deliciosos patacones y al provocarlos siento las lágrimas subir a los ojos, ¡saben a huevo! No se supone que asistiéramos a un desayuno, ni a un Brunch.

Al lado opuesto de la enorme cocina, veo a la tía Magola revolviendo enérgicamente una sopa, a la que está agregando unos dos kilos de aceitunas marrones. Se me tuerce el estómago de solo pensar en esa particular y acida mezcla. ¡Aceitunas si, en la sopa no! Acompañadas por patacones que saben a huevo menos.

Decido ir a buscar a mi prima Sofía para contarle lo que he descubierto en la cocina a ver si se anima a que vayamos a dar una vuelta y de paso comemos algo antes de morir en el intento, pero ella sigue en su enredo de pijamas. Doña Ruth ha empezado a cortar los pantalones …

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« Revolcar muertos »: la mejor manera de traer de vuelta la tusa, el rechazo y las relaciones tóxicas

Todos hemos pasado por una tusa: el dolor que acompaña el fin de una relación sentimental del tipo que sea clásica o más bien de carácter sexual.

La tusa es un conjunto de sentimientos como el dolor, la impotencia, la rabia y la necesidad absoluta de retomar contacto con el otro. Todo esto se presenta durante un periodo de tiempo que puede ser realmente largo y que en últimas lo que tiene de fondo es negarse a creer que la historia llegó a su fin.

A veces, fieles a la expresión « un clavo saca otro clavo », emprendemos nuevas relaciones o aventuras para “olvidar”, “remplazar”, “sentirnos menos solos”, “vengarnos de” (como si a nuestra antigua pareja le importaran en algo nuestras nuevas decisiones), o simplemente “dejar de pensar en él o en ella”. Para salir del dolor profundo, también recurrimos a los excesos de sustancias licitas o no, de sexo, o decidimos formatear nuestro estilo de vida, incluso abandonar la vida misma.

La tusa es un lastre que tarde o temprano se hace más fino y se pierde en el tiempo, aunque el dolor y las frustraciones sigan almacenadas y sin tratar en alguna parte del cerebro o del corazón. En Colombia tenemos una expresión a partir de la cual todo lo que alguna vez quisimos y sentimos vuelve a la superficie, a ese fenómeno se le llama “revolcar muertos” y eso es algo en lo que algunas personas son expertas.  

« Revolcar muertos » trae consecuencias que en primer momento no se calculan. Revolver las heridas a medio cerrar e infectadas, para frotarlas con un poco de limón, no trae siempre los resultados esperados. Pueda que después de la tusa hayamos hecho una introspección sobre lo que hicimos mal, lo que aprendimos de la relación que tuvimos, que ése tránsito nos haya permitido corregir algunos comportamientos sistemáticos y nocivos para nosotros mismos y consecuentemente para nuestras nuevas parejas.

Pero traer todo de vuelta nos conecta con ese yo de hace meses o años, con ese yo que sufría por otras razones, con ese yo que sí era más frágil y que de nuevo tiene miedo al rechazo.

La mayor parte del tiempo quien desentierra al muerto es quien sufrió, quien estuvo la mayor parte del tiempo en el rol del dominado, quien algunas veces suplicó por volver, quien estuvo esperando por meses y tal vez por años a que la persona que amaba y deseaba regresara por su propia cuenta.

Claro que hay muchos muertos que retoman contacto por si solos, como fantasmas que rondan por ahí, pero a veces es porque solo les interesa tener buena consciencia y ver si a pesar de la “tara” que nos dejaron, ahora volvimos a ser normales. Otros muertos, tienen la intención de saber si estás listo(a) para volver al pasado, pero si sucumbes, solo les alimentas el ego, y vuelves a estar en una posición de desventaja.

Pensar con el deseo es lo que hemos hecho muchos de nosotros, esperando que el tiempo, la distancia y los años hagan lo suyo y que le hayan dado a ese otro la sabiduría de lastimar menos y de ser mejor persona. Mientras pruebas nuevamente si tu formulación es correcta, te puedes ir preparando de paso para el nuevo rechazo y para vivir la tusa versión 2.0.

Las relaciones toxicas traen eso, un continuo empezar-terminar; uno que cada vez es peor que el anterior. El nivel de agresividad aumenta, el de dolor, la rabia y el resentimiento también. En general la relación toxica “nace” muerta, ni siquiera tiene fecha de caducidad porque es el resultado de un juego peligroso, pero excitante.

Cuando ésta comienza uno de los dos participantes suele anunciar reglas que el otro tácitamente termina por aceptar y voluntariamente participa en un coqueteo inicial que los lleva mucho más lejos.

Lo peor ocurre cuando una de las partes se enamora de una persona ambigua, de una persona con la que siendo racional jamás se hubiese metido. El azar, la vida o simplemente estar en el lugar equivocado o sin rumbo hacen que nos lancemos al vacío sin medir riesgos, sin analizar situaciones, ni calcular las consecuencias de lo que hacemos.

Las relaciones son toxicas porque son destructivas. Después de los momentos de euforia, vienen los actos de automutilación y/o las estratagemas para destruir al otro. Los comentarios mezquinos y humillantes, las mentiras, la frialdad, el control del otro, toda una violencia que a veces llega a un punto difícil de soportar.

El vacío se hace cada vez mayor, cada vez que la relación se quiebra y la espiral en la que estamos inmersos parece no tener final. El sexo solo viene a reunir a dos personas que jamás debieron estar juntas.

Pero como siempre, esos rencuentros son los mejores y nos quedamos esperando que el resto se componga por arte de magia y nos instalamos en una nueva situación de desvalorización y de dependencia emocional.

Las relaciones toxicas nos marcan y mucho, pero se puede salir de ellas cuando estamos listos para dejar de castigarnos, cuando entendemos que no le pertenecemos a nadie o que nadie nos pertenece; cuando estamos listos para hacer concesiones consigo mismos para avanzar hacia otra cosa, cuando los años nos permiten perdonar al otro y a sí mismos por los excesos y por todo el daño ocasionado.

Es posible salir de relaciones toxicas, eso claro, si evitamos estar « revolcando muertos » para deshacernos del aburrimiento o de la soledad pasajera.

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La peur : entre fictions et réalités sombres

Dans tous les films d’horreur et quelques fois dans les thrillers, nous constatons qu’une partie de l’histoire se développe dans la mansarde d’une maison hantée.

D’autres scénarios prévoient que dans la maison où se déroule l’histoire, sont discrètement conservés des objets maudits, des photos, des dossiers ou des vidéos qui dévoilent une histoire familiale à dissimuler. Parfois, sous le toit des veilles maisons sont cachées des personnes malades, ou c’est l’assassin du film qui l’a choisi comme foyer.

J’ai l’impression que c’est souvent le gendre, le fils maltraité, l’ex-militaire accablé par le PTSD[1] ou en tout cas un personnage masculin qui garde des secrets dans ces espaces tellement sombres.

Les greniers sont l’endroit préféré pour entasser des objets dans les maisons qui ne s’ont pas configurées pour laisser place à une cave. Peut-être il s’agit d’un style de construction plus pratique pour éviter de creuser dans le terrain, mais dans tous les cas, un aménagement pratique et plus typique des maisons de l’union américaine.

Probablement mon attirance vers les films qui véhiculent la peur et l’incertitude, gardent aussi relation avec les histoires qui nourrissaient la Mythologie grecque, dont celle du Minotaure et l’une de mes préférées. Le château labyrinthique, la détresse d’une créature mi- humaine, mi- taureau, les sacrifices humains offerts au monstre, la tyrannie qui régnait en Crête, l’imagination de Dédale, font partie d’un décor que je cherche à retrouver d’une façon ou d’une autre dans les films d’horreur.

Présentés de façon différente, avec les labyrinthes modernes, les caves et les mansardes, endroits que je crains vraiment, sont devenues parfaites pour alimenter la peur de toutes les personnes qui comme moi, cherchent à l’expérimenter mais sans prise de risques.

Le confinement, le manque d’air et de lumière, l’étroitesse de l’espace, le fait que souvent ces espaces soient habités par des rats, des cafards et des araignées, me fait souvent frissonner.

En dehors des vieilles maisons, assez souvent délaissées, on assiste rarement à des scènes de jardinage, ou adressées à reboiser l’endroit, ce ne plus la saison ou c’est trop tôt pour planter les nouvelles graines. Souvent les arbres sont très anciens, l’herbe est très haute, et mis à part des personnages sinistres qui taillent les haies, l’activité extérieure paraît assez limitée.

Autrefois, le décor de l’extérieur des maisons où se déroulent les histoires sont magiques, habituellement entourées par des bois épais en cours de transformation vers l’automne, ma saison préférée.

Les jeux de couleurs entre le vert, jaune, marron et orange; la fin de vie « systématique » des vieux arbres et de toute la nature qui les habite, les fruits secs qui tombent par terre, abandonnés par les animaux qui sont déjà en cours de migration ou d’hibernation. Ces fruits restent comme des pièces de décor d’un tableau, prêts à être écrasés par les chaussures des humains qui se baladent encore dans les forêts.

L’expérience d’observer les arbres mi- dégarnis et leurs quelques branches dénudées, au tomber du soleil me laissent imaginer des formes étranges. Le plaisir de regarder ces tableaux sombres s’accompagne parfaitement du jeu de lumières au tombé du soleil. A l’aide de l’éclairage public, des bougies ou d’une simple lanterne l’imagination crée des fantômes, qui accompagnés par le silence ou par les bruits extérieurs du vent, nous troublent au point de ne pas pouvoir définir si nos pensées sont réelles ou imaginaires.

Les chats noirs, les histoires de sorcières et des esprits assoiffés de vengeance, de lacs qui au lieu de poissons cachent des corps ; gardent un charme qui alimente les fantaisies des enfants et adultes qui aiment expérimenter la peur en sécurité, devant la télévision, au chaud dans leurs lits et sur leurs canapés.  

Les autres peurs, les plus sinistres, celles liées à la vie réelle tels que les effractions, les attaques dans la rue, les assassinats qui restent dans l’ombre et sans être résolus au fil des années, sont moins intéressants, moins divertissants, car ils sont possibles.

Il suffit de laisser une fenêtre mal fermée, marché seul(e) dans la rue après minuit, boire quelques bières de plus, pour que les histoires de ces films deviennent un titulaire des faits divers.

Je me souviens encore d’une chanson qui passait en boucle au cours des années 90 sur la chaîne MTV. Une chaîne étasunienne qui présentait de clips de musique non-stop. La chanson s’appelle « Runaway train »[2] et malgré le fait de ne pas comprendre totalement les paroles, la vidéo montrait un tas de photos d’enfants disparus tout au long des Etats-Unis.

Je n’habitais pas ce pays mais ma mère et ma tante me prévenaient souvent sur le fait que les enfants disparaissaient aussi chez moi. Elles appelaient ça le vol d’enfants et donc les adultes qui m’entouraient gardaient un œil vigilant sur moi. Certains enfants comme moi, n’avions pas l’autorisation de sortir seuls, de jouer dans la rue avec d’autres enfants ou de marcher librement. Il fallait toujours tenir la main de papa ou de maman dans l’espace public.

Aujourd’hui la disparition d’enfants et adolescents dans certains pays est toujours courant, des enfants qui alimentent les rêves de pervers, des consommateurs de pornographie infantile, des réseaux de traite humaine, des groupes armés ; et devient le cauchemar pour des milliers de familles qui ne trouveront jamais la piste de leurs enfants disparus.


[1] PTSD : Posttraumatic Stress Disorder. En français Syndrome de Stress Post-Traumatique

[2] La chanson est de la bande Soul Asylum. Album : Grave dancers union. 1992. Voici la vidéo : https://www.youtube.com/watch?v=NRtvqT_wMeY

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Recordándote … Mi ciclo de viajes en el tiempo

Anoche después de varios meses volví a verte, volví a soñar contigo. En este sueño, también estaban otras personas que como tú se han ido.

Ahora que otra de mis amigas padece la misma enfermedad que tú, tengo miedo de perderla también. Aunque ella y yo ya no compartimos el mismo país, mi relación con ella continua, tratamos de vernos cada dos años. Mi relación con ella me hacía recordar la que teníamos las dos porque soy diez años mayor que ella, como tú lo eras cuando nos conocimos.

Muchas veces, me sentí en el mismo lugar que tú, orientándola sobre ciertas cosas de la vida, a través de mis ejemplos, escuchando sus historias y sus dolores, aunque ella es mucho más fuerte que yo, más madura de lo que yo. Incluso cuando nos conocimos, ella ya era mucho más independiente y por supuesto mucho más valiente para luchar por sus sueños.

Para el momento en que tú y yo nos conocimos, no recuerdo haber tenido sueños, no sé si es porque nunca los he tenido o si es que alguna vez al decirlos en voz alta alguien hizo un comentario que me hiciera sentir vergüenza de llevarlos a cabo. Tal vez nunca me he permitido soñar.

Sé que en algún momento solo quería vivir el amor, sentirlo y tú estuviste ahí para ayudarme con tus consejos a perseverar en ese amor que siempre fue imposible. Estuviste ahí para prevenirme de tantas cosas que yo ignoraba y que me tomó años reconocer, entender y dejar ir.

Recuerdo una de las últimas veces en que nos vimos, cuando te anuncié que había conocido a alguien que creía era el elegido. Me pareció verte sonreír con los ojos llenos de esperanza y la sonrisa dulce, la de alguien que en realidad se alegra de la felicidad ajena. Pero también recuerdo los charcos que se hicieron en tus ojos, la enfermedad te había vuelto a golpear, después de casi cinco años de batallar contra ella.

Yo no sabría sino hasta tiempo después de tu partida que estabas saliendo con alguien, nunca supe quién era, ni por cuanto tiempo estuvieron juntos. Es cierto que después de tu recuperación y de tu regreso al trabajo no tuvimos muchas oportunidades para compartir. Sé que en esas últimas semanas te acercaste más de aquella persona sobre la que siempre tuviste un manto de duda, y de la cual me previniste tantas veces. No quise juzgar tu elección, creo que al final, las circunstancias solo hicieron que cada una de nosotras fuera más o menos coherente con lo que pensaba y con lo que hacía.

Sé que durante tu último año de vida, estuve inmersa en una relación que incomodaba a muchos de mis amigos y que perdí contacto con varios que se rehusaron a callar sobre mi comportamiento, o que simplemente lo consideraron reprobable y simplemente se alejaron. No los culpo, era una situación desagradable para cualquier amigo que se interesase en mi futuro.

Sé que pocas veces me confiaste lo que sentías, nunca te vi realmente derrotada por tantas cosas que te pasaron en la vida, excepto por todo el proceso de tu enfermedad. Me permitiste acompañarte en buena parte de esa lucha y te agradezco por habérmelo permitido. Fue una oportunidad de crecer, de ver el dolor de cerca, de entender que la vida es frágil a cualquier edad y que incluso una guerrera como tú lo fuiste, puede sucumbir en cualquier momento y pedir que la muerte venga a terminar con un sufrimiento que se ha prolongado ya por mucho tiempo.

La última vez que te vi, sentí el cansancio en tu cuerpo, era más que evidente en tus palabras, en tus deseos. Ese día me dijiste que te querías ir, no dije nada. No tenía derecho a decirte que no pensaras en ello, ni de animarte a luchar, viéndote en una situación tan difícil y en una agonía tan larga.

Creo que tu tenías claro que el fin había llegado y quisiste decirlo fuerte y claro, fiel a tu manera de hacer las cosas.

Siempre voy a recordar el momento en que me llamaron a anunciarme tu partida. No había querido ir a verte porque sabía que estabas harta y me había propuesto llamarte al día siguiente para saber si querías recibirme.

Cuando la noticia llegó, no reaccioné, di las gracias y colgué.  

No lloré. En ese momento con la cabeza ardiendo y el corazón a mil, sentí que se me abría un hoyo en el estómago. Hoy sin embargo, al recordar ese penoso anuncio siento el dolor de nuevo,  regresa el llanto y saboreo la rabia de no haber estado más presente, de no haber compartido más, de no haberte preguntado más, de no tenerte más. Aquel día pasaron dos horas antes de mostrar una reacción externa, lloré por horas hasta que mis ojos se secaron.

Recuerdo tu voz, nuestras eternas conversaciones telefónicas casi hasta media noche cuando se acababa la serie que nos conectaba y luego ponernos a recordar los detalles de historias y de salidas pasadas. Recuerdo las reuniones de estudio y de rumba en tu apartamento, tu paciencia y tu franqueza para con los demás.  Te recuerdo inteligente y dedicada, también lo celosa con todo lo que tocara a tu entorno familiar.

Pero a eso también me dejaste acceder. Llegar al hogar de tus padres crear una relación con ellos.

Fue difícil verlos después de tu partida, conservé a tu madre en mis contactos, incluso la llamé cuando un año después me informaron sobre la muerte de tu hermano. Sé que mi voz y mis preguntas pudieron ser incomodas ellos, a lo mejor porque hablar conmigo evocaba muchos recuerdos dolorosos para ellos.

Cada vez que nos volvemos a encontrar en el mundo de los sueños, estas viva, siempre activa, estamos haciendo lo que solíamos hacer juntas o con nuestro grupo de amigos. Paradójicamente, durante ese viaje siempre tengo consciencia de que estas enferma y de que pronto ya no podremos hacer todas esas cosas; porque no tendrás la energía para hacerlas y luego porque te habrás ido. En el mundo de los sueños sé que sigues viva, sé que sigues siendo mi amiga y que sigues vigilando de cerca o de lejos mi camino.

Te extraño mucho y no sé cómo hacer tu duelo, no sé cómo hablar contigo. A veces escucho canciones, oigo sonidos, pienso en cosas que me recuerdan que ya no estás para compartirlo juntas. Guardo en mi mente muchos detalles de la disposición y decoración de tu apartamento de soltera, de la casa de tus padres en Bogotá y hasta de la casa de verano que tenían en el este del país.

Antes de irme de Colombia, recuerdo haber ido a casa de tu hermano mayor, ver a tus padres y  presentarles a mi compañero de vida. Qué gusto me dio verlos y contarles nuestros planes, fue difícil, pero igual esa fue la última vez que los vi vivos y sonrientes.

Hoy tengo la impresión de repetir un camino similar, pero lo difícil es que no puedo estar con una amiga querida que está en tu situación. Nos separan millones de kilómetros, una diferencia horaria de 8 horas, una pandemia y el hecho de no estar presente en la familia de la otra persona; de no hacer parte de un círculo cercano al que le puedan decir la realidad del momento.

No me atrevo a hacer nada, tengo miedo de preguntar, le dejo mensajes que no me contesta, le doy tiempo de asimilar, de entender lo que le pasa, de la lucha que va a tener que dar, pero no voy a poder estar con ella, como me dejaste estar contigo. Tengo miedo a perderla y enterarme de última, tengo miedo de que se sienta sola y no pueda expresar su rabia, su desconcierto, su pena, su hartazgo.

No sé qué vaya a pasar, pero lo único que sé es que extraño que no estés aquí, que no tengas una frase para componer el momento, un consejo sincero para hacerme reflexionar, una propuesta para salir a tomar algo y no pensar más en lo que me duele, en lo que me hace tanto mal. No sé cómo hacer cuando las personas que quiero ya no están. Sería más fácil si en un sueño me cuentas como hacer, o si en un sueño me dices que sigues aquí acompañándome. No creer en nada espiritual no me permite pensar en ángeles, ni tampoco en que nos volveremos a encontrar. Tal vez eso sea lo más difícil de perder a alguien tan especial.

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Un hourra à la prévention?

A différence de la définition du mot prévention concernant au temps passé par une personne en prison avant son jugement; j’avais une idée fixe sur sa signification. Celle-ci plutôt en lien avec la prise de précautions pour éviter des situations graves ou d’accidents.

Le mot prévention me fait inévitablement réfléchir à un sujet controversé : celui de la coresponsabilité. En effet, quand une situation grave se présente, quelqu’un se posera sans doute la question d’une possible coresponsabilité de la part de «la victime». En l’occurrence, on la soupçonne de n’avoir assez prévu l’impact de sa décision, action ou inaction.  

Cette mise en doute devient systématique lorsque les victimes appartiennent ou sont identifiées comme membres d’un groupe humain: soumis, objectivé, méprisé. Malgré l’aversion que cela me produit, je ne peux pas m’empêcher de réfléchir à la subtilité qui est toujours utilisée pour avancer des propos hypocrites et prononcer des jugements a priori.  

Par exemple, dans le cadre d’une situation de viol, d’agression, ou de mort par assassinat, une ombre de doute viendra se poser sur la victime. Qu’à fait-elle pour que les faits se déroulent de cette façon? Quelles étaient ses fréquentations? D’où elle vient? Quelle type de famille a t-elle? Quel type de vêtements portait-elle?

Dans d’autres contextes, l’utilisation du mot prévention est problématique, c’est le cas des questions inhérentes à la défense et à la sécurité nationales. Il existe le concept de guerres et des bombardements préventifs[1]. Cela veut dire qu’un Etat peut lancer des attaques sur un tiers, même s’il n’existe pas de certitude sur la planification ou la mise en place d’actions armées par ce tiers, contre un pays, sa population ou ses «intérêts stratégiques».

Sous le discours de la prévention inscrit dans le cadre militaire des actions abominables ont été commis tout au long du XXème siècle, notamment au proche orient. Les actions militaires préventives finissent toujours par la remise en question des droits des autres. Ces attaques cachent sans doute des rapports de domination lesquels sont le noyau dure de toute intervention.

Les rapports de domination ont toujours existé et ont été justifiés au cours de siècles par des arguments commerciaux, raciaux, civilisateurs, religieux, sexuels et doctrinaires. En fin, nos sociétés sont bâties sur de constructions imaginaires, artificielles, qui peuvent si on le souhaite être transformées ou détruites.

Nos autorités nous vendent la prévention comme une idée positive pour protéger l’ensemble d’un groupe humain. Si nous voulons donner un peu de crédit aux campagnes de prévention routière, de lutte contre le tabagisme, contre la consommation d’alcool et de substances plus dures, il faudrait peut-être analyser l’angle sous lequel elles sont présentées.

Je crains qu’à différence de la campagne évoquée dans la photo choisie pour présenter ce récit, laquelle ne laisse pas planer de doutes sous la responsabilité unique du violeur, les autres campagnes suivent plutôt la règle de la coresponsabilité, et sont bien loin d’être l’exception.

Mais tout cela n’a la moindre importance, car la domination se construit à partir de la négation- limitation des droits des oppressés. Dans le meilleur de cas, la domination est garantie lorsque le contrôle est détenu par les mêmes autorités qui sont en charge de protéger notre système de «droits».


[1][1] Il existe une différence majeure entre préventive et préemptive. Une attaque « préemptive » se réalise lorsqu’il y a de forts indices qu’une autre partie réalisera une attaque imminente. https://www.brookings.edu/opinions/the-preemptive-war-doctrine-has-met-an-early-death-in-iraq/

Crédits de la photo: campagne diffusée sur de nombreux sites internet, dont celui du
Collectif Féministe Contre le Viol : www.cfcv.asso.fr

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Le message est nul, mais pas futile!

Est-ce vraiment futile la façon de véhiculer le langage ? Au cours d’un exercice que j’ai commencé il y a quelques mois, ayant pour finalité d’écrire en français, j’ai décidé d’acheter un calendrier pédagogique, lequel me propose un nouveau mot chaque jour.

Aujourd’hui 08 mars, le mot proposé est: Futile. A chaque fois, les mots sont accompagnées par sa signification, par un exemple d’utilisation et par une image, qui servirait à l’illustrer. L’image accordée au mot futile est celle d’une femme qui demande à un homme s’il préfère qu’elle porte une robe verte ou une robe rose.

De toutes les exemples possibles, comment peut le graphiste ou encore l’éditeur du calendrier exprimer une telle violence envers les femmes, notamment le 08 mars, Journée Internationale des Droits des Femmes?

Alimenté par le cliché, ce calendrier qui est utilisé comme un outil pédagogique pour l’apprentissage de la langue française, et en l’occurrence, adressé aux élèves des l’école primaire et aux étrangers, en quête d’un vocabulaire plus divers; personne a pensé au type de message véhiculé?

J’ai décidé de barrer avec une croix l’exemple et l’image qui accompagnait le mot, puis j’ai voulu écrire des phrases qui puissent mettre en évidence le mot futile. Cela comme un acte de revendication de la parole des femmes, mais aussi comme un exercice d’utilisation des mots dans d’autres contextes que les traditionnels, et admettons, pour contourner la proposition absurde du calendrier.

J’ai eu même l’envie d’écrire un mail aux éditeurs(trices), producteurs(trices) ou chargé(é)s de contenus de ce calendrier. Il était temps qu’au-delà de l’indignation et de la rage qui m’a produit découvrir le mot du jour, je soit cohérente avec ce que je dis et que j’agisse. Probablement, mon propos était celui de montrer que nous pouvons tous et toutes être acteurs(trices) actifs(ves) dans le combat contre les l’égalités.

J’ai cherché donc le site Facebook de l’éditeur(trice) et envoyé un message sur le Chatbot de contact:

 » Le 11 mars 2020: 10:18 PM. Bonjour, J’ai acheté votre calendrier XXX définitions illustrées, dans l’espoir d’apprendre des nouveaux mots dans une langue que j’utilise quotidiennement, mais que n’est pas ma langue maternelle.
Quelle a été ma surprise lorsque j’ai découvert le mot du 8 mars: Futile et l’image utilisée pour expliquer le mot… (description déjà évoqué)
Est-ce que votre entreprise considère futiles les questions posées par les femmes? ou est-ce que le message véhiculé par le calendrier coïncide plutôt avec un langage sexiste et accorde à la pensé du XIXème siècle? »

En attendant la réponse de l’éditeur, voici quelques phrases dans lesquels on peut utiliser le mot futile :

  • Les manifestations qui ont eu lieux en France depuis l’année 2019, notamment concernant la réforme des retraites, ont été considérées comme futiles par le gouvernement national qui a fait passer la reforme à l’aide du 49.3.
  • Les déclarations de l’avocat du violeur XXX restent futiles face aux revendications des victimes qui demandent justice.
  • Les programmes de prévention des violences faites aux femmes sont futiles dans la mesure où ils sont faiblement financés par l’état.
  • Les feminicides au tour du monde doivent être futiles aux yeux de la population du fait que nulle part ce type de crimes se sont, considérablement, réduits.
  • Il est futile d’envoyer des messages à des éditeurs(trices) qui ne soupçonnent pas que le langage est un mécanisme de pouvoir.

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Machismo ramplón,mini-machismos y el machismo cotidiano

Reflexiones con ocasión del día internacional de los derechos de las mujeres. 08/03/2020

Cada año con ocasión al día internacional de los derechos de las mujeres, sobreviene la pregunta sobre si el machismo sigue vivo.

En los medios de comunicación tradicionales, así como en las redes sociales se fomenta el debate entre machismo y feminismo, pero sin explicar que significan cada uno de esos términos en la vida de todos los días.

Sin dar más largas y para zanjar la discusión, los mismos que se presentan bajo el rol de moderadores, terminan recurriendo a lugares comunes que hacen referencia a los « roles » de la mujer: sobretodo en los de madre, hermana, amiga y colega. En el peor de los casos el debate puede terminar, incluso utilizando comentarios machistas o cortando la palabra a las colegas, para darle paso a temas de mayor relevancia.

En emisoras de “opinión” muy escuchadas no solo por los líderes del país de dónde provengo, sino por todo tipo de personas que se conectan a través de diversas platafornas disponibles en la red; los perodistas se atreven a lanzar preguntas tan obvias que parecen ofensivas.

Ejemplo de ello fué la pregunta : ¿Cree usted que en Colombia existe y persiste el machismo? Cual habrá sido mi sorpresa al escuchar a varias mujeres decir que ellas nunca habían experimentado el machismo en sus vidas, y si acaso les parecía que alguna mujer de su entorno lo hubiese vivido.

Es responsable llamar o escribir comentarios de ésta indole cuando justamente en un país como Colombia en dónde sólo durante el año 2019 se cometieron 571 feminicidios, y en lo que lleva corrido del 2020, ya van 130. (Cifras del observatorio de feminicidios Colombia) http://observatoriofeminicidioscolombia.org/index.php/seguimiento

Si el alto numéro de feminicidios no considera al machismo como su causa principal, entonces quiere decir que las mujeres en Colombia no entienden lo que significa. A lo mejor porque el machismo es tan ramplón que escuchar a las mujeres discutir con argumentos machistas duele.

El machismo está tan normalizado en la sociedad colombiana que algunas mujeres afirman nunca haberlo padecido. Si empezara por citar los ejemplos de lo que yo he experimentado en mis 38 años como mujer, me puedo quedar escribiendo por horas, describiendo cada vez que tuve que hacerle frennte a un propósito machista, a una agresión verbal, a una agresion física y hasta a la violencia psicológica.

No poder practicar un deporte porque éste es « exclusivamente » para niños, esencializar el rol de la mujer al de madre, esposa, amante heterosexual, buena hermana y buena hija, hacen parte justamente de las barreras impuestas por una sociedad patriarcado, que no está dispuesta a reconocer a las mujeres si éstas no se ajustan a los valores y comportamientos asimilados como « el deber ser »

Hace menos de una semana con ocasión de  una demanda presentada ante la Corte Constitucional que pretendía echar abajo el aborto en Colombia; incluidas las tres excepciones bajo las que actualmente se puede realizar; escuchaba a hombres y mujeres dando argumentos del siglo XVIII como si la sociedad no hubiese evolucionado lo suficiente, para que las mujeres decidan libremente sobre lo que quieren o no hacer con sus cuerpos.

A la mujer, la única capaz de parir se le pide que tenga en cuenta la opinión de terceros frente a su decisión de asumir o no la maternidad, en el caso que sea. Su condición física, moral, mental, social, económica, nunca es valorada. Los demás miembros de la sociedad se constituyen como jueces de todas las mujeres, como si fuésemos todas iguales, por hecho de compartir el género y en ese sentido, incapaces de reflexionar y de decidir. Individuos que bajo esa lógica patriarcal necesitamos permanentemente la protección de un hombre para poder actuar, sin miedo a equivocanos.

Es doloroso cuando los micro-machismos y la violencia hacia las mujeres son tan recurrentes que se normalizan y a estas alturas no tengo claro que existan políticas públicas destinadas a atacar un flagelo de vieja data, pero que parece nuevo, sólo por la resonancia que adquiere, gracias a la información publicada a través de las redes sociales.

Desde temprana edad entendí que por ser niña y luego mujer mi integridad física podía estar en riesgo todos los días de mi vida. Por el hecho de ser mujer mis padres quisieron protegerme enviándome a una escuela femenina, en donde por supuesto abundaban las mujeres, pero no por eso había progresistas en las filas. Era más bien una escuela regresiva, confesional y por supuesto limitada en términos de libertades individuales, sobre todo para las mujeres. Este tipo de escuelas son el lugar ideal para perpetuar el machismo, porque la mujer debe ajustarse a unos cánones dictados por los hombres, y en éste caso por los de la Santa Iglesia católica, apostólica y romana.

Por supuesto que no se podía esperar menos de una escuela en donde quienes tenían el mando, obedecían a su vez a los designios de una iglesia que a su vez les impone comportamientos y limita el rol de las mujeres.

Me castigaron muchas veces por pensar diferente y le rogué a mi madre sacarme de un lugar que durannte toda la adolescencia me parecío una cárcel para mi desarrollo personal. Sin embargo, ella siempre hubo una excusa para no responder a mi demanda, tal vez por razones prácticas, financieras o simplemente por evitar que me embarazara rápidamente y a lo mejor comprometiera mi futuro.

Mis padres a diferencia de otros que conozco siempre quisieron que mi hermana y yo estudiáramos, que fuésemos mujeres competentes, independientes y capaces de afrontar un mundo hostil. Sin embargo, entre el discurso y los hechos existe una gran diferencia. La capacidad de decidir sobre mi vida y mi cuerpo no eran mías, o si lo eran, estaban ligadas a un control paternal o maternal del asunto.

Por más de que fuésemos adultas mayores, el peso del qué dirán, siempre ha sido fuerte. Si las niñas o las mujeres son esto y aquello podrían de alguna manera, sentirse culpables por haber realizado una mala crianza. Tal vez es difícil no entender las posiciones de dos hijas a las quisieron criar con una libertad restringida y encontrarse algunos años después frente a argumentos y comportamientos que ellos consideran extremos.  

Por eso tal vez nunca he abierto mi cuaderno de aventuras a ninguno de mis padres, en primer lugar porque hace parte de mi vida privada, y en segundo porque su “progresismo” no les alcanza para entender que una mujer puede por ejemplo cambiar de compañero cuando se le antoje y eso no la convierte en una cualquiera.

¿Por qué a un hombre no se le cuestiona sobre el número de compañeras que tiene durante el curso de la vida? En una sociedad igualitaria, esto no debería causar sensación, si a quien se hace referencia es a una mujer.

Y que decir del acoso callejero, en donde poco importa la apariencia porque siempre habrá alguien abusivo, agresivo e invasivo que considere que puede decir y hacer lo que desee con una niña, o con una mujer. La cosificación de la que somos VICTIMAS es brutal y es permanente.

Cuando alguien te trata como una COSA cree que le perteneces y eso le da derecho a hacer con esa COSA lo que se le antoje, desde agredirla física o mentalmente, hasta quitarle la vida. Cuando se es una COSA se pierde la calidad humana y por consiguiente la capacidad de reclamar los derechos fundamentales del ser.

La violencia de género se vive todos los días en el hogar, en el espacio público, en colegios, universidades y empresas. Es imposible que alguien diga en Colombia que en ninguno de esos espacios ha sentido, por lo menos una vez en la vida, el machismo en su versión micro y/o en su versión macro.

Me parece imposible que las personas que afirman no haber sido víctimas omitan la ridiculización que sufren las mujeres cuando osan tomar la palabra en público, o incluso en privado en entornos de amigos, que abiertamente se burlan de su manera de pensar, o se le manda a callar. Qué decir de las palabras peyorativas que siempre tienen una connotación femenina: perra, puta, histérica, loca.  ¿Cómo es posible que el libertinaje sólo tenga un sentido realmente negativo cuando se refiere a una mujer? Un hombre rara vez es considerado como libertino, él solo es libre.

El machismo está presente en casi cada familia colombiana, en mi caso por ejemplo puedo empezar citando la violencia física, económica y mental sufrida por mi abuela a manos de mi abuelo. Una violencia que solo cesó cuando los hijos (todos hombres) habían crecido lo suficiente para hacerle frente a otro hombre. Ella mujer aguerrida, sin formación académica, ni profesional, utilizó las pocas herramientas de las que disponía para sacar adelante una decena de hijos, porque ni planificar podía.

Esa mujer golpeada, humillada y seguramente violada cientos de veces por su marido, a quien la ley y el Dios en el que creía protegían, nunca fue cuestionado, juzgado o castigado por sus abusos. Es más, ella nunca pudo deshacerse de él. En la casa en donde mi padre y mis tíos crecieron, estuvo viviendo hasta su último día de vida el más macho de los machos, el proveedor eventual, el infiel consagrado, el verdugo profesional.

Los mismos hijos, esos que alguna vez se enfrentaron a él debido al maltrato del que era VICTIMA la madre, lo llevaron de vuelta a casa, aún después de haberlos dejado en la ruina y de haber sido no solo un pésimo padre, sino un vil marido.  La independencia económica de la que gozó la abuela gracias a sus sacrificios y a su trabajo, no fue suficiente para echar de su vida al verdugo que la acompañaría toda la vida, como se lo dijo el cura, hasta que la muerte los separara.

Tengo la fortuna de no haber asistido a ese tipo de violencia física, ni verbal, ni económica, ni moral en la casa en la que crecí. Pero si tuve que hacerle frente en el paradero del bus de la escuela por donde cualquier pervertido que quisiese hacer su show se sentía en libertad de venir a masturbarse e incluso seguir el bus, confiando en que alguna niña pudiese asistir a su performance.

O como el tipo que me perseguía en bicicleta todas las tardes esperando a ver si podía levantarme la falda, que por obligación tenía que portar como uniforme, para pellizcarme las piernas o las nalgas. Nada más horrible que tener 15 años y sentir que no puedes estar sola en el espacio público, siquiera a las cuatro de la tarde.

Más tarde, en las fiestas y en los bares, habría siempre algún pesado incapaz de entender que no tenía por qué aceptar sus invitaciones o siquiera hablar con él. Con los amigos del género opuesto también pasan cosas desagradables, algunos aprovechan situaciones sentimentales para proponer caricias y besos no pedidos, y en otros casos pueden incluso llegar a abusar físicamente de las amigas, si estas se encuentran bajo la influencia de alguna sustancia.

Llegar a un entorno laboral y que de entrada te digan que la disciplina que escogiste solo la podrás poner en práctica en la cocina, dice mucho de una sociedad que no soporta que una mujer diga que no o que haga preguntas incomodas. Sobresalir en el trabajo es motivo de habladurías, tener buenas relaciones con los colegas del sexo opuesto es ser fácil, mantener a raya los avances del colega o del jefe es ser frígida y en el “mejor” de los casos éstas prácticas terminan constituyéndose como acoso laboral.

Es difícil que el trabajo de las mujeres sea valorizado por los hombres y también por otras mujeres, que resultan a veces tan o más machistas que los mismos hombres. El feminismo además se percibe como una plaga y las militantes como machorras, lesbianas que odian a los hombres y que pretender estar por encima de a ellos.

Primero nunca entendí el concepto de machorra. Comportarse como un hombre según suelen decir, pero eso ¿qué significa? ¿Acaso las mujeres tenemos vetados ciertos juegos, tareas, disciplinas? ¿No nos puede gustar el futbol o el béisbol o el automovilismo porque dejamos de ser mujeres?

En cuanto a la orientación sexual, no entiendo realmente que tiene que ver una cosa con la otra, ¿ser feminista es igual a ser lesbiana? Por encima de todo creo que la orientación sexual no tiene por qué ser motivo de comentarios, ni de opiniones, ser heterosexual o LGBTIQ no nos hace mejores personas. Deberíamos sentirnos privilegiados de encontrar una persona a quien amar y que esa persona responda con amor. Si es hombre o mujer o intersexo es irrelevante. Tal vez haya lesbianas machistas, así como hombres feministas, en fin, esencializar a las lesbianas de nuevo como si fueran un grupo homogéneo es recaer en el mismo ejercicio de poner a todas las mujeres o a todos los hombres en un mismo saco, sin que las diferencias cuenten.

Por ultimo quien no haya entendido que el origen del feminismo se fundamenta en el reconocimiento de las mujeres como individuos y como seres iguales, no ha entendido nada. El feminismo no nace para eliminar a los hombres de la ecuación, nace para que los hombres entiendan que también hacemos parte de la ecuación, que queremos tener no solo en el papel, sino en la práctica, los mismos derechos, los mismos deberes, las mismas obligaciones.

No se trata de igualarse por lo alto, pues cada persona, cada ser es diferente. Se trata de entender que como individuos sin importar el género, la orientación sexual, el nivel económico, social, educativo, “racial”, hacemos parte de una sociedad que debería garantizar a todos sus miembros las mismas posibilidades de desarrollo, de decisión y de acción.

Ahora que vivo otro país en donde también el machismo está muy presente, pero por ser europeo tal vez sea menos ramplón, entiendo que el machismo en un sistema de valores que es difícil desmontar, pero que es posible confrontar sin miedo a perderlo todo. En éste país en el que ahora transcurre mi vida, he sido sensibilizada a la importancia del lenguaje inclusivo, así tenga detractores y sea objeto de burla. Es simple, lo que no se nombra, no existe.

Miles de mujeres en el mundo y un puñado de hombres han luchado para que las mujeres podamos abrir algunas puertas y logremos ser aceptadas en nuestras sociedades como iguales. Miles de mujeres han muerto y seguirán siendo víctimas de hombres que no soportan que el equilibrio de fuerzas sea distinto. Miles de mujeres seguirán defendiendo un sistema patriarcal y arcaico, afirmando que no sirve de nada victimizarse para salir de él.

Si no entendemos que millones de mujeres son eso: victimas y que el sistema opresivo no les permite salir de esa posición, no estamos entiendo que más que el poder de la mente, lo que necesitamos es el poder de la ley, que tanto en lo teórico como en lo practico nos garantice nuestros derechos fundamentales y ser nos permita decidir sin excepciones sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas.

Paradójicamente de las víctimas se espera silencio, o se les manda a callar, renunciar a su posición para evitar las preguntas incomodas sobre quiénes son los victimarios, para resolver en qué fallo el sistema.  El estatuto de victima incomoda por igual a hombres y a mujeres. Lo trágico de nuestra sociedad es que muchos y muchas quieren seguir cerrando los ojos y continuar minimizando a las víctimas de un sistema perverso en el que fallan los mecanismos de protección y de justicia. Por eso cientos de feminicidios y otros delitos contra las mujeres quedan en la impunidad, o son reducidos a otro tipo de delitos menores.

¿Por qué aunque emancipadas nos cuesta tanto encarar a cualquiera que ponga en duda nuestros razonamientos, nuestros derechos o a quien pretenda ridiculizar nuestras opiniones? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar que nuestros cuerpos, nuestra manera de vestir, de hablar, de bailar, sigan siendo considerados como invitaciones expresas de atracción al sexo opuesto y terminen en tocamientos, violaciones y asesinatos? ¿Hasta cuándo otras mujeres seguirán utilizando el discurso machista y pronunciando el lamentable “eso le pasa por… buscona”?

Solo imaginen la situación contraria y piensen si realmente ese deseo animal es irreprimible, primario, o es sólo esa una excusa más para no responder por tan abominables actos.  Cabe decir que hasta los machos del reino animal, aun los más salvajes, se alejan cuando las hembras se niegan a la reproducción. ¿Qué justifica entonces que los machos de la especie Homo Sapiens no tengan la capacidad de entender un NO cómo respuesta?

Tengo claro de que si decido compartir éste texto, corro el riesgo de que alguien pueda considerar mi manera de pensar como el de una extremista o peor, como el de una “femi-nazi”. Esta ultima una deprimente combinación de palabras que poco o nada tienen que ver el feminismo, ni con los feminicidios, ni con las víctimas de nazismo.

Habrá quienes piensen que estas opiniones solo pueden salir de la mente de una frígida, o que me falta sexo o que seguro odio a los hombres y a lo mejor soy lesbiana.

No, solo soy una mujer que está convencida de que estar en un pie de igualdad con su compañero(a) de vida es absolutamente normal. Disfruto que me vean y me traten como su igual, respeten mis ideas, mis decisiones, y que el ser con quien comparto mi vida esté en capacidad de escuchar y  respetar un simple NO.  

La persona con la que vivo mis días es mi fan número uno, se siente orgulloso de mis éxitos y me acompaña en mis fracasos. Junto a mí se reconoció feminista y aprende sobre estudios de género. Sabe y entiende que somos seres iguales y libres, más allá de un compromiso que se inició frente a un notario, pero que perfectamente puede terminar delante de un juez. No somos el uno del otro, ni nos pertenecemos porque no somos cosas.

Tengo claro que no todos los hombres son malos, que no todos los hombres son abusivos, habrá algunos que digan que no son machistas, y seguramente otros también dirán que han sido víctimas de violencia por parte de las mujeres. No dudo que eso sea posible, pero en una sociedad igualitaria no estaríamos hablando de feminicidios: privación de la vida de una mujer en razón a su género. No podemos seguir negando que la violencia hacia las mujeres en un continente como América es el más alto del mundo, y que esa violencia no proviene de mujeres que atentan contra otras mujeres.

Más allá de tratar de esconder el sol con los dedos, debería cada uno hacer una introspección y darse cuenta como en el lenguaje y en sus actos cotidianos moviliza el machismo. Cómo cada uno decide tomar una posición y confrontar, incluso en el entorno familiar, estudiantil, laboral y social los micro-machismos.

Deberíamos estar reflexionando en cómo quienes tienen la capacidad de tomar decisiones de tipo legal, judicial, policial se forman en temas de género, para evitar la re victimización de las personas que se atreven a denunciar a sus agresores.  Deberíamos evaluar los sistemas de alertas tempranas, de protección a las víctimas, revaluar las penas de los agresores, estimar por qué existe tanta impunidad y proponer los correctivos necesarios.

Puede que haya algunos cambios en los años venideros, pero tengo mucho más claro que la lucha de las mujeres por el reconocimiento, por el respeto de sus derechos y la igualdad, debe ser continua. Si creemos que hemos conseguido mucho, no olvidemos que un revés legal, el fin de una amarga guerra o el comienzo de un nuevo sistema político, puede quitarnos todo lo que hemos alcanzado. Que no se nos olvide mujeres que hace 100 años no podíamos educarnos en una universidad, ni disponer de nuestro salario ( si es que nuestro trabajo era reconocido como tal), tampoco podíamos ni votar, ni hacernos elegir y mucho menos decidir si queríamos ser madres o cuantos hijos queríamos tener.

Mis en avant

De embajadores en el « platanal »…

Hablando hace días con un amigo sobre su experiencia de extranjero viviendo en Colombia, pude identificar varios matices en su discurso.

Unos a mi parecer evidentes, aunque algunos de ellos no los haya compartido abiertamente, y otros que él fue argumentando con el tiempo. Algunas de sus opiniones me parecieron ciertas y otras menos, por una simple y sencilla razón, todo depende del lugar del mundo en el que te desarrollas, el sector de la sociedad con el que identificas, el tipo de gente con la que te relacionas.

La mayor parte del tiempo una persona tiene dificultades en leer analíticamente lo que sucede en otra zona del país, la cual no necesariamente conoce, ni le interesa. Por eso generalizar resulta fácil pero es ciertamente un error, sobre todo cuando los conocimientos sobre un lugar se refieren exclusivamente a la opinión de un tercero, o a las últimas vacaciones que pasamos en dicho destino. Sin embargo, muchas personas han utilizado estos limitados conocimientos como pretexto para elegir el nuevo lugar de residencia.

Empecemos por decir que el amigo a quien hago referencia, ha viajado por al menos una decena de países y que ha tenido la posibilidad de vivir por más de dos años en países en vías de desarrollo, cada vez.

Aunque las comparaciones sean odiosas, podría asegurar que las dinámicas de los dos países en desarrollo en los que ha vivido, son similares en términos económicos, sociales y hasta políticos. Cierto, existen diferencias culturales entre los herederos de las grandes culturas precolombinas, y los demás, que no llegamos a alcanzar mucha resonancia en términos arquitectónicos, arqueológicos, astrofísicos, ni gastronómicos.

Lo que me llamó la atención en el discurso de mi amigo, fué la transformación que iba sucediendo en su argumentación, a medida que transcurría su periodo de expatricación, durante el cual nos vimos tres veces. Comenzó por una fase de enamoramiento atípico, o tal vez típico porque tenía una relación sentimental con alguien originario del país; luego se fue transformando en un idilio de esos que llevan a la gente a pensar que se quedará a echar raíces porque ése lugar es « el mejor vividero del mundo ». Sin razón aparente llegó a una etapa en donde el desprecio hacia el lugar y hacia su gente se convirtió en la parte central de todas sus conversaciones subsiguientes.  

Esto inevitablemente me hizo pensar en el libro “Orientalismo” de Edward Said, quien a través de su obra explica como las grandes potencias del siglo XIX se preocuparon por enviar embajadores a oriente, buscando “entender” y por supuesto controlar lo que allí sucedía.

Las cartas intercambiadas, cumplían con la función de informar a los centros de europeos de poder, convirtiendo a esos embajadores en sujetos legítimos para pronunciarse e influir en la toma de decisiones, gracias a su permanencia en dichos territorios.

Pero esa legitimidad creó a su vez una imagen negativa de lo que significa “oriente”, y que se transformó en certeza para muchos, aún en nuestros días. La dominación de occidente sobre oriente ocurrió, en parte, por esa creación diseñada por los embajadores de ese entonces, con todo y lo relativa que pudiera llegar a ser. Oriente no pudo como dice Saïd salir de manera inteligente de esa amalgama que incluso hoy en día continua generado  guerras, persecuciones, masacres, desplazamientos y produce miles de refugiados que van por el mundo buscando un poco de paz.

Ese paralelo entre los “embajadores” y las personas que como mi amigo, quienes por capricho, obligación, o por una combinación de ambas terminan viviendo en países “exóticos”, no me permitió concentrarme en varios días. Quise entender por qué aunque en algunos momentos estaba de acuerdo con su discurso, en otros momentos me parecía que su lectura era completamente errada y por que además, con su intelecto muy « occidental » no permitía que nadie lo contradijese.

Su “saber” como el de los embajadores citados por Saïd, estaba legitimado en su conocimiento real de lo que se conoce como la « in-civilización » y « la in-cultura », del mal llamado tercer mundo. Él y solo él podía ser lo suficientemente crítico como para entender porque en ese espacio geográfico en donde le toco vivir, las personas respondían de manera irracional, poco inteligente, a situaciones que para él eran completamente evidentes.

Incluso en varias oportunidades argumentó que el atraso y la estupidez de los locales, se explicaba por las relaciones de consanguinidad de pueblos que han tenido que vivir aislados por diferentes motivos, pero sobretodo geográficos y por cuenta de un conflicto armado de más de medio siglo.

Sin querer contradecirlo, pensé inmediatamente en las aristocracias europeas y en los lazos de consanguinidad de todos esos nobles que gobernaron el mundo durante siglos, y no pude evitar sonreír al pensar que su tradición, sus costumbres y su estupidez, también se explicaban por las mismas razones.

Comparar lo comparable es algo que cada quien debería tener en mente cuando decide visitar otro sitio del planeta. Vale más evitar evocar similitudes que no tienen lugar, cuando la historia de lo que se pretende comparar dista tanto de otra. Además siempre es util recordar que el saber universal no proviene exclusivamente de una zona del planeta. Esto último es algo que deberían tener en cuenta todos los “embajadores”.